JUAN DE CASTILLA. ?, ¿1264? sup. – Granada, 25.VI.1319. Infante de Castilla, conspirador y tutor real.

Hijo de Alfonso X y de la reina Violante, casó en primeras nupcias con Margarita de Monferrato, enviudó y volvió a contraer matrimonio en 1287 con María López de Haro, heredera del señorío de Vizcaya.

Fue un personaje de intensa vida política que protagonizó múltiples iniciativas conspiradoras en el marco de los reinados de Sancho IV, Fernando IV y en la minoría de Alfonso XI.

Comenzó a tener alguna presencia política con motivo de la sublevación del infante Sancho contra su padre en 1282, apoyando inicialmente a su hermano en su reivindicación del trono. Sin embargo, tras los evidentes signos de debilidad del partido sanchista después del primer año de conflicto, retornó a la obediencia paterna, lo que motivó que su padre lo incluyera en su testamento con el otorgamiento para él de un reino formado por los territorios de Sevilla y Badajoz, aunque no parece seguro que estuviera en la cabeza del Rey que éstos fueran una realidad política diferenciada, sino más bien que constituyesen una especie de señorío bajo la soberanía del rey castellanoleonés.

Habiendo intentado proclamarse Rey en Sevilla en 1284, tras la muerte de su padre, la ciudad y los nobles allí presentes se negaron a secundarle, por lo que cuando el nuevo Monarca se encaminó hacia Andalucía para pacificar los últimos focos de resistencia que se le oponían, se apresuró a ir a recibirlo a Córdoba para mostrarle su acatamiento.

Tras el encumbramiento político del señor de Vizcaya Lope Díaz de Haro en 1287, permaneció como estrecho aliado suyo hasta la muerte de éste en 1288.

Precisamente en el contexto de la elevación de Lope a una situación, de hecho, de principal privado del Rey, se concertó la boda de Juan con la hija primogénita del señor de Vizcaya, a fin de asegurar la vinculación familiar del nuevo privado con el linaje regio.

Durante esos dos años, el infante se movió en estrecha sintonía con los intereses políticos de Lope. Es por ello que la pérdida de la confianza regia por Lope también conllevará la caída política de Juan por algún tiempo. Conspirando, en connivencia con el señor de Vizcaya, a favor de la alianza castellana con Aragón, en contra del criterio regio, que propugnaba la alianza con el rey de Francia, perdió definitivamente el favor de Sancho; mientras tanto, por encargo de Lope, llevará a cabo actividades de rapiña en las tierras de Salamanca, a fin de favorecer un ambiente de inquietud en el reino. Así, cuando se produjo la denominada tragedia de Alfaro, el 8 de junio de 1288, participa personalmente en el enfrentamiento armado con el Rey y sus caballeros, que le costaría la vida a Lope; sólo la oportuna intervención de la reina María de Molina evitará la muerte del infante, que será apresado por orden real.

Recuperada la libertad, a comienzos de 1293 encontró un nuevo aliado para volver a conspirar contra el monarca castellano. En esta ocasión será un Lara, Juan Núñez el Mozo, emparentado con la reina María.

Tras iniciar las hostilidades contra el Rey, huirá a Portugal, para refugiarse en Braganza. Si en marzo de este año se había reconciliado con el Rey tras entregarle en garantía de su fidelidad diversas plazas, en julio ya estaba otra vez alzado contra el Monarca, intento que fracasó de nuevo y otra vez protagonizó una nueva huida a Portugal, desde donde se embarcará, primero con la intención de ir a Francia, pero finalmente terminó por acogerse a la protección del rey de Marruecos, Aben Yacub, con el que se comprometerá a colaborar de cara a las campañas militares sobre la Península que proyectaba. Por ello participará en compañía de los meriníes en el asedio de Tarifa, lo que lo distancia definitivamente de Sancho IV.

La muerte del Rey en 1295 se convierte en una nueva oportunidad para el infante Juan de reiniciar con mayor intensidad la actividad conspiradora con el objetivo de aprovechar la minoría real para reivindicar sus derechos al trono. Para ello, entrará en Castilla con el apoyo de fuerzas granadinas, en dirección a Portugal para obtener el reconocimiento de tales derechos por el rey luso Dionís en Guarda, donde mantuvieron una entrevista ambos y concertaron alianzas que se vieron alteradas tras el cambio de posición de Dionís, tras la mediación por iniciativa de María de Molina del infante Enrique, a favor de Fernando IV, comprometiéndose, además, la boda de éste con la hija del rey portugués, Constanza. Ante esta situación, el infante Juan renunció a sus pretensiones, acatando en Salamanca a Fernando IV, lo que le deparó el perdón real y la recuperación de su extenso patrimonio.

