Práxedes Mateo Sagasta

Datos biográficos

Político e historiador
Nacimiento: 1827
Fallecimiento: 1903

Biografía

De familia modesta, se trasladó a Madrid en 1942, ingresando ese mismo año en la Escuela Superior de Caminos, y casi al mismo tiempo en el partido progresista. Al terminar la carrera ejerció en Valladolid y Zamora. En esta última ciudad, al producirse la Revolución de 1954, fue nombrado presidente de la Junta revolucionaria. Desde este año hasta julio de 1856 fue diputado por Zamora en las Cortes Constituyentes, distinguiéndose como orador.

Sagasta por Ignacio SuárezSagasta por Ignacio Suárez

Al mismo tiempo desde el periódico La Iberia tendía a la reorganización del partido progresista. En 1856, siendo comandante de la Milicia Nacional, se defendió con los restantes diputados cuando O'Donnell disolvió las Cortes a cañonazos. Una granada que cayó a sus pies sirvió para pronunciar un enérgico discurso. Al triunfar O'Donnell se refugió en Francia, regresando poco después beneficiado de la amnistía. Ingresó entonces en la masonería, de la que se separó más tarde. Poco después de su regreso a España fue nombrado profesor de la Escuela de Caminos. En 1863, al morir Calvo Asensio, director y fundador de la La Iberia, adquirió la propiedad del periódico. En 1859, reelegido diputado, hizo en las Cortes, hasta 1863, una campaña intensísima contra O'Donnell, desde los bancos progresistas. Especialmente agresivo fue su discurso del 11 de enero de 1862 contra la actuación del Gobierno respecto de la libertad de imprenta. Fue él también quien redactó en su totalidad el manifiesto A la Nación, de 8 de septiembre de 1863, anunciando el retraimiento del partido progresista, y un nuevo manifiesto, de 20 de noviembre de 1865, confirmando dicho retraimiento, pese a las gestiones de O'Donnell.

El 3 de enero de este mismo año, participó en la sublevación de Prim en Villarejo, y con Prim penetró vencido en Portugal, al fracasar el levantamiento. Desde Portugal, donde estuvo internado algún tiempo, pasó a Inglaterra y Francia continuando desde aquí la política de conspiraciones, al lado de Prim. Sagasta, con riesgo de su vida, pasó a España, preparando la sublevación de los sargentos de artillería de Madrid, acuartelados en San Gil. Al producirse este levantamiento el 22 de junio de 1866, Sagasta fue condenado a muerte, pero pudo huir a Francia, donde permaneció hasta 1868.

En septiembre de 1868 se unió en Gibraltar al duque de la Torre. Desde el 8 de octubre siguiente hasta el 18 de junio de 1869, fue ministro de la Gobernación en el Gabinete presidido por el duque de la Torre. Como ministro presidió las elecciones de 1869, en las que fue elegido por Madrid, Zamora y Logroño y descollando en las Constituyentes por su palabra intencionadísima. Cf. Cañamaque, Los oradores del 69, págs. 264-266.

Desde el 18 de junio de este mismo año hasta el 27 de diciembre del siguiente fue ministro en el Gabinete de Prim, de Gobernación primero, y, a partir de la segunda reorganización del Ministerio de Estado. Sagasta, como ministro de Estado, reorganizó los cuerpos diplomático, consular y de intérpretes, y celebró ventajosos tratados de navegación y comercio. Votó la candidatura de Amadeo de Saboya y la disolución de las Cortes después del juramento del rey.

Desde el 27 del mismo mes hasta el 4 de enero de 1871, fue ministro de la Gobernación. Sus ideas se habían hecho más conservadoras y tuvo que sostener polémicas con los republicanos. Desde el 4 de enero al 24 de julio de 1871, fue ministro de la Gobernación nuevamente en el Gabinete de conciliación, del duque de la Torre e interinamente, de Hacienda y Fomento. A la caída de este Ministerio, se formó el de Ruiz Zorrilla, y Sagasta abandonó el Gobierno.

