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II Guerra Mundial

Historia de España, Europa e Hispanoamérica

Introducción
La Wehrmacht cruzando la frontera polaca el 1 de septiembre de 1939

Cuando las tropas alemanas franqueaban la frontera de Polonia —1 de septiembre de 1939—, el ejército polaco se hallaba en plena movilización, y de las sesenta divisiones previstas para poner en pie de guerra solamente treinta estaban dispuestas para entrar en combate. Polonia tenía puestas todas sus esperanzas en el potencial de sus fuerzas, pero su armamento, aunque moderno y obtenido de un empréstito de 2.000 millones de francos concedido por Francia, no podía rivalizar en cantidad ni calidad con el material que oponían los alemanes.

Dejando solo una línea de cobertura para protegerse de un posible ataque por el Oeste, lanzó sobre Polonia las tres cuartas partes de sus fuerzas militares, apoyadas por una poderosa aviación. Y Polonia, atacada a la vez por sus fronteras del norte y del sur, hubo de doblegarse ante la doble tenaza de la potente máquina de guerra alemana.

El día 6 de septiembre el ejército alemán ocupaba Cracovia, y el día 9 se hallaba a las puertas de Varsovia.

Polonia estaba aliada con la URSS por el tratado de no agresión de 1932, que fue prorrogado en 1934, renovado en noviembre de 1938 y completado por los acuerdos de diciembre del mismo año y de enero de 1939. Por este pacto, Rusia se comprometía, en caso de agresión, a permitir que el material de guerra destinado a Polonia atravesase el territorio soviético. El 8 de septiembre, el gobierno polaco solicitó el cumplimiento de estos compromisos y Mólotov respondió que la intervención de Francia e Inglaterra en el conflicto volvía a poner sobre el tapete el acuerdo ruso polaco, a la vez que el tránsito de material bélico con destino a Polonia sería contrario al pacto germano ruso.

En vez de la neutralidad amistosa que se comprometió a reconocer a Polonia, el gobierno soviético declaró el 17 de septiembre que, habiendo dejado de existir de hecho el estado polaco, el tratado soviético polaco perdía también su razón de ser, añadiendo, además, que ante la invasión de Polonia por , la URSS no podía permanecer indiferente a la suerte de sus hermanos de raza, los ucranianos y los rusos blancos. Y el mismo día, cinco ejércitos soviéticos invadían Polonia y atacaban por la espalda a las fuerzas polacas. Fueron ocupadas Vilna, Grodno y Lvov.

Varsovia resistió heroicamente hasta el 28 de septiembre. Su caída significó la agonía del estado polaco.

El Reich y la URSS se reparten Polonia

Una vez más, Polonia sucumbía destrozada por sus dos poderosas vecinas. El 18 de septiembre, una nota alemana hacía saber que las operaciones de los ejércitos alemanes y soviéticos, conforme a las cláusulas del acuerdo germano ruso del 23 de agosto, tenía por objeto la restauración del orden en Polonia. Un acuerdo que se firmó en Moscú el 22 de septiembre fijaba la línea de demarcación de las dos zonas de ocupación en el curso de los ríos Narev, Bug, Vístula y San. Rusia recobraba sus fronteras de 1914, excepto en lo referente a Varsovia, que estaba comprendida en la zona alemana. No obstante, algunos días después, y como resultado de un viaje de Von Ribbentrop a Moscú, consiguió que la línea de demarcación fuese trasladada más al Este, aproximadamente a la Línea Curzon.

El 12 de octubre, el Reich declaró la anexión de Posnania y de la región de Suwalki. El resto de la zona polaca atribuída a fue erigido en gobierno general, en el que inmediatamente se inició una política terrorista de germanización. Los más preclaros representantes de la sociedad polaca —especialmente los profesores de universidad— fueron internados en campos de concentración.

La URSS, por su parte, y en la zona que ocupaba, hizo proceder —con arreglo a la ley electoral soviética— a la elección de asambleas nacionales, una por Rusia Blanca, radicada en Bialistok, y otra por Ucrania Occidental, con residencia en Lvov. Los candidatos propuestos en candidatura única por las autoridades soviéticas obtuvieron el 91 por ciento de los votos. El 28 de octubre, las asambleas de estas dos regiones reclamaron por unanimidad su incorporación a la URSS, petición que fue ratificada el 11 de noviembre por el Consejo Supremo de los Soviets, poniéndose inmediatamente en vigor las leyes soviéticas. En la misma fecha, y mediante un tratado con Lituania, los rusos devolvían a este país su antigua capital de Vilna, de la cual se habían apoderado los polacos en 1920 mediante un golpe de fuerza.

Inmediatamente, los territorios anexionados fueron sometidos a una política destinada a absorber la minoría polaca. Varios miles de oficiales polacos hechos prisioneros por los rusos fueron enviados a Katyn, donde fueron asesinados y enterrados en varias fosas comunes.

El 6 de noviembre, y con objeto de coordinar su política con respecto a la población polaca, los gobiernos de Berlín y de Moscú firmaron un tratado relativo a las minorías de sus respectivas zonas.

Los gobiernos alemán y soviético ofrecen la paz a occidente
Firma del pacto. Mólotov está a punto de firmar. Tras él se encuentran Ribbentrop (con los ojos cerrados) y Stalin a su izquierda

Mientras y la URSS se repartían el territorio polaco —como antaño hicieran Federico II y Catalina II— Von Ribbentrop y Molotov publicaban en Moscú (29 de septiembre) una declaración conjunta por la cual comunicaban que habiendo sido solucionada la cuestión polaca sus gobiernos invitaban a los beligerantes a hacer la paz. La declaración añadía que si Inglaterra y Francia se negaban a firmar la paz que se les proponía, serían consideradas como responsables de la guerra. El gobierno italiano, requerido para suscribir esta declaración, se negó a hacerlo.

El mismo día fue firmado un nuevo acuerdo económico entre la URSS y el Reich. Sin embargo, Moscú hizo llegar a Londres la seguridad de mantenerse neutral, mientras que Adolf Hitler, el 6 de octubre, daba a conocer en un altisonante discurso las condiciones de paz de Alemania. Además del reconocimiento de sus conquistas en Europa, reclamaba la restitución de sus antiguas colonias.

Ante tales declaraciones, el rey de los belgas y la reina de Holanda hicieron una oferta de mediación que fue rechazada por Hitler. Y la opinión alemana pareció recibir con asombro la negativa de Londres y de París a aceptar el ofrecimiento de paz de Alemania.

Desde aquel momento resultaba evidente que el mundo iba a verse conmovido por una guerra larga y terrible. La conjuración antinazi que en vísperas de Munich intentara fomentar la idea de un golpe de estado contra Hitler organizó un atentado contra él (8 de noviembre) cuando comunicaba al pueblo alemán desde una cervecería de Munich, que el III Reich lo tenía todo dispuesto para sostener una guerra de cinco años.

La URSS ocupa los países bálticos y ataca a Finlandia

La URSS, al mismo tiempo que se apoderaba de los territorios ucranianos y rusos blancos de Polonia, intentaba en vano solucionar a su favor la cuestión de los Estrechos, proponiendo a Turquía que estos fueran cerrados a todos los buques de guerra, excepción hecha de los de los estados ribereños del mar Negro, lo que equivalía a cerrarlos a todas las potencias, excepto Rusia.

Por otra parte, Moscú preparaba la reintegración de los países bálticos. En el acuerdo germano ruso de 22 de septiembre, Berlín le había concedido manos libres a este respecto.

El día 26, el ministro de Asuntos Exteriores de Estonia era llamado a Moscú y conminado a firmar (28 de septiembre) un tratado de no agresión con la URSS por el que esta obtenía el derecho a establecer bases militares en el país. El 5 y el 11 de octubre fueron firmados acuerdos análogos con Letonia y Lituania, e inmediatamente las tropas rusas, en número superior a las fuerzas nacionales, ocupaban los tres estados bálticos, que de hecho perdían su independencia.

En marzo de 1940 y a requerimiento de Moscú, Hitler llamó a a los grupos alemanes que radicaban en aquellos estados bálticos, que allí constituían la aristocracia rural y la clase dirigente que tan preponderante papel desempeñaron en Rusia durante los siglos XVIII y XIX.

Al mismo tiempo que eran ocupados los tres estados bálticos, Finlandia fue invitada (5 de octubre) a enviar una delegación a Moscú para suscribir una rectificación de fronteras que garantizase la seguridad de Leningrado, así como la cesión de ciertas islas y del puerto de Hangoe, a cambio de algunos territorios en el norte.

Sin tener en cuenta el mensaje de Roosevelt, en el que este pedía se respetase la independencia finlandesa, Moscú, ante la actitud reservada de Helsinki, invocó el 30 de noviembre una supuesta agresión e invadió el territorio de Finlandia, al mismo tiempo que constituía, en un pueblo próximo a la frontera, un gobierno finés formado por Kusinen, miembro del Komintern, con el cual el Kremlin firmó acto seguido un tratado que satisfacía todas sus reivindicaciones. Fue en vano que los Estados Unidos y Suecia ofreciesen su mediación.

El gobierno legal de Helsinki apeló a la SDN, la cual condenó la acción emprendida por la URSS, votó su exclusión y pidió a todos los estados miembros que prestasen ayuda a Finlandia (5 de diciembre). Los finlandeses resistieron heroicamente en la Línea Mannerheim, en el istmo de Carelia, y su lucha contra el coloso ruso les valió en todos los países occidentales una corriente de admiración.

La guerra de bloqueo fracasa a causa de la URSS

Las declaraciones de guerra de Inglaterra y Francia a (3 de septiembre) fueron seguidas inmediatamente por las de Australia, Nueva Zelanda, Unión Sudafricana y el Canadá, así como por la ruptura de relaciones diplomáticas entre El Cairo y Berlín.

El 19 de octubre se firmó en Ankara un acuerdo anglo franco turco de asistencia mutua, por el cual Inglaterra y Francia garantizaban la independencia de Turquía lo mismo que habían garantizado la de Polonia, Rumania y Grecia.

Mientras las tropas francesas se concentraban en la frontera, a lo largo del Rin y ante la Línea Sigfrido, que los alemanes acababan de construir, un ejército británico compuesto tan solo de seis divisiones desembarcaba en Francia.

Al mismo tiempo que ambos países aliados adaptaban sus instituciones a las necesidades de la guerra, el Parlamento inglés concedía al gobierno Chamberlain el derecho a dictar órdenes en consejo y el francés aprobaba la concesión de plenos poderes al gobierno Daladier (noviembre). Así fortalecidos, los dos gobiernos aliados implantaron una dirección económica y financiera única para ambos países y en diciembre se distribuyeron los gastos de guerra a razón de dos terceras partes para Inglaterra y una tercera para Francia, comprometiéndose además a no concertar la paz por separado.

En Inglaterra, la conflagración sorprendió al país. Entraban en ella casi sin ejército, y para ponerlo en condiciones de lucha no se habían dado aún los primeros pasos. En los seis primeros meses, Inglaterra solo lograría movilizar y equipar a 400.000 hombres.

Fiel a sus tradiciones, Gran Bretaña se consideraba suficientemente defendida por su flota —pese a la inferioridad de su aviación frente a la del Reich— y contaba que con el bloqueo, organizado en noviembre por una orden en consejo, sería suficiente para dominar a .

Mientras los aliados organizaban el bloqueo, emprendía la guerra submarina. El 14 de octubre, un submarino hundía en la bahía de Scapa Flow al navío Royal Oak, uno de los mayores acorazados ingleses, éxito que fue compensado el 13 de diciembre por la pérdida del acorazado de bolsillo alemán Graf von Spee que hacía la guerra de corso en aguas del Atlántico Sur.

En Francia, el estado de la opinión era descorazonador. El país, desorientado por los acuerdos de Munich y por el pacto Bonnet-Ribbentrop, aceptó la guerra sin entusiasmo. Algunos sectores derechistas, influidos aún por la atmósfera creada por la propaganda muniquesa, eran partidarios de la carta alemana aun cuando debiera jugarse en contra de la carta inglesa.

Y por curiosa paradoja, este modo de ver coincidía con el de la extrema izquierda comunista, que consideraba y defendía los acuerdos germano soviéticos como un factor de paz.

Una vez más, la política de alianza por el Este resultaba fatal para Francia. Después de renovada la alianza franco rusa, firmada esta vez por el gobierno comunista en vez de serlo por el zar, y de haberse comprometido París en una política interior de Frente Popular con la colaboración del Partido Comunista, el gobierno francés se veía obligado a cambiar el rumbo de su política, a disolver el partido y a detener a la mayor parte de los diputados comunistas, cuya influencia sobre las masas obreras se había extendido considerablemente.

El cambio de alianzas efectuado por la URSS resultaba tanto más grave cuanto que toda la estrategia francesa estaba concebida sobre las garantías dadas por París a los países del Este y Sudoeste. Y la URSS, después de aplastar a Polonia junto con , hacía imposible cualquier intervención francesa en el Este.

Estas consideraciones, que se imponían con toda evidencia después del aplastamiento fulminante de Polonia, convencieron a gran parte de la opinión francesa de que su país solo podía hacer una guerra defensiva apoyada en la Línea Maginot. Ahora bien, después de los acuerdos soviéticos que garantizaban el aprovisionamiento de Alemania, el país también se daba cuenta de que era inútil pensar en una victoria mediante el bloqueo. venía preparando desde hacía mucho tiempo su economía de guerra. En el mes de septiembre había implantado el racionamiento de víveres, las fábricas producían en cantidad las materias sintéticas necesarias y la URSS proporcionaba abundancia de materias primas a su industria. La entente germano soviética estaba produciendo sus frutos.

El ataque a Finlandia hace que Londres y París piensen en actuar contra Rusia

La ofensiva que la URSS desencadenó contra Finlandia vino a plantear la cuestión de la actitud que Londres y París debían adoptar con respecto a Moscú. El gobierno británico se negaba a romper las relaciones con Rusia, pero cuando llegó a la SDN el llamamiento finlandés, Francia e Inglaterra no tuvieron más remedio que votar la exclusión de la URSs. A partir del 11 de diciembre, los dos gobiernos aliados —que se vieron con insuficiencia de medios para intentar ninguna acción contra cuando la invasión de Polonia—, impulsados por el movimiento general de opinión en favor de Finlandia, decidieron, aunque sin declarar la guerra a la URSS, enviar un cuerpo expedicionario de 100.000 hombres a Finlandia. Con ello se exponían a que se volcase del lado todo el potencial militar soviético, que ambos países menospreciaban absurdamente.

Pero Noruega y Suecia se negaron a permitir el paso de las tropas aliadas, que de este modo evitaron a las dos potencias occidentales el espantoso error que hubiera constituido una guerra contra Rusia.

Los métodos del ejército alemán no modifican el dispositivo de defensa anglo francés

El mando militar no se imaginaba, ni remotamente, la eficacia de los nuevos métodos del ejército alemán, ni el fuerte potencial de guerra de la URSs. Tanto es así, que el Estado Mayor anglo francés mandado por el general Gamelin, imbuido de las ideas militares de la anterior guerra, no juzgó necesario modificar su dispositivo de defensa, ni aun después de los espectaculares éxitos obtenidos en Polonia por las divisiones acorazadas alemanas.

Francia disponía de tantos tanques como el Reich, pero el mando alemán, adoptando las ideas expuestas por el general De Gaulle, agrupó sus tanques en divisiones y las preparó de modo que pudieran irrumpir en masa en el frente enemigo para romperlo y adentrarse a fondo en las líneas de retaguardia.

En cambio, el mando francés los había distribuido en pequeños grupos para que desempeñasen la misión de apoyar a las fuerzas de infantería. Por extraño que esto parezca, nada se hizo después de las victorias alemanas en Polonia para poner al ejército aliado en condiciones de resistir el asalto de las divisiones acorazadas alemanas, ni para formar con los carros diseminados por los depósitos de infantería divisiones blindadas capaces de desempeñar este papel.

Una guerra extraña

En cuanto a las fuerzas soviéticas, el mando las menospreciaba hasta el extremo de que algunos generales sugirieron la idea de declarar la guerra a Rusia y enviar a la lucha el pequeño ejército anglo francés de Siria y el Cercano Oriente en el que Francia tenía 75.000 hombres para apoderarse de los petróleos del Cáucaso y de las bocas del Danubio.

Hay que reconocer que el Alto Mando no se adhirió a estos proyectos, pero en cambio estudió dos operaciones de gran envergadura, una de ellas consistente en ocupar los países escandinavos para impedir la importación por de mineral de hierro sueco y la otra —si Bélgica lo consentía— en atravesar su territorio para atacar el Ruhr, centro vital de la industria bélica alemana.

Ahora bien, a parte de que Bélgica estaba decidida a mantener su neutralidad, el ejército francés no parecía hallarse en condiciones de emprender esta ofensiva. Permaneció, pues, inactivo en un frente casi inmóvil y ante una débil línea de tropas alemanas que no hubieran podido resistir una ofensiva seria. La ociosidad de las tropas corroía la moral del ejército, el material escaseaba y las fábricas de guerra —en las que el sabotaje estaba organizado por los comunistas— daban un rendimiento muy escaso, especialmente las fábricas de aviación. Por otra parte, se discutían los méritos del general Gamelin y las investigaciones parlamentarias pusieron de manifiesto la insuficiencia de la aviación y las lagunas que presentaba la defensa, sobre todo en las Ardenas. En marzo de 1940 se inició en la Cámara un agitado debate que terminó con la solicitud de un voto de confianza que dio 239 votos a favor, uno en contra y 300 abstenciones. Daladier dimitió y fue reemplazado por Paul Reynaud, que al presentarse ante la Cámara no obtuvo más que un solo voto de mayoría efectiva (268 votos a favor, 165 en contra y 111 abstenciones.

La URSS firma la paz con Finlandia

En aquellos días daba fin la guerra de Finlandia. El día 12 de marzo, Helsinki, sucumbiendo ante la superioridad numérica, aceptó firmar la paz impuesta por Rusia, paz que era en realidad moderada en comparación con la de Polonia y los países bálticos. En ella se estipulaba que Finlandia cedía a la URSS el istmo de Carelia y Viborg, como asimismo le concedía el derecho de ocupar en arriendo la isla de Hangoe durante un período de treinta años.

De todos los estados que se separaron de Rusia después de 1918, Finlandia era la única que aún conservaba su independencia, lo que indudablemente se debió a las simpatías que su heroísmo despertaron en el mundo entero, como también a que no deseaba que la Unión Soviética aumentase sus posiciones en aguas del Báltico.

Desastrosa intervención aliada en Noruega

Con objeto de vencer la corriente de depresión moral que se manifestaba en la Cámara y en la nación —depresión que la radio de Stuttgart explotaba con éxito—, Reynaud quiso emprender una política más dinámica e incitó al gobierno inglés a intervenir en Noruega para impedir que se abasteciera de mineral de hierro sueco, pero los alemanes tomaron la delantera a los anglosajones, y el 9 de abril ocupaban la capital noruega.

El 14 del mismo mes, fuerzas británicas, a las que se unieron el 19 tropas francesas, desembarcaron en Narvik. El resultado fue desastroso. El 25 de abril los alemanes habían obtenido ventajas decisivas y el día 27 el Consejo supremo interaliado decidió reembarcar a sus tropas, operación dificilísima que no quedó terminada hasta el 10 de junio.

El fracaso de Noruega —desastre militar y moral— entregó el país a la ocupación alemana. Y el 24 de abril quedaba convertido en un comisariado del Imperio y Quisling implantaba un gobierno nacionalsocialista.

El prestigio del Alto Mando aliado, y por consiguiente la de sus gobiernos, quedó en entredicho, y ante la falta de confianza de sus parlamentos, Reynaud dimitió el 9 de mayo y Chamberlain el 10.

El mismo día comenzó la ofensiva alemana en el Oeste. Reynaud retiró su dimisión y Churchill reemplazó a Chamberlain al frente del gobierno inglés. Empezaban los días trágicos.

Ocupación de Holanda, Bélgica, Gran Ducado de Luxemburgo y Francia

El 10 de mayo de 1940, un ejército alemán integrado por 190 divisiones, apoyadas por otras 110 de reserva, inició la ofensiva contra el frente oeste aliado, defendido por 91 divisiones francesas, 12 de belgas, 10 de británicas, una de polaca y un pequeño contingente holandés. El plan alemán se había fijado definitivamente en febrero. Lo mismo que en 1914, consistía en rebasar por el Norte los ejércitos aliados para llegar a los puertos de la Mancha y a París. solo a última hora, por indicación de Hitler, se introdujo en el plan inicial un nuevo elemento: atacar por Arlon en dirección a Sedán con divisiones blindadas y motorizadas.

Alegando que Francia e Inglaterra se disponían a atacar atravesando Holanda y Bélgica, Hitler lanzó sus tropas en un vasto movimiento envolvente a través de los territorios de estos dos países, ataque que ya estaba previsto. En respuesta, las mejores divisiones motorizadas de los ejércitos francés e inglés penetraron rápidamente en Bélgica con objeto de envolver al ejército alemán por el norte e invadir por su retaguardia la cuenca del Ruhr.

Pero el avance alemán fue arrollador. Contingentes de paracaidistas se apoderaron de varios puentes sobre el Mosa y del poderoso fuerte de Eben Emäel, en Bélgica. Rotterdam, casi arrasado por un bombardeo aéreo, y La Haya fueron ocupados el 15 de mayo. La resistencia holandesa resultaba imposible. La reina Guillermina se refugió en Inglaterra, el ejército capituló y las divisiones motorizadas aliadas se retiraron precipitadamente hacia el Sur.

Mientras Holanda caía en poder de las tropas alemanas, una potente formación blindada, irrumpiendo a través de Luxemburgo, cuya defensa se había reservado el ejército francés, llegaba al Mosa y lo atravesaba por varios puntos entre Namur y Sedán.

Ahora bien, pese a las advertencias que el rey Leopoldo había hecho a Gamelin, comunicándole que sus informes le permitían creer que la ofensiva alemana se produciría por el sector Givet-Longwy, dicho sector se consideraba poco amenazado y no estaba defendido más que por tropas de reserva.

A partir del día 15, la brecha de Sedán fue adquiriendo proporciones de verdadero desastre. La ruptura del frente francés llevó consigo la retirada de las tropas belgas de la línea Amberes-Lovaina hasta el Lys y la del cuerpo expedicionario británico a un frente Douai-Perona.

El 16 de mayo, Paul Reynaud hizo que regresara de Siria el general Weygand para reemplazar al general Gamelin. Desde el 16 al 21 de mayo, el ejército francés estuvo prácticamente sin mando. Felizmente para los aliados, un contraataque llevado a cabo el 21 por una división británica flanqueada por tanques, al sur de Arrás, contra la división blindada de Rommel, hizo creer a Hitler que se trataba de una fuerte contraofensiva aliada y ello contuvo la avalancha de los blindados alemanes hacia Dunkerque, cuando en realidad no tenían enfrente más que unos débiles contingentes ingleses.

Weygand supo aprovechar estos días de incertidumbre alemana para emprender una doble contraofensiva, desde Abbeville por el norte y desde Ypres por el sur. Pero el plan fracasó, pese al éxito inicial conseguido por una división blindada francesa organizada rápidamente por el general De Gaulle y puesta bajo sus órdenes, porque el general Gort, que mandaba el ejército británico, dándose cuenta de que en el continente se había perdido la partida se negó a arriesgar sus tropas en la operación. El 25 de mayo la situación era tan grave que en el Comité de guerra francés, reunido bajo la presidencia de Albert Lebrún, presidente de la República, se habló de abandonar París e incluso de firmar un armisticio por separado con .

Aquel mismo día, Pierlot, primer ministro belga, se ponía en contacto con el rey Leopoldo III en su cuartel general invitándole a que abandonara las tropas y acompañara a su gobierno al extranjero. Mas como la salvación del ejército inglés, que se encontraba en plena retirada hacia Dunkerque, dependía de la resistencia belga, el rey se negó a separarse de sus tropas, que desde el 25 al 28 de mayo hicieron en el Lys una resistencia desesperada. El 26 el ejercito británico recibió la orden de reembarcar y el 27 por la noche el frente belga, roto por varios puntos, no podía ya ofrecer ninguna resistencia. El día 28, el rey no tuvo más remedio que rendirse.

Su capitulación era un hecho estrictamente militar y no implicaba ninguna cláusula política. La resistencia belga había permitido al ejército inglés replegarse hasta Dunkerque. Después de la guerra se pudo apreciar que a ella se debió la salvación del cuerpo expedicionario británico, lo que a su vez contribuyó a la heroica resistencia que había de oponer Inglaterra. Ahora bien, en aquellos momentos la situación era trágica. Reynaud acusó al rey de los belgas de haber capitulado en el campo de batalla sin advertir previamente a sus aliados. Y el primer ministro belga, Pierlot, presionado por Reynaud, también declaró que el rey había abierto las negociaciones y tratado con el enemigo.

Por el contrario, el 29 de mayo el rey hizo saber a su gobierno que no pactaría con el enemigo. El 30 se negó a recibir a Hitler y el 2 de junio comunicaba al gobierno belga que ponía en sus manos los poderes constitucionales.

En tanto que la derrota de los ejércitos aliados sumía de este modo a Bélgica en una trágica crisis que había de prolongarse hasta mucho después de terminada la guerra, los ingleses, bajo los ataques en masa de la aviación, reembarcaban en Dunkerque 235.000 hombres y los franceses embarcaban 115.000. Pero todo el material se había perdido y los ejércitos del Norte estaban destruidos.

Batalla de Francia y entrada de Italia en la guerra

En Francia, y para hacer frente a los acontecimientos que se avecinaban, Paul Reynaud llamó el 18 de mayo al mariscal Pétain para formar parte de su gobierno y el 15 de junio confiaba al general Charles de Gaulle —teorizador del empleo de grandes unidades blindadas— la Subsecretaría de Guerra.

Estos cambios ministeriales eran inútiles para salvar a Francia, que después del reembarque solo disponía de 60 divisiones para hacer frente a las 250 alemanas, apoyadas por 11 divisiones acorazadas.

El 5 de junio, los blindados alemanes emprendieron otra ofensiva entre el Somme y el Aisne y el día 10 el gobierno francés abandonó París, que fue ocupado el 14, y se trasladó a Tours. Paul Reynaud telegrafió al presidente Roosevelt que Francia continuaría la lucha en el norte de África, y en caso necesario desde las posesiones francesas de América.

El mismo día —10 de junio—, Italia declaraba la guerra a Francia e Inglaterra. El 12, el general Weygand, apoyado por el mariscal Pétain, hizo saber al Comité interaliado establecido en Tours que no quedaba más solución que solicitar el armisticio. Reynaud se unió a ellos el dia 13 y telegrafió al presidente Roosevelt recabándole a que concediese a Francia el apoyo moral y material de los Estados Unidos.

Churchill no se oponía a que Francia depusiese las armas, pero a condición de que su flota no cayese en manos de los alemanes. El dia 14, el gobierno abandonó Tours y se establecía en Burdeos, en tanto que los blindados alemanes avanzaban hacia el Loira y hacia Suiza por retaguardia de la Línea Maginot. El 15, Reynaud propuso a Weygand que diese la orden de alto el fuego, pero Weygand se negó a intentar una capitulación que dejara subsistir el estado de guerra sin llevar consigo ninguna cláusula política.

Ante el impetuoso avance alemán, cuatro millones de refugiados belgas y franceses afluían por las carreteras y caminos que atravesaban el Sena para dirigirse hacia el sur de Francia.

Roosevelt, al mismo tiempo que prometía el envío de material a Francia, se escudaba tras el Congreso, único organismo que podía adoptar compromisos militares en los Estados Unidos.

Francia sucumbia. El 16 de junio, Churchill propuso como solución extrema que los dos países aliados constituyeran una Unión con un solo Ministerio de la Guerra, un solo Parlamento y un mando único. Pétain se opuso a ello, pero su causa estaba perdida. Exigió el armisticio inmediato en vez del alto el fuego que preconizaba Reynaud y el gobierno lo aprobó por 14 votos contra 10. El dia 16 de junio, Reynaud dimitió. Adoptando una postura totalmente opuesta a la que acababa de adoptar el rey Leopoldo III, Francia se declaraba vencida.

El día 17 de junio, el mariscal Pétain, después de constituir un nuevo gabinete, pidió a sus condiciones de armisticio por mediación de España, y a Italia a través del Vaticano. El 18, el Parlamento decidió no entregar la escuadra al enemigo.

El mismo día, el general De Gaulle lanzaba desde Londres, donde se hallaba en misión, un llamamiento a los franceses invitándoles a no abandonar la lucha, mientras que Hitler y Mussolini se reunían en Munich para fijar las condiciones del armisticio solicitadas por Pétain.

Francia firma el armisticio

El 22 de junio, al tiempo que las tropas alemanas entraban en Lyon y las italianas eran contenidas en los Alpes, los plenipotenciarios franceses, presididos por el general Huntziger, firmaban en Compiegne, en el mismo vagón de ferrocarril en que se había impuesto el armisticio a en el año 1918, las condiciones del armisticio del III Reich. Y el día 24 se firmaba en Roma el armisticio con Italia. Francia había perdido 100.000 soldados y 80.00 personas civiles. Todas las tropas, incluso las capturadas después del armisticio, fueron consideradas como prisioneros de guerra y conducidas a .

El armisticio dividió a Francia en dos zonas: una ocupada, que quedaba bajo la autoridad militar alemana, y la otra libre, que continuaba bajo el gobierno francés. La línea de demarcación iba desde Ginebra hasta la frontera española, pasando por Dôle, Moulins, Bourges, Mont de Marsan y Orthez. Francia se comprometía a desmovilizar sus fuerzas no capturadas, entregar el material de guerra y hacerse cargo de los gastos de ocupación. La flota francesa, desarmada bajo la vigilancia alemana, no podría ser utilizada por , que también se comprometia a no ocupar las colonias.

Italia ocupó la zona conquistada por su ejercito, o sea Menton y algunos pueblos de los Alpes. Los puertos franceses de Tolón y Ajaccio, y los de Bizerta y Mers-el-Kebir (Orán) en el norte de África, serían desmilitarizados. Además, se concedía a Italia el derecho de disponer del puerto de Djibouti, en la Somalia francesa, y del ferrocarril de Djibouti a Addis Abeba.

Ataque inglés a las escuadras francesas fondeadas en Mers-el-Kebir y Dakar

El 16 de junio, el gobierno inglés hizo saber a Paul Reynaud que aceptaba la eventualidad de un armisticio franco alemán a condición de que la flota francesa hiciese rumbo, previamente, a puertos británicos o americanos. Por su parte, el gobierno de Washington comunicó el 18 de junio al gobierno francés que si quería conservar la amistad de los Estados Unidos era condición indispensable que no dejara caer su flota en manos del enemigo. El gobierno lo prometió.

Las condiciones del armisticio se limitaron a estipular el desarme de la flota francesa en los puertos donde fuese confinada y que tal operación debería ser presenciada por representantes navales de o Italia. El 23 de junio, el rey de Inglaterra escribió a Pétain recordándole su promesa y el mariscal respondió volviendo a afirmar que la flota francesa no sería utilizada en la lucha contra la Gran Bretaña.

Considerada como insuficiente esta cláusula naval del armisticio, provocó en Inglaterra un vivo malestar, del que Churchill se hizo eco ante la Cámara. La Gran Bretaña, amenazada de invasión, estaba sola para hacer frente al Reich. Y considerando que el dominio del mar era su última probabilidad de salvación, el gobierno resolvió impedir a toda costa que las unidades francesas se incorporaran a sus bases metropolitanas. El 3 de julio, una escuadra inglesa se presentó ante Mers-el-Kebir, donde se encontraba anclada una parte importante de la flota francesa, y conminó al vicealmirante Gersoul que la mandaba a que se uniese a la flota británica para dirigirse a un puerto inglés, a las Antillas francesas o a los Estados Unidos, o bien echase sus barcos a pique. El ultimátum fue rechazado por orden del gobierno francés. Entonces, la escuadra británica rompió el fuego contra las unidades francesas, hundiendo al acorazado Bretagne y averiando gravemente al Dunkerque y al Provence. Perecieron en esta acción 1.200 marinos franceses.

El mismo día, todos los barcos franceses que se encontraban en puertos británicos fueron capturados y la escuadra francesa anclada en el puerto de Alejandría, confinada.

En respuesta, el gobierno francés rompió las relaciones diplomáticas con la Gran Bretaña (4 de julio).

El día 5, el acorazado Strasbourg, y una flota de veinticinco unidades ligeras consiguió forzar el bloqueo inglés de Mers-el-Kebir y llegar al puerto de Tolón. Después, el día 8, los portaaviones británicos averiaron el acorazado Richelieu, anclado en Dakar.

La ruptura entre Inglaterra y Francia en el momento en que se implantaba en Vichy un régimen autoritario, forzosamente había de facilitar la orientación de Francia hacia la colaboración con el Reich.

Establecimiento del régimen autoritario en Francia

Por encontrarse Burdeos en la zona ocupada por el ejército alemán, el gobierno francés hubo de trasladarse a Vichy, donde fueron convocados la Cámara y el Senado con el fin de modificar la Constitución de 1875. Esta modificación consistió en redactarla de nuevo sobre bases diametralmente opuestas a los principios parlamentarios que la inspiraron. Se dió de lado a la democracia parlamentaria para abrir paso a un régimen autoritario, social y nacional. Esta reforma, que convertía a Francia en un estado totalitario, fue aprobada por 385 votos contra 6, habiéndose abstenido de tomar parte en los debates catorce diputados. De 304 senadores, 230 estuvieron presentes en la votación, con un resultado de 229 votos y uno en contra.

El día 10 de julio, la Asamblea Nacional —Cámara y Senado reunidos— concedió por 569 votos contra 80 y 18 abstenciones —había 183 ausentes— plenos poderes al mariscal Pétain para promulgar una nueva Constitución que garantizara los derechos del trabajo, la familia y la patria.

Así fue legalmente implantada en Francia la dictadura por una gran mayoría de mandatarios legales de la nación —569 de 850—.

La Constitución que promulgó el mariscal Pétain otorgaba al jefe del Estado, que era al mismo tiempo jefe del gobierno, los poderes de soberano absoluto. Además, este disponía del derecho de designar un sucesor, derecho que utilizó para hacer de Pierre Laval —que había trabajado mucho para conseguir que diputados y senadores aceptasen el nuevo régimen— su presunto heredero en la jefatura del nuevo régimen político francés.

La primera tarea del nuevo régimen fue la de desmovilizar lo que quedase del ejército —1.800.000 soldados fueron enviados a como prisioneros y 149.000 a Italia— y facilitó el retorno a sus hogares de 4 millones de refugiados.

Los 30.000 hombres del ejército que pasaron la frontera suiza no habían de regresar hasta el año 1941.

Al mismo tiempo, el gobierno ordenaba que fuesen confinados varios ex ministros, entre ellos Blum, Daladier, Reynaud, Mandel y el general Gamelin. El 2 de agosto, un consejo de guerra condenó a muerte al general De Gaulle por traición, atentado contra la seguridad del estado y deserción en tiempo de guerra. La Administración fue depurada, según los principios hitlerianos, por eliminación de judíos y francmasones y la CGT disuelta, así como las organizaciones patronales. Los partidos políticos decidieron espontáneamente su disolución. Todas las asociaciones de antiguos combatientes fueron suprimidas y reemplazadas por una Legión de Combatientes encargada de servir de apoyo al gobierno en la zona libre.

Aplicando los principios racistas implantados también en Polonia y Ucrania, el Reich hizo lo posible por desmembrar a Francia, anexionándose Alsacia y Lorena y separando de ella aquellos departamentos cuya población era considerada de origen germánico —el del Norte y el Paso de Calais— para incorporarlos al gobierno general de Bruselas. Además, se emprendió una política de flamenquización en el Flandes francés.

Fue organizada una economía de ocupación mediante la cual, aparentando proporcionar al pueblo elementos para su resurgimiento, sistemáticamente se iba desposeyendo a Francia de todas sus riquezas. Las autoridades de ocupación, con habilidad maquiavélica, en lugar de dedicarse a realizar incautaciones compraron a la población todos los bienes de que disponía. Los pagaba a buen precio, en billetes franceses cuya cotización forzosa se fijó en 20 francos por marco, y se procuraba los fondos necesarios para ello recurriendo a la estampación de billetes. El sistema equivalía a comprar por cuenta del gobierno francés, sin que aquello le costase al Reich absolutamente nada.

