Cristina de Habsburgo

MARIA [CRISTINA DE HABSBURGO-LORENA], reina y regente de España (1858-1929; 1877-1885, 1885-1902) [Gross-Seelowitz-Madrid). Archiduquesa de Austria y reina de España.

Nació el 21 de julio de 1858 en Gross-Seelowitz (Moravia). Recibió una educación esmerada. Francisco José la nombró, siendo muy joven, abadesa del Capítulo de nobles Canonesas de Praga. Habiendo muerto la reina María de las Mercedes, primera mujer de Alfonso XII, en junio de 1878, los embajadores buscaron nueva reina para la corona de España, eligiendo a la archiduquesa de Austria María Cristina. Si no era bella, escribe el conde de Romanones, era atractiva, porque la distinción suprema de su persona refluía en toda su figura. La discreta regente de España, Madrid, 1944.

El regio enlace se celebró en Madrid, en la basílica de Atocha, el 29 de noviembre de 1878. Solo seis años duró el matrimonio, pues el 26 de noviembre de 1885 moría en El Pardo Alfonso XII. Había dado a luz doña María Cristina dos niñas y quedaba, al morir el rey, encinta. La corrección constitucional de Cánovas y la lealtad y talento político de Sagasta, Martínez Campos y Castelar, tras el llamado Pacto de El Pardo, permitieron, juntamente con la discreción de doña María Cristina, que se salvara la difícil situación política planteada por la muerte de Alfonso XII, a los diez años de instalada de nuevo la monarquía, entregando, por lo pronto, el Poder al partido liberal, hasta que, en la primavera de 1886, nacía póstumo el hijo de Alfonso XII, que habría de ocupar el trono con el nombre de Alfonso XIII.

Desde 1885 hasta 1902, ocupó doña María Cristina la más alta magistratura nacional con el título de Reina Regente. Su intervención personal en el gobierno fue escasa, manteniéndose estrictamente dentro de los límites que le trazaba la Constitución de 1876, y apenas si, biógrafos sutiles, como el citado conde de Romanones, nos dejan entrever las preferencias de la Regente. Así como Cánovas había sido el hombre de la Restauración, puede decirse que Sagasta fue el de la regencia.

Durante esta, gobernó el partido liberal largos períodos y promulgó algunas leyes de carácter avanzado, como la ley del Sufragio Universal, la de Asociaciones y la del Jurado. En 1888 se inauguró la gran Exposición Universal de Barcelona, que tanto influyó en el progreso industrial de la región catalana. No acalladas del todo las conspiraciones cuarteleras que con el nombre de pronunciamientos tanto perturbaron la política española del siglo XIX, hubo de padecer todavía la regencia la sublevación del brigadier Villacampa, terminada con un gesto generoso de la reina. No estuvo, por otra parte, en su mano impedir los levantamientos coloniales y el desastroso fin de las guerras de Cuba y Filipinas, por las que su nombre va unido en la Historia al llamado desastre del 98.

Es evidente que la austeridad de su carácter y lo selecto de sus aficiones la hicieron vivir en un cierto aislamiento, pero a su intachable conducta como esposa, como madre y como regente nadie ha podido poner reparo alguno. Los que la querían motejar no pudieron llamarla otra cosa que doña VirtudesM. Fernández Almagro, Cánovas. Su vida y su política, Madrid, 1951, página 437. Las grandes catástrofes ocurridas en su tiempo, en modo alguno le son imputables, y menos aún el giro que tomó la política española desde 1902 a 1929, años en que, alejada del Poder, tal vez solo intervino indirectamente en la vida pública, con algún acertado consejo o con algún reproche a su hijo, el monarca reinante. Su figura ha dejado en la historia de España un halo de merecido respeto.

VILLA, Justa de la, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. F-M, pág. 900.