Al reunirse de nuevo las Cortes Constituyentes, en octubre, la mayoría de los diputados dio sus votos a Sagasta, pero este se negó a presidir el Gabinete, y lo hizo Malcampo. Desde ese día, Sagasta fue jefe del partido constitucional, enfrentado al radical de Ruiz Zorrilla. Caído el Gabinete de Malcampo, Sagasta formó uno nuevo que duró desde el 21 de diciembre de 1871 a 20 de febrero de 1872, ocupando al mismo tiempo la cartera de Gobernación. Disueltas las Cortes, Sagasta convocó elecciones para el día 2 de abril. Desde el 20 de febrero presidía un nuevo Gabinete con algunos cambios en las carteras, pero, celebradas las elecciones, quedó el Ministerio mal parado frente a la coalición de radicales, republicanos y carlistas, y Sagasta, que cometió entonces la imprudencia de dar a la luz pública documentos secretos sobre conspiraciones de los otros partidos, se vio obligado a dimitir (2 de mayo de 1872).

Hasta enero de 1874, no aparece de nuevo como ministro, esta vez de Estado, en el Gabinete formado por el duque de la Torre, que duró hasta el 13 de mayo del mismo año. Planteada la crisis en este Ministerio de coalición, Sagasta aceptó la cartera de Gobernación y, desde el 3 de septiembre de 1874, la Presidencia del Consejo, hasta la proclamación de Martínez Campos en Sagunto. Sagasta efectuó entonces la transmisión de poderes al general Primo de Rivera, y durante algún tiempo permaneció apartado de la política, fiel a su oportunismo, rasgo político que, unido a su honradez personal, le caracterizó en todas sus actuaciones.

En 1875 se declaró alfonsino y organizó el partido constitucional, admitiendo la Constitución de 1869. En 1879 formó con Martínez Campos el grupo centralista de Alonso Martínez, el partido fusionista, en el que ingresaron casi todos los constitucionales, y aceptó entonces la Constitución de 1876. Como jefe del partido fusionista, desempeñó la presidencia del Consejo desde 8 de febrero de 1881 a 9 de enero de 1883. En este largo periodo de gobierno, Sagasta devolvió sus cátedras a los que las habían perdido durante la época conservadora, interpretó en un sentido amplio las leyes que restringían la libertad de asociación y reunión y concedió una mayor libertad de imprenta.

La revolución republicana de 1883, que fue dominada por Sagasta, produjo, sin embargo, su caída al autorizar el fusilamiento de varios sargentos sublevados en La Rioja, Desde entonces hasta la muerte de Alfonso XII (25 de noviembre de 1885), permaneció en la oposición. Llamado entonces a los Consejos de la Corona, en virtud del acuerdo con Cánovas, que fue llamado pacto de El Pardo, formó el primer gabinete del nuevo reinado, hasta cinco años más tarde, el 5 de julio de 1890.

En este período, en el que Sagasta acreditó suma habilidad y se enfrentó con cuatro crisis parciales sin haber abandonado la presidencia del Consejo, votaron las Cortes leyes tan importantes como las del Sufragio Universal, la del Jurado (20 de abril de 1888), la que incorporaba al Estado los institutos de segunda enseñanza y la ley de bases para la formación del Código civil (11 de mayo de 1888).

Sustituido por Cánovas, la disidencia de Silvela llevó nuevamente a Sagasta al poder (11 de diciembre de 1892), con un Gabinete en el que aparece por primera vez Maura como ministro de Ultramar. Maura introdujo notables reformas coloniales, pero Montero Ríos fracasó en sus intentos de reforma de la Administración de justicia, y dimitió el 7 de julio de 1894, sustituyéndole Trinitario Ruiz Capdepón. Hasta el 23 de marzo de 1895 permaneció Sagasta como presidente del Consejo, a la cabeza de varios Gabinetes, encontrándose con problemas tan agudos como la cuestión catalanista, la guerra de Melilla y la última guerra separatista de Cuba. Muerto Cánovas, a él le tocó liquidar el imperio colonial.

Las críticas que cayeron sobre él con este motivo hicieron que, al ser planteada la cuestión de confianza, se encomendase a Silvela la formación de nuevo Ministerio A partir de entonces y a pesar de su permanencia en el Poder desde el 6 de marzo 1901 al 3 de diciembre de 1902, Sagasta vivió casi apartado de la política. Después una votación adversa en el Congreso, a la que dio lugar una proposición de diputado canalejista Díaz Moréu, cayó Sagasta, físicamente agotado y muy dolido por la situación interna de su partido cf. Romanones: Sagasta o el político, págs. 207-209. El día 5 de enero de 1903 murió Sagasta en Madrid. Alfonso XIII creó para sus descendientes el título de conde de Sagasta y el de Torrecilla de Cameros.

PUENTE O´CONNOR, Alberto de la, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo N-Z, págs. 329-333.