Las compras realizadas por los ocupantes dieron por resultado una cierta recuperación en los negocios, que levantó en la población una corriente de euforia. Nadie se daba cuenta de que aquellas compras las pagaba la misma Francia, ni de que con ello se iba preparando la espantosa crisis financiera que la inflación desenfrenada produciría al término de la guerra.

De este modo, y con la ilusión de realizar negocios fructíferos, la nación francesa iba vaciándose de sus sustanciosos bienes.

Aparte de este verdadero saqueo organizado tras la pantalla de los billetes de inflación, para cubrir los gastos de ocupación el Reich impuso a Francia un tributo de 400 millones de francos diarios, más el alojamiento y acantonamiento de las tropas. Todos los títulos extranjeros hubieron de ser entregados y la industria francesa fue sometida a una intervención alemana. A la renta nacional francesa, que era de unos 300.000 millones, el tributo exigido por la ocupación pasaba de los 145.000 millones al año.

De de los 25.000 millones de dólares a que se calcula ascendió el saqueo organizado por el Reich en los países ocupados, es indudable que Francia aportó la parte más cuantiosa.

La mayor parte de la población francesa no se daba cuenta de que la colaboración económica, tal como la consideraba , la iba despojando de sus riquezas. Pero el gobierno de Vichy sí que lo sabía.

Frente a la Francia de Vichy se alza una Francia Libre

Mientras que el gobierno de Vichy, constituido legalmente por el Parlamento de la República, se adentraba por caminos de resignación y colaboración, el general De Gaulle adoptaba una actitud diametralmente opuesta. —Esta guerra proclamaba en el llamamiento que lanzó desde Londres— no es una contienda franco alemana que puede decidirse por una batalla. Esta es una guerra mundial. Nadie puede prever si los pueblos que hoy son neutrales seguirán siéndolo mañana, ni si los aliados de lo serán siempre: Mi objetivo, mi único objetivo, es hacer de manera que pese al abandono de un momento las fuerzas francesas no dejen de combatir, para que puedan estar presentes en la victoria.

El 28 de junio de 1940, Londres reconoció al general De Gaulle como jefe de todos los franceses libres, y el 7 de agosto Churchill y De Gaulle firmaron un acuerdo sobre la utilización de las fuerzas francesas que estaban reorganizándose. El 22 de julio, las Nuevas Hébridas, que constituían un condominio franco inglés, y más tarde la Costa de Marfil, Camerún, Chad, los establecimientos de la India, Nueva Caledonia y Gabón se adherían a la Francia Libre, que el 27 de octubre implantó un Consejo de Defensa del Imperio. Después, Siria (julio de 1941) y Madagascar (noviembre de 1942), también pasaron a la Francia Libre.

Francia se debatía entre dos políticas opuestas. El gobierno de Vichy, llevado por la tendencia continental, aceptaba el hecho de la victoria alemana e intentaría salvar a Francia integrándola en el nuevo orden; por su parte, De Gaulle se incorporaba al lado Inglaterra para tomar parte en la desesperada lucha que iba a entablarse entre el mar y el continente, entre el individualismo liberal y el totalitarismo autoritario.

El rey impide que el gobierno belga trate con el Reich

El día 18 de junio, cuando se produjo la capitulación francesa, el gobierno belga, uniendo su suerte a la de Francia, decidió renunciar a la lucha y presentar su dimisión al rey Leopoldo III, para permitir que este entablase negociaciones de paz con . Pero a la carta que en este sentido le dirigió el 26 de junio el primer ministro Pierlot, el rey respondió que se negaba a realizar ningún acto y a recibir a ningún político. Ante esta rotunda negativa del rey a modificar su postura de resistencia pasiva, el gobierno emprendió la tarea de repatriar a los belgas, tanto militares como civiles, que se encontraban aún en Francia, y tras haber comunicado a los parlamentarios belgas reunidos en Limoges el 8 de julio, que los belgas deberían decidirse a aceptar la paz que les fuera impuesta por , el día 20 de agosto Pierlot comunicó al soberano que el gobierno había cesado en sus funciones.

La derrota de Francia y la constitución del gobierno del mariscal Pétain en Vichy sembraron el desconcierto en la opinión belga. El presidente del Partido Socialista, Henri de Man, se adhirió al orden nuevo. Y algunos ex ministros que pertenecían a los partidos liberal y católico pedían insistentemente al rey que formase un gobierno sometido a la ocupación. Uno de estos ex ministros llegó a intentar se confiriese al rey-mediante plebiscito- un poder legislativo ilimitado. El rey continuó inquebrantablemente en su negativa y así había de continuar durante toda la guerra, prisionero en su palacio y negándose tanto a parlamentar con como a gobernar.

Ante esta actitud del soberano, los ministros que antes le invitaron a negociar con recapacitaron y el 22 de octubre cuatro ministros belgas reunidos en Londres tomaron de nuevo las riendas del gobierno, Belgica volvía a entrar en escena.

La actitud del rey de los belgas representaba el primer fracaso experimentado por el Reich desde el principio de la guerra. De todos los países ocupados en Occidente, Bélgica era el único que se negaba a aceptar el orden nuevo y que permanecía sin gobierno.

Y mientras el rey Leopoldo continuase en el país resultaría imposible imponer a Bélgica un gobierno fantoche, que no siendo reconocido por él no hubiera tenido ninguna autoridad.

fracasa en su plan de invasión de Inglaterra

Una vez vencida Francia, no le quedaba a más que un adversario por derrotar: Inglaterra. El 19 de julio, Hitler le ofreció la paz, que hubiera significado la consagración del dominio alemán en el continente; pero Londres no la tomó en consideración. Desde entonces, se dedicó a preparar un asalto a Inglaterra, a la que pensaba sorprender en plena reorganización. El ejército inglés había perdido en el continente casi todo el material de guerra y los alemanes estaban seguros de que no podría resistir una invasión alemana. Mas para invadir Inglaterra era preciso vencer a su flota y a su aviación. Hitler contaba con los Stukas para destruir o inmovilizar a la flota inglesa; el problema era conquistar el dominio del aire. La invasión de Inglaterra fue preparada en Flandes, concentrando las divisiones de asalto en la costa del canal de la Mancha y del mar del Norte y en el Escalda millares de barcos, entre los que se contaban infinidad de barcazas construidas especialmente para el transporte de tropas de desembarco.

La aviación alemana era tres veces más numerosa que el ejército británico del Aire. El 8 de agosto, Goering comenzó la ofensiva aérea, que tropezó con una heroica defensa secundada por el radar, invento que permitía a los servicios de defensa detectar a distancia la importancia y el rumbo de las escuadras aéreas alemanas que se dirigían hacia Inglaterra. La aviación alemana experimentó pérdidas enormes sin conseguir dejar a las fuerzas inglesas fuera de combate. Entonces, mientras en Inglaterra se decretaba el estado de sitio, lanzó una segunda ofensiva aérea cuyo principal objetivo era la destrucción de los aeródromos y del potencial industrial británico. Pero esta segunda fase de la batalla no obtuvo tampoco el éxito que ya se daba por descontado. El 6 de septiembre, la ofensiva aérea alemana se concentró sobre Londres, que durante un mes fue atacado todos los días. Las incursiones alemanas causaron 14.000 muertos y 20.000 heridos, pero ni la familia real, ni el gobierno, abandonaron la capital. Además, los cazas británicos hicieron pagar tan caro a la aviación alemana los destrozos que ocasionaban en Londres que el 7 de octubre Goering se vio obligado a poner fin al ataque. La aviación inglesa había perdido 700 aparatos y la alemana 2.000. Ante la aplastante victoria conseguida por los aviadores ingleses, renunció a su proyectada invasión de Inglaterra.

Londres siguió siendo bombardeada con frecuencia. En octubre cayeron sobre la capital 10.000 bombas, y en noviembre 7.500. En diciembre y a principios de 1941 todavía hubo algunos grandes raids, por efecto de los cuales quedó Coventry casi totalmente destruida. Pero había perdido la partida, y lo mismo que le ocurriera a Napoleón tras el desastre de Bolonia, Hitler se veía obligado a emprender una lucha a muerte contra Inglaterra, lucha para la que intentaría movilizar todas las fuerzas de Europa. Igual que entonces, iba a iniciarse la lucha entre la tierra y el mar. Y una vez más, el mar saldría victorioso.

Solidaridad marítima de los Estados Unidos con Inglaterra

Al mismo tiempo que lanzaba su ofensiva aérea contra las fuerzas inglesas, organizaba la guerra submarina. Su flota de sumergibles, mucho más poderosa que en 1914, disponía de bases que se extendían desde el cabo Norte hasta el golfo de Vizcaya y podía aprovechar el apoyo de las fuerzas aéreas estacionadas en las costas. En cambio, Inglaterra estaba mucho menos armada para la resistencia que en 1918, pues no disponía más que de 107 torpederos, en lugar de los 407 que tenía entonces. Ahora bien, la insuficiencia de sus depósitos de guerra daba a la defensa contra la guerra submarina una importancia igual a la de la defensa aérea.

El gobierno de Londres no vaciló. El 4 de septiembre de 1940, en el momento en que iba a entablarse la batalla de Londres, Inglaterra cedió a Estados Unidos, para conseguir la cesión de 50 contratorpederos, el derecho a establecer durante 99 años bases navales en las Bermudas, Terranova, Pequeñas Antillas, Jamaica, Santa Lucía, isla de la Trinidad y Guayana inglesa. De este modo, los Estados Unidos ponían a Inglaterra fuera de las aguas americanas del Atlántico, con lo cual lograban el dominio total del mar de las Antillas, pero en cambio se reanudaba la solidaridad naval existente entre las dos potencias anglosajonas después de 1918.

El duelo entablado por el continente bajo la todopoderosa autoridad de Hitler contra el mar, del que Inglaterra se declaraba adalid, arrastraría a los Estados Unidos a entrar en la contienda al lado la Gran Bretaña.

Los Estados Unidos van comprometiéndose en la guerra

A raíz de la ofensiva alemana de mayo de 1940, Roosevelt pidió a la Cámara de Representantes 1.182 millones de dólares para créditos suplementarios destinados a la defensa nacional. Después de Dunkerque, Washington cedió a Londres, con ciertos reparos y por mediación de una sociedad particular, 500.000 fusiles, 900 cañones del 75 y 80.000 ametralladoras procedentes de la primera guerra. Ahora bien, cuando empezó la ofensiva aérea sobre Inglaterra se aprobó en Washington una ley implantando el servicio militar obligatorio y la incorporación de 16 millones de hombres (17 de agosto). Además, se inició la construcción de 8 acorazados, 2 portaaviones, 12 cruceros y 80 destructores.

Y mientras la guerra submarina servía para un mayor acercamiento entre los Estados Unidos e Inglaterra, , cayendo de nuevo en el error psicológico que cometiera ya en 1916, emprendía en los países sudamericanos una activa propaganda nazi que incluso llegó a provocar en el Uruguay un levantamiento de carácter hitlerista.

Los Estados Unidos respondieron a esta agitación con una ley autorizando la venta de material de guerra a los estados de la América latina.

Por otra parte, a medida que el imperialismo alemán se iba imponiendo en el continente europeo, América se daba cuenta del peligro que esto significaba para ella. Después de la capitulación de Francia, el 21 de julio de 1940 los ministros de Asuntos Exteriores de todas las repúblicas americanas se reunieron en La Habana y acordaron que ningún estado americano reconocería la transferencia de soberanía en el hemisferio occidental de un estado no americano a otro, y que si dicha transferencia tuviera lugar, los Estados Unidos, apoyados por todas las naciones americanas, ocuparían inmediatamente los territorios cedidos. Esto equivalía a impedir que el gobierno de Vichy entregase a las bases de la Guayana y de las Pequeñas Antillas.

La URSS se anexiona los países bálticos, Besarabia y la Bucovina septentrional

Mientras los Estados Unidos se preparaban para una posible defensa, Hitler imponía a la Europa Oriental su autoridad omnipotente. La ocupación alemana iba haciendo afluir al Reich una cantidad incalculable de riquezas. Y la opinión alemana iba aceptando confiadamente la idea de una larga lucha con Inglaterra. En 1918, fue vencida por el bloqueo. Esta vez, fuera cual fuese la duración de la guerra —que además se consideraba desviada del continente— el pueblo alemán no carecería de nada gracias a la alianza rusa.

Entretanto, y al lado que se disponía a imponer a Europa el orden nuevo, Rusia ensanchaba sus fronteras sin disparar un tiro. El 15 de junio de 1940, Moscú, pretextando un incidente con las fuerzas de ocupación, envió tropas para ocupar Vilna y el 17 se constituía en Riga un gobierno lituano pro soviético que proclamaba la disolución de la Dieta. Al mismo tiempo, los soviets exigían de Estonia y de Letonia (16 de junio) la formación de gobiernos prosoviéticos en Riga y Tallin. El 17, las tropas rusas invadían Letonia y el 1 de julio se declaraba disuelta la entente entre los países bálticos. El 14 de julio, las elecciones celebradas en cada uno de estos tres estados dieron más del 90 por ciento de los votos a la candidatura única presentada por la Unión de Trabajadores. Las tres asambleas así elegidas decidieron la transformación de los países bálticos en repúblicas soviéticas, las cuales solicitaron inmediatamente su incorporación a la Unión Soviética.

Al mismo tiempo que se anexionaba los países bálticos, Rusia se volvía hacia Rumania, la cual se hallaba aislada tanto militar como diplomáticamente. El 14 de diciembre de 1939, Inglaterra había comunicado al gobierno rumano que su ayuda en caso de agresión por parte de la URSS estaba subordinada a la intervención de Turquía. Por lo tanto, Moscú no tenía que temer ninguna resistencia cuando el 26 de junio envió a Bucarest un ultimátum exigiendo la cesión de Besarabia y el norte de Bucovina. El gobierno rumano no podía hacer otra cosa que someterse. El 2 de julio, las tropas rusas ocuparon los territorios cedidos, que pasaron a constituir la República soviética federada de Moldavia.

Rumania, desmembrada en provecho de Hungría y Bulgaria

Inmediatamente, Hungría y Bulgaria reivindicaron a su vez otros territorios rumanos. El 29 de agosto, Von Ribbentrop y Ciano, reunidos en Viena para arbitrar el litigio, pronunciaron su fallo, según el cual Hungría recuperaba la mayor parte de Transilvania, que tuvo que ceder después de la primera Guerra mundial, mientras que e Italia garantizaban la integridad de las nuevas fronteras rumanas. Era una repetición de la política puesta en práctica poco tiempo antes en Checoslovaquia. Lo que quedaba de Rumania quedaba bajo la soberanía alemana.

El 6 de septiembre, el rey Carol abdicó en favor de su hijo Miguel, y por orden expresa del Reich el general Antonescu implantó en Bucarest un gobierno autoritario. Al día siguiente, y por mandato de Berlín, que acababa de garantizar sus fronteras, Rumania cedía a Bulgaria el sur de Dobrudja. Por último, el 7 de octubre, so pretexto de proteger los petróleos e instruir el ejército, las tropas alemanas ocuparon Rumania.

En diciembre, toda la economía rumana pasaba bajo la tutela alemana y una nueva Comisión del Danubio entregaba al Reich el dominio de dicho río.

Berlín, Roma y Tokio firman un pacto

El pacto germano ruso concertado entre Hitler y Stalin en agosto de 1939 provocó una rectificación en la política exterior japonesa. Considerando que este entendimiento germano ruso era incompatible con el Pacto Antikomintern, al que Tokio se adhirió haciendo de él la base de su política, el gabinete Hiranuma dimitió. Y el general Abe, que formó un nuevo gobierno, adoptó un programa político que volviendo a una neutralidad de hecho entre los beligerantes y aprovechando la imposibilidad en que se encontraban de intervenir en el Extremo Oriente, había de concentrarse exclusivamente en la liquidación del incidente chino.

Pero el incidente chino estaba resultando difícil de resolver a causa de la lucha de guerrillas, que causaba grandes pérdidas al ejército japonés. Por otra parte, la política de imperialismo que Tokio pretendía seguir, amparado por su actitud de neutralidad, hallaba la oposición de los Estados Unidos y la URSs.

Los éxitos de 1940 inducen al Japón a reanudar la colaboración con

Estas consideraciones y, más todavía, los éxitos logrados por la ofensiva alemana en los Países Bajos, Bélgica y Francia, hicieron que Tokio renunciase a sus veleidades de política independiente. El partido militar alzó de nuevo su voz reclamando compensaciones para el Japón y el gabinete Abe tuvo que dimitir, siendo reemplazado en junio de 1940 por un gabinete que formó el almirante Yonai.

La derrota de Francia dejaba a Indochina indefensa. Inmediatamente, Tokio decidió aprovecharse de ello, y el 20 de junio reclamó y obtuvo del gobierno francés el derecho de establecer bases en Tonkin. El 10 de julio, convencido de que el gobierno de Vichy tendría que someterse a sus exigencias, Tokio solicitó el derecho de trasladar tropas a China a través de Tonkin. Pero el gobierno de Vichy se negó a ello. Ante este fracaso, el gabinete Yonai se retiró y fue reemplazado por el príncipe Konoye, que decidió hacer el juego a los alemanes. En el nuevo gabinete, Matsuoka desempeñó la cartera de Asuntos Exteriores.

El príncipe Konoye, dejando a un lado las instituciones japonesas directamente inspiradas en las de la Europa Occidental, siguió el ejemplo de Alemania e Italia y emprendió la senda del autoritarismo. Todos los partidos fueron disueltos y se constituyó un partido nacional único, cuyo programa implicaba la realización de los grandes proyectos imperialistas del Japón, objetivos que debían culminar en la sumisión y explotación económica de China y de toda la región de los mares del Sur, incluyendo las Indias neerlandesas e Indochina.

Mientras implantaba en el interior un régimen autoritario, el gabinete Konoye entablaba conversaciones con Londres para conseguir que se cerrase el camino de Birmania en dirección a China, por el cual se llevaba a cabo el abastecimiento de armas y material de guerra al ejército de Chiang Kai Chek. E Inglaterra, que se hallaba librando la batalla aérea de Londres, accedió en cerrar dicha ruta durante tres meses. Entonces, volviéndose hacia Francia, Tokio presentó el día 2 de agosto un ultimátum a Vichy exigiéndole la libre disposición de los aeródromos de Indochina y el derecho de tránsito para sus tropas a través del país. Toda resistencia hubiera sido inútil y el 30 de agosto el gobierno del mariscal Pétain firmó un acuerdo sometiéndose a tales exigencias.

El 13 de septiembre, las tropas japonesas ocuparon Langson y el puerto de Haiphong. El 15, otro ultimátum apoyado en una demostración naval exigió de Vichy la cesión de bases navales en Haiphong, Camranh y Kuang-Cheu, al mismo tiempo que la revisión del régimen aduanero de Indochina con objeto de establecer una cooperación económica con el Japón.

El dia 22 de septiembre se firmaba otro acuerdo franco japonés por el que el gobierno de Vichy accedía a todas las exigencias de Tokio.

Tokio firma un pacto con Berlín y Roma

Entonces se dio cuenta Berlín del interés que tenía para el Reich el aproximarse al imperialismo japonés, que forzosamente había de volverse contra las potencias coloniales, esto es marítimas. Por su parte, Tokio estaba decidido a aprovecharse de las victorias de Berlín para arrancar a Francia y a los Países Bajos las colonias de Indochina e Indonesia, por lo menos.

Así, pues, el 27 de septiembre de 1940, Matsuoka, ministro de Asuntos Exteriores del Japón, firmó en Berlín el Pacto Tripartito, por el que , Italia y el Japón se reconocían mutuamente el derecho a extender su espacio vital en Europa y Asia con arreglo a sus necesidades.

Francia inicia una política de colaboración con

El Pacto Tripartito debía consagrar la instauración del orden nuevo en el mundo bajo la égida de las potencias signatarias. La Francia de Vichy, que acababa de romper sus relaciones con el gobierno de Londres, creyó llegado el momento de echar los dados.

Y el 24 de octubre de 1940, el mariscal Pétain se reunió con Hitler en Montoire para tomar en consideración —por influjo de Laval — la posibilidad de una colaboración activa, incluso en el aspecto militar.

El sudeste de Europa vasallo de Alemania

Pocos días después, Hungría, Rumania y Eslovaquia, en acto de vasallaje, se adhirieron al Pacto Tripartito. El rey Boris intentó sustraer a Bulgaria de esta imposición, pero Hitler le convocó en Berchtesgaden (17 de noviembre) y le pidió la adhesión a cambio de la anexión de Macedonia y de una salida al mar. Pero el zar búlgaro no dió respuesta a tales proposiciones y ante esta actitud las tropas alemanas ocuparon Bulgaria el 2 de marzo de 1941.

Italia emprende la ofensiva en Egipto y Grecia, y fracasa

El Pacto Tripartito reservaba el mar Mediterráneo a Italia como zona de expansión. Cuando tuvo efecto la firma, las fuerzas italianas de Libia acababan de emprender la ofensiva contra Egipto y arrebatado a los ingleses Sidi-Barrani (18 de septiembre).

El 28 de octubre, pretextando ciertas atrocidades cometidas por los griegos en Albania, Roma mandó un ultimátum a Atenas exigiendo la ocupación por sus tropas de varios puntos estratégicos en territorio griego, necesarios para la guerra contra Inglaterra.

Ante la negativa de Atenas, 200.000 italianos concentrados en Albania cruzaron la frontera griega. Yugoslavia, a pesar del pacto que la ligaba a Grecia, se declaró neutral, e Inglaterra, fiel a sus compromisos, acudió en socorro de Grecia desembarcando tropas en Creta el 4 de noviembre. El 11, la aviación inglesa destruyó la escuadra italiana fondeada en el puerto de Tarento. Al mismo tiempo, una contraofensiva griega rechazo a las tropas italianas al otro ladola frontera e incluso invadió el territorio albanés.

El ejército inglés rechaza de Egipto a los italianos

En el norte de África, una contraofensiva rechazaba de Egipto a los italianos y las tropas inglesas se internaban en la colonia italiana de Libia, apoderándose de Bardia y luego de Benghasi (7 de febrero de 1941). Cuando se dio fin a estas operaciones se habían capturado unos 135.000 prisioneros.

Intervención alemana en los Balcanes

Los fracasos que Italia estaba sufriendo en Grecia y en África no podían dejar indiferente a . El 2 de marzo de 1941, Hitler, después de obligar a Bulgaria a adherirse al Pacto Tripartito, mandó tropas para que ocuparan el país con objeto de impedir un desembarco inglés en Grecia.

Yugoslavia, impresionada por la presencia de los alemanes en Bulgaria, se adhirió también al Pacto Tripartito el 25 de marzo, pero el 27 un golpe de estado que se produjo en Belgrado obligaba al príncipe Pablo a abandonar la regencia y elevaba al trono al rey Pedro, de diecisiete años de edad. El general Simovitch formó un gobierno de unión nacional y firmó el 5 de abril un pacto de no agresión con la Unión Soviética.

Inmediatamente, acusó a Yugoslavia de haber violado el Pacto Tripartito y el 6 de junio las tropas alemanas pasaron las fronteras de Grecia y Yugoslavia. Como represalia por las supuestas atrocidades cometidas por los yugoslavos a los alemanes, Belgrado fue atacado por los Stukas, que causaron más de 12.000 víctimas. El 10 de agosto, los alemanes habían entrado en Zagreb y en Salónica; el 13, ocuparon Belgrado y establecieron contacto con el ejército italiano que operaba en Albania. Pero hubo de detenerse ante la resistencia de los ingleses en Tobruk, donde la batalla había de prolongarse todo el verano.

Inglaterra libera a Etiopía

Mientras se libraba en Europa la batalla de los Balcanes, Inglaterra realizaba un vigoroso esfuerzo en África y en Asia Menor. A principios de 1941, las tropas inglesas conquistaron la Somalia italiana y penetraron en Eritrea y en Etiopía por el Sur, mientras un cuerpo colonial belga organizado en el Congo atacaba a Etiopía por el este. El 5 de mayo los ingleses entraron en Addis Abeba y repusieron al Negus en su trono. Con las últimas fuerzas italianas que se rindieron a los belgas en Amba-Alagi se entregó el Duque de Aosta, virrey de Etiopía.

El Irak se subleva contra Inglaterra

La situación en el Asia Anterior adquiría entonces caracteres alarmantes. El Irak, aliado de Inglaterra, había roto sus relaciones con en 1939, pero ahora, después del derrumbamiento de los ejércitos aliados en Occidente, el regente Abdul Illah se negaba a adoptar la misma decisión con respecto a Italia.

Los fracasos sufridos en Cirenaica, la invasión de Grecia y Yugoslavia y el avance de los ejércitos alemanes en el Cáucaso, comprometían la situación de Inglaterra en el Oriente Medio. Y Churchill, temeroso de perder el Irak, de donde el ejército británico se suministraba de la mayor parte del carburante para la escuadra y la aviación, dio las órdenes para que una brigada india ocupase rápidamente Basora.

Esto, que era una violación del tratado de protectorado firmado en 1921, produjo inmediatamente en el ejército una violenta agitación nacionalista. Aprovechándola, Rachid Alí se hizo con el poder mediante un golpe de estado disolvió el Parlamento y, animado por el Gran Mufti de Jerusalén, que entonces se hallaba refugiado en Bagdad, sostenido por Egipto y el Irán, proclamó la independencia del Irak el día 24 de abril de 1941, mientras el rey Ibn Saud concentraba sus tropas en la frontera de Koweit.

Sin embargo, Jordania, cuyo ejército se encontraba a las órdenes del inglés Glubb Bajá, mantenía su fidelidad. Y con su ayuda, las fuerzas de que Inglaterra disponía sobre el terreno avanzaron hacia Bagdad, que se rindió el 31 de junio, volviendo así a Inglaterra el dominio del territorio y de sus petróleos.

Vichy cede los aeródromos de Siria a

Después del fracaso experimentado por en sus tanteos para invadir Inglaterra, el general Pétain quiso hacer marcha atrás en la colaboración con y en diciembre de 1940 destituyó a Laval, reemplazándoło por Flandin en Asuntos Exteriores. Por el otro lado, el general De Gaulle, actuando como jefe de la Francia Libre y después de instaurar el Consejo de Defensa del Imperio, había puesto en pie de guerra un ejército francés dispuesto a reanudar la lucha contra el Eje. Estas actividades inquietaban al mariscal Pétain.

Ante estos acontecimientos, en las esferas dirigentes de Vichy se manifestó una fuerte corriente en el sentido de tomar parte en la guerra al lado Alemania. El almirante Darlan, anglófobo furibundo, parecía ser su impulsor. En febrero, el mariscal destituyó a Flandin, nombrando a Darlan y designándolo como sucesor del jefe del Estado.

Darlan se acercó inmediatamente a y preparó la cesión de las bases de Bizerta y Dakar a los alemanes; solo le impidió llevarlo a cabo el temor de que dichos puertos cayesen en poder de la Francia Libre y la presión ejercida por el almirante Leahy, embajador de los Estados Unidos en Vichy.

Cuando el Irak se levantó contra Inglaterra, Darlan creyó llegado el momento de ponerse al lado Alemania. Hitler estaba deseando disponer de los aeródromos de Siria para apoyar a Rachid Alí contra Inglaterra. Darlan, convocado en Berchtesgaden, no puso dificultad alguna a la cesión, pero la rapidez de la ofensiva inglesa impidió la réplica alemana.

Entretanto, Darlan redactaba en Berchtesgaden el texto de un tratado que pensaba someter al mariscal y en cuyos términos Hitler, en compensación por haberle permitido el uso de las bases de aviación en Siria, prometía a Francia las armas necesarias para la reorganización de un ejército, que se dedicaría especialmente a reconquistar las colonias africanas dominadas por De Gaulle, para después tomar parte en la guerra al lado Alemania.

En esta inteligencia, se dio a las tropas francesas estacionadas en Siria la orden de resistir por las armas a las fuerzas de la Francia Libre que avanzaban para ocupar los aeródromos, en los cuales ya habían aterrizado algunos aviones alemanes. El 8 de junio se entabló una lucha entre las tropas gaullistas y las de Vichy. Para conseguir el apoyo de la población, el general Catroux, comandante en jefe de las fuerzas de la Francia Libre, lanzó una proclama concediendo la independencia al Líbano y a Siria y dando por terminado el mandato francés. El 24 de junio, De Gaulle le nombró delegado de la Francia Libre en Oriente Medio para negociar alianzas y proteger los intereses franceses.

El 21 de junio, los ingleses entraron en Damasco y el 14 de julio capitularon las tropas de Vichy. En los términos del armisticio que se firmó, Inglaterra se comprometía a dejar Siria bajo la autoridad de la Francia Libre y a no intentar sustituir la influencia francesa por la suya. Sin embargo, y de acuerdo con las promesas hechas por el general Catroux, se renunció oficialmente al mandato francés. Fue constituido un gobierno sirio bajo la presidencia del jeque Tageddine el Hassani, mientras el general inglés Spear se instalaba en Damasco para vigilar la gestión de los agentes del general De Gaulle.

Ingleses y rusos ocupan el Irán

El Irán se había pronunciado por Rachid Alí, e Inglaterra, instalada de nuevo en Bagdad, se volvió hacia el Irán una vez resuelto el problema sirio. El 25 de agosto, las fuerzas británicas, conjuntamente con tropas enviadas por Moscú —en guerra ya con desde junio de 1941—, penetraban en Persia. Ocuparon Teherán, obligaron a Rheza Sha Pahlevi a abdicar, lo desterraron a la isla Mauricio y el 28 de diciembre un tratado anglo ruso iraniano concedía a ambas potencias el derecho a ocupar el país hasta el fin de las hostilidades.

En cuanto a Ibn Saud, los ingleses le intimaron a retirar sus tropas de la frontera de Koweit, orden que se apresuró a cumplir.

Todo el Oriente Medio volvía, pues, a estar bajo el dominio inglés. Mientras tanto, la intervención en Vichy del general Weygand impedía que Pétain firmase el tratado preparado y rubricado por Darlan.

Hitler en guerra contra la URSS

Al iniciar la guerra con la invasión de Polonia, Hitler anunció a sus generales que la alianza firmada con Rusia no representaba otra cosa para que un medio de apoderarse de Europa sin la amenaza de tener que combatir en dos frentes, pero que en cuanto muriese Stalin acabaría de realizar sus planes de hegemonía destruyendo a la URSs. En esa inteligencia, dio su consentimiento para el reparto de Polonia, para la anexión de los países bálticos, para el ataque a Finlandia y más tarde para la anexión de Besarabia y la Bucovina Septentrional.

La anexión de Besarabia situaba a Rusia junto a las bocas del Danubio. Se planteaba, pues, la cuestión de dividir los Balcanes en zonas de influencia de Alemania y la URSS, la cual estaba firmemente decidida a seguir la antigua política de los zares, orientada bacia Estambul.

Pero Hitler no tenía la intención de compartir con Rusia el protectorado que pensaba imponer a los países balcánicos. Moscú no se enteró de ello hasta agosto de 1940, cuando mediante el arbitraje de Viena el Reich e Italia garantizaron las fronteras de Rumania, a la que ya habían arrebatado la mayor parte de Transilvania. Esto equivalía a cerrar a Rusia la puerta de los balcanes, ya que Rumania constituía su vía de acceso.

Para manifestar su descontento, la URSS limitó entonces la ayuda económica que proporcionaba a con arreglo a los acuerdos de Moscú.

Pocos días después del arbitraje de Viena, Berlín puso sobre el tapete la cuestión del Danubio. La divergencia de puntos de vista entre las dos potencias se puso de manifiesto durante las conversaciones preliminares. Y coincidiendo con esta segunda fisura en el acuerdo de Moscú, el Pacto Tripartito firmado en Berlín el 27 de septiembre de 1940 vino a crear un profundo malestar en Moscú. Poniendo la Europa continental en manos de Alemania, el Mediterráneo Oriental en las de Italia y entregando Asia al Japón, relegaba en la sombra el acuerdo de Moscú y obligaba a la Unión Soviética a considerar la posibilidad de un conflicto con .

Entre el 11 y el 14 de noviembre, Molotov se presentó a Berlín con objeto de aclarar la situación. Las conversaciones que allí sostuvo con Ribbentrop hicieron patente el irreductible antagonismo que existía entre la URSS y el Reich con respecto a los Balcanes y principalmente con los Estrechos, cuyo dominio pretendían ambas potencias.

La situación se puso extraordinariamente tensa. El 17 de noviembre, Hitler conminaba al rey Boris a adherirse al Pacto Tripartito; el 25, Rusia proponía a Bulgaria un pacto de asistencia mutua. El zar Boris no se decidió ni por el uno ni por el otro.

Stalin no deseaba entrar en la guerra, pero quería frenar el imperialismo alemán en los Balcanes. En enero de 1941 hizo saber a Berlín que consideraba a Bulgaria y a los Estrechos como zonas de seguridad para Rusia. Sin embargo, para no indisponerse con Hitler, consentía en incrementar la ayuda económica a y en entregarle 2.500.000 toneladas de trigo y 1.500.000 de petróleo. Pero al mismo tiempo, prolongaba a cuatro años la duración del servicio militar y el presupuesto de guerra —que en 1934 ascendía a 5.000 millones de rublos— se elevó a 70.000 millones.

El 2 de marzo, y haciendo caso omiso de la advertencia de Moscú, Berlín envió tropas para que ocuparan Bulgaria. La URSS respondió excitando a Yugoslavia y a Turquía a la resistencia. Sus agentes no fueron ajenos al golpe de estado que derribó de la regencia al príncipe Pablo para poner en el trono al rey Pedro II, que era hostil a . Y el 5 de abril, mostrando así el interés que concedía a la independencia de Yugoslavia, Rusia firmaba con Belgrado un pacto de no agresión. Acto seguido, aceptó el desafío y sus tropas invadieron Yugoslavia y Grecia.

Rusia dejó hacer y consintió que se reservase una zona de ocupación en la frontera turca, frente a los Estrechos.

Las espectaculares victorias que Hitler obtuvo en los Balcanes indujeron a Stalin a cambiar de actitud y a intentar suavizar sus relaciones con el Eje. El 28 de abril reconoció al gobierno anglófobo de Rachid Alí en Irak y el 9 de mayo hizo salir de Moscú a las legaciones de los países ocupados por el Reich, esto es, a las de Bélgica, Noruega, Grecia e incluso de Yugoslavia, a pesar del tratado que apenas hacía un mes había firmado con Belgrado.

Esto equivalía a lanzar un desafío a Inglaterra y a afirmar al mismo tiempo que aceptaba la política balcánica de Hitler.

Sin embargo, en las masas rusas se había despertado el sentimiento eslavo. Moscú contemporizaba, pero no capitulaba. En respuesta al Pacto Tripartito, Stalin, dando de lado los principios que hasta entonces defendiera Litvinov, no ocultó su adhesión a la doctrina preconizada por Berlín, según la cual aquellos estados que no poseen medios suficientes para defender su independencia deben desaparecer. De este modo daba a conocer la voluntad de la URSS de tomar parte en el sojuzgamiento de Europa y Asia al lado del Reich y del Japón.

Para manifestar esta decisión, Stalin se aproximó al Japón. De regreso de Berlín, Matsuoka, ministro de Asuntos Exteriores nipón, fue recibido en Moscú y el 13 de abril de 1941 se firmó entre las dos potencias un tratado de neutralidad y no agresión, por una de cuyas cláusulas el Japón renunciaba a las concesiones mineras que la URSS le había otorgado en el norte de la isla de Sajalín.

Comentando este acuerdo, el diario Pravda recordaba que las relaciones entre la URSS y el Japón siempre se habían desarrollado al margen de toda influencia americana y europea. Así, pues, aunque el acuerdo ruso japonés asociaba indirectamente Moscú al Pacto Tripartito, revelaba por otra parte las afinidades asiáticas que existían entre ambas potencias firmantes, afinidades difíciles de conciliar con los propósitos que informaban a la Wilhelmstrasse.

