Carlota Joaquina I

Carlota Joaquina de Borbón.Carlota Joaquina de Borbón

CARLOTA JOAQUINA, reina de Portugal (1775-1830) [Madrid-Queluz]. Hija de Carlos IV y de María Luisa de Parma, casó en 1785 con el que había de ser Juan VI de Portugal, matrimonio patrocinado por Floridablanca para conseguir la alianza portuguesa. No era hermosa, pero sí dotada de gracia e ingenio y se le atribuyó una conducta inmoral, quizá denigraciones de sus enemigos. Fue muy aficionada a intervenir en política, enérgica, tenaz y ambiciosa. Hijos suyos fueron Pedro, luego rey de Portugal (Pedro IV) y primer emperador del Brasil; Miguel, rey de Portugal; María Teresa, princesa de Beira, casada con su primo Pedro Carlos —de quienes fue hijo el infante don Sebastián — y en segundas nupcias con don Carlos, su cuñado; María Isabel, reina de España por su boda con Fernando VII, y María Francisca, primera esposa de don Carlos.

En 1806 conspiró la nobleza portuguesa para elevarla a la regencia, por enfermedad de don Juan y temiendo que cayera en la locura como su madre, lo que le atrajo el odio de su marido, que en adelante vivió separado de ella, aunque no oficialmente. Por ello, acompañó a la familia real portuguesa al Brasil en 1807. En América su actuación fue de gran importancia. Al establecerse la Corte en Río de Janeiro (marzo de 1808) apoyó la pretensión de don Juan de imponer su protección al Río de la Plata para que no cayera en poder de Napoleón, lo que rechazó Liniers, pero ella no sostuvo luego tal pretensión.

Al ocurrir la invasión de España por Napoleón y las abdicaciones de Bayona, era Carlota el único miembro libre de la familia real española, y en tal calidad aspiró a la regencia, ya de España, ya de la América española o por lo menos del Río de la Plata; aquí apoyó sus pretensiones un grupo de patriotas, encabezados por Rodríguez Peña, refugiado en Río, y en que participaban Belgrano, Vieites, Castelli, Paso, y quizá Moreno, pero cuyo objetivo era conseguir la independencia por ese procedimiento y ofrecieron a Carlota coronarla reina del Plata (1808); se dio ella cuenta de sus intenciones y los denunció a las autoridades españolas; no obstante, aún siguieron los tratados en 1809.

Goyeneche fue partidario suyo, pero al exponer sus pretensiones en Charcas provocó la insurrección de 1809 (Bolivia. Independencia). En adelante, ella aspiraría constantemente a la regencia, pero chocaría con el recelo que inspiraba ser la esposa del regente de Portugal y de hecho el soberano, dadas las agresiones portuguesas en la América Española; una proclama suya de 1808, en la que alegaba sus derechos, apoyándose en la no publicada abolición de la ley sálica, no tuvo resonancia, pues habiéndose jurado a Fernando VII pareció un intento de usurpación.

Sin embargo, Carlota lo que deseaba era conservar aquellos países para su hermano y no arrebatárselos, y en último término, si se perdía España, conservarlos para la dinastía; por ello, al comenzar la revolución de independencia se mostró enemiga de ella y procuró por todos los medios a su alcance, apoyar a los leales: así sostuvo a Elío y Vigodet en el Uruguay, enviándoles el dinero que sacó vendiendo sus joyas, y una imprenta. En tal actitud contó con el apoyo, interesado, de don Juan, que veía una ocasión oportuna para la expansión portuguesa y de ahí la primera intervención militar portuguesa en la Banda Oriental (Uruguay. Independencia), y tras el armisticio de 1811 apoyó su continuación allí.

En su actitud contó con la hostilidad del embajador inglés Strangford, decidido partidario de la independencia del Río de la Plata. A su vez el embajador español Casa Irujo se vio obligado por las órdenes de los gobiernos españoles de la época a contrariar sus intervenciones. La doble política de don Juan le llevó a apoyar unas veces a su esposa, cuando le convenía, o en otras a presentar las pretensiones dinásticas de su sobrino Pedro Carlos y luego de su propio hijo don Pedro, con el pensamiento de unir el Río de la Plata al Brasil o incluso las coronas de Portugal y España, con predominio de los Braganzas, Carlota rechazo en 1811 una petición de su marido de que le cediera sus derechos sucesorios. Por el fracaso de sus gestiones, a partir de 1812 adoptó Carlota una actitud de altiva reserva y cesó de intervenir activamente en los asuntos americanos.

En España, Floridablanca, presidente de la Junta Central, vio con simpatía sus aspiraciones a la regencia, pero no tuvo efectividad, pues no se quería un miembro de la familia real al frente de ella, en especial cuando se reunieron las Cortes de Cádiz, para evitar los liberales la oposición a las reformas; sin embargo, reconocieron sus derechos al trono en tercer lugar, mientras excluían a sus hermanos menores; ella felicitó a las Cortes por la promulgación de la constitución. En las Cortes tuvo partidarios entre los diputados americanos, que deseaban su regencia para favorecer la emancipación o la política favorable a América, pero fracasaron sus intentos, y se acordó oficialmente la citada exclusión de los infantes de la regencia.

Al regresar Fernando VII a España, Carlota siguió defendiendo sus intereses en América, frente a las ambiciones de su marido; en 1814 Vigodet y fray Cirilo Alameda, más tarde arzobispo de Toledo, le sirvieron de intermediarios para el matrimonio de sus hijas con Fernando y Carlos, aspirando ella a venir a España también, quizá para ayudar en el gobierno de su hermano. El viaje de las princesas y la boda se efectuaron en 1816, pero no consiguió por ello Carlota evitar que don Juan invadiera de nuevo el Uruguay sin hacer caso de los derechos de España, ni apoyar una soñada reconquista española del país ni venir a la Península.

En 1821 regresó a Portugal con Juan VI, al obligar a este a hacerlo el nuevo régimen liberal, pero enemiga de él intrigó en sentido absolutista negándose a jurar la constitución de 1822, por lo que se pretendió desterrarla; entre 1821 y 1826 sería el alma de la reacción y alentaría las conspiraciones contra el nuevo régimen, como laVillafrancadade 1823, coincidente con la invasión francesa en España; quedó viuda en 1826 y su primogénito don Pedro laboró en favor de su hijo Miguel, quien al hacerse cargo de la regencia, y luego de la corona (1828), la mantuvo en el ostracismo.

Nacida, como dijo Oliveira Lima, para ser una Isabel de Inglaterra o una Catalina de Rusia fracasó por la hostilidad de su marido y de sus enemigos y fue mantenida apartada de los terrenos en que anhelaba actuar y en los que se sentía con energías suficientes. Por los motivos dichos, ha contado con la sistemática denigración de los historiadores argentinos, brasileños y liberales portugueses, hasta presentar de ella una imagen monstruosa, de la que han intentado liberarla los integralistas portugueses, como João Ameal, y en España Julián M. RubioLa infanta Carlota Joaquina y la política de España en América, Madrid, 1920;y Carlos Seco,Doña Carlota Joaquina de Borbón y la cuestión uruguaya,Revista de Indias, núms. 28-29, 1947.

PUENTE O´CONNOR, Alberto de la - EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. A-E, págs. 724-726.