Maria Estuardo

Datos biográficos

Reina de Escocia: 1542-1568
Nacimiento: 8-XII-1542
Fallecimiento: 8-II-1587

Biografía

[Linlithgow-Fotheringhay]. María Estuardo fue hija del rey de Escocia Jacobo V y de María de Lorena, de la familia francesa de los Guisa. Muerto su padre a los pocos días del nacimiento de la princesa, fue esta reconocida reina. En 1548 fue prometida al delfín de Francia, Francisco, con el que casó en 1558. Educada María en la brillante corte de los Valois franceses, pudo allí desarrollar sus dotes y gracias naturales, poco comunes. Dominaba el latín, tenía una sensibilidad exquisita para la música y compuso algunos versos. Sus tíos, los Guisa, la formaron en un catolicismo ferviente.

Retrato por François Clouet Retrato de María I Estuardo por François Clouet

En 1559, al subir su esposo al trono, fue reina de Francia también. Pero fallecido Francisco II, volvió a su reino escocés, que se hallaba muy agitado. La Reforma calvinista había comenzado a extenderse, facilitado el camino por los nobles, deseosos de independizarse del poder real, y codiciosos de los bienes de la Iglesia. Estos nobles encontraron apoyo en Inglaterra, reino al que María, teniendo en cuenta el ilegítimo nacimiento de Isabel, reivindicaba derechos, o, cuando menos, la sucesión. La situación de María era muy delicada. Quería María mantener el catolicismo en su reino de Escocia y evitar toda ruptura con su prima, a cuya sucesión, como se ha dicho, aspiraba. Existía, sin embargo, una sorda hostilidad entre ellas. La circunstancia de ser María católica hizo que esta rivalidad personal tuviera una trascendencia europea y que fuera un episodio más de la lucha entre Reforma y Contrarreforma.

María, más débil y menos hábil que su rival, no supo disimular sus sentimientos y pasiones. Por otra parte, la necesidad de encontrar un amparo, le impulsó a buscar un nuevo matrimonio. Fracasado el proyecto de unirse al príncipe don Carlos, se decidió por un noble escocés católico, lord Darnley, que también alegaba derechos al trono inglés (1565). Este matrimonio fue considerado por los calvinistas escoceses y por la misma Isabel como un desafío; en Escocia estalló una rebelión calvinista que hubo de ser vencida por las armas. María aprovechó la victoria para alentar una reacción católica. Darnley, ambicioso y frívolo, empujado por los nobles calvinistas, pidió a María una participación efectiva en el gobierno. Para conseguirlo promovió una insurrección, durante la cual, Riccio, secretario de la reina e inductor de su política católica, al que acusaban los rebeldes de ser amante de la reina, pereció asesinado.

Reconciliados de nuevo los esposos, cierto día Darnley apareció muerto en una casa de campo de la reina, a consecuencia de una explosión provocada intencionadamente. No se sabe si tuvo participación en la tragedia, o, cuando menos, conocimiento de lo que se tramaba, María Estuardo. Pero lo cierto es que ella procedió con mucha ligereza. A los pocos meses casaba con Bothwell, un noble al que se acusaba de la muerte de Darnley, puesto en libertad después de un ridículo proceso. Bothwell, para casarse con María, tuyo antes que divorciarse de su mujer. Ante este escándalo, la revuelta en Escocia se hizo general. Los insurrectos vencieron a las tropas reales, apresaron a la frívola reina y la obligaron a abdicar en su hijo Jacobo, implantando el calvinismo en el reino.

Antes de cumplirse el año de su prisión, María consiguió evadirse y levantar un ejército de adictos. Vencida de nuevo, se refugió en Inglaterra, fiada en las buenas palabras de Isabel (1568). La reina de Inglaterra jugó hábilmente con María. Si ciertamente María suponía para ella un peligro, como punto de apoyo de la política contrarreformista de Felipe II en Inglaterra, era también en sus manos un precioso rehén para contener a este poderoso enemigo.

María estaba ligada, por los Guisa, aunque indirectamente, a los destinos de Francia, nación a la que Felipe II deseaba tener políticamente anulada, y por ello el rey de España nunca pudo apoyar libremente a la reina de Escocia. Tan solo intervino en las conspiraciones que los Guisa, el Papa y algunos católicos ingleses tramaron contra Isabel, intentando también libertar a la reina de Escocia.

En 1577 María otorgó un testamento por el cual desheredaba a su hijo Jacobo en favor de Felipe II, caso de que no abjurara el calvinismo. Isabel hizo que el Parlamento aprobara una ley que imponía la pena de muerte para toda persona en favor de la cual se conspirase, para eliminarla. Descubierta una conspiración en este sentido, María fue juzgada por un tribunal extraordinario, al que ella, dignamente, se negó a someterse. El tribunal la condenó, valiéndose de falsos testigos y de cartas adulteradas. Isabel repugnaba aparecer responsable de la sentencia y fue necesario que el Consejo Privado, sin consultarla, ordenara su ejecución (febrero, 1587).

VÁZQUEZ DE PRADA, Valentín, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo F-M, págs. 905-906.