El acuerdo ruso japonés fue considerado en Berlín, si no como una amenaza, al menos como la afirmación de una política rusa que el Reich debía considerar como contraria a sus proyectos.

Desde aquel momento, Hitler hubo de comprender que la política de hegemonía alemana tenía que conducir forzosamente a una guerra contra la URSs. Y la lucha implacable con Inglaterra confirmó a Hitler en sus proyectos; por un lado, porque la política y los preparativos de la URSS se le presentaban como un peligro para el Reich, y por otro porque daba por descontado que la integración de la URSS en el espacio del Reich le proporcionaría los productos que necesitaba para conseguir la victoria.

Por lo demás, las noticias que llegaban de América impulsaban a Hitler a la acción. No cabía duda de que los Estados Unidos se iban orientando hacia la guerra. La lucha submarina los aproximaba cada vez más a Inglaterra, lo mismo que ocurriera en 1915. Resultaba evidente que América no iba a tolerar que el Reich se instalase en las costas del Atlántico y que consideraría como primera condición de la paz la evacuación de Francia, Bélgica, Dinamarca y Noruega.

Por consiguiente, era preciso que el Reich buscase una posible compensación en las tierras del Este.

Hitler invade Rusia

Hitler se decidió entonces a atacar Rusia. En la noche del 21 al 22 de junio de 1941 —la misma fecha. en que Napoleón inició su memorable campaña de Rusia—, Hitler, pretextando que Rusia había hecho traición a sus compromisos y favorecía la causa de Inglaterra, dio a sus tropas la orden de penetrar en territorio soviético.

Inmediatamente, Italia, Polonia y Rumania declararon la guerra a la URSS; Hungría, Eslovaquia, Croacia y Albania las siguieron de cerca y el día 30 Vichy rompía sus relaciones con Moscú.

Las fuerzas enviadas contra Rusia se componían de 170 divisiones alemanas y 30 finlandesas y rumanas, formando tres ejércitos que operaban por el norte, el centro y el sur.

Los invasores obtuvieron éxitos rapidísimos. El 5 de julio ya habían sido ocupados los países bálticos, y el 10 daba fin la batalla fronteriza. Las tropas rusas se dispusieron a la resistencia en la Línea Stalin, jalonada por las ciudades de Pskov, Vitebsk, Mohilev y Kiev. Pero esta línea quedó rota en septiembre y Kiev y la cuenca metalúrgica del Donetz fueron conquistadas. En Jarkov los alemanes se entregaron a matanzas espantosas, y Odesa y Leningrado fueron sitiadas mientras los ejércitos rusos perdían millares de prisioneros.

Rusia, dispuesta a realizar un inmenso esfuerzo de guerra

En un discurso pronunciado el 2 de octubre, Hitler anunció al mundo que los rusos serían aniquilados antes del invierno. Sin embargo, la URSS no se hallaba tan exhausta como él creía. Ante la necesidad de la guerra, Stalin concentró inmediatamente todos los poderes en manos de un Consejo de Estado cuya presidencia asumió en persona —al mismo tiempo que las funciones de comisario del pueblo en Defensa— y del que encomendó la vicepresidencia al general Vorochilov. Se suprimieron los comisarios políticos del ejército, y con objeto de agrupar a todos los rusos en un mismo sentimiento patriótico, se cerraron los museos antirreligiosos y se estableció una amplia tolerancia religiosa. Por su parte, la Iglesia ofreció su concurso para la defensa de la patria. Se apeló al pueblo pidiéndole un enorme esfuerzo, siendo instauradas la semana de siete días de trabajo en lugar de cinco y la jornada de ocho horas en lugar de siete. También se inició el trasladolas industrias de guerra al este de los Urales. En el mes de agosto, el 75 por ciento de las empresas industriales habían sido trasladadas fuera de la Rusia europea. La movilización total del país estaba organizada, y con objeto de no debilitar los efectivos militares el gobierno recurrió a la mano de obra china.

Stalin proclamó la decisión del gobierno de oponer al invasor una resistencia encarnizada y de llegar, si preciso fuera, hasta practicar el sistema de tierra calcinada, que en 1812 fue lo que llevó la derrota a los ejércitos de Napoleón.

La URSS inicia una nueva política exterior

Rusia no se encontraba sola en su lucha contra . El 12 de julio de 1941 se firmó entre Londres y Moscú un acuerdo sobre la identidad de objetivos perseguidos, y el 30 de julio el gobierno soviético firmaba un tratado con el gobierno polaco refugiado en Londres declarando anulados los cambios territoriales dispuestos por el tratado germano soviético de 1939. El 15 de agosto, un acuerdo militar polaco soviético autorizaba a Rusia a formar un ejército con los súbditos polacos residentes en su territorio. El 16, Inglaterra y los Estados Unidos ofrecían a Rusia su ayuda, que fue aceptada, y el mismo mes los gobiernos soviético y británico prometían conjuntamente su ayuda a Turquía en caso de que fuera atacada, declarando además que ni una ni otra formulaban ninguna reivindicación sobre los Estrechos.

El ejército alemán, derrotado ante Moscú

En este ambiente se entabló la batalla de Moscú, cuya defensa había sido confiada al general Zhukov. Stalin en persona tomó el mando del ejército y el gobierno se retiró a Kuybichev (Samara), a orillas del Volga. El frío empezaba a dejarse sentir. El Estado Mayor alemán propuso retroceder las líneas para que las tropas pasaran el invierno en posiciones favorables, pero Hitler se opuso. En noviembre fueron lanzadas contra la capital más de cincuenta divisiones. El grueso de las tropas alemanas avanzó hasta treinta kilómetros de Moscú y sus vanguardias incluso llegaron hasta los arrabales de la ciudad. Pero el invierno pudo más. Ante el contraataque de los rusos, acostumbrados al clima, el ejército alemán vaciló y en diciembre fue rechazado a cien kilómetros de la capital.

Entonces, intentó destruir la ciudad por medio de ataques de aviación, pero se lo impidió la formidable defensa aérea que se le opuso.

Mientras el ejército alemán fracasaba en Moscú, como antes había fracasado en Londres, Leningrado, que se hallaba sitiado, resistía victoriosamente. Y en el sur, en un supremo esfuerzo por defender el acceso al Cáucaso, el ejército soviético recuperó Rostov.

Se repetía la trágica situación por que pasó la Grande Armée de Napoleón, El ejército ruso, que Hitler creía destruido, recuperaba la iniciativa. Para resistir, Hitler tomó personalmente el mando de sus tropas y organizó un sistema defensivo en erizo. Comenzaba un invierno espantoso que iba a costar al ejército alemán más de 250.000 muertos.

El Reich organiza Europa

Se pretende la unidad de la Europa continental de acuerdo con el principio racista

El otoño de 1941 señala el apogeo de la hegemonía alemana en Europa, —que estaba convencida de que Rusia no tardaría en agotarse—, dueña del Occidente, de la Europa Central y de los Balcanes, y con todos los territorios del occidente de Rusia, desde el Báltico al mar Negro, se dispuso a organizar el orden nuevo.

Los teorizantes del nazismo muy especialmente Rosenberg proclamaron la victoria de Alemania sobre los países de la Europa continental como la prueba más rotunda de la superioridad del nacionalsocialismo sobre la civilización liberal. El individuo sería puesto ahora más que nunca al servicio de la raza. Si la libertad individual dio origen a los principios de la soberanía nacional de los pueblos y de la independencia de las naciones, el racismo triunfante, simbolizado por el III Reich, establecería un sistema mediante el cual los estados no tienen existencia más que como partes de un conjunto político y económico constituido por el Reich, el cual no les reconoce derechos sino en la medida en que fuesen útiles a la comunidad germánica. El Partido Nacionalsocialista se vanagloriaba de haber sacado a de la anarquía democrática por el principio autoritario, y el Reich desempeñaría en adelante con respecto a Europa el papel que el partido había llevado a cabo en .

El imperio alemán, dueño del continente hasta las fronteras de la URSS, se disponía a emprender esta nueva teoría de hegemonía racista.

Al sustituir la idea cristiana por la de raza como principio dominante, el III Reich pretendía imponer nuevamente en Europa la autoridad única que en los primeros siglos de la Edad Media correspondió al Sacro Imperio, realizando de este modo la misión europea encomendada a por la Naturaleza y por Dios. La restauración del Sacro Imperio Germánico por el III Reich se convirtió en la tesis oficial del nacionalsocialismo. Su teorizante fue Karl Richard Ganzer, quien después de haber deformado y ridiculizado la Historia para demostrar el carácter racista del Sacro Imperio formuló un plan de organización de Europa que Hitler adoptó punto por punto. el estudio del estatuto del Imperio —decía— nos muestra que este procura para su núcleo central el máximo de cohesión racista, mientras que deja cierta autonomía a los territorios que dependen de él. al lado naciones casi totalmente independientes, otras, dependientes de su sistema militar, se encuentran en vías de anexión e incorporación racista; otras, constituyen estados-tapón, necesarios para el equilibrio de fuerzas; otras, autónomas, pero encargadas de una labor determinada, reconocen como vínculo de vasallaje el derecho de ser dirigidos por, el Reich, y por último, algunas otras, completamente independientes, se hallan asociadas al imperio porque la política de este se extiende a su territorio, ligándolas de este modo a su suerte.

Esta Europa que se disponía a reconstruir tendría, además de su organización imperial, un sistema económico. En 1942, Wilhelm Schüssler escribía:

Así como Prusia, después de 1866, fue agrupando a su alrededor a toda por medio de su política económica, lo mismo la Gran unirá ahora a Europa. Después de haber unificado al continente por la fuerza de las armas, una vez terminada la guerra levantará su economía, pero sin retornar a los principios liberales; ya no se tratará de libertad de cambios ni de pagos. Lo que ocasionó la decadencia de fue el descubrimiento de América; por lo tanto, hay que volver a la tradición continental anterior a 1492. Europa deberá formar una unidad económica autárquica y cerrada. La Química habrá de producir todas las materias fundamentales, liberando así al continente de toda dependencia con respecto al resto del mundo. Las directrices de la producción en toda Europa se harán bajo la autoridad de Alemania, que intervendrá en todas las naciones la dirección técnica y científica de las empresas. En esas naciones se establecerá un sistema de compensación recíproca regulado por el clearing de Berlín. La mano de obra sobrante en todos los países europeos será puesta a disposición de Alemania. En toda Europa las condiciones de trabajo serán unificadas. El derecho del individuo al trabajo dentro del marco de una disciplina impuesta por Berlín en beneficio de la comunidad reemplazará a la libertad de empleo

En esta Europa, exclusivamente continental y terrestre, se cortará todo contacto con los países de ultramar. Todo el sistema de ferrocarriles y canales convergerá en Berlín. La espina dorsal del Reich será la transversal Vístula-Oder Elba-Weser-Rin. Fuera del Reich, las dos vías fundamentales serán el Rin y el Danubio, este último unido al Oder, al Vístula, a los ríos rusos y al Po. De este modo, todos los ríos europeos, unidos por un sistema de canales, formarán una sola red de comunicaciones con los mares europeos, esto es, el mar del Norte, el Báltico, el Adriático y el Negro.

Hamburgo será la puerta del Reich en dirección al mar del Norte, Koenigsberg hacia el Báltico y Viena hacia el Sudoeste europeo, Breslau será el centro industrial del Este, Munich se inclinará hacia Italia y Colonia desempeñará el papel de capital del Oeste.

El comercio estará regulado por un sistema de ferias organizadas en estas grandes ciudades, con la gran feria de Leipzig como feria central del Reich.

La constitución del Gran Reich

Este inmenso plan, que ya entrevieron en 1893 los escritores pangermanistas, en pocos meses acababa de ponerse en vías de realización merced a las victorias militares del Reich. Dueño de Europa, el Reich fijaría sus fronteras basándose en la Historia y en la Geopolítica. El espacio alemán estaría constituido por la gran llanura que se extiende por el Este hasta las cuencas del Vístula y el Warthe, estrechándose hacia el Oeste en las tierras bajas de Holanda, de la baja Bélgica y del Flandes francés, cuyos límites se hallan determinados por las regiones del Escalda y el Mosa, así como por la cuenca superior del Saona. A esta vasta llanura había que añadir los países de la Mitteleuropa que históricamente correspondían al Reich alemán y que, con las Ardenas y Borgoña, se extienden hacia el Mont Blanc y el San Bernardo. Dentro de estas nuevas fronteras, el Reich aspiraba elevar su población a 250 millones de habitantes.

Organización del Occidente

Basándose en estos datos geográficos, completados con consideraciones históricas y lingüísticas, el Reich dividiría el Occidente conquistado en tres zonas: Luxemburgo, Lorena y Alsacia, que consideradas como parte de la comunidad alemana serían pura y simplemente incorporadas al Reich. Noruega, Dinamarca y Holanda, sin ser directamente integradas a , pasarían a ocupar un lugar dentro de la comunidad germanica la cual gozaría de un trato de preferencia entre las naciones europeas. Y por último, Francia, a la que se arrebatarían Flandes, Lorena, Alsacia y la Alta Saboya, relegada a su condición de pueblo no germánico, sería admitida únicamente en la comunidad europea. En cuanto a Bélgica, formada a la vez de elementos germánicos y latinos, su estatuto no estaba determinado todavía.

Anexión de Luxemburgo, Alsacia y Lorena

El gran ducado de Luxemburgo fue incorporado al distrito de Coblenza-Trèves, convertido en Gau Moselland, Alsacia a la provincia de Baden, y Lorena a la de Sarre-Palatinado, la cual, haciendo pareja con la de Austria-Ostmark, tomó el nombre de Westmark.

En estas diversas regiones anexionadas, el Código y la legislación alemanas fueron implantadas sin régimen transitorio. El Partido Nacionalsocialista se encargó de dirigir la obra de asimilación. Se prohibió a sus habitantes el uso de la lengua francesa y se inició un desfrancesamiento tan radical que incluso se aplicaba a los apellidos. La universidad de Estrasburgo se convirtió en un centro de cultura germánica, y de las bibliotecas públicas se retiraron los libros franceses. Los profesores y funcionarios públicos tuvieron que seguir cursos de preparación en y se concedió la ciudadanía alemana a todos los habitantes reconocidos como alemanes por los jefes de la administración civil. En cambio, el servicio de trabajo y el de las armas fueron impuestos a toda la población.

El doctor Ley hizo saber a los loreneses que aquellos que se negasen a reconocerse como alemanes desaparecerían. La germanización tenía que llevarse a cabo en un cien por ciento, pero no por asimilación de los no alemanes, sino por expulsión de toda la parte de la población que no fuese reconocida étnicamente como de raza germánica por una comisión de médicos expresamente nombrada para estas funciones.

En diciembre de 1940 empezó la expulsión en masa de loreneses hacia Francia. Más tarde, y ante las protestas del gobierno francés, se empezó a deportarlos al Este y reemplazarlos por colonos alemanes.

Transformación del régimen agrario en el Oeste

Al mismo tiempo que se germanizaban radicalmente las regiones anexionadas, la frontera del Reich por el Oeste era organizada para convertirla en una muralla estanco germánica, constituida según los principios preconizados por los pangermanistas y consistente en establecer en los límites de Germania campesinos soldados.

En las tierras de las regiones fronterizas que el traslado o la expulsión de los habitantes no germánicos habían dejado vacantes, se establecería una red de ciudades rurales de 5.000 almas, rodeadas de pueblos de 1.000 habitantes, todos ellos campesinos y obreros-campesinos o mineros-campesinos, todos alemanes y con tres hectáreas de terreno para cada uno.

Detrás de la zona fronteriza, en el Sarre y el Palatinado, se implantaría un régimen de explotaciones grandes y medianas, de doce a veinticinco hectáreas, constituidas en forma de mayorazgos.

Al otro ladola frontera occidental alemana se estableció una zona interdicta que comprendía cinco direcciones económicas, dos radicadas en Laon, una en Charleville, una en Nancy y otra en Dijon. La sociedad Ostland, constituida para la colonización del este de Europa, quedó encargada de establecer en esta zona, lo mismo que en el Este, grandes explotaciones que garantizasen la utilización racional de la mano de obra. En el departamento de Sedán, dependiente de la dirección de Charleville, fueron instaladas 135 explotaciones de este tipo bajo la dirección de jefes alemanes y cuya mano de obra quedó constituída por prisioneros franceses, norteafricanos y polacos. En realidad, lo que se quería era establecer frente a la frontera alemana — germanizada — en masa, una zona desnacionalizada y dividida en grandes dominios sometidos a mandos alemanes.

Dinamarca, Noruega y Holanda, integrados en la comunidad germánica

Por el Norte, una zona germánica comprendería Dinamarca, Noruega y Holanda. Dinamarca no había opuesto resistencia a la invasión alemana. Ya en julio de 1940, Scavenius, ministro de Asuntos Exteriores danés, dio a conocer la voluntad de Dinamarca de colaborar en la constitución de la Europa continental dirigida por Berlín. El Partido Comunista fue prohibido, Copenhague rompió sus relaciones con Moscú y después con Washington, en noviembre de 1941 se adhirió al Pacto Antikomintern y finalmente consintió en adaptar la agricultura y la industria danesas a las nuevas condiciones impuestas por el Reich a la economía de Europa. De este modo, Dinamarca, convertida en país vasallo, pudo continuar con su rey y su gobierno nacional.

Noruega y Holanda, que fueron conquistadas por las armas, se encontraban en condiciones muy distintas. Ambas fueron transformadas en Comisariados a Reich, con el comisario Terboven en Noruega y Seyss-Inquart en Holanda. El Derecho nacional continuaba en vigor, pero el comisario del Reich podía legislar por medio de ordenanzas. Las instituciones parlamentarias fueron derogadas y reemplazadas por un sistema nacionalsocialista.

En Noruega, el Nasjonal Samling, constituído por Quisling tomando por modelo el partido de Hitler, fue el único reconocido. Todos los demás fueron disueltos en septiembre de 1940 y Quisling anunció al pueblo noruego que se situaba en la nueva Europa al lado Alemania. Fue organizado un regimiento de SS compuesto por voluntarios noruegos e integrado en las SS alemanas.

En marzo de 1941, Quisling dio a conocer el programa del partido: reparto más equitativo de los bienes, desarrollo de la agricultura y retorno a la tierra y al artesanado. En enero de 1942, el Reich concedió a Noruega un régimen autónomo y Quisling pasó a ser presidente del Consejo noruego, formado exclusivamente por ministros nacionalsocialistas y dotado de poderes legislativos y ejecutivos.

Este gobierno dictatorial recibió el encargo de restablecer la corriente de cambios tal como existía en Noruega en época de la Hansa, antes de 1942, es decir, de conseguir que la nación abandonase su orientación hacia el mar del Norte para dirigirla exclusivamente hacia los puertos alemanes del Báltico. Además, se ordenaba que la energía eléctrica producida por Noruega debía ser dirigida a .

En Holanda, la administración central fue sometida a la autoridad de cuatro comisarios generales. Las instituciones provinciales y comunales fueron adaptadas al principio autoritario y las asambleas elegidas reemplazadas por jefes. El régimen nacionalsocialista tenía que extirpar de Holanda sus tradiciones burguesas, basadas en la economía internacional, y reemplazarlas por una conciencia germánica. Con esta finalidad se creó en octubre de 1941 un Frente Campesino presidido por un jefe campesino, y en mayo de 1942 un Frente de Trabajo, para cuya jefatura fue nombrado el antiguo presidente de la Confederación de Sindicatos Neerlandeses; además, se fundaron diversas organizaciones juveniles y se hizo una selección de jefes con arreglo a los métodos de Hitler. Algunos SS neerlandeses que estaban encuadrados en el Ejército alemán fueron encargados de difundir en la población el ideal germánico. Una vez establecidas estas jerarquías, en diciembre de 1942, Mussert, jefe del partido nazi holandés fue nombrado Führer del pueblo neerlandés después de haber prestado juramento a Hitler.

La economía neerlandesa se reorganizó, como la de Noruega para ser integrada en la economía alemana. Entre diciembre de 1940 y abril de 1941 se llevó a efecto el acuerdo entre el Deutsche Bank y el Nederlandsche Bank; los derechos de aduana entre ambos países quedaron suprimidos, se volvió a la libertad de pagos y fueron implantados en Holanda los precios, salarios y condiciones de trabajo del Reich.

Integradas de este modo en la comunidad germánica, aunque sin ser anexionadas al Reich, Noruega y Holanda, pueblos libres nacionalsocialistas germánicos, serían llamados a tomar parte en la colonización y explotación del Este europeo que iba a organizar el Reich.

Bélgica continúa administrada militarmente

Bélgica fue el único de los países ocupados por las fuerzas alemanas que permaneció sometido a una administración militar. La presencia de Leopoldo III, que se negó a reinar mientras durase la ocupación extranjera, fortalecía aún más la posición de Bélgica frente al Reich. En todos los demás países, ante el avance y ocupación por los alemanes, los soberanos se refugiaron en el extranjero y ello favorecía los planes de Hitler, pues al encontrarse con pueblos sin gobierno facilitaba la entrega de poderes a gobiernos nacionales apoyados por partidos creados a imitación del nazi. solo Dinamarca, que por carecer de ejército había renunciado a defenderse, conservó su rey y su gobierno, aunque de todos modos también se vio obligada a aceptar la tutela alemana. En Bélgica, la presencia del rey impedía que la autoridad fuera puesta en manos de un gobierno de hechura nazi, que el rey jamás hubiese reconocido.

Al no ser posible integrar a Bélgica en la comunidad germánica, ya que no podía formarse un gobierno sometido a la égida de Berlín, la administración alemana intentaría, por una parte, utilizar el potencial económico del país encauzando su producción hacia , y por otra, disgregarlo a base de reanudar la política que el gobierno alemán siguió en 1914-1918 y cuyo objetivo consistía en escindir el país en dos unidades: flamenca y valona. Para difundir en la nación las ideas nacionalsocialistas y con el fin de separar a flamencos y valones se emplearon el Vlaams Nationaal Verbond en Flandes y el rexismo en Valonia. Se crearon SS flamencas y valonas a imitación de las SS de Hitler.

El gobierno militar impuso reformas en la enseñanza e intentó que las universidades fuesen regidas por comisiones alemanas. Pero no obstante todas las tentativas, el rey se negó a recibir a los jefes de las SS y la universidad de Bruselas prefirió cerrar sus puertas a aceptar la autoridad de un comisario alemán.

La imposibilidad en que se encontró el Reich de dar a Bélgica un estatuto racista le impidió crear el estado flamenco germánico que ya intentó implantar en 1914-1918 añadiéndole el Flandes francés.

Organización del este de Europa

Los territorios conquistados en el Este fueron organizados según los mismos principios. Los países considerados propiamente germánicos, como Austria, País de los Sudetes, Dantzig y el pasillo polaco, fueron anexionados al Reich.

En el otro ladola frontera alemana, Bohemia y Moravia fueron constituidos en protectorado y Polonia en gobierno general.

El protectorado de Bohemia-Moravia

El protectorado de Bohemia-Moravia constituyó un país de imperio que no disponía de ningún derecho soberano, o sea que no poseía ejército —estaba ocupado por las tropas alemanas— ni podía adoptar libremente una legislación nacional. Sometido a la autoridad de un protector, que legislaba por ordenanzas según las directivas del Führer, el protectorado formaba un estado autoritario con autonomía administrativa bajo un gobierno nacional, compuesto por un presidente y nueve ministros, cuyo poder se extendía a todos los dominios de la administración en que el Reich no ejercía una actividad directa. Las necesidades militares, políticas y económicas de Alemania constituían el marco en que debía desenvolverse el protectorado.

En realidad, el sistema era bastante similar al que el Reich introdujo en Noruega y en Holanda. Sin embargo, difería de manera radical en el terreno de la política racista. Los países germánicos del Oeste admitidos en la comunidad germánica eran objeto de una germanización sistemática y sus habitantes gozaban, por su calidad de germanos, de un estatuto preferente. Bohemia-Moravia. por el contrario, no pertenecía a la comunidad germánica.

El Reich, en virtud de sus principios racistas había renunciado a la antigua política de germanización de los checos ya que estos no son biológicamente germanos. En vez de germanizar a los checos estableció entre estos y los alemanes que vivían en el protectorado una separación infranqueable y se obstaculizó la enseñanza del alemán entre los checos para que así formaran en la frontera del Reich un islote étnico sometido a la autoridad de la raza superior de los alemanes, considerados como los dueños del país El objetivo de la política del Reich fue el mismo en Bohemia-Moravia que en Lorena; el país debía convertirse en territorio alemán, no por absorción de los checos, sino expulsándolos de las regiones que ocupaban, de las que debían ser eliminados paulatinamente —para ser deportados hacia el Este— y sus tierras ocupadas por colonos alemanes.

Trasladola población en las regiones polacas anexionadas al Reich

Los polacos se encontraban, ante la raza germánica, en posición semejante a la de los checos. En realidad, si el problema se presentaba de distinta manera era sencillamente porque había 19 millones de polacos, mientras los checos no pasaban de 6 millones Era imposible vaciar Polonia de sus habitantes. En consecuencia, se la dividiría en dos zonas una, al Oeste, que sería incorporada a y se convertiría en un territorio íntegramente germánico; la otra, al Este, étnicamente polaca, formaría un país del Imperio.

Por un decreto aparecido en 8 de octubre de 1939, Posnania y Wartheland fueron anexionados al Reich. Ahora bien, aunque la población de Posnania era en gran parte alemana, en el Wartheland era casi exclusivamente polaca. Bismarck ya concibió el proyecto, en 1886, de ir estableciendo colonos alemanes en aquella región mediante la compra de tierras de las que se expulsaría a los polacos, proyecto que puso en ejecución en el año 1890 el canciller conde de Caprivi. Por tanto, Hitler no tenía más que continuar y sistematizar la política iniciada por Bismarck.

El plan de transformación del Wartheland fue expuesto (1940) en estos términos por su gauleiter Arthur Greiser: el Wartheland debe convertirse en un Gau campesino de la Gran , como granero del trigo del Reich y muralla humana de la patria alemana hacia el Este. El Reich quería formar por el Este, lo mismo que había hecho por Occidente, una frontera germánica infranqueable. Con este objeto, todos los polacos del Wartheland debían ser expulsados y reemplazados por los alemanes procedentes de territorios donde estaban en minoría y que el Reich había cedido en 1940 a la URSS o a Italia, especialmente de Besarabia, Bucovina, los países bálticos y de la región del Alto Adigio.

Por lo demás, esta germanización radical de Posnania y del Wartheland no debía constituir más que la primera etapa del avance del germanismo hacia los territorios del Este.

Himmler fue nombrado comisario del Reich para el desplazamiento de poblaciones. Y al mismo tiempo que se expulsaba a los ciudadanos polacos de sus casas y a los campesinos de sus tierras, sin que se les permitiera llevar consigo más que algunos objetos indispensables, se hacía un llamamiento —con la colaboración de los gobiernos soviético e italiano, que les obligaban a emigrar— a los alemanes residentes en Besarabia, Bucovina, los países bálticos y el Alto Adigio. Dos centros de inmigración fueron instalados en Gotenhafen y en Posen; a los campesinos inmigrados se les distribuyeron las explotaciones agrícolas, la maquinaria y el ganado que se les había quitado a los campesinos polacos, y a los inmigrados urbanos las casas de las ciudades abandonadas por los polacos expulsados, procurando sustituir a un médico, un farmacéutico, o un artesano polacos por un médico, un farmacéutico o un artesano alemanes. De este modo, al mismo tiempo que se les entregaba la vivienda, se les daba toda la instalación que forzosamente había tenido que ser abandonada.

Antes de que entrara en guerra con los rusos, todos los alemanes residentes en Rusia —especialmente en la región del Volga— y en Rumania habían tenido que reintegrarse al Reich, donde se les dió alojamiento provisional en campos especiales. A fines de 1942, el 71 por ciento de los 750.000 repatriados estaban instalados definitivamente, las tres cuartas partes en el campo y el resto en las ciudades.

No obstante, estos centenares de miles de alemanes no llegaban, ni con mucho a cubrir las necesidades de la política de germanización del Este emprendida por el Reich.

De 1840 a 1925 se había operado un constante desplazamiento de la población del Este hacia las regiones del Oeste, más avanzadas; más de 200.000 habitantes salieron de la Prusia oriental, 750.000 de Pomerania y 866.000 de Silesia lo que significaba para las provincias orientales una pérdida de más de 2 millones de habitantes. Y el nazismo había intentado contener este éxodo estableciendo en Marienburgo el centro de las organizaciones juveniles nazis, así como la Escuela de Mandos.

La hitleriana se orientaba francamente hacia el Este pretendiendo resucitar la vieja tradición germánica de los caballeros de la Orden Teutónica. Se inició, por tanto, una intensa campaña de prensa y propaganda para que la ola de sangre germánica volviera a cubrir el espacio que ocupaba en tiempos de las grandes invasiones.

La separación de razas en el Gobierno General

Allende el Wartheland -vacío de polacos para ser convertido en tierra alemana- se extendían los vastos territorios polacos constituidos en gobierno general, puesto bajo la autoridad de Frank. La misión de Frank consistía en liquidar el antiguo estado polaco, incorporado en lo sucesivo en el espacio imperial, para constituir un país de transición entre el Reich y los inmensos territorios conquistados a la Unión Soviética.

En agosto de 1941, Galitzia, que había sido cedida a Rusia por los acuerdos de agosto de 1939 y reconquistada después por las armas, fue incorporada al gobierno general hasta la línea formada por el Bug y Sereth. Después de la incorporación de los 18 millones de habitantes de Galitzia, el gobierno general contaba con un 60 por ciento de polacos, un 25 de ucranianos y un 14 de judíos, Desde entonces, la política alemana consistiría en lograr que bajo la autoridad del Reich el territorio fuera exclusivamente eslavo mediante la exterminación sistemática de los núcleos de población judía.

En 1938 y 1939, el gobierno de Varsovia luchó denodadamente contra la Iglesia ortodoxa en las regiones ucranianas de Polonia con objeto de privar a la población de este apoyo.

Centenares de iglesias fueron cerradas; solamente en la voivodía de Lublín se clausuraron 331 de las 378 que allí había. Los alemanes seguirían una política análoga con los polacos católicos para destruir en ellos el sentimiento de su nacionalidad.

Contrariamente a Noruega, Holanda e incluso Bohemia-Moravia, el gobierno general no era un estado, pues no disponía de autonomía administrativa, ni de gobierno nacional. Sus habitantes no tenían, por lo tanto, nacionalidad propia. Estaba dividido en cinco distritos —Cracovia, Varsovia, Lublín, Radom y Galitzia— puestos bajo la autoridad de gobernadores alemanes que disponían de poderes absolutos y eran responsables ante el gobierno alemán; solo se dejó en manos de los polacos, aunque con intervención alemana, la administración de los concejos, las Cámaras de comercio y los servicios hidráulicos y forestales.

Se estableció una rigurosa segregación racial entre alemanes y polacos. Los alemanes fueron agrupados en la Deutsche Gemeinschaft, dirigida por el Partido Nacionalsocialista, y se les reconoció como ciudadanos del Reich. Es decir, que con el gobierno general Polonia se vio reducida exactamente a la condición de colonia, administrada y explotada solo en función de los intereses del Reich.

Considerados como de raza inferior, los polacos se vieron tratados en las condiciones que implicaba esta inferioridad. Se prohibió la enseñanza del alemán, solo subsistió la enseñanza primaria y fueron clausurados los colegios de segunda enseñanza, las universidades y los museos.

Por lo tanto, la población polaca, imposibilitada para conservar y renovar su clase intelectual, quedó a disposición de Alemania. Obligados a llevar un signo que los distinguiera, los polacos fueron enviados como obreros al Reich, sin tener derecho alguno a salario, ni a gratificaciones, ni aun a los beneficios que de las leyes sociales gozaban los alemanes. Entre 1939 y 1942, 736.000 polacos emprendieron el éxodo a , además de los centenares de miles de prisioneros de guerra que ya estaban allí en trabajos forzados. En cuanto a los judíos, que también debían llevar una marca distintiva, fueron sometidos a trabajo obligatorio,dotados de administración y policía judías y concentrados en ghettos que estaban rodeados —principalmente en Varsovia—, de muros infranqueables. En el ghetto de Varsovia llegaron a juntarse más de 500.000 judíos.

En octubre del año 1942, Frank, en un discurso que pronunció en Varsovia, dio a conocer el papel que desempeñaría en adelante el gobierno general. Aquella explotación colonial de más de 25 millones de habitantes, administrados por 42.000 alemanes, constituía el primer paso hacia la colonización por de la parte oriental del continente europeo. Hitler presentaba esta conquista como un hecho histórico, comparable al descubrimiento de América.

La colonización de las tierras del Este

La ofensiva contra Rusia formaba parte del plan de organización de Europa por el Reich. Un mes después de haberse iniciado el avance fulminante del ejército alemán en Rusia, el dispositivo de organización de los territorios del Este, preparado con gran anticipación, estaba en el lugar prefijado.

En el mes de julio se creó el Comisariado de Ostland, en el que se englobaba a los países bálticos —Letonia, Lituania y Estonia— y poco después a la Rusia Blanca. En noviembre de 1941, Ucrania también era erigida en Comisariado del Reich y se creaba en Berlín el Ministerio de Territorios ocupados del Este, que fue confiado a Rosenberg.

La doctrina oficial nazi dividía la URSS en tres pueblos: los rusos, 100 millones, los ucranianos, 36 millones, y los rusos blancos, 6 millones. En cuanto a las partes occidental y septentrional de Rusia, se consideraba que tenían impresas las huellas germánicas dejadas por los godos, vándalos y normandos, así como por los caballeros de la Orden Teutónica, sobre cuyas huellas seguiría el Reich su cruzada de germanización.

El mismo Adolfo Hitler ya había escrito en su Mein Kampf: el que busque tierras en Europa solo puede encontrarlas a expensas de Rusia; el nuevo Reich debe seguir la ruta de los caballeros teutónicos, para que la espada alemana garantice al arado sus surcos y a la nación su pan de cada día

De este modo, el objetivo de la gran cruzada racista emprendida por consistía esencialmente en la conquista del Este. Para la doctrina nazi, la guerra no era más que una renovación de la gran ola de germanismo que se desbordaba hacia el Este, barriendo a los pueblos eslavos o sojuzgándolos.

La primera etapa de este plan había sido la conquista de Checoslovaquia, la segunda la de Polonia. El ataque a Rusia debía constituir la etapa definitiva.

El Comisariado de Ostland, con sus 16 millones de habitantes, fue dividido en las cuatro circunscripciones de Estonia, Letonia, Lituania y Rusia Blanca, cada una de ellas gobernada por un comisario general alemán. A las tres circunscripciones formadas por los estados bálticos, cuya población era favorable a , se les concedió la autonomía administrativa. Por otra parte, la administración local estaba a cargo de las asambleas de distrito y la población conservó su legislación de justicia, junto a la cual los alemanes formaron unos tribunales especiales que se regían por las leyes alemanas y que tenían jurisdicción para intervenir en todos los asuntos de importancia.

En cambio, la Rusia Blanca, privada de todos sus derechos, quedó sometida a la autoridad absoluta del comisario alemán y fue desmembrada con el fin de deshacer su unidad. Los distritos de Brest-Litovsk y Pinsk fueron incorporados a Ucrania, y los de Suwalki, Grodno y Bialistok a la provincia de Prusia Oriental.

El Reich intenta fomentar el separatismo ucraniano

Para desmembrar a la URSS, Berlín intentó explorar en Ucrania —como hacía en Bélgica con los flamencos— el movimiento separatista, aunque sin conceder ninguna autonomía a los ucranianos. Y al mismo tiempo que explotaba el nacionalismo ucraniano en contra de la comunidad rusa, deshacía la unidad de Ucrania: la Transnistria y la región de Odesa —2 millones de habitantes— fueron anexionadas a Rumanía, mientras que ante el mundo se daba a la colonización de Ucrania el carácter de una empresa europea a la que iban a ser invitados todos los estados sometidos a la autoridad del Reich.