Pronto vuelve a la conspiración, al tomar la iniciativa de reunir un ayuntamiento, a veces mal denominado Cortes, en Palencia, con el objeto de conseguir el mayor apoyo posible para su idea de dividir el reino, postulándose como rey de Galicia, León y Sevilla. Sin embargo, el escaso apoyo concejil obtenido obligó a Juan a abandonar Palencia, retirándose a Villalobón, una aldea cercana, mientras los concejos reunidos en Palencia acordaban negar su apoyo al infante y reconocer los plenos derechos de Fernando IV, tras lo cual el infante Juan, junto con otros varios nobles, tomarán la opción de apoyar como alternativa al trono a Alfonso de la Cerda, nieto de Alfonso X.

Así se iniciará un largo período de hostilidades bélicas con asalto y toma de diversas poblaciones y fortalezas por el infante y sus partidarios, esto provocó una situación de verdadera guerra civil, en la que el infante Juan se aliaría alternativamente con el rey portugués, Dionís, y con el aragonés Jaime II, aunque con escaso éxito político y militar. Hasta 1300 se mantuvo en su enfrentamiento con María de Molina y Fernando IV, año a partir del cual se integra en la Corte de Fernando IV, y logra una gran influencia política junto al Monarca. Será por ello que tendrá una influencia decisiva, cuando en nombre del rey castellano negocia en Tarazona con Jaime II de Aragón, en la consecución de un acuerdo que favoreciese la conclusión del conflicto con el infante Alfonso de la Cerda y con su más importante sostenedor, el rey de Aragón. Resultado de estas mediaciones será la sentencia arbitral de Torrellas en 1304, con intervención del rey de Portugal, cuya consecución había quedado asegurada, en realidad, en las conversaciones entre el infante Juan y Jaime II. Por entonces, ante la juventud e inexperiencia del monarca castellano, Juan se había convertido en el hombre clave en la gobernación del reino, ejerciendo una influencia decisiva en todas las iniciativas regias.

En esta situación de práctico valimiento o privanza del infante Juan en la Corte castellana, entre los años 1305 a 1307, plantea su vieja reivindicación de los derechos que por vía conyugal tenía al señorío de Vizcaya, ahora en manos de Diego López de Haro, como consecuencia de cierta permuta por otras posesiones, a la que ahora Juan negaba validez. Durante estos años, el conflicto de Vizcaya está continuamente presente en la política castellana, planteando diversas ramificaciones que amenazaban la cohesión nobiliaria.

Así, en 1307 se alcanzará un acuerdo por el que, a la muerte de Diego López de Haro, María Díaz, mujer del infante Juan, se convertirá en señora de Vizcaya, lo que sucedió en 1310.

La pronta muerte de Fernando IV transforma al infante Juan en tutor real en 1312 en la minoría de Alfonso XI, con lo que consiguió atraerse el apoyo de algunos de los nobles más influyentes de la Corte, trató de convertirse en tutor único del Rey, en detrimento del infante Pedro, su sobrino, con el que, finalmente y en contra de su criterio, se verá obligado a compartir dicha tutoría.

En 1319, los tutores tomaron la decisión de iniciar una ambiciosa campaña militar contra Granada. Tras un avance inicial muy rápido, el 25 de junio las operaciones cambiaron de signo en contra de los intereses castellanos. Ese mismo día, el infante Pedro moría tras caerse del caballo. Al recibir la noticia el infante Juan sufrió una apoplejía de la que morirá antes de llegar el día siguiente, originándose una apresurada desbandada del ejército castellano, hasta el extremo de perderse el cadáver del infante que será recuperado más tarde y enterrado en Burgos, en la iglesia de los franciscanos. Se casó el 10 de enero de 1287 con María Díaz de Haro y nacieron de este matrimonio Lope, que murió joven; María, que se casó con el tercer Juan Núñez de Lara; y Juan, conocido como el Tuerto, tutor de Alfonso XI.

NIETO SORIA, José Manuel, «Infante Don Juan», en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico (en red, https://dbe.rah.es/biografias / 15389/juan-de-castilla)