Juana de Portugal

Juana de Portugal.Juana de Portugal. Reina consorte de Castilla

JUANA DE PORTUGAL, reina de Castilla (1439-1475;1455-1474) [Almada Madrid]. Segunda mujer de Enrique IV; hija póstuma del rey don Duarte. Nació en Almada, donde se había refugiado contra la peste la familia real portuguesa. Pasó su juventud en Toledo con su madre doña Leonor de Aragón, que murió en esta ciudad en 1445. En enero de 1455 se firmó en Lisboa el contrato matrimonial por el capellán Fernán López de Jordán, ratificado el 25 de febrero en Segovia por el rey castellano. El 20 de mayo de este mismo año les desposaba en Córdoba el arzobispo de Sevilla don Alfonso Fonseca, y tres días después les velaba el arzobispo de Tours, que seguía en nuestra corte como embajador de Francia. En esta ciudad y en Sevilla fue festejada con los regocijos y alardes propios de una edad caballeresca. Según el unánime elogio que hacen de ella viajeros y cronistas, fue mujer de espléndida belleza, pero sus maneras afables y desenvueltas encajaron mal en el ambiente severo de Castilla y dieron lugar a murmuraciones que habían de tener en el porvenir las más serias consecuencias.

En febrero de 1462 nació su hija doña Juana, conocida en la historia con el sobre nombre de laBeltraneja, por haberse designado como padre de la niña a don Beltrán de la Cueva, favorito del rey. En la lectura detallada de las crónicas no se encuentra argumento serio para atacar en estos años la conducta de la reina, basándose todo en atrevidas suposiciones en las que entran por igual su fama de liviana y la duda sobre la virilidad del monarca. La pasión política culminó al comentarla, ya que de ello dependía el fallo del pleito de la legitimidad de su hija y la legalidad del régimen que sucedió a Enrique IV. Frente a este problema, que siempre ha interesado hondamente, las opiniones se dividen en dos bandos.

Algunos cronistas de la época, especialmente Alonso de Palencia, al que siguieron Hernando del Pulgar y Mosén Diego de Valera, fueron los propagadores de la escabrosa especie. De los historiadores posteriores, unos la han seguido fielmente, pero no ha faltado quien sospecheque gran parte de esta fábula se forjó en gracia a don Fernando y doña Isabelpadre Mariana, Historia general de España, Madrid, 1780, libro 22, cap. XX.Entre los comentaristas modernos existe la misma disparidad; uno de ellos resume en breve y certero comentario el asunto de la paternidad de laBeltraneja:Si era o no de hecho hija de Enrique IV, arcano genésico en cuya recóndita intimidad no permite que lo esclarezca la crítica históricaLlanos y Torriglia, Así llegó a reinar Isabel la Católica, Madrid, 1927, pág. 68.Orestes Ferrara cree decididamente que la reina fue calumniada y que su hija lo era del reyUn pleito sucesorio. Enrique IV, Isabel de Castilla y la Beltraneja, M., 1945;Gregorio Marañón cree quequedará en un misterio perdurable el problema de la legitimidad de laBeltraneja, pero que es posible que fuera hija de Enrique IVEnsayo biológico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo, M., 1934, pág. 77.

En los años siguientes ayudó a su marido en varias empresas. En 1464 le acompañó a Guadalupe para procurar el matrimonio de su hermano Alfonso V con doña Isabel, y al año siguiente pasó a Portugal en busca de socorros contra los nobles rebeldes que habían alzado en Ávila por rey al infante don Alfonso. El año 1467 fue decisivo para su porvenir; contra su voluntad, y como garantía de las negociaciones entre los bandos, es dada en rehenes al arzobispo don Alfonso de Fonseca, que la depositó en el castillo de Alaejos, en el que estuvo hasta la muerte del infante.

Allí fue enamorada por un sobrino del prelado, biznieto de don Pedro el Cruel, llamado don Pedro de CastillaEl Mozo. De acuerdo con él y con don Luis Hurtado de Mendoza, se fugó del castillo, haciéndose descolgar por uno de sus adarves, refugiándose en Buitrago, donde estaba su hija, en poder del conde de Tendilla. Esta decisión fue, en gran parte, la causa que motivó la reunión y el pacto de losToros de Guisando, en el que, tras reconocerse como heredera a doña Isabel, se acordaba su separación deEnrique IVy su envío a Portugal, por quees público e manifiesto que la Reina Doña Juhana, de un año a esta parte, non a usado limpiamente de su personaReal Academia de la Historia; Colección Diplomática de Enrique IV; documento 152;de esta afirmación parece deducirse que antes su vida había sido recatadaSitges, Enrique IV y la excelente señora, Madrid, 1919, pág. 113.Protestó por sí y por su hija de los acuerdos de Guisando y pretendió la nulidad de lo hecho, llegando a apelar hasta al pontífice Paulo II.

Vivió dos años en los estados de los Mendoza, fieles a su partido, y conservó a su lado a don Pedro de Castilla, del que tuvo dos hijos: don Apóstol y don Pedro. Reapareció en la corte en 1470 tomando parte activa en el desposorio de su hija, con el duque de Guyena. Trasladada a Madrid, vivió retirada en una casa contigua al convento de San Francisco, en la que falleció el 13 de junio de 1475, siendo enterrada en el altar mayor de la iglesia. Su sepulcro y restos desaparecieron al levantarse el templo actual. Poco antes de morir hizo testamento, que se conserva y está publicado en laColección de Documentos inéditos, t. 24, pág. 470;en él encomendaba a su hija el cumplimiento de su última voluntad, y se firmabaLa triste Reina. La Historia, en general, ha tratado duramente su figura y son raros los escritores que, como el padre Flórez o Marañón, adoptan una actitud francamente reivindicativa.

VILLA, Justa de la, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. F-M, págs. 593-594.