El Reich corta el acceso de Rusia al mar Báltico y le quita las bocas del Danubio

Para aislar definitivamente a Rusia, la política hitleriana se esforzaría por separarla todo lo posible de los mares interiores de Europa. Por el norte, proyectaba dar a Finlandia unas fronteras que comprendiesen los istmos que separan el mar Blanco del lago Ladoga y del Báltico, privando de este modo a Rusia de todo enlace entre ambos mares y de la comunicación con el Báltico. Y por la parte sur, entregó Odesa y las bocas del Danubio a Rumania.

La política hitleriana pretende orientar a Europa hacia el Este

La unidad de Alemania se realizó con la guerra franco prusiana de 1870. Berlín quería ahora edificar la unidad de Europa con la guerra de Rusia, inundando todas las tierras eslavas con una ola de colonización germánica integrada por alemanes, holandeses, flamencos, daneses y noruegos.

El magno proyecto del nacionalsocialismo consistía en desviar a Europa del océano Atlántico para orientarla hacia el Este. El Occidente, cimentado en función de la atracción marítima, pretendía reconstruirlo sobre cimientos estrictamente continentales. Napoleón llegó a la idea del bloque continental por la necesidad de combatir a Inglaterra; Hitler pretendía hacer de Europa un continente autárquico, no por necesidad, sino por razón de la ideología racista.

Las relaciones de Europa con América y con el mundo colonial serían suprimidas. El océano había de ser, no el mar interior en torno al cual se desarrolló la civilización atlántica, sino la frontera de la civilización europea moldeada de nuevo sobre una base estrictamente continental. Aquí se nos muestra, con evidencia, el contraste existente entre la civilización occidental, liberal, marítima y atlántica, y la civilización alemana tal como la considera el racismo pangermanista, esto es, autoritaria, continental, apegada a la tierra y orientada hacia los territorios del Este.

El plan consistía en trasladar el centro de gravedad de Europa del Oeste al Este, del océano a la gran llanura continental.

Para su realización, el Reich planeaba encauzar la actividad de las firmas coloniales holandesas, belgas y danesas hacia los territorios rusos ocupados y desviar del mar el tráfico de los puertos de Hamburgo, Bremen y Rotterdam, dirigiendolo hacia el continente. Con estos fines se fundó en La Haya la Compañía Neerlandesa del Este, y en Bélgica el Sindicato Belga Europeo de expansión agrícola, comercial e industrial. Y como la terminación de la actividad marítima había de restringir forzosamente el potencial económico de los países occidentales incapacitándolos para mantener a su densa población, el Reich decidió trasladar parte de esta hacia la Europa Oriental. En 1941 empezó a instalar campesinos holandeses en el Vístula, se creó una compañía neerlandesa para el envío de jefes de explotación a la Europa Central y se enviaron varias expediciones de artesanos holandeses al Wartheland.

Entre 1942 y 1943, las compañías de navegación holandesas se vieron obligadas a asegurar la comunicación entre los mares interiores el del Norte y el Báltico y los territorios de colonización del Este por las rutas fluviales del continente. Se fundó una compañía neerlandesa para enviar a Ucrania trabajadores especializados y la consigna que recibió el Partido Nacionalsocialista holandés fue la de rumbo al Este.

Todos los estados marítimos, muy poblados y demasiado activos para integrarse de buenas a primeras en este nuevo plan, tenían que ser vaciados, como lo había sido Holanda, de una gran parte de su población para desplazarla a la Europa Oriental.

Esta colonización europea del Este se haría bajo la dirección del Reich, en el triple aspecto de economía estatizada, economía autónoma apoyada por el Estado y la economía privada.

La ruptura de Europa con el mar y su orientación hacia el Este señalan el principio de una nueva era histórica que borrando la fecha fatal de 1492 —descubrimiento de América— devolvería al Reich la supremacía que la atracción del mar sobre los países occidentales hizo perder a .

La política germánica en la cuenca del Danubio

La anexión de Austria señaló el primer paso del imperialismo alemán hacia la cuenca del Danubio. Berlín y Viena representaban los dos polos del espíritu alemán, prusoluterano el uno, católicorromano el otro. Y Hitler quería unir ambas tendencias bajo el mando prusiano, Berlín dirigiría la expansión hacia el Este, Viena hacia el Sudeste. Hitler consideraba que no tenía intereses territoriales en los Balcanes. La política del Reich solo se limitaría, en ellos, a encauzar la economía con arreglo a los intereses de Alemania y proporcionar a los alemanes allí residentes una situación privilegiada.

Muy otro era el caso de los pueblos de la Europa subgermánica —magiares, valacos y eslavos— situados entre el Erzgebirge, los Cárpatos y el Adriático y alimentados con los frutos de la cultura alemana. En estos países, el Reich debía desempeñar el papel de gran protector y disponer de un poder arbitral semejante al que poseía en la Edad Media el emperador del Sacro Imperio.

Conforme a estos proyectos, a los países danubianos se les impuso unos estatutos de protectorado; Eslovaquia se hallaba bajo un estatuto de amistad protegida que concedía al Reich el derecho de ocupar militarmente el país, imponía al gobierno eslovaco la obligación de desenvolver su política exterior a las directrices de Berlín y sometía la población a un régimen igual al de Alemania.

Croacia estaba protegida por dos potencias Italia y el Reich. Pero dominaba este último El país tenía un führer, Ante Pavelitch, y el movimiento ustachi adoptó el carácter de un partido hitleriano.

Rumania fue sometida por los decretos de septiembre de 1940 a la autoridad de un führer, el general Antonescu, y se convirtió en un estado nacional legionario en el que, bajo un régimen pseudo hitleriano, la Legión era el único partido político autorizado.

Bulgaria no se hallaba tan directamente sometida a la autoridad del Reich. Gracias a la energía del rey Boris conservó sus estatutos nacionales limitándose a evolucionar en el sentido de un afianzamiento de la autoridad del presidente del Consejo. En cuanto a Hungría, pese a las presiones que ejerció en todo momento el gobierno del Reich, pudo conservar su independencia en política interior.

Todos los países danubianos tuvieron que hacer patente su dependencia a la política internacional del Reich adhiriéndose al Pacto Antikomintern. Además Eslovaquia y Rumania adoptaron rigurosas medidas contra los judíos.

La economía balcánica se organiza de acuerdo con la alemana

Los Balcanes tuvieron que aceptar también la tutela económica del Reich, que organizó la economía de estos países de acuerdo con sus propios intereses. El capital alemán se apoderó de la economía rumana. En 1941, 60 de los 90 millones de leis invertidos en nuevas sociedades correspondían a participarciones alemanas y en 1942 se concertó un acuerdo entre el Reich y Rumania para la explotación de la Transnistria. En resumen, Rumania no pudo ya entablar relaciones comerciales con los países extranjeros más que por intermedio del clearing central de Berlín.

En Bulgaria se crearon comisiones industriales germano búlgaras para la colaboración entre ambos países. absorbió el 90 por ciento de las explotaciones —casi exclusivamente agrícolas— de Bulgaria y se reservó un casi monopolio sobre las importaciones de productos manufacturados.

A partir de 1940, Hungría se encontró en una situación económica análoga. El desarrollo agrícola e industrial se fijó con arreglo a un plan germano húngaro.

En todos los países balcánicos se estableció una intervención de precios sobre modelo alemán, y de acuerdo con las tarifas alemanas. Las comisiones de seguros alemanas reemplazaron a las compañías inglesas, y Berlín se convirtió en el centro regulador del clearing balcánico. En realidad, de todo el clearing europeo.

En los países del Danubio los alemanes forman una comunidad privilegiada

En los países danubianos, los alemanes conservaron, como en Polonia, su nacionalidad alemana y se les autorizó para que, al lado del partido único, formaran un partido dirigido por un Volksgruppenführer, que tenía todos los derechos de un jefe de estado y estaba encargado de representar al grupo alemán ante el gobierno nacional. Además, en Eslovaquia y Rumania los alemanes disponían de colegios propios de todos los grados.

Esta constitución de las minorías alemanas en comunidades nacionales asimiladas a personas de derecho público, no era otra cosa que la aplicación de la nueva teoría de las nacionalidades formulada por el profesor Freytag-Loringhoven, que concedía al estado alemán el derecho —proclamado por el Führer en febrero de 1938— de proteger a los alemanes en tierra extranjera.

Además, los acuerdos de Munich de 1938 reconocieron ya dicho derecho; en su virtud, el Reich se había anexionado a los alemanes de los Sudetes, había trasladado a a los alemanes de Besarabia, Bucovina, los estados bálticos y el Alto Adigio y ahora le permitiría instaurar en los países balcánicos comunidades étnicas alemanas. Como es de suponer, este derecho solo era concedido a las comunidades alemanas, porque constituían una raza superior y en consecuencia privilegiada con respecto a los demás pueblos europeos.

En el orden nuevo, Italia desempeña un papel secundario

A fines del año 1941, Europa tenía ya la configuración política que el Eje había decidido darle. Salta a la vista que en el reparto de Europa entre e Italia esta última ocupaba un lugar secundario y que, por consiguiente, estaba destinada a aceptar, aunque bajo el aspecto de cooperación, la hegemonía del III Reich.

En realidad, el reparto se efectuó según este principio: para el continente, para Italia el Mediterráneo. Pero como toda la nueva organización de Europa era continental, los países mediterráneos no pasaban de ocupar en el orden nuevo un puesto accesorio.

Italia no ocupaba en Francia más que una pequeña zona de costa alrededor de Mentón, y en el Adriático recibía la costa dálmata. Croacia, de la que era rey el Duque de Spoleto, y Albania, en la que reinaba el rey de Italia, constituían reinos vasallos. Montenegro y Grecia formaban parte de la zona de influencia italiana, pero sus estatutos no estaban aún definitivamente establecidos.

En cambio, Italia había perdido Somalia, Eritrea y Etiopía, mas no ocultaba sus ambiciones con respecto a África. Como es natural, la victoria tendría que devolverle sus colonias perdidas y además se apropiaría de Túnez y su protectorado sustituiría al de Inglaterra en Egipto.

El Reich tiende a apoderarse de la región oriental del Mar Negro

Por lo demás, todavía no estaba decidida la suerte de África, ni del Cercano y Medio Oriente, aunque todo parece indicar que tenía la intención de apoderarse de la región oriental del mar Negro y del Cáucaso, para de este modo tener una frontera con Asia.

Los últimos estados independientes

Solo seguían siendo independientes algunos estados situados en las orillas del continente. España, más o menos afectada por el orden nuevo, conservó siempre una estricta neutralidad entre los beligerantes; Suecia, que seguía una neutralidad benévola con respecto a Berlín; Finlandia, comprometida al lado en la guerra con Rusia, y Turquía, que se había inclinado hacia el bloque alemán. solo Portugal, defendido por la neutralidad española, conservaba una independencia orientada hacia el mar, esto es, hacia Inglaterra. Sin olvidar a Suiza, neutral y dispuesta siempre a defender su independencia.

El problema francés

Quedaba todavía un serio problema: el de Francia. El Reich no lo habia solucionado, pues la paz con Francia no estaba establecida y Berlín procuraba dar a entender que todo dependería de la actitud que adoptase el país. Sin embargo, estaba descontado que no permitiría que recuperase en Europa su puesto de gran potencia independiente.

Si en el momento del armisticio Alsacia y Lorena fueron incorporadas al Reich y, en el Norte, los departamentos del Norte y del Paso de Calais, en vertiente natural hacia Inglaterra, quedaron separadas de Francia y colocadas bajo el gobierno militar establecido en Bruselas, ¿cuáles habían de ser las fronteras de Francia en caso de victoria alemana? Parece que este punto no estaba todavía en claro. La corriente pangermanista, fundándose a la vez en los derechos históricos que el Reich pretendía haber heredado del Sacro Imperio y en la doctrina geopolítica, reclamaba las fronteras del Ródano y del Mosela, e incluso las hacía llegar hasta el Mosa.

En cuanto a la economía francesa, el Reich tenía el proyecto de reducirla en grandes proporciones, al mismo tiempo que integrarla en la economía alemana. El saqueo sistemático realizado por medio de las compras al por mayor valiéndose de billetes franceses que el Reich se hacía entregar a título de contribución de guerra, tenía la doble ventaja de abastecer a y de despojar a Francia de sus reservas, agotándola de manera que el día de la victoria se viese obligada a aceptar la tutela económica y financiera del Reich.

El armisticio dividió a Francia en dos zonas, una ocupada por el ejército alemán y otra libre, cuyo gobierno, con residencia en Vichy, disponía teóricamente de completa libertad legislativa.

Después del armisticio, Francia implantó también un régimen autoritario. El mariscal Pétain fue investido de una autoridad tan absoluta por el Parlamento francés elegido antes de la guerra, que incluso tenía poderes para dar a Francia una nueva Constitución si lo creía conveniente.

La revolución nacional en Francia

Así, pues, Francia, por decisión regular de sus poderes constituyentes, vino a sumarse a los países autoritarios. Y el mariscal iba a emplear los poderes absolutos que detentaba para llevar a cabo en Francia una revolución nacional que, aparte de la entrevista de Montoire (24 de octubre de 1940), iba camino de convertirse en una colaboración leal con .

La revolución nacional fue esencialmente antidemocrática y antiindividualista. Se hacía responsable de la derrota al régimen parlamentario y, al mismo tiempo, el nuevo régimen consideraba tal derrota como afortunada, puesto que iba a permitir a Francia remediar sus defectos.

Se emprendió en toda la zona libre una campaña contra el Humanismo francés y se invitó a profesores alemanes a que expusieran en las universidades francesas, ante el personal docente reunido, que Francia debía renunciar a cuanto el pensamiento francés había elaborado desde Descartes, para seguir la escuela de Hegel, y a propagar que el individuo debía estar subordinado a los intereses de la colectividad, del grupo. La divisa individualista elegida por la Revolución francesa, Libertad, Igualdad, Fraternidad, fue sustituida por la de Trabajo, Familia, Patria, y con objeto de eliminar de Francia su individualismo se la gobernaría sin consultar a la población. El nuevo régimen habría de ser establecido autoritariamente. El Parlamento fue reemplazado por una Asamblea de notables designada por el mariscal y cuyas funciones eran meramente consultivas. Los ayuntamientos dejaron de ser nombrados por elección salvo en los municipios de menos de 2.000 habitantes, siendo sustituidos por individuos nombrados por Pétain

Lo mismo que en e Italia, el Estado se apoyó en un partido único, la Legión de Combatientes, que en junio de 1941 fue reemplazada por la Legión de Combatientes y de Voluntarios de la Revolución Nacional, encargada de defender al régimen y de proporcionarle militantes activos. Como en todos los regímenes totalitarios, la juventud fue organizada militarmente y se la envió a centros de formación juvenil donde regía la disciplina de cuartel.

Sin adoptar la doctrina racista de Alemania, el gobierno de Vichy —al mismo tiempo que proclamaba su desaprobación ante la deportación en masa de los judíos franceses— adoptó una actitud antisemita e internó a los judíos en campos de concentración.

De todos modos, la revolución nacional no fue una imitación servil del nazismo, como tampoco instauró, como él, la religión del Estado; por el contrario, devolvió a la Iglesia el lugar oficial que antes ocupara y su misión de educadora y los colegios libres fueron subvencionados.

El mariscal Pétain se orientó más hacia el corporativismo que hacia el sistema del Führer. Una Carta Agraria impuso a los campesinos el corporativismo obligatorio, y una Carta de Trabajo lo hacía extensivo también a la industria, aunque la aplicación de esta hubo de aplazarse indefinidamente ante la resistencia que opusieron las masas obreras. Entretanto, se hizo todo lo posible por resucitar el artesanado.

Por lo demás, la revolución nacional tuvo un carácter profundamente original. En lugar de intentar —como el nazismo o el fascismo— fortalecer al Estado dando vigor a la unidad nacional, intentó reanimar las antiguas tradiciones y muy especialmente los particularismos locales, dando vida a las antiguas provincias por encima de los departamentos con el carácter de comunidades tradicionales.

Lo que caracterizó sobremanera al nacionalismo de Vichy es que en lugar de buscar su inspiración en el genio propio de Francia, en vez de desarrollar el dinamismo y el entusiasmo nacionales, invitó a la población francesa a aceptar la derrota como una penitencia saludable y a considerar el ejemplo de los países totalitarios como una lección y un modelo. Fue una revolución de renunciamiento y de abdicación.

Su política había de consistir forzosamente en desviar a Francia de las potencias marítimas para orientarla hacia el continente, y por ende hacia . La revolución nacional implicaba como corolario indispensable el reconocimiento, no solo de la hegemonía alemana, sino de la superioridad de la civilización germana. La Francia de Vichy adoptaba espontáneamente el papel y la mentalidad del vasallo.

La Carta del Atlántico

La guerra submarina

A pesar del aumento de potencial defensivo que proporcionó a Inglaterra la cesión por los Estados Unidos de cincuenta torpederos, la guerra submarina que llevaba a cabo obtenía resonantes éxitos. Durante el segundo semestre de 1940, Inglaterra perdió unas 200.000 toneladas de buques cada mes, y en el mes de junio de 1941 había perdido 5 millones de toneladas.

Pero la ocupación por de una gran parte del continente tuvo como consecuencia que Inglaterra pudiera disponer de 9 millones de toneladas de barcos pertenecientes a los estados ocupados. Además, tanto en Inglaterra como en los dominios y especialmente en el Canadá, se realizó un inmenso esfuerzo de construcción naval. Por otra parte, los Estados Unidos, acentuando la solidaridad que el mar establecía entre ellos e Inglaterra, le cedieron varios petroleros y buques de carga.

La firma del Pacto Tripartito entre , Italia y el Japón el 27 de septiembre de 1940, pocos días después de la ocupación de las bases marítimas y de los ferrocarriles de Indochina por el Japón fue considerada como una amenaza directa dirigida por los países totalitarios contra los Estados Unidos.

Los Estados Unidos ayudan a Inglaterra en su lucha contra la guerra submarina

La respuesta no se hizo esperar. En el mismo mes de septiembre, y después de algunos ataques submarinos a varios convoyes de buques en aguas del hemisferio occidental, Roosevelt dio orden a los mandos navales de atacar a los buques del Eje que penetraran en aquellas aguas.

Además, y con objeto de aliviar a la marina mercante británica, consiguió en octubre que fuese modificada el Acta que prohibía el transporte de exportaciones a los países beligerantes en barcos norteamericanos. En lo sucesivo, el material entregado a los países aliados —especialmente a Inglaterra— sería transportado en barcos norteamericanos armados, para así hacer frente, en caso necesario, a los ataques de los submarinos alemanes. Esto significaba la entrada en acción de toda la flota mercante norteamericana para llevar a Inglaterra los víveres y productos industriales de los Estados Unidos.

Roosevelt es reelegido por tercera vez y hace votar la ley de préstamo y arriendo

Pocas semanas después de la firma del Pacto Tripartito, la opinión americana demostró que se había dado cuenta de la solidaridad que unía a los Estados Unidos con las democracias al reelegir a Roosevelt —cuya tendencia intervencionista era sobradamente conocida—, como presidente de la República por 27.240.000 votos contra 22.327.000 que obtuvo el candidato del Partido Republicano, Willkie (noviembre de 1940). Pese a la tradición, según la cual los presidentes solo podían ser reelegidos una vez, era este el tercer mandato que se confiaba a Roosevelt.

Fortalecido con el apoyo de la nación, este pronunció el 30 de diciembre un vibrante discurso en el que declaró que los Estados Unidos debían ser el arsenal de las democracias. El llamamiento fue escuchado y en marzo de 1941 una ley aprobada en el Congreso por 317 votos contra 71 y en el Senado por 60 contra 31, autorizó al presidente para entregar material a los países beligerantes —sin sobrepasar los créditos concedidos por el Congreso— a título de préstamo o arriendo, es decir, con la única obligación de restituirlo después de empleado. Los créditos se fijaban en 1.300 millones de dólares, pero luego fueron aumentando paulatinamente hasta alcanzar, en 1944, los 36.000 millones.

La diplomacia americana sostiene en Europa la resistencia contra

Al mismo tiempo que los Estados Unidos se disponían a armar y abastecer a las democracias, su diplomacia desplegaba en Europa una gran actividad. En Francia, el almirante Leahy, enviado a Vichy como embajador en noviembre de 1940, presionaba al mariscal Pétain para que no entregase a las bases coloniales; en Yugoslavia, la diplomacia americana —así como la soviética— alentaba el golpe de estado que en marzo de 1941 había de derribar el régimen del príncipe Pablo en beneficio del rey Pedro, adversario de la colaboración con el Reich; en Grecia impulsaba a la resistencia, y en España trabajaba para conseguir que el gobierno del general Franco se mantuviese en su política de estricta neutralidad.

Los Estados Unidos adoptan medidas para defender sus accesos atlánticos

Tras la aprobación de la Ley de Préstamo y Arriendo, el gobierno de Washington continuó en su política hostil a y adoptó una serie de medidas para garantizar la defensa de sus accesos atlánticos. En abril de 1941 firmó con Dinamarca un acuerdo concerniente a la defensa de Groenlandia por los Estados Unidos y el 30 de abril los barcos de guerra recibieron la orden de patrullar hasta un radio de mil millas de las costas americanas.

Pero el Reich no se dejaba intimidar. El 24 de mayo, el acorazado Bismarck echó a pique —entre Groenlandia e Irlanda— al acorazado inglés Hood de 42.000 toneladas. Perseguido por la flota inglesa, el Bismarck fue destruido tres días después en aguas de Brest.

Los Estados Unidos comprendieron el reto. La hazaña del Bismarck, llevada a cabo cuando , mediante una campaña relámpago, acababa de apoderarse de toda la península de los Balcanes, revelaba la voluntad de dominio del III Reich. Y el Congreso respondió reconociendo que los Estados Unidos se encontraban en estado de peligro nacional extraordinario y concediendo a Roosevelt el derecho a tomar decisiones sin consultarle.

En el sistema de defensa atlántica, Islandia iba adquiriendo una importancia esencial. Y a raíz de la ocupación de Dinamarca por las tropas alemanas rompió el lazo dinástico que la unía a Copenhague y se constituyó en estado independiente. El 10 de mayo de 1940, el mismo día que se inició la ofensiva alemana por el Oeste, desembarcaron en Islandia tropas británicas y en junio llegaron tropas norteamericanas para relevarlas.

Los Estados Unidos se aproximan a la URSS

Cuando las tropas alemanas franquearon la frontera rusa, los Estados Unidos no se hallaban en muy buenas relaciones diplomáticas con la URSs. El reparto de Polonia, la anexión de los países bálticos y Besarabia, y la guerra de Finlandia presentaban a la URSS como una potencia tan imperialista como el III Reich. Al producirse la agresión rusa contra Polonia, los haberes y los créditos rusos en los Estados Unidos habían sido bloqueados y el ataque de 1941 no aumentó en absoluto las simpatías norteamericanas hacia Rusia. Los aislacionistas propugnaban se dejase que las dos dictaduras se destrozasen mutuamente.

En cambio, Inglaterra intentó desde los comienzos de la guerra atraerse a la URSs. Churchill envió como embajador a Moscú al socialista de izquierdas Stafford Cripps con el encargo de ofrecer a Stalin una alianza defensiva con Londres. Pero Moscú la rechazó, y después de la anexión de los países bálticos —que Inglaterra se negó a reconocer— las relaciones se enfriaron.

Pero tras la agresión alemana contra la URSS, Londres reanudó su contacto con Moscú el 12 de julio de 1941 las dos potencias firmaron un acuerdo identificándose en los objetivos a conseguir.

Después, considerando Roosevelt que el peligro hitleriano era más inminente que el comunista, hizo caso omiso de la hostilidad que la opinión mostraba hacia Rusia y siguiendo los pasos de Inglaterra se aproximó a Moscú enviando como embajador a Harry Hopkins.

Roosevelt y Churchill firman la Carta del Atlántico

La invasión alemana de la URSS colocó a esta, de grado o por fuerza, al lado las democracias. Se planteaba así un complejo problema. Por el hecho de ser atacada por , Rusia no dejaba de ser un estado totalitario y su imperialismo había mostrado ser tan peligroso como el de Berlín. Hasta el momento en que cambió la política alemana, la guerra presentaba caracteres entre una lucha entre la democracia —cuyo adalid seguía siendo Inglaterra— y el autoritarismo totalitario. Al aproximarse los Estados Unidos a Inglaterra lo hacían en la inteligencia de ayudar a las democracias en su lucha contra el totalitarismo. Pero la intervención de la URSS, bien a su pesar, en contra de exigía una revisión de la política hasta entonces seguida por Londres y Washington.

Para decidirla, Roosevelt y Churchill se entrevistaron (14 de agosto de 1941) a bordo del acorazado inglés Prince of Wales, anclado en la bahía de Terranova. Allí firmaron un acta que había de ser el primer jalón para la formación de una solidaridad entre los pueblos atlánticos y que señalaba los principios esenciales que los Estados Unidos e Inglaterra consideraban como constitutivos de sus objetivos de guerra.

Dicha carta —que tomó el nombre de Carta del Atlántico — afirma que los Estados Unidos e Inglaterra no buscan ningún aumento de territorio, ni de otro tipo y que ambas potencias se comprometen a no hacer ninguna modificación de fronteras contraria a la voluntad de los pueblos. Tam bién reconoce a cada pueblo el derecho de escoger libremente su forma de gobierno y a todas las naciones el acceso a las materias primas; desea la colaboración económica entre todos los estados y declara que después de la destrucción de la tiranía nazi, la paz habrá de garantizar la seguridad internacional. Por último, la Carta proclama la libertad de los mares y anuncia una reducción de armamentos. Al mismo tiempo, Roosevelt y Churchill acordaron tomar personalmente en sus manos la dirección militar y diplomática de la guerra.

Aunque la Carta del Atlántico confirmaba solemnemente la fidelidad de las dos potencias anglosajonas a la libertad económica, estaba evidentemente redactada, en cuanto a los principios de gobierno interior, de forma que no impidiese a la URSS adherirse a ella. Por lo que a tiranía se refiere, solo aludía a la de la hitleriana y el único artículo que aludía a formas de gobierno interior se limitaba a especificar —desde luego, muy prudentemente—, que los pueblos podían elegirlo por sí mismos con toda libertad.

La URSS se adhiere a la Carta del Atlántico

Al mismo tiempo que firmaban la Carta del Atlántico, inspirada por Roosevelt, como lo demuestra su tono anticolonialista, ambos hombres de estado se pusieron también de acuerdo para acudir en auxilio de la URSs. Para ello se convocó una reunión en Londres a la que asistieron los representantes de los países aliados, incluso de Rusia, y el 24 de septiembre prestaron todos ellos su adhesión a la Carta del Atlántico. Los Estados Unidos abandonaban de hecho su neutralidad.

El Japón ataca a los E.E.U.U.

Una dictadura de ideología nacionalista en el Japón

El Pacto Antikomintern fue concertado en noviembre de 1936. Y en el mes de octubre de 1937, el Japón iniciaba la guerra con la que contaba imponer a China su tutela económica y política. Para unir en sus manos todas las fuerzas de la nación, antes de emprender la lucha por la hegemonía en el Extremo Oriente, el partido militar que detentaba entonces el poder impuso un régimen totalitario, el cual —como el régimen nazi en — pretendía justificarse alegando la misión divina del pueblo nipón y su superioridad sobre todas las demás naciones.

En 1937, el gobierno imperial presidido por el general Tojo se arrogó un poder prácticamente sin intervención, y en 1938, una ley de movilización civil ponía toda la población a disposición del gobierno. La consigna adoptada fue Ofreceos valerosamente al Estado para mantener y defender la prosperidad de nuestro trono imperial, eterno como el cielo y la tierra, y para asegurar el triunfo de la doctrina que nos han legado nuestros imperiales antepasados. .. infalible en todos los tiempos y verdadera en todos los lugares. Lo mismo que el fascismo, el nazismo y el comunismo, el totalitarismo japonés —fundado en el carácter divino del emperador— afirmaba ser el depositario de toda verdad.

Para adoctrinar a la juventud en sus deberes militares se organizaron escuelas juveniles en las que la educación moral y física se hallaba a cargo de oficiales del Ejército, las bibliotecas de los colegios fueron objeto de una rigurosa depuración de textos y se implantó la delación para garantizar la sumisión a la doctrina del Shinto purificado, basada en la fidelidad a la dinastía.

Según esta doctrina, el Japón es la tierra de los dioses y su soberano desciende de Amaterasu, diosa del sol y fundadora de la nación. El panteísmo sintoísta —lo mismo que el monoteísmo judío hiciera antaño con su pueblo— hace del Japón el pueblo elegido, cuya misión consiste en regenerar al mundo sometiéndolo con apasionada obediencia a la autoridad del emperador, en el que se encarna la divinidad y del que el gobierno es único instrumento.

Este carácter divino que se da al emperador —y que es el único en el mundo en poseer— le otorga el derecho, e incluso el deber, de regir al mundo. el emperador —enseña el Shinto — es el dios del Japón y del mundo. La manifestación del espíritu imperial es la única clave para la solución de todos los problemas del nuevo orden mundial.

Para que el pueblo, que tradicionalmente ya reconocía la divinidad del emperador, consintiese en seguirlo en la empresa de regenerar al mundo —a lo que llamaban su misión divina— era preciso presentarle al mundo bajo un aspecto que fuese resplandeciente confirmación de la doctrina nacionalista. Y esta misión fue confiada a los servicios de información, monopolizados por el Estado y puestos en manos de la agencia Domei. La prensa, la radio y todos los medios de información y propaganda fueron intervenidos por el Estado, que los armonizó convenientemente para persuadir a la masa del país, inscrita en multitud de asociaciones patrióticas del carácter sagrado de aquella lucha.

Dentro de este sistema de Gobierno —como en todos los regímenes totalitarios— , la policía estaba llamada a desempeñar una función primordial, por encima de todos los órganos del poder. Su lucha sin cuartel contra la menor oposición resultaba tanto más fácil cuanto que la Constitución japonesa no garantizaba a los ciudadanos las libertades individuales, ni estos se hallaban protegidos por el habeas corpus

En 1938 las organizaciones sindicales fueron disueltas y reemplazadas por un Frente Nacional del Trabajo, y en 1941 se decretó la disolución de todos los partidos políticos.

Así, pues, el Japón viviría durante la guerra en un mundo imaginario forjado por el gobierno, el cual aseguraría a la nación la victoria porque representaba a las fuerzas del bien frente a las potencias del mal y porque la raza nipona era la encarnación misma de la divinidad.

Japón intenta hacer de China un estado vasallo

La ofensiva emprendida por el Japón en 1937 se llevó a cabo siguiendo dos direcciones principales: una que partiendo de Pekín se dirigía hacia el sur a lo largo de la línea férrea de Hankeu, y la otra, con el aliciente de un desembarco en Shanghai, tenía por objetivo apoderarse de las grandes ciudades de la costa. Esta condujo rápidamente a la toma de Nankín, que sucumbió ante los ataques en masa de la aviación.

Después de la toma de Nankin, seguida del saqueo de esta gran ciudad y de espantosas matanzas, el Japón hizo a China proposiciones de paz. En ellas se sugería un acuerdo económico que permitiese al Japón tener una parte importante en la explotación de las riquezas naturales de China, una revisión de tarifas aduaneras en favor del Japón, la autonomía de la Mongolia interior, el establecimiento de una zona desmilitarizada en el norte de China y la adhesión de esta al Pacto Antikomintern. Chang Kai Chek se negó a discutir estas condiciones, que hubiesen puesto a China en manos del Japón, y organizando un nuevo ejército se preparó para una guerra larga.

La paz propuesta por Tokio, que ponía sobre el tapete la cuestión del estatuto territorial y económico chino, se hallaba en oposición con los intereses que en esta nación tenían las grandes potencias. En 1936, el comercio inglés con China ascendía a 420 millones y el de los Estados Unidos a 382 millones de dólares. Los ingleses habían invertido en China capitales por valor de 27.000 millones de francos (de 1957), los franceses 4.000 millones y los Estados Unidos otros 4.000. A pesar de todo, las potencias no reaccionaron contra el Japón y la SDN se negó a proclamar que Tokio hubiese adoptado con respecto a China la actitud de agresor; por consiguiente, no se propuso ningún tipo de sanción. Aún hubo más; habiendo pedido China a las potencias que, al menos, cesasen en su concesión de créditos y aprovisionamiento de material de guerra al Japón, las potencias signatarias del Tratado de Washington —que había impuesto al Japón el respeto a la integridad de China— reunidas en Bruselas (1937) se negaron a tomar en cuenta la gestión, de Chang Kai Chek.

Inglaterra, inmovilizada por los acontecimientos de Europa, solamente se limitó en el mes de diciembre de 1937 a protestar contra la violación de sus relaciones comerciales con China.

Los Estados Unidos eran la única potencia que podía intervenir, pero su tráfico con China representaba el 3 por ciento de su comercio exterior, mientras que su comercio con el Japón significaba un 8 por ciento. Se limitaron, pues, a declarar que no reconocerían la situación que de hecho el Japón creaba en China e intensificaron sus construcciones navales.

Sin embargo, los Estados Unidos, Inglaterra y también vendían a China material de guerra, que entraba por los puertos de Hong Kong y Cantón.

Por su parte, Rusia, que desde el principio de la agresión japonesa había firmado con China un pacto de no agresión (agosto de 1937), enviaba por la ruta del Sin-Kiang importantes cantidades de material de guerra, especialmente aviones. Pero los 300.000 hombres que el gobierno soviético tenía concentrados en las fronteras del Manchukuo, tampoco intervinieron.

Por sí sola, China no podía hacer frente a los poderosos medios militares del Japón, que bloqueaba sus 3.000 kilómetros de costa y atacaba y hundía barcos ingleses y norteamericanos sin provocar reacción alguna. El 21 de octubre de 1938. se rindió Cantón después de varios bombardeos aéreos, y pocos días después Hankeu, adonde Chang Kai Chek había trasladado su capital, fue también tomada. Decidido a resistir a toda costa y convencido de que el mundo iba a enzarzarse en un conflicto general, Chang Kai Chek instaló entonces su capital en Chungking, en el alto Yang-Tsé, al tiempo que las fuerzas japonesas iban progresando por el norte de China ocupando Chan-Si y se internaban en el valle del Yang-Tsé. En marzo de 1939, y a pesar de las protestas francesas, ocuparon la isla de Hainan.

En aquellas fechas, el Japón era dueño de una quinta parte del territorio de China, con un 42 por ciento de su población.

Inglaterra se compromete a no obstaculizar la acción japonesa en China

La única reacción que provocó esta rápida marcha del Japón sobre China fue una declaración hecha en Londres en julio de 1939, por la cual Inglaterra reconocía las necesidades especiales de las fuerzas japonesas en China y se comprometía a no emprender ninguna acción en contra de dichas necesidades. Con esta especie de Munich oriental el gobierno de Chamberlain esperaba salvar Hongkong.

Chang Kai Chek, bloqueado por mar, utilizó para aprovisionarse el ferrocarril del Yunán, que enlazaba China con Indochina, e hizo poner en condiciones la carretera de Birmania. De este modo se encontró en 1939 en situación de reorganizar sus fuerzas. Pero el ejército japonés empezó a subir hacia el Yunán con objeto de cortarle las vías de abastecimiento.

A pesar de todo, el rápido avance de las tropas japonesas en China no correspondía a la ocupación efectiva de los territorios conquistados. Para eso hubieran sido necesarios unos contingentes de tropas que el Japón no tenía. La ocupación se limitaba a las grandes ciudades y a los ferrocarriles, lo que permitía en toda la China ocupada la organización de la lucha de guerrillas. En 1939 operaban en Hopei 300.000 guerrilleros y en el bajo Yang Tse 250.000.

Los comienzos del dominio comunista en China

Ante la agresión y el arrollador avance de las fuerzas japonesas, los nacionalistas y los comunistas chinos se aproximaron. En 1937, los ejércitos comunistas representaban una fuerza importante que ocupaba Chen Si y operaba por los territorios del norte de Yang Tse.

La guerra contra el Japón les permitió extender su influencia por todo el nordeste de China y a medida que los gubernamentales se replegaban ante los japoneses las guerrillas comunistas entraban en acción y se ponían al frente de las administraciones locales. Ante ello, y con objeto de limitar su influencia, Chang Kai Chek organizó el bloqueo de la zona comunista de Chen Si estableciendo una linea con mas de 10.000 blocaos y varios centenares de miles de soldados.

