Catalina de Aragón.Catalina de Aragón por Michel Sittow

CATALINA DE ARAGÓN, reina consorte de Inglaterra (1485-1536; 1509-1536 ). No fueron afortunados los hijos de los Reyes Católicos: el primogénito Juan, muerto en la flor de la juventud; Isabel, en el parto que podía decidir los destinos de España y Portugal; Juana, ensombrecida por su mente insegura; Catalina... Piadosa, prudente, firme y constante, se vio repudiada por un monarca ebrio de orgullo y de pasión en el ultraje más inmerecido que haya recibido una esposa.

Partió para Inglaterra en 1501, cuando en la fantasía de sus quince años el mundo se abría con suavidades de rosa, iguales a las de la brisa que acariciaba su agraciado rostro en el puente de la nave que la conducía a los brazos de su prometido esposo, el príncipe Arturo, heredero de la Corona. Desembarcó en Plymouth en los primeros días de octubre y el príncipe de Gales la recibió en matrimonio el 14 de noviembre en Londres. El país de Gales cobijó la luna de miel de los dos muchachos. De repente, la muerte que se abate sobre Arturo y la novia que reviste el luto de la viudez el 2 de abril de 1502.

El nuevo heredero del trono, el futuro Enrique VIII, se promete a la viuda el 25 de junio de 1503. ¿ Amor juvenil o exigencias de la razón de Estado ? Lo desconocemos. Lo cierto es que la infeliz Catalina es víctima por vez primera de la política internacional y de los intereses dinásticos. Mientras su suegro regatea con su padre, quien no puede hacer nada para aliviar su desgraciada situación, Catalina vive como un rehén, en medio de la más extrema mediocridad económica, rayana en la pobreza. Finalmente, muere Enrique VII, y se consuma el matrimonio de Catalina con Enrique VIII (11 de junio de 1509). ¿Habrá llegado la felicidad para la triste joven de veinticuatro años?

No lo parece. Su vida privada, en los primeros años relativamente feliz, se ve enlutada por la muerte de los hijos — entre los cuales dos varones — que da al rey de Inglaterra desde 1510 a 1518. De ellos sólo sobrevive María, nacida en 1516. Su esposo empieza a preocuparse por la falta de sucesión masculina y proyecta por vez primera la disolución del matrimonio. Por otra parte, las relaciones entre los dos esposos se agrían, pues Enrique VIII culpa a Catalina de cuantos tropiezos comete en su política internacional.

En 1525 Enrique VIII se afirma en su propósito, tanto por razones de política interna —evitar un posible retorno a la guerra civil de las Dos Rosas— como por sus veleidades amorosas, que le han llevado a pretender a una dama de su corte, Ana Bolena. El 22 de junio de 1527, después de unos primeros tanteos cerca de la Curia romana, el rey comunica a su esposa que deben separarse porque hasta la fecha han vivido en incestuoso pecado mortal. ¿En pecado mortal la virtuosa dama castellana? Catalina no se deja convencer. Con la entereza y dignidad de una reina rechaza aquellas inculpaciones, y se opone a entrar en un convento, como pretenden los que desean desembarazarse de su persona, el rey a la cabeza. Por el contrario, comparece ante el tribunal nombrado por Roma para tratar del divorcio y defiende con energía sus derechos. El Pontificado le da la razón. Para lograr sus propósitos, Enrique VIII habrá de saltar por encima de la Iglesia. Se separa de la catolicidad en 1531 y el 23 de mayo de 1533 el arzobispo Cranmer declara la nulidad del matrimonio.

Aquel acto, de inicuidad pocas veces registrada, hace aumentar las simpatías que los ingleses profesan a su reina. Catalina es un estorbo para Enrique VIII y sus secuaces. Se la traslada de ciudad en ciudad, se la separa de su hija, se la acecha y se la amenaza con la muerte. Finalmente, sus perseguidores logran sus propósitos. La vida de Catalina se consume el 8 de enero de 1536, en Kimbolton. Pero no lograron someter el ánimo de aquella gran señora, cuyo último gesto fue perdonar al culpable de sus desdichas.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, T. I, pág. 257.