Margarita de Parma

Datos biográficos

Gobernadora de los Países Bajos
Nacimiento: 28-XII-1522
Fallecimiento: 28-I-1586

Biografía

Retrato de Margarita de Parma por Antonio Moro.Retrato de Margarita de Parma por Antonio Moro.

[Oudenarde (Países Bajos)-Ortona (Italia)]. Hija natural del emperador Carlos V y de una joven de la familia Van der Gheyst, tenía cierto aire varonil. Casó en primeras nupcias con Alejandro de Médicis, duque de Florencia (1536), y, asesinado este (1537), contrajo un segundo matrimonio con Octavio Farnesio (1539), nieto del papa Paulo III, que, a la muerte de su padre, Pedro Luis (1547), fue duque de Parma y Plasencia; esta es la causa de que se la conozca con el nombre de Margarita de Parma. De este segundo matrimonio nació Alejandro Farnesio (Roma, 27 agosto 1545). Residía Margarita en los Países Bajos, en el momento en que su hermano Felipe II, convertido ya en monarca español, abandonó el país para dirigirse a España. La incompatibilidad de caracteres entre Felipe II y la población de los Países Bajos hizo temer a esta que su seigneur naturel, considerado demasiado español, llegara a una absorción dentro de la monarquía hispánica de las provincias de este territorio, y tendieron por ello a subrayar en una actitud recelosa, viejos privilegios, usos y costumbres, que Felipe II, en un principio, no intentó alterar. Para disipar inquietudes, Felipe II escogió como gobernadora del país que abandonaba a su hermana Margarita, nacida y educada en él (septiembre de 1559).

Desde el primer momento, Margarita comprendió la necesidad de una política contemporizadora y de atracción, y, de acuerdo con su hermano, buscó la colaboración de la alta nobleza indígena a través, sobre todo, del Conseio de Estado, que con el de Hacienda y el llamado Privado, habían de ayudarla en su labor. Esta nobleza, fuertemente imbuida del principio legitimista, tenía prácticamente en sus manos los instrumentos ejecutivos del gobierno, pues sus miembros servían como gobernadores, con un mando militar y civil (Staholder) en las distintas provincias. Tal nobleza, a través de sus hombres más significados (como Orange, Egmont, Horn, etcétera), procuró hacer compatible, desde el Consejo de Estado, una política de colaboración con el rey con su actitud crítica frente a algunas determinaciones del soberano.

Un partido más intransigente y más hostil a Felipe II, integrado por la nobleza inferior y los burgueses, partido que, por motivos distintos, tomaba en algún caso un color protestante y que aparecía, en el aspecto político, más irreductible, sometió a una fuerte presión a la alta nobleza gubernamental. Esta explotaba la inquietud de los elementos más radicales para perseguir reivindicaciones políticas frente a la corte española. Valiéndose de su ascendiente sobre los extremistas, los hombres de la alta nobleza se ofrecían al rey y a la gobernadora en calidad de freno, pero no dejaban de cultivar, más o menos abiertamente, a los elementos de la oposición intransigente, por si algún día, hecho imposible todo acuerdo con la corte, hubiera de contarse con ellos. Para evitarlo, Margarita se esforzó en todo momento por salvar la colaboración con los elementos moderados, y se hizo en la mayoría de los casos portavoz de sus aspiraciones ante Felipe II.

La dificultad mayor de esta política estribaba en la imposibilidad de que Felipe II pudiera otorgar las concesiones de carácter religioso que los nobles flamencos preconizaban; pero el rey español hizo compatible esta actitud, en este período, con un respeto escrupuloso a los privilegios políticos. Persistió el mantenimiento de los edictos contra la herejía en su decisión de reorganizar las diócesis (1561) y en su empeño de hacer aceptar en el país los decretos del Concilio de Trento, pero recibió cortésmente a los emisarios de la nobleza (Montigny, 1562, y Egmont, 1565), y cedió en lo referente a la retirada de las tropas españolas (1560) y en la destitución del cardenal Granvela, el consejero y primer ministro de Margarita, que era blanco de la oposición de quienes no se atrevían a apuntar todavía contra el rey.

Solo cuando estuvo a punto de perder la colaboración de los altos magnates, ante unas discusiones de Orange, Egmont y Horn como consejeros de Estado, sugirió Margarita a Felipe II la necesidad de la salida de Granvela, para lo que envió a España a su secretario Armenteros (1564). La calma que siguió a este acontecimiento se interrumpió cuando el rey insistió en la aplicación inmediata de los decretos tridentinos (1565). La alta nobleza católica adoptó una actitud pasiva y contempló con cierta benevolencia la agitación de la nobleza menor que, agrupada en una Liga en virtud del compromiso de Breda (1566), se dispuso a actuar contra la política religiosa de Felipe en el país, sin romper en teoría su acatamiento al soberano.

EI banquete del palacio de Culemburgo en Bruselas y la solicitud, en contra de las disposiciones reales, presentada por un grupo numeroso de nobles a la gobernadora en la misma ciudad (8 abril 1566), fueron manifestaciones ruidosas que inquietaron a Margarita. Los disturbios populares que siguieron a esta agitación nobiliaria, con asaltos de iglesias y ruptura de imágenes, indignaron al rey. Los magnates que colaboraron con Margarita se sintieron desbordados, en general gustosamente, y como tenían en sus manos los instrumentos ejecutivos de gobierno, usaron de ellos, a juicio de Felipe II muy débilmente, para reprimir los disturbios.

A partir de este momento el monarca español comprendió que no podía establecer una armonía en el aspecto político cuando en el problema se mezclaban cuestiones religiosas, y empezó a ver rotundamente bajo un mismo prisma a moderados y exaltados como un obstáculo para el afianzamiento del catolicismo en el país. En aras de la unidad religiosa abandonó su postura de contemporización política y no dudó en hacer entrar en el país un ejército español para asegurar el triunfo del catolicismo. El duque de Alba, designado para mandarlo, despreciaba a los magnates flamencos, no tenía ningún interés en entenderse con ellos y estaba decidido a llegar a una ruptura con los más significados. Cuando se presentó con sus fuerzas en Bruselas, Margarita comprendió que el Gobierno iba a estar verdaderamente en manos de este. Aunque no identificada, se hallaba muy vinculada a los magnates del país. Representaba una política de inteligencia con aquellos en momentos en que se iniciaba una ruptura, y en que alguno, como Orange, abandonaba una postura moderada para tomar la dirección de la oposición radical, en actitud de rebeldía.

La consecuencia de todo fue su dimisión como gobernadora (agosto, 1567). Retirada en Italia, en el reino de Nápoles, mantuvo cordiales relaciones con su hermanastro don Juan de Austria, a quien conoció durante su actuación como generalísimo de la Santa Liga. Llegó a conocer las primeras actuaciones de su hijo, Alejandro Farnesio, como gobernador de los Países Bajos, y residió en ellos nuevamente una temporada. Vuelta a Italia, murió en Ortona el 18 de enero de 1586, el mismo año que su marido.

CORRAL CASTANEDO, Alfonso, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo F-M, págs. 888-890.