No obstante, la amenaza japonesa terminó por unir las fuerzas del Kuomintang con las de los comunistas y en diciembre de 1937 ambos bandos concertaron un acuerdo por el cual el gobierno de Chang Kai Chek reconocía a Yen-An —en el Chen Si— como capital del estado comunista chino, y este, a su vez, se comprometía a no atravesar las fronteras de Chen-Si y Kan-Su.

Después de este acuerdo, el general Chu Ten, comandante del VIII ejército comunista entró a formar parte del cuartel general de Chang Kai Chek y los comunistas en el Consejo político del Pueblo.

Se reanuda la lucha entre nacionalistas y comunistas

Sin embargo, y a pesar de los compromisos contraídos, los comunistas se aprovecharon de la ocupación japonesa para ejercer el dominio del nordeste de China y Mao Tse Tung, que mandaba el IV ejército pasa con sus tropas al sur del Yang Tse. Chang Kai Chek ordenó entonces la disolución del IV ejército, pero esto era irrealizable.

Entonces se reanudó la guerra civil entre nacionalistas y comunistas ante los japoneses, que se guardaron de atacar Yen-An para no hacer juego a Chang Kai Chek.

En todo el territorio sometido a su influencia, Mao se dedicó a ganar para el comunismo a la clase campesina, realizando la primera etapa de la democracia agraria. Para ello respetaba la propiedad particular, pero organizaba el trabajo en común para las grandes faenas del campo. Además, hizo lo posible por unir los deseos de reformas de los campesinos, obreros, pequeños burgueses e incluso de los capitalistas antifeudales y patriotas con objeto de crear un ambiente revolucionario, creando equipos de dirigentes y haciendo una activa propaganda por medio de conferencias, la radio y el teatro.

Se instaura en Nankín un gobierno testaferro

Ahora bien, mientras se iniciaba la lucha entre comunistas y nacionalistas, el mismo Kuomintang se disgregaba al establecer contacto con el ocupante. En diciembre de 1938, Wang Sing Wu, primer ministro de Chang Kai Chek, abandonó su puesto y se refugió en Hong Kong, en donde declaró que las condiciones propuestas por el Japón y que Chang Kai Chek rechazó eran, a su juicio, aceptables.

En el ínterin, había estallado la guerra en Europa y ello dejaba a Tokio las manos completamente libres. En marzo de 1940 reconoció el gobierno central de la república china constituido en Nankin por Wang Sing Wu, quien autorizaba al Japón para mantener guarniciones en el norte de China, en Mongolia interior y en los principales puertos hasta dos años después de terminadas las hostilidades con las fuerzas de Chang Kai Chek.

Japón reemplaza a los occidentales en China

Con la complicidad del gobierno vasallo radicado en Nankín, el Japón se dedicó entonces, en cuantas regiones ocupaba, a dificultar el comercio europeo, a dejar aisladas las concesiones extranjeras y a organizar la explotación económica del norte de China por medio de compañías cuyas acciones estaban en su mayor parte en poder de los trusts Mitsui y Mitsubishi. El carbón fue exportado al Japón, el valle del Yang-Tsé quedó cerrado a los barcos europeos y el comercio japonés anuló por completo al comercio inglés.

En noviembre de 1938, Tokio envió a Washington una nota repudiando el Tratado de Washington, haciendo de este modo que resultara inoperante el principio de la integridad del territorio chino.

Japón ocupa Indochina

Al mismo tiempo que ocupaba China, el Japón anunciaba por boca de su ministro de Colonias, general Koiso, que había llegado la oportunidad de establecer una estrecha colaboración con los países de los mares del Sur y de participar en la explotación de sus recursos. En 1940, la derrota de Francia obligó al general Catroux, gobernador de Indochina, a aceptar la intervención japonesa sobre todas las operaciones de tránsito ferroviario, fluvial o aéreo hasta China. El 30 de agosto, Vichy reconoció los intereses, superiores del Japón en Extremo Oriente, tanto en el terreno económico como en el político, y le concedió facilidades militares a condición de que fuera respetada la integridad de las colonias, y en septiembre los japoneses obtuvieron autorización para desembarcar en Haiphong y utilizar los aeródromos mientras durase la guerra chino japonesa. Prácticamente, entonces era el Japón quien dominaba en Indochina.

Los Estados Unidos, que seguían de cerca la amenaza japonesa, respondieron implantando el servicio militar obligatorio (septiembre) y prohibiendo la exportación al Japón de petróleo y de acero (octubre).

Entonces, Tokio, volviéndose hacia Siam, ofreció a Bangkok un tratado de amistad que fue firmado en diciembre de 1940. Inmediatamente, Siam reclamó a Francia la devolución de las provincias del norte de Cambodje y emprendió las hostilidades contra Indochina. Tokio impuso el armisticio y Vichy tuvo que abandonar los territorios reclamados (mayo de 1941).

Japón da a conocer su intención de dominar el Asia Oriental

Las victorias alemanas incitaban todavía más el imperialismo del partido militar japonés. En marzo de 1941, Matsuoka, que al arbitrar el conflicto franco siamés había afianzado aún más la posición dominante que Tokio ocupaba en el Extremo Oriente, dio a conocer la misión económica y política, que incumbía al Japón y su plan de introducir el orden nuevo entre los 700 millones de habitantes del Asia Oriental.

En la organización económica de esta vasta parte del mundo, que el Japón pretendía dirigir, se reservaba, lo mismo que en Europa, el papel de proveedor de productos industriales.

Tokio firma con la URSS un pacto de no agresión

Era inevitable que esta política expansionista llevaría al Japón a un conflicto con los Estados Unidos. Y antes de comprometerse, Tokio quiso asegurarse la neutralidad de Rusia, que había demostrado ser un adversario temible. En 1938, el ejército soviético reaccionó enérgicamente ante los incidentes fronterizos, y en mayo de 1939 intervino para rechazar a las tropas japonesas que penetraron en la república popular de Mongolia.

Para evitar que sus relaciones con Rusia se complicaran, Tokio concertó con Moscú, en septiembre de 1939, un tratado para la delimitación de las fronteras del Manchukuo y Mongolia.

Moscú, por otra parte, deseaba evitar la guerra con el Japón, entre otros motivos porque se estaba enrareciendo la atmósfera entre y la URSS y no podía descartar el peligro de una agresión alemana. Y para salvaguardarse de la eventualidad de una alianza germano japonesa que obligara a Rusia a defenderse al mismo tiempo en Europa y en Asia, Moscú propuso al gobierno nipón un pacto de amistad, neutralidad y no agresión. Y Matsuoka, de regreso de uno de sus viajes a Berlín, lo firmó por un período de cinco años (abril de 1941).

Pocas semanas después, cuando los ejércitos alemanes invadieron Rusia (junio de 1941), el pacto ruso japonés demostró su eficacia. Tokio mantuvo la neutralidad.

La guerra entre y Rusia daba a Tokio la seguridad de que Moscú no podría intervenir contra el Japón en el caso de que tuviese un conflicto con los Estados Unidos. En consecuencia, el partido militar decidió entrar en acción.

Japón prepara la guerra contra los Estados Unidos

En 1940, la nueva situación internacional creada por las victorias alemanas indujeron al príncipe Konoye a dimitir y volver a formar gobierno sin Matsuoka, a quien consideraba poco emprendedor. En el nuevo gabinete: el almirante Toyoda fue designado para ocupar el ministerio de Asuntos Exteriores y el general Tojo para la cartera de Guerra.

El primer acto del nuevo gobierno consistió en exigir de Vichy —al que Berlín obligó a aceptar— un protocolo para la común defensa de Indochina (julio de 1941).

Los Estados Unidos bloquearon los capitales japoneses, se incautaron del caucho y, en el mes de agosto, suspendieron las comunicaciones con el Japón.

A pesar de todo, Konoye no se decidía a romper con los Estados Unidos. En el mes de agosto, y ante las medidas adoptadas por Washington, envió al Presidente Roosevelt un mensaje de tonos pacifistas, pero el partido militar, impresionado por las victorias alemanas, impuso su punto de vista y el 16 de octubre, ante la evidencia de una guerra inevitable, el príncipe Konoye dimitió. Formó gobierno el general Tojo, y de sus catorce ministros la mitad eran generales y almirantes; a Togo, ex embajador en Washington, se le confió la cartera de Asuntos Exteriores.

El gobierno de Tojo decretó inmediatamente la movilización general, puso los monopolios industriales bajo la intervención del Estado y emprendió una política de socialismo estatal que puso en manos del gobierno toda la vida económica del país.

La situación financiera era difícil y el presupuesto se cerraba con déficit. Desde 1937 a 1941, la deuda pública había ascendido de 9.000 millones de yens a 26.000. La autarquía económica a que el Japón se veía obligado y la guerra de China agotaban sus finanzas. Sin embargo, existía una reserva de oro de 12.000 millones de dólares que se conservaba intacta con vistas a la guerra y el gobierno tenía preparado un plan para apoderarse, mediante una rápida acción militar de las riquezas de los mares del Sur. El ejército había demostrado estar bien entrenado para efectuar desembarcos y los 12.000 millones de dólares serían suficientes para financiar las operaciones iniciales; después, las conquistas pagarían la guerra.

Decidido a la acción, Tojo simuló un sincero deseo de mantener relaciones pacíficas con los Estados Unidos y en noviembre de 1941 envió a Kurusu en misión especial a Washington, con objeto de confirmar sus intenciones amistosas, Pero súbitamente, de 10 de noviembre denunció a la Dieta la política de bloqueo que amenazada al Japón, reclamó plena libertad de acción en China y acusó a los Estados Unidos de intransigencia con respecto a Tokio. Y la Dieta votó importantes créditos militares e incitó al gobierno a la energía.

Pero Washington deseaba la paz. El 26 de noviembre, Cordell Hull entrega a Kuruga un memorándum sobre las condiciones en que podrían reanudarse las relaciones amistosas con el Japón. Tojo respondió a este memorándum el día 30 con una declaración acusando a Inglaterra y a los Estados Unidos de explotar a los mil millones de habitantes del Extremo Oriente.

Al día siguiente, Roosevelt hizo llegar al emperador un mensaje personal pidiéndole, como garantía de paz, que el Japón retirase sus tropas de Indochina.

El ataque japonés a Pearl Harbour extiende la guerra

El 7 de diciembre de 1941, el mundo se enteraba con asombro de que la aviación japonesa había atacado la gran base naval de Pearl Harbour, hundiendo a cinco acorazados y averiando a tres más. Para los Estados Unidos ello representaba un desastre naval, pues perdían de una vez ocho acorazados.

El 11 de diciembre, e Italia declaraban la guerra a los Estados Unidos y con ello el conflicto se convertía en mundial.

Japón elimina a Inglaterra de la lucha en el Pacífico.

El ataque japonés no causó pánico alguno en los Estados Unidos, pero despertó repentinamente en el país una voluntad de hacer la guerra y ganarla. El Congreso se manifestó por unanimidad —menos un voto— declarando la guerra al Japón. Al día siguiente, Japón declaraba la guerra a Inglaterra, al Canadá y a Australia.

Inglaterra, cuyas fuerzas navales las necesitaba en su totalidad para la guerra submarina, dejó en manos de los Estados Unidos la defensa de sus posesiones del Extremo Oriente, con excepción de Hong Kong y de la poderosa base de Singapur. El 7 de diciembre, o sea el mismo día del desastre de Pearl Harbour, dos de las más potentes unidades de su flota, el Repulse y el Prince of Wales —crucero de combate a bordo del cual Roosevelt y Churchill firmaron la Carta del Atlántico — llegaban a Singapur para impedir a los japoneses el acceso al océano Indico, pero el día 10 ambos buques eran hundidos por la aviación japonesa cuando patrullaban en aguas de la península de Malaca, a 300 millas de Singapur.

Japón conquista el sudeste asiático

Los dos espectaculares ataques en que la aviación japonesa destruyó la potencia naval de los anglosajones en Extremo Oriente fueron seguidos de una serie de desembarcos, magistralmente llevados a cabo, en Borneo, Malasia y la isla filipina de Luzón. Seguidamente fueron ocupadas las islas de Guam y de Wake.

El 25 de diciembre, después de diecisiete días de bombardeo, Hongkong también capítulo y el 20 de enero fue ocupada Manila. Después, avanzando desde Indochina, los japoneses atacaron Singapur el 31 de enero y el 15 de febrero capitulaba la primera de las bases inglesas, cuya guarnición era de 73.000 hombres, entre ellos 27.000 ingleses.

Pocos días después, los japoneses desembarcaban en Java, Sumatra y Birmania, donde se apoderaron de Rangún y Mandalay, cortando la vía de aprovisionamiento del ejército de Chang Kai Chek. Pronto estuvo ocupada toda Birmania, pues los ingleses no pudieron detener el avance del ejército japonés hasta los confines de la India.

Después de la toma de Port Moresby, en Nueva Guinea, Australia parecía definitivamente perdida, pero a fines de marzo llegó un convoy con las primeras tropas norteamericanas, después de haber atravesado el Pacífico protegidas por una potente escuadra.

En el mar del Coral se entabló entre las flotas japonesa y americana una batalla naval de la que dependería la suerte de Australia. Fue el desquite de Pearl Harbour. Los japoneses perdieron doce buques de guerra y sufrieron un verdadero desastre.

Australia había sido salvada y la impetuosa avalancha japonesa quedó contenida definitivamente.

Se prepara el duelo entre los Estados Unidos y el Japón

Se entablaba la lucha entre los Estados Unidos y el Japón por la supremacía en el océano Pacífico. En cuatro meses, el Japón había conquistado posiciones de una importancia esencial, tanto desde el punto de vista militar como económico, pues además de los petróleos de Insulindia, tenía en sus manos la casi totalidad de la producción mundial del caucho y el 70 por ciento de la del estaño.

En el continente asiático, Indochina, Malasia y Birmania estaban en su poder y Tailandia quedaba reducida al papel de estado vasallo. Las Filipinas, Borneo, Java, Sumatra y Nueva Guinea estaban ocupadas, al menos en parte. China, asimismo ocupada en gran parte, se hallaba aislada. Hong Kong y Singapur se habían convertido en bases japonesas. El acceso al mar de la China y al océano Pacífico por el océano Índico estaba cerrado a los occidentales.

Las bases americanas de Guam y Wake, escala entre Pearl Harbour y las Filipinas, también estaban en poder del Japón, cuyas defensas periféricas llegaban por el sur y el suroeste a 4.500 kilómetros de la metrópoli.

Los Estados Unidos, pues, organizaron el ataque partiendo a la vez de Australia, convertida en un campo atrincherado, y de Alaska, prolongada por las islas Aleutianas, en las que escalonaron una serie de bases aeronavales.

Organización de la Gran Asia japonesa

Las fulminantes conquistas realizadas por el Japón pusieron en sus manos la sexta parte del Globo, esto es unos 50 millones de kilómetros cuadrados.

Pero la guerra no hacía más que empezar y los Estados Unidos, con el inmenso potencial económico de que disponían, iban preparándose. Para detener la contraofensiva, el Japón tenía que explotar inmediatamente las enormes riquezas de los países conquistados, y aunque los occidentales habían abandonado casi sin resistencia territorios tan ricos como Insulindia, en cambio destruyeron sistemáticamente las instalaciones petrolíferas y mineras que el Japón necesitaba con tanta urgencia. Los japoneses se veían, pues, ante la tarea ingente de volver a poner en explotación las considerables riquezas dispersas y situadas a millares de kilómetros de la metrópoli, que sus conquistas les habían proporcionado.

Ahora bien, la marina mercante japonesa, aunque desde 1918 triplicó su tonelaje, no contaba más que con unos 7 u 8 millones de toneladas cuando le eran precisas más de 15 para hacer frente a la inminente empresa.

Además, el imperio asiático con que contaba el Japón no aumentaba sus recursos industriales, que no podían compararse con las riquezas casi ilimitadas de que disponían los Estados Unidos.

El Japón se hallaba, por lo tanto, en la imprescindible necesidad de aumentar en proporciones enormes su producción industrial. Para conseguirlo se necesitaban años, y para lograr este respiro de tiempo solo existía un medio: que la flota japonesa estuviese en condiciones de impedir a las fuerzas americanas acceso a la costa del Pacífico que rodeaba a la Gran Asia japonesa. Y al abrigo de su flota, Tokio iba a esforzarse por organizar el Extremo Oriente.

En el interior, el gabinete Tojo disponía de una autoridad indiscutida. Las elecciones de abril de 1942, llevadas a cabo con gran entusiasmo después de espectaculares victorias de los ejércitos de tierra, mar y aire del Japón le valieron al partido nacional 378 escaños de los 466 que componían la Dieta. Meses más tarde, en febrero, ya se había creado el Consejo de la Gran Asia, formado por altos funcionarios y dirigentes de la industria japonesa.

Este organismo en seguida elaboró el plan general de la política de la Gran Asia, según el cual el Japón debía continuar siendo el único gran centro industrial de Asia y la economía de los demás países asiáticos organizarse de acuerdo con los intereses del Japón, al que proporcionarían las materias primas, los víveres y la mano de obra que necesitara. En resumen, el Japón adoptaba la concepción económica de la nazi, pero desarrollándola en el plano marítimo.

Una vez establecido este plan, decenas de miles de funcionarios japoneses fueron enviados al Sur para organizar aquellos territorios.

Tal organización económica estaba concebida con arreglo a las miras imperialistas. La mano de obra contratada a bajo precio fuera del Japón les permitiría abrir el mundo a las exportaciones de la industria nipona y de este modo hacer afluir hacia el Japón los capitales que le eran indispensables. Sin embargo, este plan solo podía llevarse a cabo dentro del marco del Pacto Tripartito, esto es sin violar las zonas que se reservaban Berlín y Roma. Y en este sentido se firmaron acuerdos económicos con e Italia en enero de 1943.

En septiembre de 1942 Tojo reorganizó su gabinete, designando para la cartera de Asuntos Exteriores a Tani y creando de Ministerio de la Gran Asia, para el que nombró titular a Aoki. Por otra parte, además del plan económico fue estructurado un plan político. Tokio acariciaba la idea de conceder una independencia formal —semejante a la del Manchukuo— a algunos de los pueblos liberados de la tutela de los occidentales, manteniendo en cambio bajo su autoridad directa los territorios económicamente más ricos.

Al mismo tiempo, iba preparando la liberación de Asia de la tutela de Inglaterra y de los Estados Unidos. Ya en junio de 1942, el movimiento India independiente, apoyado por el Japón, celebraba su primer congreso bajo la presidencia de Chandra Bose, en Bangkok, capital de Tailandia, convertida en estado vasallo del Japón El 16 de agosto de 1943, una asamblea nacional convocada en Rangún proclamaba la independencia de Birmania, que firmó acto seguido un tratado de alianza con el Japón y declaró la guerra a Inglaterra y a los Estados Unidos. El 15 de octubre de 1943 se proclamó la independencia de Filipinas y el mismo día se firmaba en Tokio un tratado de alianza militar, económica y política entre el Japón y la nueva república, que de hecho quedaba sometida al protectorado japonés.

El 21 de octubre fue constituido en Bangkok el gobierno de la India libre, que enseguida fue reconocido por las potencias del Eje.

al lado estos países liberados por el Japón, Indochina, Malasia, Insulindia y las islas del Sur siguieron siendo territorios ocupados, tanto por razón de su riqueza como por su importancia estratégica.

El 5 de noviembre de 1943 se reunió en Tokio el primer congreso de la Gran Asia. En esta reunión delegados japoneses representaban a la metrópoli y a los territorios de Corea y Formosa, que estaban directamente unidos a ella. Las monarquías del Manchukuo y de la Mongolia interior, vasallos del Japón, también enviaron delegados y lo mismo hicieron Tailandia, Filipinas, Birmania e incluso el gobierno testaferro de China. La India no estaba representada oficialmente, pero Chandra Bose asistió al congreso como invitado. Los países ocupados —Indonesia, Malasia, Indochina e islas del Sur— no estaban representados.

El congreso estableció en cierto modo la Carta de la Gran Asia, cuyos acuerdos implicaban, principalmente, ayuda recíproca, organización económica común, respeto a la civilización de cada país e igualdad de razas, todo ello bajo la dirección implícita del Japón.

Dentro del inmenso complejo que debería ser la Gran Asia, el Japón declaraba admitir todas las religiones. En marzo de 1942, Tokio decidió enviar una misión diplomática al Vaticano, pero al mismo tiempo, y en cumplimiento de la prohibición impuesta a todo extranjero de ejercer cualquier mando sobre japoneses, los obispos católicos del Japón y de Corea que no eran nipones fueron sustituidos por nativos.

Poco después se inauguraba solemnemente en Kobe una mezquita y se introducía en la universidad de Tokio la enseñanza del árabe. Los dos budas vivientes —el de Mongolia y el del Tíbet— fueron trasladados al Japón y en octubre de 1943 se organizaron grandes fiestas para celebrar la constitución de una Asociación gran asiatica de jóvenes budistas.

Así, el Japón manifestaba en todos los terrenos —político, económico, intelectual y religioso— su voluntad de convertirse en el centro de la Gran Asia

Ocaso del eje Berlín-Roma

El Eje no consigue alcanzar la producción industrial de Inglaterra y Estados Unidos

A fines de marzo de 1942 terminaron las espectaculares victorias de los ejércitos del Eje. La batalla por la conquista de Moscú, seguida de la desastrosa retirada del ejército alemán en diciembre de 1941, representó para el Reich su primer revés de importancia. La batalla naval del mar del Coral, en marzo de 1942, detuvo definitivamente la ofensiva japonesa. Desde aquel momento, la guerra estaba perdida para los países del Eje.

y el Japón habían preparado unos ejércitos admirablemente equipados y entrenados para las ofensivas de gran estilo que les valió tan extraordinarios éxitos, pero una vez logrados dichos éxitos era necesario que pudiese conservar y estabilizar sus conquistas y soportar al mismo tiempo el poso de la guerra con Rusia. En cuanto al Japón, le era necesario organizar la explotación de la Gran Asia haciendo frente al mismo tiempo a los Estados Unidos. Y todo ello estaba por encima de sus posibilidades y fuerzas. Una vez terminadas las ofensivas relámpago, la guerra se convertía en una prueba de potencia. Y la potencia había de medirse por la capacidad de producción y las posibilidades de transporte de que disponían ambos campos. Por lo tanto, ya no se luchaba en condiciones de igualdad.

Por su parte, el eje Berlín-Roma-Tokio estaba partido en dos elementos y por tanto se veía imposibilitado de colaborar de manera directa. Berlín —de la que Roma solo era un segundo que únicamente podía proporcionarle una ayuda minima— había conquistado el continente europeo. En lo sucesivo, para el Reich el mundo quedaba limitado a ese continente, pobre en materias primas y abrumado con el peso de la guerra con Rusia.

El Japón había edificado la Gran Asia sobre el mar. Mas para Tokio este a solo alcanzaba hasta el nordeste del Pacífico, mientras que las flotas americana e inglesa, que dominaban todos los mares del mundo, tenían asegurados sus transportes regulares entre los Estados Unidos, Inglaterra, Rusia, África, el Asia Anterior y Oceanía; además, la aviación les proporcionaba vías rápidas que enlazaban directamente Nueva York con Londres, y a través de África con el golfo Pérsico, desde donde se dirigían a Rusia. En resumen, después de sus victorias, el Reich alemán y el Japón se habían convertido en plazas sitiadas, separadas del resto del mundo y aisladas la una de la otra.

cometió un error irreparable al atacar a Rusia. Mientras el pacto germano ruso estuvo en vigor, la URSS la abasteció con largueza. En agosto de 1939 Moscú se comprometió a proporcionarle 25 millones de quintales de trigo en dieciocho meses —lo que significaba la tercera parte de sus necesidades—, 900 millones de toneladas de petróleo y a facilitar el tránsito de 3.000 toneladas de caucho procedente del Extremo Oriente. En compensación, los alemanes les ofrecieron material de guerra. Rusia cumplió sus compromisos, pero había faltado a los suyos.

A pesar de todo, el gobierno soviético se mostró dispuesto a intensificar su ayuda económica. Además, Rusia constituía el vínculo que unía con el Extremo Oriente. Una vez iniciada la guerra germano rusa este vínculo quedaba roto y la explotación de los territorios rusos ocupados proporcionó bastante menos trigo que el recibido antes por las entregas de los rusos. En cuanto al petróleo, la fuente se cerró por completo.

Por su parte, el Japón quedó aisladola industria alemana a causa de la guerra en Rusia.

De este modo, encerrados en la autarquía que ellos mismos se habían impuesto, el Reich y el Japón no podían aspirar a competir con la potencia industrial de los Estados Unidos e Inglaterra. Y de esta dependía el poderío militar.

En 1941, la desproporción se manifestó ya de manera decisiva: produjo 3.801 tanques, Inglaterra 4.844 y los Estados Unidos 5.000. Y en lo sucesivo, la producción de armamentos alemana no cesó de disminuir, mientras que la de Inglaterra y, sobre todo, la de los Estados Unidos, aumentaba de manera continua y constante

Hitler asume la dirección de las operaciones

A esta situación se unía un elemento moral que también actuaba en contra del Eje. Durante la guerra, y tanto en las victorias como en las derrotas, lo que en caracterizó a la opinión fue su total apatía. En un principio, las masas apoyaron a Hitler, pero luego le dejaron actuar solo.

A pesar del Estado Mayor, fue el propio Hitler quien concibió la Blitzkrieg, impuso la táctica de las divisiones blindadas y de la aviación de asalto y de los gobiernos quisling. Pero también fue él quien, después de haber impuesto el ataque a la URSS, aventuró al ejército alemán de operaciones en una serie de aventuras en Rusia que habían de acabar en su destrucción.

En los medios militares y diplomáticos, así como entre la nobleza y la burguesía culta, eran muchos los que con Von Brauchitsch, Schacht o Von Falkenhausen se daban cuenta de las deplorables equivocaciones de Hitler, pero el pueblo creía en él.

El plan de Hitler, tanto en el terreno militar como en el político y económico, era exclusivamente continental. Para él, el Atlántico debía constituir una barrera, y en cuanto al Mediterráneo ni siquiera le interesaba. Esto le hizo cometer tan graves errores como el no preocuparse de las colonias francesas, no intentar ninguna operación contra Gibraltar, ni aun después de su victoria en Creta, y dejar de lado la base de Chipre.

Para él, la única realidad era el continente. Y una vez lo hubo conquistado lo organizó de acuerdo con las ambiciones alemanas y pretendió defenderlo de los ataques que pudieran venir por mar rodeándolo de una muralla de fortificaciones. La muralla del Atlántico, en la que trabajaron cientos de miles de obreros, pasará a la Historia como la realización de una idea tan descabellada como elemental. Hitler transformó Europa en una plaza sitiada y el ejército alemán —por lo menos la parte que no estaba combatiendo en Rusia—, fue distribuida a lo largo de esta nueva muralla de China edificada frente al mar.

Hitler quería construir la Europa nazi en el interior de esta fortaleza. En 1941, tras nuevos sondeos de paz a Inglaterra y aprovechando la renovación del Pacto Antikomintern, pretendió consagrar la instauración de la doctrina nacionalsocialista en todo el continente. Pero los neutrales —Suecia, España, Portugal, Suiza y Turquía— se echaron atrás. Aunque Hitler había anunciado el derrumbamiento de Rusia, el cruento invierno de 1941-42 puso de manifiesto hasta que punto estaba equivocado en cuanto a la potencia de la URSs. Y para hacer frente a la corriente de escepticismo que entonces se apoderó de Europa, Hitler anunció que asumía personalmente el mando de las fuerzas armadas e intensificó el rigor de su policía.

En abril de 1942, el Reichstag le concedió poderes discrecionales para la administración de justicia. En lo sucesivo, no hubo más ley que la voluntad del Führer, limitándose la labor de los tribunales a interpretarla. A Speer, que sucedió a Todt como ministro de Armamentos, se le concedió el derecho de vida y muerte sobre los obreros, y Goebbels, desde el ministerio de Propaganda, dio más vigor a la campaña anticomunista.

Los campos de exterminio

Al mismo tiempo, Hitler se entregaba cada vez con más ahínco, con una especie de furor místico, a las persecuciones racistas. En toda Europa los judíos eran detenidos en masa, tragedia que en Polonia alcanzó su paroxismo. El mayor núcleo judío del Reich era Varsovia, donde se contaban 375.000 judíos de una población de 1.250.000 habitantes. En 1940, Hitler los hizo concentrar en un ghetto aislado del resto de la ciudad por una alta muralla, a donde después fueron también llevados todos los judíos que vivían al oeste del Vístula, llegando a alcanzar la población de este ghetto más de 500.000 almas. Como toda relación económica con el exterior estaba prohibida bajo pena de muerte y no se permitía, con el fin de evitar todo contagio, el envío de paquetes, el hambre no tardó en hacer en aquel barrio espantosos estragos. Mientras, la prensa alemana publicaba las (medidas educativas) adoptadas con los judíos.

En julio de 1942, como la situación en Varsovia se hacía insostenible, todos aquellos judíos fueron deportados en masa hacia los campos de Treblinka y Belzec, donde con insólita crueldad fueron ejecutados a millares en cámaras donde se les asfixiaba por medio de chorros de vapor de agua. De este modo perecieron cerca de un millón de judíos, de los que su ropa, su calzado e incluso el cabello de las mujeres fue recogido para que lo aprovechara la economía del Reich.

Después de estas espantosas matanzas todavía quedaron en Varsovia unos 60.000 judíos que fueron convertidos en esclavos, hasta que en 1943 se sublevaron en un arranque de heroísmo. Después de cuarenta y dos días de combates encarnizados, durante los cuales fueron ametrallados y bombardeados por la aviación, el alzamiento quedó dominado y a los últimos supervivientes se les ahorcó públicamente en Varsovia. En cuanto a los cadáveres que se amontonaban en el ghetto, transformado en un montón de ruinas, la administración alemana los vendió a razón de 500 zlotys por cadáver a los chamarileros, que de este modo tenían derecho a despojarles de sus vestidos y de los objetos de valor que pudieran llevar encima.

Esta destrucción sistemática de los judíos —así como la de los gitanos, cuyo delito consistía en no ser arios— no se llevó a cabo únicamente en Polonia, sino en toda Europa, al mismo tiempo que se exterminaba también a los enemigos del régimen. En los campos de exterminio de Buchenwald, Dora, Auschwitz, Maidanek, Ravensbrück, Bergen-Belsen, Mauthausen, Nordhausen, Flossenbürg, Struthof, Bwiecim, Brzezinka, Plaszow, Treblinka y otros, habían de morir más de 9 millones de personas.

Jamás, en ninguna época de la Historia, se organizaron tan científicamente persecuciones tan espantosas.

En el campo de Maidanek, por el que pasaron cerca de 1.600.000 personas más de 500.000 perecieron exterminadas en cámaras de gas, destinadas principalmente al exterminio de mujeres.

Tanto los polacos como los judíos fueron objeto de matanzas en masa, efectuadas de manera muy estudiada. En unas cámaras de 17 metros cúbicos amontonaban a más de cien personas, echando por encima de las cabezas de los adultos a los niños hasta completar la cabida de la habitación. Abierto el gas, una mirilla de cristal permitía seguir la agonía de aquellos mártires. Después los cadáveres eran retirados y destruidos en hornos crematorios, a razón de unos dos mil cuerpos diarios. En Struthof (Alsacia), las cámaras de gas, de veinte metros cúbicos, servían para abastecer de cadáveres los laboratorios científicos de la Facultad de Medicina de Estrasburgo. Antes de ser enviados a la muerte, las víctimas solían ser torturadas.

La pluma se resiste a describir los procedimientos inventados por la policía alemana para instaurar en Europa el orden nuevo, destinado a imponer la cultura que la raza germánica tenía la misión divina de dotar a Europa para liberarla de la podredumbre del cristianismo y del humanismo.

Los mismos alemanes no estaban libres de la severidad de la policía, base de la autoridad de Hitler. Los procesos de las ejecuciones capitales efectuadas en Berlín, que fueron hallados en el Ministerio de Justicia del Reich, revelan que en 1943 y 1944, fueron degolladas o ahorcadas 4.595 y 5.476 personas, respectivamente. Estas ejecuciones, científicamente preparadas, duraban, según los casos de ocho a veinte segundos. Durante dos años, en las prisiones de Berlín fueron ejecutadas unas 150 personas cada día. En conjunto, y durante los cinco años de guerra, todos los días murieron en las prisiones o fueron entregadas a la muerte unas 5.000 personas.

Se pretende fundar una mística contra el comunismo

A pesar de todo esto, se arrogaba la alta misión de defender a Europa del comunismo. Y en todas partes solicitaba voluntarios para combatir a Rusia desde las filas del ejército alemán. La casi totalidad de países europeos enviaron legiones al frente del Este, pero estaban compuestas únicamente de algunos centenares o, todo lo más, unos millares de hombres.

Reclutamiento de mano de obra en los países ocupados

Ya que el reclutamiento de voluntarios para la guerra daba resultados tan mediocres, los países ocupados debían, por lo menos, colaborar a la obra común proporcionando mano de obra a . Y en 1942. bajo la dirección de Sauckel, se organizó la propaganda en toda Europa para inducir a los obreros a suscribir contratos de trabajo en . Para atraerlos les ofrecían salarios espléndidos, a la vez que en varios países ocupados se cerraban fábricas y se suprimían los subsidios de paro. Sin embargo, con estas medidas no se consiguieron más de 200.000 contratos, en vista de lo cual se procedió al reclutamiento en masa de mano de obra en todos los países ocupados y se obligó a trabajar a gran cantidad de prisioneros de guerra.

De este modo, en el año 1944 disponía de unos diez millones de trabajadores extranjeros.

Esta política laboral, consistente en deportar a la población, respondía a un doble plan; por una parte, proporcionar mano de obra a la industria alemana, privada de brazos a causa de la movilización militar, y por otra agotar biológicamente a los países ocupados, privándoles de sus hombres jóvenes con objeto de disminuir la natalidad.

En los países ocupados surge la resistencia

La deportación de obreros a tuvo como consecuencia inmediata la de provocar en todos los países un movimiento de resistencia. Preciso es consignar que hasta la entrada en guerra de Alemania contra Rusia, la ocupación alemana no había tropezado en ninguna parte con una resistencia determinada. La masonería, temiendo ser perseguida, dio a sus miembros la consigna de no adoptar ninguna actividad política; los sindicatos, por influjo de los comunistas, adoptaron con frecuencia una posición favorable al orden nuevo, y en todos los países hubo bastantes dirigentes sociales que tomaron la misma postura. Asimismo, la pausa que hizo el nazismo desde el principio de la guerra en su política de lucha contra las ideas cristianas indujo a la Iglesia a adoptar una actitud neutral. También muchos industriales deseaban la reanudación de los negocios. La consigna difundida durante la guerra civil española, Berlín o Moscú, no había perdido aún toda su fuerza.

Es evidente que los gobiernos títere de Holanda y Noruega no tenían autoridad. En todas partes la opinión era contraria a , pero nadie se decidía a adoptar una actitud de decidida resistencia.

Pero la invasión de la URSS por las tropas alemanas ocasionó un profundo cambio. Los comunistas, hasta entonces partidarios de Alemania, adoptaron en todos los países una actitud de resistencia contra el Reich. Y en la primavera de 1942, las deportaciones de obreros dieron por resultado que se echaran al campo todos los que se negaban a trabajar para el enemigo.

Sin embargo, en los países ocupados fueron pocas las voces que se levantaron para protestar. Y la de Leopoldo III, rey de Bélgica, que en octubre de 1942 escribió a Hitler recordándole que el pueblo belga había conservado un odioso recuerdo de las deportaciones de 1916-1917 y que si se repetían despertarían un odio imborrable contra , no halló ningún eco.

Lo mismo ocurrió con la protesta que el rey Leopoldo dirigió en el mes de noviembre de 1943 al gobernador de Bélgica, general Von Falkenhausen, contra los actos inhumanos que se llevaban a cabo en Brendonck y que constituyen un baldón para la humanidad.

El gobierno Laval inicia su colaboración con

Contrariamente al rey Leopoldo, el gobierno de Vichy adoptó una actitud de franca colaboración. En 1942, un tribunal especial inició en Riom un gran proceso para definir las responsabilidades que incumbían a varios políticos y jefes militares en la derrota de Francia, pero los debates tomaron un carácter de requisitoria contra la política de Alemania y —a instancias del embajador Abetz — el proceso tuvo que suspenderse. En aquellos momentos, el gobierno de Vichy, presidido por el almirante Darlan, había emprendido decididamente una política de colaboración. Pero como con ello no se consiguió nada práctico, en abril de 1942 volvió Laval al poder.

El mariscal Pétain le cedió las funciones de presidente del gobierno y se reservó exclusivamente las de jefe de Estado. Laval en seguida inició una política de activa colaboración. Se formó la Legión Tricolor para luchar en el frente ruso y para la reconquista, al lado las tropas alemanas, del imperio colonial francés. También se organizó una campaña para proporcionar obreros a , a la vez que Hitler prometía poner en libertad a un prisionero de guerra por cada tres obreros contratados. Fue un fracaso. Entonces Laval implantó el trabajo obligatorio (septiembre de 1942) y cerró parte de la industria francesa para enviar obreros al Reich.

Los resultados de esta política fueron opuestos a los que se perseguían, pues provocó en Francia la organización de una resistencia activa que en seguida se puso en contacto con la Francia Libre.

Italia, bajo intervención alemana

En la organización del orden nuevo en Europa, Italia —que por el Pacto Tripartito (septiembre de 1940) se había reservado un papel igual al de Alemania—, estaba resultando un lastre. Ninguna de sus operaciones militares estuvo coronada por el éxito y su producción industrial quedaba muy por debajo de sus necesidades. En enero de 1941, Mussolini, en una entrevista que tuvo en Berchtesgaden con Hitler, consiguió que este se comprometiera a enviar tropas alemanas a Italia para tomar parte en la lucha en el Mediterráneo, al mismo tiempo que decidieron integrar la economía italiana en la del Reich y bajo la dirección de especialistas germanos. De hecho, Italia se convertía en estado vasallo de Alemania.

Mussolini se volvió entonces hacia el general Franco intentando convencerle de que España luchara al lado del Eje. Pero fue en vano (febrero de 1941).

Desde la intervención alemana en sus asuntos, la opinión italiana tuvo la sensación de estar sometida a la ocupación extranjera. Esto originó una crisis en el partido fascista que terminó (1942.) con la formación de un nuevo directorio.

Londres, sede de los gobiernos de los países ocupados

Enfrente de Berlín, que se arrogaba las funciones de capital de la Europa organizada según el orden nuevo, Londres se convirtió en el centro de la resistencia europea. Todos los gobiernos de los países ocupados se refugiaron en Inglaterra, donde se reorganizaron bajo la tutela inglesa. De este modo, Bélgica, Holanda, Noruega, Polonia, Yugoslavia, Rumania y Grecia tenían en la capital británica sus gobiernos legales.

Y también fue allí donde el general De Gaulle, con altiva independencia y sin aceptar tutela alguna, fundó la Francia Libre.

Inglaterra se negó a reconocer las anexiones, tanto las alemanas como las de Rusia, y concedió su apoyo al gobierno polaco, pese a la ruptura entre Moscú y dicho gobierno cuando este reclamó una información sobre la matanza de unos 12.000 oficiales polacos en Katyn, hecho del que los gobiernos de Alemania y Rusia se culpaban recíprocamente.

La Commonwealth solo es efectiva en los dominios anglosajones

Por otra parte, Londres se revelaba más que nunca como centro de la Commonwealth. La guerra había fortalecido la solidaridad entre los dominios e Inglaterra. En Australia, donde los laboristas ocupaban el poder desde octubre de 1941, se decretó la movilización general y en Nueva Guinea se opuso una tenaz resistencia a los japoneses. Nueva Zelanda, donde dominaban los laboristas en un gabinete de coalición, en seguida puso en pie de guerra a un cuerpo expedicionario.

África del Sur mostró menos unanimidad. El partido del general Hertzog pedía la paz inmediata con , mientras que el partido Nacionalista reclamaba la separación de Inglaterra. Pero el gobierno, presidido por el general Smuts, permaneció fiel a la solidaridad de la Commonwealth. En cuanto al Canadá, equipó para la guerra a un importante cuerpo expedicionario. Ahora bien, aunque seguía unido a Inglaterra, cada vez se iba vinculando más con los Estados Unidos.

En cambio, en la India la situación era grave. El congreso nacional rechazó cualquier colaboración con Inglaterra en tanto que la India no obtuviera la independencia total. En 1940, Gandhi realizó una nueva campaña de desobediencia civil que hizo vacilar la lealtad de los 700.000 combatientes indios. Frente a los hindúes, 81 millones de musulmanes reclamaban su separación de la India y la fundación de Pakistán como estado independiente.

A pesar de todo esto, los llamamientos del Japón no encontraron eco. Pero el gobierno de la India libre, constituido por Chandra Bose en Bangkok, representaba una amenaza tanto más de tener en cuenta cuanto que Birmania, ocupada por las tropas japonesas, había proclamado su independencia y después declarado la guerra a Inglaterra.

En cuanto a Egipto, a pesar de tener la guerra en sus fronteras, tampoco se olvidaba de reclamar su independencia.

En resumidas cuentas, la solidaridad de la Commonwealth solo era efectiva en los dominios de población anglosajona.

El esfuerzo interno

Ante el inmenso esfuerzo de guerra que se les imponía, las dos grandes potencias anglosajonas —Estados Unidos e Inglaterra—, se unieron en íntima solidaridad, que Roosevelt y Churchill confirmaron entrevistándose en Canadá en diciembre de 1941 y en enero de 1942 para organizar la colaboración angloamericana.

Inglaterra había sufrido grandes reveses. Y para aumentar la eficiencia del esfuerzo de guerra, Churchill modificó su gabinete en febrero de 1942 confiando la vicepresidencia a Attlee, jefe del Partido Laborista, y constituyendo un gabinete de guerra formado, bajo su presidencia, por Eden, Stafford Cripps, Bevin, Anderson y Lyttleton.

Se planteó y se llevó a cabo un inmenso esfuerzo industrial y militar que se tradujo en un enorme aumento de los gastos públicos. En 1942-43, el presupuesto llegó a los 5.280 millones de libras, o sea cinco veces el presupuesto de 1939. De septiembre de 1939 a septiembre de 1942, los gastos de guerra ascendieron a 12.000 millones de libras, cuyo 40 por ciento estaba cubierto por el impuesto y el 60 restante por el préstamo. El presupuesto de 1943-44 ascendería a 6.000 millones de libras de gastos por 2.800 de ingresos.

Desde septiembre de 1939 a noviembre de 1943, la circulación fiduciaria aumentó en un 80 por ciento.

Las reivindicaciones de los laboristas

Sin embargo, el Partido Laborista estaba decidido a no dejar pasar la ocasión que se le ofrecía de imponer sus puntos de vista al gobierno. En mayo de 1942 pidió la nacionalización de los transportes y de las industrias clave, y no exigió la de las industrias de guerra por no provocar la caída del gobierno. En junio, el gobierno le complació en parte poniendo la producción carbonífera bajo una intervención gubernamental. Y en noviembre de 1942, el diputado liberal Beveridge propuso una legislación social que implicaba el seguro contra todo riesgo. Después de la guerra, el plan Beveridge llegaría a ser el modelo de la legislación social de todos los países de la Europa continental.

El esfuerzo de guerra de los Estados Unidos

Sin el apoyo de los Estados Unidos, y en especial la Ley de Préstamo y Arriendo, cabría preguntarse si Inglaterra hubiera podido hacer frente al inmenso esfuerzo de guerra que se le imponía. Pero a los Estados Unidos les era imposible desentenderse de Inglaterra, con la que compartían el dominio de los mares.

Después del ataque japonés a Pearl Harbour, la ayuda de los Estados Unidos se transformó en un esfuerzo de guerra que alcanzó proporciones gigantescas.

En diciembre de 1941, el presidente Roosevelt hizo esta declaración: Nos comprometemos solemnemente ante el mundo entero a no deponer las armas, estas armas que hemos tomado en defensa de la libertad, antes de que la libertad quede restablecida con firmeza en el mundo. Frente a los estados totalitarios, los Estados Unidos se proclamaban adalides de la libertad, no solo para ellos mismos y sus aliados, sino para el mundo entero. Aquel mismo mes, una ley derogó la prohibición de enviar tropas fuera del hemisferio occidental e inmediatamente dio comienzo el reclutamiento para el servicio obligatorio, el cual se fue ampliando paulatinamente hasta alcanzar a todos los hombres de dieciocho a sesenta y cuatro años. En 1942 se creó un cuerpo auxiliar femenino y en abril del mismo año la Ley de Defensa Pasiva transformó todo el litoral atlántico en zona militar.

Llevada al plano mundial, la lucha adquiría, ahora más que nunca, el carácter de guerra total. La victoria sería para aquella de las coaliciones que pudiera proveerse, por medio de su industria, del material de guerra más poderoso.

A Roosevelt corresponde el mérito de que se hubiese dado cuenta de ello inmediatamente y de haber organizado un esfuerzo industrial sin precedentes. En enero de 1942 se creó una oficina de producción de guerra. Las industrias sintéticas suplieron la falta de caucho y petróleo, una comisión anglo americana organizó la distribución de materias primas entre América e Inglaterra y las municiones y el material de guerra de ambas potencias fueron estandarizados. El resultado de estas medidas fue extraordinario: el 60 por ciento de la producción industrial pudo ser aplicado a la guerra. En el año 1942, la industria produjo 48.000 aviones, 32.000 tanques y 5,5 millones de toneladas de barcos mercantes —en el año 1941 solamente había construido un millón de toneladas—.

No fue menor el esfuerzo agrícola. A pesar de la movilización, la producción de 1942 superó a la de 1941 en un 12 por ciento, lo que representaba, aproximadamente, los víveres enviados a las naciones extranjeras en concepto de préstamo y arriendo.

Para financiar tan enorme esfuerzo, el Congreso concedió todos los créditos necesarios. La deuda pública subió desde 44.000 millones en diciembre de 1940 a 57.000 millones en 1941 y 100.000 en 1942.

Roosevelt no incurrió en el error de Wilson y asoció a la gestión de guerra al Partido Republicano. De este modo, su contrincante Wilkie se convirtió en el más activo de sus colaboradores.

A pesar de la guerra y del afianzamiento del poder ejecutivo que esta llevaba consigo, en noviembre de 1942 se realizaron normalmente las elecciones y señalaron un avance de los republicanos, debido sobre todo a la política económica de Roosevelt antes de la guerra, pero sin que los demócratas perdieran la mayoría. Por lo demás, en la política exterior no influyó para nada el afianzamiento del Partido Republicano.

Pronto se sintió en los campos de batalla el esfuerzo americano. El total cambio de la situación en el frente ruso en 1942 se debió, en gran parte, a la ayuda americana en material bélico de todas clases.

Los Estados Unidos y las repúblicas latinas de América

Así como Londres se había convertido en el centro director de los países europeos en guerra contra el Eje, Washington conservaba su papel de primera potencia en el seno de la Unión Panamericana. En enero de 1942 y por invitación de los Estados Unidos, se reunió en Río de Janeiro una conferencia de repúblicas americanas. Por expresa recomendación de la conferencia, todas las repúblicas latinas, a excepción de la Argentina y Chile que se negaron a ello, rompieron sus relaciones diplomáticas con las potencias del Eje. Después, Méjico, y poco después el Brasil, incluso les declararon la guerra.

En junio de 1942 se reunió en Washington una nueva conferencia panamericana para adoptar las medidas económicas y financieras impuestas por la guerra. Chile, que después de la conferencia de Río de Janeiro también había roto con , tomó parte en la conferencia. Únicamente la Argentina perseveró en su política de neutralidad, y aunque los Estados Unidos protestaron contra esta falta de solidaridad americana no consiguieron desviarla de su actitud.

El conflicto mundial comprende tres guerras distintas

El ataque de Alemania a la URSS transformó por completo el significado de la contienda. Hasta junio de 1941, la guerra había representado la lucha del principio liberal, defendido por los países occidentales, contra el principio autoritario, representado por las potencias continentales.

La agresión de Alemania a Rusia vino a añadir a aquélla una segunda guerra, entablada por la hegemonía de Europa entre las dos grandes potencia tinentales, fundadas ambas en el principio autoritario: el Reich y la URSs.

Y cuando en diciembre de 1941 el Japón entró a su vez en el conflicto arrastrando en él a los Estados Unidos, una tercera guerra —ésta por la hegemonía en el Extremo Oriente y en el océano Pacífico— vino a sumarse a las dos anteriores.

Los objetivos de guerra de la URSS

Con objeto de crear entre los aliados una solidaridad aparente, en septiembre de 1941 Stalin se adhirió a la Carta del Atlántico. Inmediatamente después (del 29 de septiembre al 10 de octubre), se reunió en Moscú una conferencia tripartita para organizar la ayuda que las potencias anglosajonas habían decidido conceder a Rusia. Los Estados Unidos formularon el deseo —que fue satisfecho— de que se restableciera en Rusia la tolerancia religiosa; en compensación prometieron entregar a la URSS material por valor de 1.000 millones de dólares.

En Moscú —adonde no acudieron ni Roosevelt ni Churchill —, Stalin expuso a Eden sus objetivos de guerra. Rusia tenía decidido volver a establecer su frontera en la Línea Curzon, por tanto Polonia habría de restituirle los territorios anexionados después de la Paz de Riga; además, la frontera rusa se prolongaría hacia Finlandia y Hungría y los estados bálticos serían pura y simplemente incorporados a Rusia como lo estaban antes de 1917. En Europa, Stalin proyectaba la restauración de una Austria independiente, el desmembramiento de Alemania, de la que podía separarse Renania como estado independiente o protegido, Baviera sería erigida en otro estado independiente, la Prusia Oriental transferida a Polonia y el País de los Sudetes volvería a Checoslovaquia. Yugoslavia quedaría restaurada y engrandecida con territorios arrebatados a Italia. Albania formaría un estado independiente y Turquía recibiría las islas del Dodecaneso, aunque ello sin excluir una revisión en el estatuto de las islas del mar Egeo en favor de Grecia. Asimismo, Turquía podría recibir algunos territorios búlgaros y del norte de Siria.

Además, la URSS pretendía recibir de Alemania reparaciones en especie y equipo industrial, no en dinero.

Finalmente, Stalin añadió que estaba dispuesto a apoyar todas las medidas que la Gran Bretaña estimara oportunas para asegurarse bases en los países del occidente de Europa, especialmente en Francia, Bélgica, Holanda, Noruega y Dinamarca.

Esto anunciaba la política de zonas de influencia que la URSS proyectaba poner en práctica. Una vez dividida , Rusia acariciaba el proyecto de que no hubiera en Europa más que dos potencias: la URSS y la Gran Bretaña. Asignando a esta una zona de influencia que comprendiera todos los estados costeros del Atlántico y del mar del Norte —incluida Francia—, Stalin destinaba implícitamente a la URSS como zona de influencia a los países continentales.

Pero los Estados Unidos eran opuestos a toda anexión de territorios, por lo menos antes de terminada la guerra, y por tanto Roosevelt se negó a tomar en consideración ningún proyecto territorial, limitándose a afirmar públicamente que consideraba la defensa de la URSS como vital para los Estados Unidos.

En el campo de las potencias occidentales se fingió creer —y Roosevelt parece que lo creyó realmente— en una posible evolución de Rusia en el sentido de una democracia individualista, de la que se consideró como primera etapa la restauración de la tolerancia religiosa.

De hecho, la adhesión de la URSS a la Carta del Atlántico —incompatible con el régimen soviético— no podía ser más que una ficción destinada a justificar el cambio de opinión que se pedía a los pueblos occidentales.

Inglaterra, siempre realista, se dio perfecta cuenta de la nueva situación internacional planteada por la guerra germano rusa: si perdía, quedaría establecida la hegemonía de la URSS sobre la Europa continental, hegemonía que sería casi idéntica a la del Reich, salvo que en lugar de extenderse a toda la Europa Occidental quedaría limitada a los pueblos continentales. Y el gobierno de Londres planeó su política. Así como Chamberlain intentó evitar la guerra dejando en manos de Hitler el sudeste de Europa, Churchill sacrificaría a los pueblos que por el acuerdo germano ruso se anexionó la URSS en el Este con tal de conseguir la garantía de que Rusia no reivindicaría los Estrechos.

En mayo de 1942 se firmó en Londres un tratado de asistencia mutua entre Rusia y la Gran Bretaña por el que se comprometían a no firmar una paz por separado y a prestarse ayuda recíproca en el terreno militar y en el económico. Este tratado estaba fijado para veinte años y fue completado el mes siguiente por un acuerdo establecido sobre el modelo de préstamo y arriendo ideado por Washington. Al firmar estos tratados, Londres reconocía implícitamente el hecho de la anexión de los países bálticos y Besarabia.

Esto era una evidente infracción al espíritu de la Carta del Atlántico, pero tenía la ventaja de hacer posible una cooperación con Rusia soslayando los conflictos que forzosamente había de provocar la organización de la paz una vez obtenida la victoria.

Los Estados Unidos, negándose a adoptar la actitud de Inglaterra, no quisieron reconocer las anexiones llevadas a cabo por la URSS en 1940, pero se avinieron a aplazar la discusión de este problema hasta después de terminadas las hostilidades.

Con objeto de atraerse a la opinión americana, en noviembre de 1941 Stalin hizo una declaración afirmando que Rusia no pretendía conquistar ningún territorio en Europa ni en Asia, incluido el Irán, que tampoco tenía intención de imponer el régimen soviético a otros pueblos y que su único objetivo en la guerra era el de liberar a los pueblos esclavizados para después dejarles en libertad de organizarse como desearan.

Pocos días después, Litvinov, rehabilitado tras la postergación que le valió su actitud favorable a las naciones occidentales, llegaba a Washington como embajador de la Unión Soviética.

Sin embargo, el conflicto no tardaría en producirse. A pesar del tratado de amistad y asistencia mutua firmado en diciembre de 1941 por los gobiernos soviético y polaco, surgieron graves dificultades entre el ejército polaco organizado en Rusia bajo las órdenes del general Anders y el gobierno soviético. Y la situación se hizo tan tensa que fue preciso trasladar el ejército de Anders al Irán, en donde los Estados Unidos e Inglaterra se encargaron de su mantenimiento.

Se establecen vías de aprovisionamiento para la URSS

La declaración de guerra hecha por a los Estados Unidos en diciembre de 1941 había aclarado la situación. En julio de 1943 fue seguida de la declaración de guerra de los Estados Unidos a Bulgaria, Hungría y Rumania. Sin embargo, Washington no rompió sus relaciones con Finlandia, como hizo Inglaterra.

Tampoco la guerra germano rusa puso fin a los compromisos de no agresión firmados entre Moscú y Tokio. Ninguna de estas dos potencias tenía interés en combatir en dos frentes, postura que en realidad significaba el fin de la solidaridad germano japonesa.

La ayuda angloamericana a Rusia solo podía ser efectiva disponiendo de buenas vías de comunicación. Y estando la ruta marítima de Murmansk bajo la vigilancia de los submarinos alemanes no había, por lo tanto, más acceso que el golfo Pérsico. Pero mantenía en el Irán algunos agentes, a los que el sha Pahlevi protegía por temor a los rusos y a los ingleses. En agosto de 1941, después de un ultimátum conjunto de Londres y Moscú invocando el tratado de 1926, que autorizaba a Rusia a proteger al Irán en caso de necesidad, las tropas soviéticas e inglesas penetraron en el país. El sha abdicó y Shapur Mohamed, que hubo de sucederle (16 de septiembre), expulsó del Irán a todos los alemanes e italianos. En diciembre de 1941 era firmado un tratado de alianza entre la Gran Bretaña, Rusia y el Irán.

La llegada de soviéticos e ingleses en el Irán permitió a los aliados equipar los puertos del golfo Pérsico y unirlos por un ferrocarril a la red rusa del Caspio. Además, los Estados Unidos establecieron una ruta aérea transafricana para enlazar con el golfo Pérsico. Esta ruta, jalonada de aeródromos y servida desde Bathurst a Jartum por una pista asfaltada, llegaba al Cercano Oriente pasando por Sierra Leona y el Sudán egipcio. Mientras, los ingleses terminaron la carretera de El Cabo a El Cairo. Por último, una línea aérea que atravesaba Alaska y el Turquestán puso en comunicación a los Estados Unidos con Rusia. Había, pues, vía libre para el abastecimiento del ejército soviético por la industria inglesa y americana.

Ahora bien, si la neutralidad mantenida por el Japón permitiría a la URSS concentrar todas sus fuerzas en un solo punto, esto es, frente a , esta, en cambio, después del fracaso de la guerra relámpago con Rusia iba a verse obligada a organizar su resistencia en tres frentes: uno cara al mar, otro que se extendía desde el mar Báltico hasta el Negro, y el último en África.

Ataque en tenaza contra el cercano Oriente

Del abastecimiento de la URSS por las potencias anglosajonas dependía el que esta pudiera resistir la ofensiva alemana que se preparaba para 1942. Por lo tanto, tenía que impedir a toda costa que las armas y el material de guerra llegasen a Rusia. Para conseguirlo solo disponía de un medio: ocupar el Cercano Oriente y cortar en Suez y en el golfo Pérsico sus vías de aprovisionamiento.

Y los ejércitos alemanes que luchaban en Rusia y en África proyectaron una operación conjunta gigantesca, combinando una ofensiva lanzada por el sur de Rusia hacia el Cáucaso con un potente ataque dirigido a lo largo de la costa africana hacia Suez, con el fin de envolver el Cercano Oriente con las dos ofensivas en forma de tenaza.

El Japón debía cooperar a esta acción enviando una escuadra al golfo Pérsico. Hitler calculaba que el contacto de los blindados alemanes con las fuerzas japonesas se efectuaría en la primavera de 1042, en Basora.

Aun cuando el mando inglés no estaba al corriente de este magno proyecto, se daba perfecta cuenta de la vital importancia que para la marcha de la guerra significaba el valle del Nilo, último baluarte que protegía a Suez. Y con objeto de alejar de Egipto a los alemanes se llevó a cabo en noviembre de 1941 una ofensiva británica contra el Afrika Korps del general Rommel que en diciembre perdió Bengasi.

Mientras los ingleses atacaban en Libia, los alemanes lanzaban contra Malta una impetuosa ofensiva aérea. Más de mil aviones bombardearon la isla noche y dia para permitir el paso de los barcos encargados de abastecer a los ejércitos de Rommel.

Hitler había dejado escapar la ocasión de instalarse en la costa africana del Mediterráneo cuando podía hacerlo. Ahora parecía que las rutas marítimas iban a ser un factor decisivo en el resultado de la guerra.

La ofensiva aérea alemana consiguió que los convoyes militares pudiesen atravesar el Mediterráneo y en enero de 1942 los ejércitos de Rommel, reforzados, emprendieron el contraataque en un intento para destruir el ejército inglés de África, Bengasi fue recuperado, pero el movimiento envolvente planeado para aniquilar a las fuerzas británicas fue interceptado en Bir-Hakeim por 4.000 hombres de la Francia Libre a las órdenes del general Koenig. A partir de entonces, la ofensiva tuvo que hacerse a base de ataques frontales y los británicos sufrieron duros quebrantos. En junio capituló Tobruk, sin combatir y con 25.000 hombres, y pocos días después Rommel llegaba a El Alamein.

La situación se agravaba aún más por las pérdidas que la aviación alemana causó a la marina inglesa en noviembre: el acorazado Nelson fue torpedeado, y el portaaviones Ark Royal y el acorazado Barham hundidos; en diciembre, equipos de hombres-rana italianos penetraron en la rada de Alejandría y volaron los acorazados Valiant y Queen Elisabeth. Ya no había escuadra inglesa en el Mediterráneo y las fuerzas británicas de Egipto hubieran sido impotentes de hacer frente a un desembarco alemán.

En contraste con este debilitamiento de la fuerza naval británica, los submarinos alemanes actuaban cada vez con mayor actividad y todos los meses hundían en el Atlántico de 700.000 a 800.000 toneladas de barcos aliados.

Entonces fue cuando el general Montgomery tomó el mando de las fuerzas británicas en África, a la vez que la llegada de numeroso material americano transportado por tierra, mar y aire le permitía reorganizar aquellas tropas. Ahora bien, mientras los británicos se reorganizaban y rearmaban poderosamente, Rommel no recibía ninguna clase de refuerzos porque estaba empleando todas sus disponibilidades en hombres y material en una gigantesca ofensiva contra Rusia.

Esto explica que los ingleses, dedicados a su reorganización, y los alemanes, abandonados a sus propios medios en El Alamein, vegetasen unos frente a otros por espacio de varios meses.

Mientras tanto, el avance alemán en Rusia se desarrollaba con rapidez vertiginosa. En julio cayó Sebastopol. Después, el ejército alemán se dirigió como una flecha hacia el Volga y el Cáucaso con el doble objetivo de envolver Moscú y apoderarse de los petróleos de Bakú, amenazando a la vez al Cercano Oriente.

Había llegado para Rommel el momento de realizar el supremo esfuerzo: lanzar a sus tropas para romper el frente británico de Egipto y, sin darles punto de reposo, alcanzar el canal de Suez.

El desastre alemán ante Stalingrado

El ejército alemán llegó en septiembre al Cáucaso y atacó Stalingrado, donde se libró una gigantesca y durísima batalla. Cada bando puso en combate un millón de hombres. Fue un nuevo Verdun. Durante cinco meses se desarrolló entre las ruinas de la ciudad una lucha espantosa.

El general Von Paulus, comandante en jefe de los ejércitos alemanes en aquel sector, consciente del peligro que amenazaba a sus tropas de quedar envueltas por los refuerzos soviéticos, quiso iniciar la retirada, pero Hitler se opuso, La tenaz lucha continuó durante los meses de invierno, hasta que por fin, cercado por los rusos como había previsto, el 3 de febrero de 1943 Von Paulus tuvo que rendirse al frente de sus tropas.

Esta victoria rusa tuvo una inmensa repercusión. Un ejército alemán de un millón de hombres, junto con una inmensa cantidad de material de guerra, había sido destruido o capturado. Por primera vez desde que empezó la guerra, la potencia militar alemana había sufrido un verdadero desastre.

Montgomery rechaza a Rommel

Mientras en Stalingrado se desarrollaban estos titánicos combates, en octubre de 1942 Montgomery rompía el frente de Rommel en El Alamein y a punta de bayoneta obligaba a las tropas italo alemanas a emprender una retirada que no terminó hasta traspasar las fronteras de Tripolitania. El plan para llegar a Suez se venía abajo.

Los anglo americanos desembarcan en Marruecos y Argelia

Sin embargo, en los campos de batalla era la URSS la que soportaba casi todo el peso de la guerra. Por ello reclamaba insistentemente que se estableciese un frente de combate en el Oeste. En julio de 1942, Churchill y Roosevelt estudiaron esta cuestión en los Estados Unidos, y en agosto Churchill se desplazó secretamente a Moscú para someter a Stalin el plan de desembarco en el norte de África acordado por los dos estadistas anglosajones. Stalin declaró que consideraba insuficiente esta solución; lo que él pedía era la apertura de un frente en el continente europeo. Y para demostrarle su buena voluntad, los ingleses realizaron el 19 de agosto un ensayo de desembarco en Dieppe que ocasionó considerables pérdidas en vidas y material.

En realidad, Churchill era opuesto a la idea de un desembarco en Europa. Su plan consistía en someter a por medio de operaciones secundarias y bombardeos aéreos en masa.

El 2 de noviembre de 1942 se efectuó en Marruecos y Argelia el desembarco angloamericano, planeado con mucha anticipación. La operación, dirigida por el general Eisenhower, fue esencialmente americana.

Vichy rompe con los Estados Unidos y los alemanes ocupan la zona libre de Francia

Antes del desembarco se había establecido contacto entre americanos y franceses. Roosevelt no simpatizaba con el general De Gaulle. Además, convencido por el almirante Leahy de que Francia, sin el general Pétain, se hundiría en la anarquía, se negó a entregar el poder a la Francia Libre y en diciembre de 1942 invistió a Darlan que se había pasado a la disidencia de las funciones de jefe del Estado en África del Norte.

Pese a la autoridad de Darlan, las tropas francesas de África se opusieron por las armas al desembarco angloamericano y sus pérdidas se elevaron a más de 500 muertos. Entonces, Vichy rompió sus relaciones con Washington.

Al serle comunicado el desembarco, Hitler dio orden en seguida de ocupar militarmente la zona de Francia que se había dejado libre, En Tolón, la oficialidad francesa hundió sus propios barcos para que no fuesen utilizados por . Después, bajo la autoridad de Laval, que obtuvo poderes para promulgar leyes y decretos con su sola firma, se acentuó la colaboración con .

La decisión de anteponer a Darlan sobre De Gaulle provocó en el seno de la Francia Libre tan viva efervescencia que pocos días después del desembarco (14 de diciembre de 1942) Darlan caía asesinado. El general Giraud, recién evadido de Alemania, fue llamado a sucederle. Mas para evitar equívocos que hubieran podido representar una amenaza para la moral de la opinión francesa, De Gaulle se entrevistó con Giraud en Casablanca en presencia de Roosevelt y Churchill, que se hallaban allí celebrando una conferencia (enero de 1943).

Después de largas y difíciles gestiones, que terminaron el 3 de junio de 1942. fue constituido el Comité francés de Liberación Nacional, poder central único bajo la autoridad conjunta de los generales De Gaulle y Giraud

La Francia Libre tenía entonces en combate dos modestos ejércitos, uno de 4.000 hombres en Libia, mandado por el general Koenig, y el otro, procedente de Tchad, a las órdenes del general Leclerc. La cuarta parte de la marina mercante francesa y algunas unidades navales se unieron al campo aliado.

Capitulación del ejército alemán de África

La réplica alemana al desembarco americano no se hizo esperar, Fuerzas transportadas por mar y aire ocuparon Túnez, pero a pesar de todo en enero de 1943 Rommel se vio obligado a evacuar Trípoli. La tenaza se iba cerrando. Bizerta y Túnez fueron tomados por los aliados y en mayo los 250.000 hombres del ejército alemán de África se vieron obligados a capitular.

La doble ofensiva por la que esperaban los alemanes apoderarse de Suez y el Cercano Oriente y derrotar a la URSS al privarle de la ayuda norteamericana, había resultado un fracaso. Los dos ejércitos a los que se confió esta ofensiva ya no existían. La amenaza a Suez y el golfo Pérsico quedaba definitivamente descartada y la ruta de abastecimiento de Rusia ya no tendría obstáculos.

El poderío militar alemán recibió en Rusia un golpe que destruyó su prestigio y había de obligar a a pasar a la defensiva. De repente, Europa adquiría un aspecto de plaza sitiada.

Se decide una ofensiva anglo americana en el Atlántico

En enero de 1943, pocas semanas después del desembarco en Africa, Roosevelt y Churchill se entrevistaron cerca de Casablanca para adoptar decisiones en lo referente a la marcha de la guerra. Churchill, que veía con más claridad que Roosevelt las aspiraciones imperialistas de Rusia, pretendía que la próxima ofensiva se hiciese por los Balcanes para de este modo impedir que Rusia ocupara Polonia y el sudeste de Europa, pero Roosevelt, en su deseo de seguir una política que obtuviese la aprobación de la URSS, se opuso. Y como Rusia reclamaba insistentemente un desembarco aliado en la costa del Atlántico, los dos jefes de gobierno se pusieron de acuerdo y decidieron que, partiendo de África, los aliados desembarcarían primero en Italia. El primer ministro inglés tenía la esperanza de que una vez las tropas anglo norteamericanas pusiesen pie en Italia conseguiría que las operaciones prosiguieran hacia Grecia y Yugoslavia.

En una nueva reunión que ambos estadistas celebraron en Washington para definir posiciones, estas resultaron, al parecer, francamente dispares. Churchill era opuesto a un desembarco en la costa atlántica, a su entender porque ello traería como consecuencia la destrucción de una parte de Francia y que todo el este de Europa quedase en manos de la URSs. Roosevelt, por el contrario, decidido a no dar un paso sin estar de acuerdo con Stalin, quería a toda costa que el desembarco se efectuase en las costas de Francia.

Los soviéticos pasan a la ofensiva

Después de la gran victoria de Stalingrado sobre las tropas alemanas, Stalin, con el título de mariscal, tomó personalmente el mando del ejército soviético. Y la táctica que adoptó fue la de una continua ofensiva.

La ayuda anglosajona había permitido equipar magníficamente a su ejército. Inglaterra envió a la URSS 3.000 aviones y 3.000 carros de asalto; los Estados Unidos, 2.600 aviones y 2.600 carros, sin contar otros 10.000 vehículos militares, 130.000 ametralladoras y material de todas clases, que no había cesado de entrar en Rusia por la ruta marítima de Murmansk, pese a los submarinos alemanes, y por el golfo Pérsico.

Por su parte, la industria soviética estaba realizando un esfuerzo considerable en las fábricas instaladas al otro ladolos Urales.

El resultado de la colaboración industrial de la URSS con las potencias anglo sajonas fue que las unidades militares soviéticas poseían en 1943 un potencial de fuego tres veces superior al de las unidades germanas, detalle ignorado por el Estado Mayor alemán.

A esta renovación del material del ejército respondía en Rusia la unanimidad del sentimiento patriótico. La pasión política había cedido ante el amor a la patria. La Iglesia ortodoxa apoyaba sin reservas la resistencia, amenazando con la excomunión a cuantos colaborasen con los alemanes en las regiones ocupadas.

Ocaso de las fuerzas del Reich

Ante este unánime esfuerzo de la URSS, el Reich alemán presentaba un frente material y moralmente quebrantado. La guerra en el Este, en vez de mejorar el abastecimiento de Alemania, había planteado dificultades. Y ello debido a que el sistema de tierra calcinada que practicaban los rusos impidió la inmediata explotación de inmensos territorios ocupados, faltaba el trigo y tampoco llegaba petróleo, ni caucho, ni estaño. Consciente de la crisis que la amenazaba y desmoralizada por la derrota de Stalingrado y por la misma propaganda nazi, que para justificar los reveses militares no cesaba de insistir en la superioridad soviética tanto en hombres como en material, la población iba perdiendo sus esperanzas en la victoria. Sin embargo, proseguía su política racista.

Cuando se anunció la ofensiva soviética (febrero de 1943), Hitler hizo trasladar a a cientos de millares de alemanes instalados desde dos siglos antes en las regiones del mar Negro. Pero aunque la movilización se servía de todos los hombres válidos y la deportación de mano de obra extranjera esparcía por toda a diez millones de trabajadores forzados de todas nacionalidades, no se consiguió hacer frente a las necesidades de la industria.

La vigilancia de estos ejércitos de trabajadores extranjeros y de los territorios ocupados —vigilancia que los grupos de la resistencia hacía cada vez más necesaria— exigía 900.000 hombres, que tan necesarios le eran en el Este para contener a las fuerzas rusas.

El ejército soportaba con disgusto el mando de Hitler, sobre todo después de haberle llevado al terrible desastre de Stalingrado. Pero a pesar de todo, Hitler pretendió conseguir por medio de la policía lo que la opinión pública le negaba y en agosto de 1943 firmó el nombramiento de Himmler, jefe de la Gestapo, como ministro del Interior, a la vez que el ritmo diario de las ejecuciones en las cárceles de Berlín aumentaba incesantemente.

Los rusos, rechazan a los alemanes hasta más allá del Dniéper.

El período de deshielo que siguió a la capitulación de Stalingrado fue aprovechado por ambos beligerantes para preparar la ofensiva de verano. Los alemanes la iniciaron el 5 de julio de 1943 por el sector de Bielgorod. Fue aquella una formidable batalla de material, pero el frente ruso resistió y el 21 del mismo mes los ejércitos soviéticos se pusieron a su vez en movimiento en toda la extensión del frente. El centro de la ofensiva lo señaló la batalla de Kursk (julio de 1943), en donde los alemanes perdieron 100.000 hombres y 2.800 tanques, Según Stalin reconocería luego, las tres grandes batallas de la guerra fueron Moscú, Stalingrado y Kursk.

Tras un formidable avance conseguido por una extraordinaria concentración de fuerzas y medios, el frente alemán cedió en todas partes, operación de retirada que el mando alemán denominó defensa elástica. En agosto los rusos recuperaron Jarkov, en octubre atravesaron el Dnieper y el 6 de noviembre entraron en Kiev.

Ya en pleno invierno, en diciembre dio comienzo una nueva ofensiva rusa. El ejército alemán, obstaculizado por el frío, tuvo que recurrir de nuevo a su táctica de defensa en erizo, pero ello no impidió que a principios de 1944 los rusos les hiciesen levantar el cerco de Leningrado —cuya defensa durante dos años fue una de las más heroicas acciones de la guerra— y recuperasen la cuenca industrial del Donetz. Después, en el mes de abril reconquistaban Odesa y en mayo Sebastopol. Se cernía sobre la amenaza de invasión.

Ofensiva aérea sobre

A los reveses militares de Rusia y África, tuvo que añadir el fracaso de la lucha en el mar. Si la guerra submarina había empezado en 1941 con éxitos resonantes, llegando a hundir un barco enemigo por cada 181, en 1942 esta proporción bajó a uno por cada 235, en el primer semestre de 1943 a uno por cada 344 y en el segundo semestre a uno por 1000.

La flota angloamericana dominaba el Atlántico y el Mediterráneo, y la ruta marítima de Murmansk se hallaba vigilada por la marina británica, que hundió el acorazado Scharnhorst en aguas del cabo Norte.

Así, mientras perdía la esperanza de desorganizar los convoyes anglosajones con el arma submarina, una terrible amenaza se cernía sobre su industria y sus bases militares y navales: la aviación aliada. La acción aérea empezó atacando a las bases navales, pero en 1943 los aliados comenzaron a poner en práctica un plan sistemático para la destrucción de los centros industriales alemanes por medio de bombardeos aéreos. Hamburgo, Berlín, la cuenca del Ruhr y todos los centros industriales de Renania eran continuamente bombardeados. Además, las incursiones de la aviación aliada se extendían —sin ninguna consideración por las pérdidas humanas y materiales que causaban, aun cuando se tratase de aliados— a Francia, Bélgica, Checoslovaquia, Austria y el norte de Italia.

Desde luego, la gran dispersión de la industria alemana hacía casi imposible su destrucción total, pero el potencial de producción de Alemania disminuyó desde entonces incesantemente, mientras que el de Inglaterra y el de los Estados Unidos alcanzaban proporciones inmensas.

Desembarco en Italia y derrumbamiento del régimen fascista

Precisamente mientras se desencadenaba en Rusia la ofensiva alemana que había de provocar la formidable y victoriosa contraofensiva rusa, dos mil buques aliados desembarcaban en Sicilia al ejército inglés de Montgomery y al ejército americano de Patton (10 de julio de 1943).

Agotada y carente de moral para luchar, Italia no se hallaba en condiciones de oponer una resistencia seria. Precisamente en una entrevista que Mussolini tuvo con Hitler en Verona le pidió una ayuda sustancial para hacer frente a los aliados. Y mientras Sicilia era ocupada por los anglosajones, Mussolini convocó el Gran Consejo Fascista —que no se había reunido desde 1939— para pedir que le, fuera concedida más autoridad; pero por respuesta el Gran Consejo aprobó una orden del día por la que se invitaba a Mussolini a solicitar del rey que se hiciese cargo del mando efectivo de las tropas y volviese a tomar las prerrogativas que las instituciones del Reino le conferían.

Entonces, Mussolini pidió audiencia al rey para recabarle los plenos poderes y Víctor Manuel le comunicó que había designado al mariscal Badoglio para sucederle como jefe del gobierno, Al salir de esta entrevista, Mussolini fue detenido (25 de julio) e internado en el Gran Sasso.

El nuevo gobierno procedió inmediatamente a la liquidación del fascismo. El partido fue disuelto, sus milicias incorporadas al Ejército y se designó una comisión para investigar la procedencia de los bienes de los dirigentes fascistas. Y mientras todos los detenidos políticos eran puestos en libertad, gran número de dirigentes fascistas eran detenidos y encarcelados.

Italia capitula y firma el armisticio de Malta

Al mismo tiempo, el gobierno Badoglio se puso en contacto con los aliados y el 31 de agosto aceptaba secretamente sus condiciones de armisticio. La capitulación, firmada en Siracusa el 3 de septiembre, se hizo pública el día 8. A los pocos días, los anglo americanos desembarcaban en Calabria y Salerno. El armisticio concertado en Malta días después (28 de septiembre), implicaba la intervención por los aliados en la vida política, económica y financiera de Italia, la disolución de todos los organismos fascistas y la entrega de los criminales de guerra, Provisionalmente, se mantenía la monarquía tal como estaba y se reservaba para más adelante la cuestión de las reparaciones, colonias y fronteras.

En cuanto se conoció la capitulación de Siracusa, los alemanes reaccionaron con energía e inmediatamente desarmaron las tropas italianas, no solo sino también en Francia, Dalmacia Grecia, trasladando a los soldados a como trabajadores. Toda Italia fue rápidamente ocupada por el ejército alemán y la aviación echó a pique al acorazado Roma.

En septiembre, en una operación aérea sobre el Gran Sasso paracaidistas alemanes liberó a Mussolini lo trasladaron a , donde fue inmediatamente recibido por Hitler en Berchtesgaden. Seguidamente, Mussolini anunció la formación de un gobierno republicano fascista y su decisión de continuar la guerra al lado del Reich.

Mientras tanto, los ejércitos aliados desembarcados en Calabria y Salerno establecían contacto y formaban el frente de Italia contra la resistencia alemana, que se mostró extraordinariamente tenaz. En septiembre los alemanes evacuaron la isla de Cerdeña y en el mes siguiente la de Córcega, para hacerse fuertes exclusivamente en el continente.

Italia, cobeligerante con los aliados

Después de firmado el armisticio, Italia cambió de campo y consiguió que los aliados la permitiesen figurar a su lado como cobeligerante, mientras una comisión aliada, de la que formaba parte Francia, se encargaba de organizar la economía italiana al servicio de las potencias en guerra contra .

Desgraciadamente, los italianos no se dieron cuenta en aquellos momentos de que les hubiera convenido más agruparse en torno a los intereses puramente nacionales. Los antifascistas, en lugar de apoyar al rey, que acababa de librar al país de Mussolini, se negaron a colaborar en el gabinete de Badoglio y exigieron la abdicación de Víctor Manuel, viéndose por tanto Badoglio en la precisión de gobernar dictatorialmente. En cuanto al rey, declaró que en el momento en que los aliados entrasen en Roma renunciaría al trono en favor de su hijo Humberto.

En octubre de 1943 los aliados tomaron Nápoles y en enero de 1944 hicieron un desembarco al sur de Roma con la intención de rodear el frente alemán, pero no consiguieron ensanchar la cabeza de puente. La encarnizada defensa de las tropas alemanas en Monte Casino duró hasta mayo.

En abril de 1944, y en previsión de la entrada de los aliados en Roma, los antifascistas consintieron por fin en colaborar con el gobierno Badoglio, en el cual estuvieron representados por el filósofo liberal Benedetto Croce y por el conde Sforza, a quien se confió el cargo de comisario de la Depuración.

En junio, y después de una tenaz resistencia alemana, los angloamericanos, apoyados por las tropas francesas del general Juin, por los polacos del general Anders y por un reducido cuerpo expedicionario brasileño, entraron en Roma.

El rey Víctor Manuel cumplió su palabra y abdicó en favor del príncipe Humberto, que ejercitó los poderes de lugarteniente general del Reino. Seguidamente, el gabinete Badoglio dimitió y Bonomi, socialista moderado que había sido primer ministro en 1921-22, formó nuevo gobierno.

Bonomi quiso designar para la cartera de Asuntos Exteriores al conde Sforza, pero siendo este violentamente hostil a la Casa de Saboya y queriendo Churchill salvar la dinastía, el gobierno inglés opuso su veto. Ante eso, el partido Acción Antifascista, del que Sforza era presidente, negó su cooperación y Bonomi, abandonado también por los socialistas, no consiguió que se unieran los partidos en un movimiento nacional común.

Y los seis partidos políticos formados después de la caída del fascismo se enzarzaron en violentas polémicas sobre la oportunidad de mantener o no al rey en el trono y sobre los medios a que se podía recurrir para suavizar la intervención aliada, que por cierto no se distinguía en absoluto del de una potencia ocupante. Entretanto, la situación económica y alimenticia era lamentable y todo el norte de Italia estaba sometido a la ocupación alemana.

El país se hundía en la anarquía moral y política.

Francia vuelve a ocupar su puesto entre las potencias

En abril de 1944, cuando los rusos entraban en Odesa y los anglosajones en Roma, tenía virtualmente perdida la guerra. Desde la capitulación de Von Paulus en Stalingrado, Hitler había sufrido varios y duros reveses y el ejército soviético, cada vez mejor equipado, se iba aproximando peligrosamente a las fronteras del Reich. Los ejércitos alemanes de África estaban destruidos y los aliados seguían invadiendo el continente por Italia. Su guerra submarina fracasaba, al tiempo que la ofensiva aérea aliada era cada vez más intensa.

La confianza en la victoria alemana había desaparecido en todos los países. Durante el otoño de 1943, Francia volvió oficialmente a ocupar su puesto entre las potencias beligerantes por el reconocimiento que Inglaterra, los Estados Unidos y la URSS hicieron del Comité Francés de Liberación Nacional, como la única autoridad para administrar los territorios franceses.

El mariscal Pétain se dio cuenta entonces de que la política de colaboración solo podía proporcionar sinsabores a Francia y anunció que renunciaba a su cargo. Sin embargo, se vio obligado a continuar ante la amenaza de Abetz de que se nombraría un gauleiter para Francia (noviembre de 1943).

En marzo de 1944, y como consecuencia de la defección de Italia, Hungría intentó también suavizar su colaboración con el Reich y disminuir su esfuerzo de guerra, pero Hitler hizo ocupar el país y estableció en Budapest un gobierno intervenido por Berlín.

iba perdiendo terreno en todas partes. Ni por tierra, ni por mar, ni por aire, podía ya esperar que mejorase su situación, forzosamente agravada de modo paulatino por la producción industrial de los aliados. Dominando todavía la Europa Occidental y los países del Sudeste, parece que la única política sensata hubiera sido la de negociar la paz, pero semejante plan hubiera significado la caída de Hitler y de la dictadura nacionalsocialista. En Italia, donde aún subsistía la monarquía, el rey consiguió librar al país de la dictadura que la hubiera conducido al desastre, pero en no existía ningún poder que pudiera desautorizar a la dictadura y por lo tanto nada podía detenerla en su carrera hacia la hecatombe que suponía la guerra desde aquel momento.

El Reich, prisionero de la dictadura que se había dado, se veía obligado a proseguir sin esperanza alguna una guerra calamitosa, y no para defender los intereses alemanes, sino porque Hitler estaba decidido a perseguir hasta el final el insensato sueño que había querido realizar: arrastrar a en pos de sí en un wagneriano crepúsculo de los dioses, antes que abandonarla a unas doctrinas que él consideraba extrañas al germanismo.

Derrumbamiento del Imperio alemán

Roosevelt pretende reconstruir el mundo basándose en el liberalismo

Mientras se acercaba inevitablemente la derrota de Alemania. Roosevelt soñaba, como antaño lo hiciera Wilson, en la reconstrucción del mundo basándose en el liberalismo. Generoso y humano, tan comunicativo como reservado era Wilson, Roosevelt era también —como Wilson- autoritario. Ambos apoyaban su autoritarismo sobre la certidumbre en que se hallaban de tener razón. Wilson basaba dicha certidumbre en una cultura profunda, aunque limitada a la historia de los Estados Unidos; Roosevelt creía en su intuición y en el valor de las relaciones personales. Estaba persuadido de que la buena voluntad, la generosidad, el amor al prójimo y la confianza recíproca lo pueden todo.

Lo mismo que Wilson, Roosevelt veía al mundo a través de los Estados Unidos. Para él, todos los hombres pensaban como los norteamericanos, y puesto que el liberalismo había proporcionado a los Estados Unidos su inmensa prosperidad, ¿por qué no dársela al mundo entero? Además, acaso no debían todos los hombres amar la libertad?

Sin conceder la menor importancia al estado de evolución histórica de los pueblos, Roosevelt consideraba que el porvenir nada tiene que ver con el pasado. Su política parecía estar dominada por la idea de que para conseguir del mundo su adhesión al liberalismo solo bastaba con proclamar sus principios. Cuando acudió a la conferencia de Anfa, en Marruecos, se sintió tan conmovido ante la miseria del pueblo marroquí que con su generosidad característica se hizo el propósito de lograr que desapareciera del mundo la miseria, tal vez sin darse cuenta de que los indios de la América del Sur tenían una vida tan miserable como la del pueblo marroquí.

Sin pararse a reflexionar que la miseria ha sido el estado normal de la inmensa mayoría de los hombres hasta que, en el siglo XVI, el capitalismo les enseñó en Occidente a crear riquezas, culpaba al colonialismo de los occidentales el que la vida de los pueblos de color estuviera en un nivel de vida tan bajo. Por consiguiente, para que imperase la prosperidad sería preciso primeramente suprimir en todo el mundo el sistema colonial, proclamar la libertad de comercio y de todas las vías navegables del mundo, y volver a implantar en todas partes la competencia y la libre información.

Para liberar al mundo, abrir todas las puertas al liberalismo y mejorar por este mágico programa el nivel de los pueblos económicamente retrasados —esto es, la gran mayoría de la humanidad— Roosevelt pretendía que la guerra señalase el término de los imperios coloniales. No bastaba convencer a y al Japón, sino que había que liberar a la India y a Birmania del yugo de los ingleses, a la Indochina del de los franceses y a la India neerlandesa de la tutela de Holanda. Y para devolver a la economía el carácter liberal era preciso que desaparecieran las tarifas proteccionistas de la Commonwealth británica. Probablemente, no se dio cuenta de que una de las causas que llevaron a establecer el régimen de preferencia en la Commonwealth había sido el proteccionismo de los Estados Unidos, que después de la guerra de 1914 contribuyó a impedir que la economía del mundo recuperase un equilibrio natural.

Pero ¿cuál iba a ser la situación económica de estos pueblos tan repentinamente enfrentados con el liberalismo integral? No parece que Roosevelt se hubiese formulado esta pregunta.

Ante todo, era preciso terminar con el colonialismo.

Y Roosevelt en persona se encargó de dar el primer hachazo al sistema colonial. Invitó a la reina Guillermina de Holanda a visitarle en la Casa Blanca y le arrancó la promesa de que, una vez concluida la guerra, concedería un estatuto de dominio a Java y a Borneo.

Disolución del Komintern

Sin embargo, era imposible no darse cuenta de que el nivel de vida de los pueblos —que Roosevelt quería mejorar por el liberalismo— dependía más de la economía mundial que de la propia que pudieran crear, que solo lograría mantenerlos en su milenaria miseria. Ahora bien, después de la guerra, la economía mundial quedaría determinada por el estatuto de Alemania y sobre todo por el de Rusia. Ningún liberalismo podría imponerse a la economía mundial si la URSS conservaba un régimen económico autárquico de estatismo autoritario.

Rusia, que comprendía con suma perspicacia que le era indispensable inspirar confianza a las potencias occidentales, procedió en mayo de 1943 a la disolución del Comité central ejecutivo de la III Internacional (Komintern). Parece ser que Roosevelt atribuyó gran importancia a la desaparición oficial del Komintern, como también que la reconciliación del gobierno soviético con la Iglesia rusa le impresionó en igual sentido favorable. En septiembre de 1943, Stalin y Molotov se entrevistaron con los principales metropolitanos de Rusia y les autorizaron a convocar un Santo Sínodo. Reunido en Moscú en noviembre, este sínodo eligió al metropolitano Sergio como patriarca de todas las Rusias.

Al mismo tiempo, se nombró un consejo soviético para los asuntos de la Iglesia ortodoxa y también se autorizó a que un Consejo musulmán estableciera su sede en Tachkent.

En mayo de 1944 y basándose en la reconciliación oficial entre el Estado soviético y la Iglesia, la URSS se interesó de nuevo por los Santos Lugares. El efecto que esto produjo en todo el Cercano Oriente fue enorme.

A la muerte del metropolitano Sergio, el Santo Sínodo pudo reemplazarlo libremente por Alexis, metropolitano de Leningrado. Poco después, a petición de los norteamericanos, se suprimió la revista oficial Los sin Dios.

La opinión americana, Roosevelt en particular, concedieron una importancia enorme a esta vuelta de Rusia a la tolerancia religiosa, que consideraron como una primera etapa en la evolución hacia el liberalismo.

Roosevelt logra que Churchill acepte el desembarco en el Oeste

El plan mundial de Roosevelt no podía realizarse sin la cooperación de Rusia. Por lo tanto, lo esencial para él era mantenerse en buenas relaciones con Moscú. Y puesto que la URSS se oponía a que los aliados desembarcasen en los Balcanes y pedía se crease un frente en la costa del Atlántico, el único plan posible de ofensiva contra debería basarse en un desembarco por el Oeste, del que Churchill no era partidario. En la conferencia de Quebec, donde en septiembre de 1943 se reunieron los dos estadistas, Churchill, incapaz de oponerse por más tiempo a la voluntad de Roosevelt —de quien al fin y al cabo dependía la acción de los Estados Unidos en la guerra— renunció a sus proyectos de desembarco en los Balcanes y dio su conformidad al plan elaborado por Marshall de desembarcar en la costa francesa.

En octubre, Cordell Hull y Eden emprendieron viaje a Moscú para entrevistarse con Molotov y ponerle al corriente del plan de operaciones. En el curso de esta conferencia, los Estados Unidos, Rusia, Inglaterra y China -que se arrogó la categoría de nuevo grande — también se pusieron de acuerdo sobre la necesidad de crear un organismo mundial. Este fue el origen de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Una vez satisfechas sus exigencias, Stalin declaró que estaba dispuesto a conferenciar con Roosevelt y Churchill y se convino que la entrevista tendría efecto en Teherán.

Al dirigirse allí (noviembre de 1943), Roosevelt y Churchill se detuvieron en El Cairo para celebrar una entrevista con Chang Kai Chek y su esposa y estudiar con ellos los problemas del Extremo Oriente. De tales conversaciones, lo más saliente fue la propuesta que hizo Roosevelt de confiar a China el mandato de administrar Indochina cuando dejara de pertenecer a Francia; pero Chang Kai Chek declinó el ofrecimiento, negándose a extender la autoridad de China a pueblos que no fuesen chinos.

La conferencia de Teherán

La entrevista de Roosevelt y Stalin en Teherán (diciembre de 1943), donde se veían por primera vez, es un hecho histórico de la mayor importancia. Desde los primeros momentos, Roosevelt se dirigió a Stalin con la más absoluta confianza, y quedó tan impresionado de la cordialidad del ruso que desde entonces le llamó siempre uncle Joe.

En el curso de esta conferencia se discutió y quedó fijado el plan de las operaciones futuras. Winston Churchill intento de nuevo que prevaleciera su idea de establecer un frente dirigido hacia los Balcanes, pero ante la exigencia de Stalin, apoyado por Roosevelt, de que este frente se abriera en el Oeste por medio de un desembarco, el premier británico tuvo que ceder.

En principio se fijó como fecha el mes de mayo, y Stalin prometió que haría coincidir el desembarco con una gran ofensiva soviética. También se trató de una posible ofensiva en la costa francesa del Mediterráneo por tropas transportadas de Italia. Churchill, insistiendo en su idea, prefería sustituirla por otra operación que desde Italia se dirigiese por Trieste hacia Viena.

Los tres grandes discuten la suerte de Alemania

En Teherán se trató asimismo del estatuto de Europa en la postguerra. Roosevelt tenía preparado un plan de desmembramiento de Alemania en cinco estados autónomos: Prusia, Hannover, Sajonia, renana y del Sur. Hamburgo con el canal de Kiel, el Ruhr y el Sarre quedarían bajo la tutela de las Naciones Unidas.

A este plan, que Stalin aceptó en principio, Churchill oponía otro. Considerando que el peligro alemán estaba representado por Prusia, proponía dejarla aislada y unir los demás estados alemanes a Austria formando una federación danubiana.

Roosevelt y Stalin adujeron que entre los distintos alemanes no existía diferencia alguna y se opusieron al proyecto de Churchill, que pretendía tratar a Prusia con dureza y con más consideración a del Sur.

Es indudable que la idea Churchill estaba más en consonancia con la evolución histórica de Alemania, pero pecaba contra la Historia al considerar a la región renana como inherente a Prusia, cuando en realidad no se incorporó a ella hasta 1815. También es cierta la diferencia de civilización alegada por Churchill para justificar su plan, pero tal diferencia divide a en este y oeste, no en norte y sur como él pretendía. Prusia forma, efectivamente, la parte militar y señorial de Alemania, pero la civilización arcaica que representa no se extiende al oeste del Elba.

En realidad, parece como si Churchill hubiese querido organizar enfrente de Rusia una Europa fuertemente cimentada, mientras Stalin y Roosevelt pretendían balcanizar a como antaño el Tratado de Versalles hizo con Austria-Hungría. Con esta solución se favorecía al imperialismo ruso; en cambio, una federación danubiana hubiera constituido un obstáculo para su expansión. Por lo tanto, Stalin se opuso a ella.

Por último, Churchill abordó la cuestión de Polonia, proponiendo se le asignaran como fronteras la Línea Curzon al este y el Oder al oeste. Stalin, que había reconocido como gobierno de Polonia al Comité pro-liberación nacional constituido en la URSS en agosto de 1943, dio su asentimiento en principio, a condición de que la ciudad de Koenigsberg fuera entregada a Rusia para proporcionarle un puerto en el mar libre.

El 2 de diciembre, una declaración conjunta de los tres Grandes dio a conocer al mundo su unánime acuerdo en lo referente a la coordinación de las operaciones destinadas a conseguir la destrucción de los ejércitos alemanes, y su común propósito de organizar la paz con arreglo a los deseos de la aplastante mayoría de los pueblos de la Tierra, con la participación de todas las naciones, grandes y pequeñas.

Después de esta declaración, Roosevelt, a quien Stalin dirigió un brindis que terminó con las palabras Que Dios le ayude en su labor, abandonó Teherán convencido de haber logrado una colaboración definitiva entre los Estados Unidos y la URSs. Y se vio confirmado en esta opinión por el tratado de amistad que Moscú concertó en diciembre con el gobierno checoslovaco formado en los Estados Unidos bajo la presidencia de Benes.

Eisenhower es nombrado comandante en jefe de las tropas aliadas

A su regreso de Teherán, Roosevelt y Churchill se detuvieron de nuevo en El Cairo para entrevistarse con Ismet Inonu. Churchill, tenaz en su idea de que sería un trágico error el desembarco en Francia y dejar el este y el sudeste de Europa en manos de la URSS, volvió a insistir en su proyecto de ofensiva en los Balcanes y, para darle un principio de ejecución, intentó arrastrar a Turquía a la guerra. Pero tampoco esta vez consiguió nada, ya que Roosevelt continuaba inquebrantable.

En esta segunda conferencia de El Cairo, el general Eisenhower fue nombrado comandante en jefe de las fuerzas aliadas.

Plan de desmantelamiento industrial de Alemania

De regreso a Washington y a instancias del secretario de Defensa, Stimson, Roosevelt nombró un comité para definir la posición norteamericana en relación con los problemas alemanes. Además de Stimson, formaban este comité Cordell Hull, secretario de Estado, Morgenthau, secretario del Tesoro, y Harry Hopkins.

Roosevelt no consultaba para nada a sus ministros. En los Estados Unidos donde el cargo de primer ministro no existe, y los ministros, nombrados por el presidente, solo son responsables ante él, los poderes del jefe del Estado, que además desempeña las funciones de primer ministro, son considerables. Lo mismo que Wilson, Roosevelt había llegado a ejercer el gobierno personal y sobre él solo tenía una influencia extraordinaria Harry Hopkins, secretario de Comercio y administrador del Préstamo y Arriendo, a quien Roosevelt consideraba como su sucesor en la presidencia. Pero Harry Hopkins, enfermo de cáncer, tuvo que renunciar a sus cargos políticos y solo conservó el de consejero del presidente, residiendo a partir de entonces en la Casa Blanca.

Morgenthau presentó al comité encargado de los problemas alemanes un plan —al que se oponía Stimson -, por el que se convertía a en un país exclusivamente agrícola. Según este proyecto, la industria alemana habría de ser totalmente desmantelada y su maquinaria entregada a la URSS y a los países aliados a título de reparaciones por daños de guerra. Roosevelt, que deseaba acabar con el colonialismo y por lo tanto dejar sin colonias a Inglaterra, pretendía en compensación ayudar a la industria inglesa. Y el desmantelamiento industrial de Alemania le pareció el mejor medio de proporcionar a la industria británica —y también a la norteamericana— los nuevos mercados que pudieran necesitar. Y dio su aprobación a los planes de Morgenthau.

Churchill intenta reducir los bombardeos aéreos en los países aliados

Como se ha visto, Churchill tuvo que aceptar el plan de desembarco en Francia.. Sin embargo, deseaba evitar a Francia pérdidas inútiles. Para él, la solidaridad franco británica continuaba siendo una realidad esencial y no quería que Francia quedase muy perjudicada para que pudiese ocupar su puesto de gran potencia en seguida que terminara la guerra.

Ahora bien, las incursiones aéreas se llevaban a cabo sin distinción alguna, lo mismo se tratase de países aliados ocupados por los alemanes que sobre . En Bélgica, y sobre todo en Francia, los puertos, los centros industriales y las vías férreas eran intensamente bombardeados, e incluso el centro de las grandes aglomeraciones urbanas, lo que ocasionaba más víctimas cada día. Churchill hubiera querido evitar, dentro de lo posible, los bombardeos aéreos en las regiones ocupadas, pero sus esfuerzos fueron inútiles. El interés militar estaba por encima de todo, cualesquiera que fueran sus consecuencias.

Desembarco aliado en Normandía y ofensiva rusa hasta las fronteras del Reich

La enorme importancia que los Estados Unidos concedían al esfuerzo de guerra, empezaban por aplicársela a sí mismos. Los gastos crecían en proporciones cada vez mayores, la circulación monetaria, que en 1939 era de 4.900 millones de dólares, ascendió a 13.700 en 1943. El Estado exigía de cada individuo un esfuerzo idéntico al que realizaba la nación. Desde diciembre de 1942, la semana inglesa y la jornada de ocho horas quedaron suspendidas en todos los establecimientos que dependían del Departamento de Guerra.

Lo mismo que en la primera guerra mundial, los obreros —que a pesar de todo resultaban unos privilegiados en comparación con los soldados que combatían en el frente— se negaron al esfuerzo suplementario que se les exigía y en el mes de junio de 1943 se produjeron grandes huelgas, en las que tomaron parte más de 500.000 obreros, y se repitieron en noviembre. Pero el gobierno no cedió y continuó con su política de producción masiva. En el año 1943 se construyeron 2.380 navíos de guerra, 13.000 de desembarco y 86.000 aviones. En 1944, la producción llegó a la cifra de 160.000 aviones, 130.000 tanques), 225.000 cañones, 4 millones de toneladas en buques de guerra y 30 millones de barcos mercantes. Los Estados Unidos eran los proveedores de sus aliados rusos e ingleses, a los que entregaron, en 1944, 23.000 aviones y 23.000 carros de combate.

En junio de 1944, los gastos de guerra, cuyo 14 por ciento estaba destinado al Préstamo y Arriendo en favor de los aliados, llegaron a alcanzar la suma de 260.000 millones de dólares.

La política de guerra con respecto a los neutrales

Los Estados Unidos, al mismo tiempo que dedicaban todas sus energías a la guerra, no cedían en su empeño de imponer a los países neutrales una política anti alemana. En vista de que Turquía no atendía la petición de los aliados de que entrase en guerra con el Reich, o por lo menos de que les dejase disponer de las bases aéreas, los aliados dejaron de enviarle toda clase de material. Y cuando en diciembre de 1944 estalló en Bolivia un golpe de estado nacionalista de tendencias germanófilas, fueron suspendidos inmediatamente los envíos a dicho país a título de préstamo y arriendo. Fue durante este tiempo cuando Washington decidió hacer una lista negra con las casas de comercio que mantenían relaciones con , con objeto de boicotearlas una vez restablecida la paz.

En enero de 1944, Washington pidió al gobierno de la Argentina que rompiera sus relaciones con las potencias del Eje, y cuando lo hubo conseguido exigió que todos los residentes alemanes fuesen confinados y se suspendiese toda relación con .

En el mismo mes, y ante la amenaza de que cesarían los envíos de carburante a España, el gobierno de Madrid se comprometió a observar la más estricta neutralidad con respecto a . En junio, presionados por Washington, Portugal dejó de exportar al Reich volframio y Suiza rodamientos a bolas y cañones antitanques. Y en octubre, en vista de que eran más apremiantes las recomendaciones americanas, Suiza, Suecia y Turquía suspendieron todas sus exportaciones al Reich.

La “Francia Libre” Se transforma en gobierno provisional

Tras la tentativa realizada en noviembre de 1943 por el general Pétain de renunciar a sus funciones, Laval, asistido por Darnand, que tenía a su cargo la dirección de la policía, tomó en sus manos el gobierno de Francia. Por entonces las organizaciones de resistencia habían tomado mayor amplitud y los alemanes efectuaban continuamente operaciones de represalia quemando pueblos y fusilando rehenes. Además, aprovechándose de esta situación, en toda Francia surgieron bandas de ladrones que se surtían de armas y municiones merced a los envíos que lanzados por paracaídas enviaban los aliados a los maquis.

Entre colaboracionistas y resistentes se entabló una lucha que a veces fue implacable. Desde Argel, el Comité Francés de Liberación Nacional incitaba a los resistentes a la acción, publicando en julio de 1943 una orden que declaraba legítimos todos los actos realizados con posterioridad al 16 de junio de 1940 con el fin de servir a la causa de la liberación de Francia, aun cuando dichos actos hubieran constituído infracciones con respecto a la legislación aplicada en la época. Esto era dar legalidad a la guerra civil.

Mientras que Vichy iba perdiendo terreno ante la opinión y solo se mantenía merced a la policía, que colaboraba con la Gestapo, el CFLN fue admitido por los aliados como representante de Francia. Y el 1 de noviembre de 1943, en la conferencia de Moscú, al formar un consejo consultivo de los problemas italianos, fue nombrado un delegado francés.

El CFLN se iba organizando. Nombró una Asamblea nacional consultiva; se separó el mando militar, confiado al general Giraud, del poder político, que fue conferido al general De Gaulle y las grandes potencias acreditaron embajadores cerca del CFLN, que en África actuaba ya como gobierno. Se estabilizó la moneda a 200 francos por libra, se decretó la movilización general, se derogaron las medidas adoptadas por la administración de Vichy, se depuraron las administraciones, se detuvo a algunos ex ministros y altos funcionarios de Vichy, se confió al general Koenig el mando de las fuerzas francesas del Interior (FFI), se envió un ejército, formado principalmente por africanos, a combatir en Italia bajo las órdenes del general Juin, y se hizo ocupar la isla de Córcega.

El 3 de junio, en previsión del desembarco aliado en el Oeste europeo, el Comité Francés de Liberación Nacional tomó el nombre de Gobierno provisional de la República francesa.

Desembarco en Normandía y en la costa mediterránea

El 6 de junio de 1944, los ejércitos norteamericano e inglés desembarcaron en Normandía. Este ataque, preparado en sus menores detalles por un Estado Mayor conjunto, fue precedido a partir del mes de enero por el bombardeo sistemático de aeródromos y fábricas de aviación del Reich, de las comunicaciones más alejadas y, por último, de las vías de comunicación de Francia y Bélgica. Los días 2 y 3 de junio fueron lanzadas unas 5.000 toneladas de bombas sobre las defensas costeras de la Mancha y del Paso de Calais. Y al alba del día 6, después de un nuevo y formidable ataque de la aviación, 4.000 embarcaciones, con dos puertos prefabricados que fueron instalados en Arromanches y en Vierville-sur-Mer, dejaron en la costa varias decenas de millares de hombres.

La muralla del Atlántico no resistió. Rommel intentó oponerse al avance aliado con quince divisiones, pero el 11 de junio la batalla de las playas estaba ganada y el 19 todo el Cotentin había sido ocupado. Cada día desembarcaban 35.000 hombres. El 27 tomaron Cherburgo.

En Normandía, los alemanes opusieron una vigorosa resistencia, pero la destrucción de los medios de comunicación y la actividad del maquis en los países ocupados agravaban su situación. El 30 de julio, el general Bradley pudo lanzar los blindados del general Patton por el pasillo de Avranches y el 7 de agosto estaba liberada toda Bretaña.

El 15 de agosto, el ejército americano del general Patch y el ejército francés del general De Lattre de Tassigny desembarcaron en la costa del Mediterráneo, cerca de San Rafael, y el día 31 llegaban a Valence.

Atentado contra Hitler

El desembarco de los aliados daba a la situación de Alemania un carácter desesperado. A pesar de todo, Hitler seguía manifestando su voluntad de resistir a ultranza y anunciaba el empleo inminente de nuevas y tan espantosas armas que pondrían rápidamente fin a la guerra en provecho del Reich. No se trataba de las V-I ni las V-2 —bombas propulsadas por un chorro de gas— que venía usando desde junio como represalia por los bombardeos aéreos y que no podían ejercer acción alguna sobre las operaciones militares, sino de la fabricación de una bomba atómica —aplicación de los descubrimientos nucleares realizados durante el último cuarto de s. —, en la que trabajaban incansablemente los químicos, tanto en como en Inglaterra y los Estados Unidos. Si le fallaba este último recurso, Hitler tenía intención de retirarse al reducto que se había preparado en torno a Berchtesgaden, arrastrando al Reich en su caída.

Los bombardeos aéreos efectuados sobre para desmoralizar a la población adquirían proporciones catastróficas. Las grandes ciudades eran atacadas cada día por potentes oleadas de aviones que volcaban sobre ellas toneladas de explosivos. La población civil contaba ya sus víctimas por cientos de millares y toda parecía hundirse en un espantoso cataclismo del que solo emergerían ruinas.

Algunas personalidades, entre las que se contaban relevantes generales y estadistas —Schacht, el gobernador de Bélgica Von Falkenhausen, los generales Rommel, Von Beck, Von Stulpnagel y el embajador Von Hassel, dirigidas por el almirante Canaris y el conde Helmuth von Moltke —, organizaron clandestinamente una oposición que desde fines de 1942 estudiaba la posibilidad de un golpe de estado. Pero la Gestapo tuvo confidencias del complot y en enero de 1944 fue detenido el conde Von Moltke.

No obstante, los conjurados decidieron pasar a la acción con el firme propósito de derrocar a Hitler y proclamar jefe del Estado al general Von Witzleben. El coronel Von Stauftenberg tomó la responsabilidad del atentado y el 20 de julio colocó una cartera de mano conteniendo una bomba en el barracón en que Hitler iba a presidir un consejo militar, en su Cuartel General. La bomba mató a varios generales, pero Hitler resultó solamente herido.

La represión que siguió al atentado fue terrible. Los conjurados fueron condenados a la horca y algunos de ellos colgados por la mandíbula en ganchos de carnicero. Familias enteras fueron exterminadas y Von Beck y Rommel se suicidaron. El Alto Mando del ejército fue relevado por completo y la propaganda presentó el que Hitler resultase indemne como una prueba de que la Providencia protegía al salvador de Alemania.

Pero la guerra ya había herido de muerte al nacionalsocialismo. En 1943, en los campos de prisioneros alemanes en la URSS se había formado, bajo la égida soviética, el Comité Libre para reclamar la instauración de una democracia fuerte en una todavía poderosa, y más tarde se organizó la Unión de Oficiales Alemanes, entre los que se encontraba el general Von Paulus, el vencido de Stalingrado. La URSS autorizó a este para hablar a los alemanes por medio de la radio e invitarles a que se sublevaran contra Hitler. En Suiza también se habían formado las agrupaciones socialdemócrata y demócrata cristiana alemanas, pero la influencia de estos últimos resultó casi nula.

Liberación de París y restauración de la legalidad republicana en Francia

Mientras la opinión alemana se escindía, el avance aliado en el norte de Francia iba acentuándose. El 17 de agosto las tropas llegaron a Orleans, noticia que determinó en París una insurrección organizada por la resistencia y apoyada por las fuerzas de policía. En las calles de la capital se libraron sangrientos combates. El 24, los carros de asalto de la división Leclerc, que habían tomado parte en el desembarco del III Ejército americano, entraron en París y al día siguiente el general Von Choltitz firmó la rendición de la ciudad. La capital estaba casi intacta, ya que el general Choltitz se había negado a cumplir las destrucciones que se le ordenaron. Hasta los puentes se habían salvado. El mismo día, De Gaulle entraba en el Ayuntamiento y el 26 desfilaba como triunfador por la avenida de los Campos Elíseos.

A partir de aquel momento, el avance aliado fue fulminante. El 5 de septiembre las tropas norteamericanas entraron en Bruselas. Gracias a las fuerzas de resistencia del Movimiento Nacional Monárquico, el puerto de Amberes cayó intacto en manos de los aliados. El día 13, los dos ejércitos atacantes, desembocando por el sur y el oeste, establecieron contacto en Borgoña y los americanos entraron en por la región de Trèves.

Sin embargo, los alemanes poseían aún los puertos de Dunkerque, Lorient, Saint-Nazaire y La Rochela, así como las bocas del Escalda, lo que impedía a los aliados utilizar el puerto de Amberes.

A fines de septiembre, casi todos los territorios de Francia y Bélgica estaban liberados. Al ejército alemán la retirada le costó 600.000 prisioneros.

La trágica insurrección de Varsovia

Inmediatamente después del desembarco de los aliados por el Oeste, los rusos iniciaron una vigorosa ofensiva (9 de junio) que los hizo dueños de Finlandia, mientras una gigantesca batalla entablada en el frente de Vitebsk Mohilev los llevaba hasta más allá de la frontera rusa de 1938, ante Lublin (27 de julio).

En el mes de agosto, las fuerzas rusas llegaron al Vístula. Y previendo su liberación inminente la población de Varsovia se levantó; pero caso extraño, la ofensiva soviética se detuvo y el ejército ruso dejó que las fuerzas alemanas aplastasen a los patriotas polacos sin prestarles la menor ayuda. Este fue el primer drama de la inmensa incomprensión que, en lo sucesivo, no cesaría de acentuarse de manera trágica entre la URSS y las potencias occidentales.

Los resistentes polacos a las órdenes del general Bor reconocían al gobierno exiliado establecido en Londres como la autoridad legal de la Polonia independiente. Pero Moscú, donde perduraba la consigna de 1938 comunismo o fascismo, los consideraba como fascistas y no reconocía otro gobierno legal de Polonia que el Comité de Liberación Nacional que, formado con intervención rusa, se había erigido en la URSs. Anteriormente ya habían surgido dificultades con las tropas del general Anders, que los aliados tuvieron que retirar de Rusia para hacerlas combatir a su lado, primero en Irán, luego en Italia y más tarde en el sur de Francia.

Churchill ya presentía este problema, pero Roosevelt se negó siempre a tomarlo en consideración. Y el drama de Varsovia lo puso de manifiesto. El ejército soviético no solo dejó que las tropas y la aviación alemanas destruyeran Varsovia y su población sublevada, sino que impidió a la RAF inglesa que ayudara a los resistentes con armas y alimentos negándole la autorización para aterrizar en los aeródromos situados tras el frente soviético.

Durante dos meses, los patriotas polacos resistieron heroicamente. El 2 de octubre, cuando capitularon, la ciudad de Varsovia estaba destruida, la mayor parte de los que se levantaron en armas habían muerto en los combates y los que subsistían fueron enviados por los alemanes a los campos de exterminio. El primer acto de la eliminación sistemática de los polacos, a quienes Moscú veía como adversarios de la sovietización de Polonia, fue la matanza de 12.000 oficiales en Katyn, realizada en 1940; el segundo, tolerar el exterminio de Varsovia, considerada como la ciudad más occidentalizada de Polonia.

Finlandia solicita el armisticio y rompe con

La potente ofensiva que para liberar Leningrado del cerco alemán había emprendido la URSS contra Finlandia, obligó al gobierno de Helsinki a pedir el armisticio. Los soviets exigieron la ruptura de Finlandia con , que se efectuó el 2 de septiembre, y el 19 se firmó el armisticio. Este devolvía a la URSS Las fronteras de 1940, anexionándose además, por el norte, el puerto de Petsamo; por otra parte, imponía a Finlandia una indemnización de guerra de 300 millones de dólares a título de reparaciones. Las fuerzas alemanas aún intentaron resistir en el país, pero fueron definitivamente sometidas el mes siguiente.

Rumanía y Bulgaria piden el armisticio

En el Sudeste, Rumanía y Bulgaria tampoco podían hacer otra cosa que renunciar a la lucha. Rumanía había conseguido de Alemania, por su participación en la guerra, la región de Odesa. El 12 de agosto, a raíz de la entrada de los rusos en Jassy, el rey Miguel solicitó el armisticio, que fue firmado el 12 de septiembre en Moscú, no solo con la URSS, sino también con los Estados Unidos y la Gran Bretaña. Este armisticio devolvía a Rusia la Transnistria (Moldavia rusa), Besarabia y Bucovina e imponía a Rumanía una indemnización de guerra de 300 millones de dólares, que habría de pagar en especie. En compensación, Rumanía recuperaba la parte de Transilvania que tuvo que restituir a Hungría. Seguidamente, Bucarest declaró la guerra a y las tropas soviéticas ocuparon el país.

Bulgaria ya había exigido el 25 de agosto la retirada de las tropas alemanas de su territorio, pero ello no impidió que la URSS le declarase la guerra el 5 de septiembre. El día 6 pidió Sofía el armisticio, que fue firmado provisionalmente el 11 de septiembre y definitivamente el 11 de octubre. Dicho armisticio especificaba que Bulgaria ponía sus tropas a disposición de los aliados y su economía bajo la intervención de Moscú, cuyas tropas ocuparon el país. Como Bulgaria no había combatido contra la URSS, el armisticio le permitió conservar la Dobrudja meridional, territorio que consiguieron durante la guerra.

Liberación de Yugoslavia

Durante la ocupación alemana, Yugoslavia estuvo escindida. Con Ante Pavelitch se creó un estado croata independiente, Eslovenia fue absorbida por el Reich, Dalmacia ocupada por Italia, el sudeste de Servia y la Macedonia Oriental anexionados por los búlgaros y otros distritos pasaron a los húngaros; solo el Banato y la propia Servia conservaron su carácter autónomo bajo el gobierno testaferro del general Neditch.

Pero entonces empezó una lucha civil espantosa que tomó caracteres de guerra de religión. Los ustachis croatas, que eran católicos, ayudados por los musulmanes de Bosnia, se dedicaron a asesinar servios ortodoxos. En estas luchas murieron 810.000 servios. Algunos pueblos escaparon de la matanza abjurando la ortodoxia para abrazar el catolicismo, pero los servios replicaron asesinando a su vez a católicos y a musulmanes.

En medio de esta lucha fratricida, el rey Pedro nombró al general Draza Mihailovitch jefe militar del gobierno en exilio. Este militar, fiel al principio de la Yugoslavia unida, organizó un ejército de guerrilleros, luchó contra los croatas separatistas y llegó hasta a pedir a los aliados que bombardeasen Zagreb porque estaba haciendo traición.

En oposición a estas fuerzas monárquicas, los comunistas formaron otro ejército de partisanos que combatían por la unidad servia al mando del croata Tito, quien armó algunos batallones húngaros, checos y alemanes —estos últimos pertenecientes a la minoría alemana en Yugoslavia—. Su programa implicaba el mantenimiento de la propiedad privada y la instauración del régimen democrático. Como en todas partes, se trataba de instaurar la política provisional de la URSS durante la guerra.

Mihailovitch no vaciló en apoyarse en los italianos para hacer frente a Tito, mientras este, elevado al grado de mariscal, organizaba un verdadero ejército (noviembre de 1943) y en los territorios que de él dependían confiaba la administración a comités populares que en lugar de ser nombrados por elección, como lo eran antes, se designaban de una candidatura única. En septiembre de 1944, cuando el ejército soviético estableció contacto en Negotin con el ejército de Tito, Yugoslavia estaba en plena lucha. El mariscal, pues, tenía ganada la partida.

El 12 de diciembre de 1944 Moscú reconoció a Tito como representante del Gobierno legal de Yugoslavia. Los Estados Unidos e Inglaterra consideraban al rey Pedro II como la única autoridad legítima sobre los yugoslavos, pero Tito, con el apoyo implícito de la Unión Soviética, prohibió a Pedro II la vuelta al país antes del fin de las hostilidades. Y para evitar una ruptura con Moscú, Londres sacrificó a Mihailovitch y reconoció a Tito como comandante de las fuerzas aliadas yugoslavas.

De este modo, y pese al acuerdo de Moscú, Yugoslavia quedó, lo mismo que Rumanía y Bulgaria, bajo la exclusiva influencia de la URSs.

Churchill impide que los comunistas se apoderen de Grecia

Aunque Churchill había transigido en cuanto a Yugoslavia, estaba decidido a no dejar que la URSS se apoderara de Grecia, y desde fines del mes de agosto empezó a elaborar un plan consistente en ocupar el aeródromo de Atenas por paracaidistas enviados de Italia en cuanto las tropas alemanas evacuaran la capital. De este modo quedaría garantizada la restauración inmediata del gobierno heleno.

La retirada de los alemanes dio comienzo en octubre. Inmediatamente desembarcaron en el Peloponeso los comandos ingleses y el 14 de octubre las fuerzas británicas ocupaban Atenas, seguidas de cerca por el rey y el gobierno de Papandreu, en el que se encontraban representados todos los partidos. Pero también los comunistas tenían su plan para apoderarse de Grecia.

La desmovilización de los guerrilleros provocó, el 1 de diciembre, la dimisión de seis ministros del gobierno y la declaración de la huelga general. Este fue el principio de la guerra civil. Los comunistas intentaron enseguida apoderarse de Atenas, y probablemente lo hubieran conseguido si Churchill no hubiera tomado la responsabilidad de ordenar a las tropas británicas que intervinieran enérgicamente contra los sublevados y no hubiese luego mantenido su actitud a pesar de las protestas que ello suscitó en la Cámara de los Comunes y de la desaprobación de Roosevelt.

Sin embargo, y con el fin de suavizar la situación, Churchill aconsejó al rey que permitiese instaurar una regencia. Ante su negativa, no insistió. El 11 de diciembre el general Alexander llegó a Atenas con una división inglesa y la orden de mantener la autoridad del gobierno legal hasta la formación de un ejército. Sin embargo, los disturbios alcanzaban caracteres dramáticos. Alegando que los ingleses pretendían mantener al rey pese a la voluntad del pueblo, los comunistas se lanzaron a una violenta propaganda anti británica. Entonces, para salvar al régimen, Churchill se trasladó a Atenas en Navidad y consiguió que el rey Jorge II confiase provisionalmente la regencia al arzobispo Damasquinos. Y el 3 de enero constituyó un nuevo gobierno bajo la presidencia de un republicano, el general Plastiras.

Por entonces, las tropas inglesas ya habían dominado a los insurrectos de la capital y se firmó una tregua con el grupo comunista del ELAS (enero de 1945). Churchill había impedido que el comunismo se apoderase de Grecia.

Hungría bajo la influencia comunista

Mientras los Balcanes quedaban ocupados por los rusos y en Grecia estallaba la guerra civil, Horthy pedía (15 de octubre de 1944) el armisticio a los aliados. Pero Hitler hizo detener y deportar a Horthy y puso en Budapest un gobierno nacionalsocialista compuesto por Cruces Flechadas bajo la protección de Alemania. Poco después, tropas soviéticas invadían Hungría, formándose en Debreczen un gobierno húngaro adicto a Rusia.

Este gobierno fue el que firmó el armisticio con la URSS, los Estados Unidos e Inglaterra en enero de 1945. En las cláusulas se anulaban los arbitrajes germano italianos de noviembre de 1938 y agosto de 1940, se restituía Transilvania a Rumanía y la Rusia subcarpática a Checoslovaquia, se imponía a Hungría el pago de reparaciones a la URSS, a Checoslovaquia y a Yugoslavia, y se ponían ocho divisiones húngaras a disposición de los aliados para luchar contra . El armisticio especificaba, además, que Hungría sería ocupada por el ejército soviético. Resultaba evidente que la URSS estaba decidida a extender su dominio a toda la Europa oriental y central.

Capitulación de Alemania

Mientras los rusos ocupaban los Balcanes, por el Oeste la ofensiva aliada era detenida por un contraataque alemán en Lorena (septiembre de 1944). Una operación para envolver por el norte al ejército del Reich, lanzando tropas aerotransportadas en Arnhem (Holanda), al otro lado del Rin, fue un fracaso y las unidades de paracaidistas habían sido aniquiladas. Sin embargo, en octubre se ocupó Aquisgrán y en noviembre las bocas del Escalda. A partir de entonces, el puerto de Amberes podía ser utilizado por los aliados.

Repentinamente, el 17 de diciembre se desencadenó en las Ardenas belgas una vigorosa contraofensiva alemana, para la cual el Reich había reunido todos los carros blindados de que disponía. Su objetivo era esencialmente político. Hitler intentaba un supremo esfuerzo para intimidar a los aliados, induciéndoles así a firmar una paz separada que él esperaba les permitiría aliarse con en contra de la URSs. El objetivo militar de esta desesperada ofensiva consistía en llegar a Amberes.

Las tropas alemanas llegaron hasta el Mosa, pero fueron detenidas en Bastogne por la heroica resistencia norteamericana y por los 4.000 aviones que los aliados lanzaron al ataque. La ofensiva alemana, detenida en Bélgica, intentó correrse hacia Alsacia, pero allí fue vencida por el ejército francés.

Terribles ataques aéreos contra

Durante algunas semanas, las operaciones militares quedaron suspendidas. En cambio, los ataques aéreos sobre se hicieron cada día más implacables. En febrero, todas las refinerías de petróleo sintético, que eran indispensables para proseguir la guerra y producían 1.225.000 toneladas al mes, estaban destruidas. Además, todas las grandes ciudades alemanas eran atacadas por escuadras de centenares de bombarderos. La primera de estas grandes incursiones fue la del 30 de mayo de 1942 contra Colonia: 2.700 toneladas de bombas causaron la muerte a 20.000 personas. Desde entonces, los bombardeos se intensificaron, causando 30.000 muertos en Berlín (mayo de 1944), 45.000 en Hamburgo y 250.000 víctimas, entre ellas 100.000 muertos, en Dresde (febrero de 1945).

La respuesta aliada a los ataques aéreos, táctica iniciada por contra Rotterdam, Varsovia, Londres, Coventry y Liverpool, sobrepasaba a estos en tal amplitud que demostraban patentemente la gran superioridad de la potencia aliada sobre la del Reich.

se derrumbaba por todas partes, a la vez que la invadían olas de refugiados que huían despavoridos de la ofensiva rusa. Por primera vez se abatían inexorablemente sobre su población los horrores de la espantosa guerra que había desencadenado dos veces. La lucha era ya sin esperanza. Y a pesar de todo, Hitler anunció una resistencia a ultranza y formó tribunales especiales encargados de juzgar a los derrotistas.

En cambio, ante la ofensiva soviética que se reanudó el 15 de enero de 1945, su propaganda hizo con candidez un llamamiento a la opinión anglosajona exhortándola a la lucha común contra el comunismo.

Invasión de Alemania

La ofensiva rusa, desencadenada en pleno invierno, cayó sobre como un ciclón. Antes de terminar el mes de enero, los rusos tomaron Cracovia y Varsovia, atravesaron el Oder y ocuparon toda la cuenca hullera de Silesia. Budapest capituló el 13 de febrero después de un prolongado asedio. En los primeros días de abril, el ejército soviético estaba a las puertas de Viena.

Por su parte, las tropas aliadas se pusieron en movimiento por el Oeste, llegando al Rin el 4 de marzo. Colonia cayó el 6 y el 26 toda la orilla izquierda del Rin estaba ocupada. El 8 de marzo se estableció al sur de Bonn una cabeza de puente; a fines del mismo mes, las fuerzas franquearon el río. Desde entonces, la ofensiva se convirtió en avalancha.

En abril, los americanos que llegaban por el sur atravesaban Checoslovaquia y ocupaban Leipzig y Nuremberg, pero al llegar al Elba el ejército norteamericano se detuvo para esperar a los rusos.

Los ingleses, que operaban en el norte, tomaron Hamburgo, Bremen y Lübeck. Cuando Roosevelt falleció (12 de abril de 1945), se hallaba en vísperas de capitular.

El 26 de abril, los ejércitos occidentales establecieron contacto con los soviéticos en Torgau, a orillas del Elba. estaba partida en dos.

Ante semejante desastre, Hitler comprendió que nada podía hacer. El 15 de marzo ofreció la paz a los aliados mediante la evacuación recíproca de todos los territorios ocupados y el mantenimiento de los nazis en el poder, con el fin de impedir así que cayese en la anarquía y de mantener la Europa Occidental al abrigo del comunismo.

Estos ofrecimientos no distrajeron un instante la atención de los aliados, decididos a ocupar toda y aplastar al nazismo. Churchill insistió en vano cerca de Eisenhower para que los angloamericanos fuesen los primeros en llegar a Berlín, pero el 23 de abril las tropas soviéticas hacían su entrada en la ciudad y entablaban en las calles un violento combate.

Capitulación del ejército alemán de Italia y asesinato de Mussolini

Mientras tanto, los alemanes sufrían otro desastre en Italia. En todas las grandes ciudades la población se sublevaba sin esperar la llegada de los aliados y las formaciones de la resistencia las liberaban de los alemanes. El 28 de abril, cuando según parece Mussolini intentaba en un coche alcanzar la frontera suiza por las inmediaciones del lago de Como, fue reconocido por la multitud y linchado junto con su amiga Clara Petacci, que intentó heroicamente protegerle con su propio cuerpo.

Al día siguiente, el ejército alemán de Italia, formado por un millón de hombres, capitulaba ante las fuerzas aliadas.

Suicidio de Hitler

El día 30 de abril, encerrado en un refugio de la Cancillería con Eva Braun y algunos de sus leales, Hitler se suicidó, designado para sucederle al almirante Doenitz. Y el día 2 de mayo, que prácticamente ya estaba en poder de los rusos, Berlín capituló.

Austria se proclama independiente

El 4 de mayo, Austria se proclamó independiente con sus fronteras de 1937. El mismo día, las tropas alemanas de Holanda y Dinamarca deponían las armas y las fuerzas francesas del general Leclerc llegaban al reducto de Hitler en Berchtesgaden. Al mismo tiempo, la población de Praga se sublevaba contra las tropas de las SS que aún permanecían en la ciudad.

Toda la obra de conquista realizada por Hitler se venía abajo.

Capitulación del Reich

El 7 de mayo de 1945, el general Eisenhower recibió en su cuartel general de Reims la capitulación del III Reich, que fue firmada por los jefes de ejército. El 8 de mayo, asistido por el general americano Spaatz, el general soviético Zhukov la recibió en Berlín.

En aquellos días, Stalin envió al pueblo británico un mensaje en el que decía: Proclamo mi confianza en el feliz y fecundo desenvolvimiento, durante el periodo de postguerra, de las relaciones amistosas que nacieron y se desarrollaron en nuestros países durante el conflicto. Por su parte, Churchill, en un discurso difundido por la radio, lanzó esta profética advertencia: En el continente europeo necesitamos tener la seguridad de que los sencillos y honrados objetivos que nos impulsaron a la guerra no han de ser brutalmente descartados o despreciados en el transcurso de los meses que seguirán a nuestro triunfo, de que las palabras Libertad, Democracia y Liberación no han de ser deformadas y que conservarán el verdadero sentido que nosotros les damos. ¿De qué serviría castigar a los hitlerianos por sus crímenes si no se implantara el reinado de la ley y de la justicia, si otros gobiernos totalitarios o policíacos vinieran a ocupar el puesto de los invasores alemanes ?

El Japón capitula

China ante la agresión japonesa

La guerra que China se vió precisada a sostener con el Japón obligó a Chang Kai Chek a prescindir de los poderes dictatoriales de que disponía para constituir un régimen en que el país estuviera directamente asociado con el gobierno.

Para ello, en 1938 creó un Consejo político del Pueblo, en el cual las dos terceras partes de sus miembros debían ser elegidos en escrutinio secreto por los consejos populares de los municipios y provincias, y el otro tercio designado por el buró del Kuomintang. Después, en 1939, se crearon asambleas provinciales basadas en los mismos principios y fue decidido que, un año después de la terminación de la guerra, se reuniría un congreso al que habría de someterse la Constitución de 1936 para ser ratificada.

Pero este régimen democrático no estuvo nunca en vigor. De hecho, el poder siguió en manos de la oligarquía que se había formado por la concentración de todos los establecimientos de crédito en algunos grandes bancos, de los cuales el más poderoso era el de los Sung, emparentados con la esposa de Chang Kai Chek, y cuyos directores Kung y Sung, hermanos políticos de aquélla, ocupaban por turno el cargo de primer ministro.

En 1940, la ofensiva japonesa que se desencadenó en China parecía estar contenida. Aprovechando este respiro, Chang Kai Chek rompió la tregua establecida entre nacionalistas y comunistas y emprendió la lucha contra estos. En diciembre de 1940 declaró disueltas todas las asociaciones comunistas y desde entonces nacionalistas y comunistas continuaron luchando contra el invasor japonés, pero sin relación alguna entre ellos.

La entrada de los Estados Unidos en la guerra hizo que la política japonesa con respecto a China fuera más dura. Los japoneses ocuparon Hongkong, cortaron la ruta de Birmania, por donde el gobierno de Chungking recibía los abastecimientos aliados, y organizaron el bloqueo de China.

En lo sucesivo, los Estados Unidos y China habían de luchar juntos. En septiembre de 1942, Chang Kai Chek emprendió viaje a Washington para entrevistarse con el presidente Roosevelt.

Ofensiva conjunta contra el Japón

Después de esta visita, los Estados Unidos establecieron en el sur y sudoeste de China bases de aviación que les permitió el bombardeo continuo de los centros militares japoneses. Además, con objeto de compensar la pérdida de la ruta de Birmania, se organizó el abastecimiento de China por el aire a la vez que la marina y la aviación norteamericanas del Pacífico, apoyadas por formaciones australianas, neozelandesas y holandesas, hostilizaban las líneas de comunicación de las fuerzas niponas.

En agosto de 1943, y gracias a la superioridad naval que los Estados Unidos habían logrado sobre el Japón, las fuerzas americanas pasaron a la ofensiva desembarcando en Nueva Guinea.

A fines del mismo año, todas las islas del grupo de las Salomón estaban reconquistadas, al mismo tiempo que lord Mountbatten, al frente de un ejército angloindio, iniciaba la ofensiva en Birmania apoyado por dos regimientos chinos procedentes del Norte.

Con objeto de estrechar lazos con China, cuya importancia en la guerra era considerable, Londres y Washington renunciaron al privilegio de extraterritorialidad de que gozaban sus nacionales. Por su parte, el gobierno que los japoneses habían instalado en Nankín obtuvo inmediatamente la misma renuncia por parte de Roma, Vichy y Tokio.

Por estas fechas fue cuando Chang Kai Chek —elegido presidente de la República en septiembre de 1943 para sustituir a Tin Sen, que ocupaba la presidencia desde el año 1932— y su esposa se entrevistaron en la capital egipcia con Roosevelt y Churchill (noviembre de 1943) para discutir sobre la marcha de la guerra en Extremo Oriente y las condiciones de paz que habían de imponerse al Japón.

China, que apareció entonces por primera vez como el cuarto grande, consiguió que el gobierno de Londres le concediera un crédito de 50 millones de libras esterlinas (abierto en mayo de 1944).

Japón intenta un esfuerzo supremo

Como la industria japonesa estaba muy por debajo de la americana, el gobierno intentó entonces agrupar las fuerzas en un supremo esfuerzo de guerra y puso a la población y todos los recursos del país bajo intervención militar. Pero el Japón no podía soñar en luchar contra la potencia económica norteamericana. La diferencia de fuerzas era cada vez mayor en favor de los Estados Unidos.

Resultaba evidente que el Japón había sido arrastrado por el partido militar a acariciar sueños insensatos de imperialismo que sobrepasaban con mucho sus posibilidades industriales y económicas.

La ofensiva americana prosigue de isla en isla

Isla por isla, las fuerzas americanas iban conquistando el Pacífico. A principios de 1944 ocupaban las islas Marshall y las Carolinas. Esta lucha de desembarcos costaba muchísimas vidas y las enfermedades ocasionaban todavía más víctimas que los combates. Mac Arthur, con un rigor y una precisión casi matemáticas, preparaba cada uno de sus asaltos con una coordinación de fuerzas de tierra, mar y aire a las que el Japón era incapaz de hacer frente porque no poseía el dominio del mar. En inferioridad de medios y alejada de sus bases, la marina japonesa rehuía entrar en combate.

En el mes de junio, la agitación que causó en Tokio la conquista de las islas Marianas por los norteamericanos provocó la dimisión del gobierno. Formó nuevo gabinete el general Koiso, en el que Shigemitsu volvió a hacerse cargo de la cartera de Asuntos Exteriores, y ante la gravedad de la situación se creó un consejo supremo para la dirección de la guerra presidido por el emperador.

En el mismo mes (junio de 1944), Wallace, vicepresidente de los Estados Unidos, fue enviado por Roosevelt a Chungking para discutir con Chang Kai Chek la marcha de la guerra en China.

Poco después, los británicos rechazaban a los japoneses de la ruta de Birmania, aunque ya se había construido, con la ayuda de los chinos, otra ruta por el valle del Brahmaputra, China ya no estaba bloqueada. En respuesta, los japoneses, mediante una ofensiva desde Hankeu y Cantón, se apoderaron de los aeródromos norteamericanos. Pero estos estaban ya reemplazados por portaaviones.

Después del éxito del desembarco en Normandía, los Estados Unidos ya planeaban, para después de vencer a , trasladar todo el material de guerra al Pacífico. Por eso Roosevelt deseaba el apoyo de la flota inglesa y del ejército ruso.

En noviembre, el Japón tenía virtualmente perdida la guerra. Antes de iniciar el ataque con la marina y el ejército y las formidables escuadras aéreas, los Estados Unidos, Inglaterra y China firmaron en El Cairo (noviembre de 1944) una declaración conjunta por la cual afirmaban su propósito de vencer definitivamente al Japón y dejarla a sus fronteras nacionales.

A partir de entonces, las incursiones aéreas fueron constantes y espantosas. Tokio sufrió un terrible bombardeo, al que siguieron ataques aéreos casi diarios. Todas las grandes ciudades y los centros industriales fueron bombardeados.

La ofensiva final

La guerra contra el Japón entró entonces en una fase decisiva. En octubre de 1944, en aguas de las Filipinas, la flota japonesa intentó un supremo esfuerzo para defender esta avanzada del imperio, pero sufrió una tremenda derrota que decidió la suerte del archipiélago. En febrero de 1945, Manila fue conquistada en terrible lucha, mientras que un desembarco efectuado en Borneo aislaba al Japón de sus conquistas de Insulindia. En marzo, una gran flota británica, reforzada por unidades francesas, se unió a las fuerzas norteamericanas del Pacífico.

Este mismo mes, después de veintiséis días de tremenda lucha, cayó a su vez la isla de Ivo Jima, situada a 1.200 kilómetros al sur de Tokio. A partir de aquel momento, millares de aviones bombardearon las ciudades japonesas y el 31 de marzo las tropas norteamericanas desembarcaban en el archipiélago de las Riu-Kiu, a 300 kilómetros del Japón.

El emperador Hiro-Hito intenta capitular

El emperador se dio cuenta de que la situación era desesperada. Y en febrero se decidió a capitular, lo que hizo saber al embajador de la URSS en Tokio. Y el gobierno de Moscú, al que su representante diplomático comunicó en seguida tales deseos, ordenó a este: Hay que ganar tiempo.

El plan de Stalin era prolongar la lucha contra el Japón hasta después del aplastamiento de Alemania, para intervenir en el último momento y sacar todas las ventajas posibles. Stalin se limitó pues a decir a Hopkins que determinados elementos japoneses habían hecho ciertas insinuaciones de paz.

Hoover hizo saber a Roosevelt, que acababa de regresar de Yalta, que todo parecía indicar que, si se lanzaba un globo sonda prometiendo a los japoneses que se respetaría a la dinastía y se daría libertad al pueblo para formar un gobierno liberal a su elección, el Japón capitularia inmediatamente y sin condiciones. Pero Hoover no era persona grata al presidente y por tanto no concedió importancia a su propuesta. Pocos días después, una espantosa incursión aérea sobre Tokio causaba 180.000 víctimas, entre ellas 83.000 muertos.

Moscú impide a Hiro-Hito negociar la capitulación

Al no obtener respuesta a las preguntas hechas al embajador Malik en Tokio, Hiro-Hito encargó a su embajador en Moscú que tantease el terreno, pero este no consiguió ser recibido por Stalin. Como respuesta, Moscú se limitó a comunicar a Tokio que no sería renovado el tratado chino soviético de no agresión concertado en abril de 1914, nota que provocó la dimisión del ministro japonés.

El emperador llamó entonces al almirante Suzuki, reconocido pacifista, para que formara gobierno, en el que Togo se hizo cargo de Asuntos Exteriores. El ministerio de la Gran Asia fue suprimido y cuando el fallecimiento de Roosevelt el gobierno japonés expresó su simpatía al pueblo americano, lamentando que la política norteamericana de hegemonía obligase al Japón a continuar la guerra.

Ante la bomba atómica, Roosevelt vacila

Se le planteaba a Roosevelt la cuestión del empleo de la bomba atómica. En 1939, y después de una conversación con Einstein, Roosevelt pidió al Senado un crédito —que le fue concedido— de 2.000 millones de dólares distribuidos entre los ejercicios de 1939 a 1950, para la investigación de la bomba atómica, pero sin revelar a los senadores a dónde iría a parar ese dinero. Las investigaciones tuvieron éxito, la bomba fue construída y las pruebas revelaron su enorme potencia destructiva.

Ya en posesión de la bomba atómica, Roosevelt decidió no emplearla sin advertir previamente a los japoneses del espantoso peligro que les amenazaba si persistían en continuar la guerra. Su intención era invitarles a que asistieran a la explosión de una bomba con objeto de inducirles a capitular; si se negaban, proyectaba invitar a Tokio a que hiciera evacuar por la población la zona prevista para el lanzamiento de la bomba. Pero no pudo llevar a cabo este proyecto.

La capitulación de Alemania confirmó al emperador Hiro-Hito en su propó sito de poner fin a la guerra y manifestó al Consejo supremo su deseo de rendirse. Pero halló una resistencia implacable. Sin embargo, el gobierno hizo saber que a consecuencia de la paz por separado concertada por Berlín, que era una violación del Pacto Tripartito, el Japón declaraba concluida la vigencia de todos los tratados concertados con y demás potencias europeas.

El 10 de junio, la Dieta japonesa concedió poderes dictatoriales a Suzuki y el 22, el emperador decidió asumir personalmente la dirección de los asuntos. El 7 de julio, resuelto a poner fin a los horrores de la guerra, ordenó a Suzuki que pidiese a los rusos su beneplácito para el envío del príncipe Konoye a Moscú, con el fin de negociar allí con Harriman. Pero Moscú eludió la petición solicitando aclaraciones más completas sobre los objetivos de la misión del príncipe Konoye.

Sin embargo, parece ser que en esta ocasión Stalin comunicó de palabra estas gestiones a Truman y a Churchill en Potsdam.

Las bombas atómicas provocan la capitulación del Japón

Truman se enteró de la existencia de la bomba atómica al hacerse cargo de la presidencia. Mientras, el comité creado por Roosevelt para estudiar el empleo de la bomba atómica había renunciado a los proyectos humanitarios del difunto presidente y decidió que era preciso utilizar la bomba lo antes posible y sin previo aviso, tanto contra las ciudades como contra las instalaciones militares. Consultado, Churchill se mostró de acuerdo. La conquista del Japón prometía ser extraordinariamente difícil y se calculaba en un millón de hombres los que perdería Norteamérica para el logro de este objetivo. Para doblegar al Japón sería necesario continuar durante meses las incursiones de aviación, que también producían millares de víctimas. En resumidas cuentas, se consideraba que la bomba atómica economizaría una gran cantidad de vidas humanas.

En consecuencia, el 26 de julio, y con la aprobación de Chang Kai Chek, Washington dirigió un mensaje al pueblo japonés haciéndole saber que si el Japón no capitulaba sin condiciones todas las ciudades japonesas serían destruidas.

No era este el medio de obligar al Japón a una capitulación inmediata, y ante ello la opinión reaccionó enérgicamente y Suzuki anunció por la radio que el gobierno no respondería siquiera a semejante ultimátum.

El 6 de agosto, después de que los aviones americanos hubieron lanzado miles de folletos invitando a la población a evacuar una serie de ciudades, entre ellas Hiroshima, que habían de ser bombardeadas, se lanzó sobre esta última ciudad la primera bomba atómica. Causó 160.000 víctimas.

Els 8 de agosto, Tokio apeló a la intervención del gobierno suizo para que los americanos renunciasen a emplear aquella arma diabólica.

En cuanto se conoció en Moscú el bombardeo de Hiroshima, Stalin dio orden a sus tropas de atacar al Japón. Dirigiendo una nota a Tokio haciéndole saber que para acortar la guerra y demostrar su solidaridad con sus aliados anglosajones, la Unión Soviética se consideraba en guerra con el Japón (9 de agosto).

El mismo día cayó sobre Nagasaki la segunda bomba atómica. En el Consejo supremo japonés el clan militar seguía irreductible. Entonces, el emperador intervino para manifestar su deseo de que los miembros del Consejo se mostrasen de acuerdo con él y todos se inclinaron.

Se firmó el acta de rendición y Suzuki comunicó inmediatamente a Washington que teniendo en cuenta que la Declaración de Potsdam no comprendía ninguna condición que disminuyese las prerrogativas de Su Majestad como soberano, el Japón decidía rendirse al vencedor. La rendición, transmitida por los gobiernos de Berna y Estocolmo, fue entregada a Washington el 10 de agosto. Habiéndose mostrado de acuerdo los aliados en que el emperador continuase en el trono, a condición de que su autoridad estuviese subordinada a la del alto mando aliado, Hiro-Hito manifestó su aceptación el 14 de agosto.

Entonces, Suzuki dimitió y el príncipe Higashikuni, tío del emperador, formó un nuevo gabinete con el príncipe Konoye como vicepresidente y Shigemitsu en Asuntos Exteriores. El acta oficial de la rendición fue firmada el 2 de septiembre en la rada de Tokio, a bordo del acorazado Missouri.

Las primeras tropas norteamericanas desembarcaron el 28 de agosto y el general Mac Arthur hizo su entrada en Tokio el 8 de septiembre. Poco después, Hiro-Hito se dirigió al país para expresarle su deseo de que se implantara en el Japón una monarquía constitucional fundada en los principios democráticos.

Entretanto, Molotov insistía en que el mariscal Vassiliesvski fuese nombrado cogobernador del Japón al lado Mac Arthur. Pero esta vez fueron los norteamericanos los que apelaron al hecho consumado y su negativa fue categórica.

Ocupación del Japón

Japón salia de la guerra sumamente maltrecha. A excepción de Kioto, todas las ciudades estaban destruidas. Precisamente cuando el problema de la superpoblación se planteaba en todo su rigor, diez millones de personas se encontraban sin albergue.

Todo el Japón fue ocupado por el ejército norteamericano. Los ingleses obtuvieron solamente una pequeña zona de ocupación en la región de Hiroshima.

Mac Arthur instaló su cuartel general en Tokio y obtuvo poderes casi ilimitados. En virtud de las decisiones adoptadas en Potsdam, su misión consistía en desarmar al Japón, destruir su potencial de guerra y aniquilar el nacionalismo que le hizo lanzar a la conquista de la Gran Asia.