Marqués de Villena

Datos biográficos

Valido de Enrique IV
Nacimiento: 1419
Fallecimiento: 4-X-1474

Biografía

Del retrato que nos han legado sus contemporáneos, se desprende que Juan Pacheco, marqués de Villena, era hombre de trato afable y dulce, de palabra elocuente y de fecunda imaginación para inventar intrigas y promover disturbios. Sagaz, avieso y torcido, disimulado y astuto, sereno ante la adversidad, acomodadizo a todas las situaciones pero perseverante en sus propósitos, don Juan fue el alma de las conspiraciones que perturbaron los últimos años del reinado de Juan II y el espíritu maligno de la época de Enrique IV, de quien fue privado, principal adversario y dominador en toda circunstancia. Pudo ser el Álvaro de Luna del Impotente, pero le faltaron las grandes dotes políticas del Condestable de Castilla y, en partucular, su firmeza de gobernante y su aguda visión de futuro. Se limitó, pues, a medrar y a atizar las discordias políticas que podían redundar en provecho propio.

Escudo de los marqueses de Villena de la familia PachecoEscudo de los marqueses de Villena de la familia Pacheco

Hijo de Alfonso Téllez de Girón, señor de Belmonte, entró en la corte de Juan II de Castilla como paje de don Álvaro de Luna, el cual, percatándose de las dotes del muchacho y disponiéndose a utilizarlas para sus fines, le puso al lado del heredero del trono, el príncipe Enrique. Juan Pacheco se captó muy pronto la privanza del infante, que pensó aprovechar para sus propios fines y no en servicio de los del condestable. Así fomentó desde 1440 las intrigas que se anudaban alrededor del príncipe de Asturias contra Juan II y don Álvaro.

Intervino en la sublevación de 1441 y en el segundo destierro del favorito del monarca. Pero luego, viendo que el poder había recaído en el rey de Navarra, inclinó el ánimo del príncipe de Asturias a favor de los conjurados reunidos por el obispo de Ávila, Lope de Barrientos. En consecuencia, participó en la lucha de la monarquía contra la nobleza en los campos de batalla de Olmedo (1445), y fue favorecido a raíz de esta victoria con el título de marqués de Villena.

El triunfo de Olmedo consolidó el poder de don Álvaro, lo que produjo nuevas intrigas del marqués. En 1448 el condestable se confederó con este y con Alonso de Fonseca, obispo de Ávila, para gobernar a placer al rey y al heredero y alejar de la corte a los nobles sospechosos de amenazar su preponderancia.

Esta claudicación del condestable dio alas al marqués de Villena, quien en 1449 fue alma de la segunda gran confederación contra la privanza de don Álvaro. Desde esta fecha su actividad no conoció límites, pues se halló en su mismísimo elemento en el agitado ambiente que precedió a la ejecución del condestable (1453) y a la muerte de Juan II (1454).

El advenimiento al trono de Enrique IV dio a su privado, el marqués de Villena, la oportunidad de revelarse como un buen gobernante. Pero en este trance solo demostró que era un habilidoso conspirador, incapaz de hacer frente con espíritu de responsabilidad a los numerosos problemas que tenía planteados la corona. Después de la parodia de la campaña contra los musulmanes y del enlace del rey con doña Juana de Portugal (1455), empezaron las intrigas en la corte.El marqués de Villena, disgustado por el favor que Enrique IV otorgaba a gente de humilde condición, acaudilló el partido de la reina, frente al de la manceba real doña Guiomar.

En 1460 favoreció secretamente la constitución de la gran liga de la gran nobleza en Tudela, lo que no fue óbice para que revelara al monarca parte de la trama. De esta manera provocó la ruptura de relaciones entre Castilla y Aragón, y fomentó las pretensiones de su rey a las coronas navarra y aragonesa, las cuales acabaron, debido a la debilidad del monarca y a la poca constancia del privado, en la entrevista del Bidasoa con Luis XI de Francia (1463).

Desde este momento, el marqués de Villena va perdiendo el favor del rey. A fines de 1463 Enrique IV se trasladó a la frontera extremeña sin consultarle. Entonces, el artero privado renovó la conspiración de los nobles en Alcalá de Henares. Mientras convencía al monarca de que su mayor enemigo era Alonso de Fonseca, arzobispo de Sevilla, y obtenía su orden de detención; mientras que, simultáneamente, avisaba al arzobispo de que se pusiera a salvo, preparaba planes de suma audacia, que se pusieron de manifiesto en los dos intentos de prender al monarca en Madrid y en Segovia (1464).

Suplantado en la privanza del rey por Beltrán de la Cueva, Villena se lanzó a una acción decisiva, que tuvo por efecto la claudicación de Enrique IV en la entrevista entre Cabezón y Cigales, el reconocimiento de la sucesión a favor del príncipe Alfonso y la entrega de este al marqués (octubre de 1464). Pero no bastándole esta usurpación de las funciones del soberano, alentó a su bando para que promoviera la deposición de Enrique IV y la proclamación del infante en Ávila —farsa de Ávila— el 5-VI-1465.

La guerra civil se hizo inevitable, aunque de nuevo maniobró el marqués para poner a Enrique IV en una situación desairada ante sus mismos partidarios. A mayor abundamiento, obtuvo poco después del claudicante monarca la mano de su hermana, la princesa Isabel, para su hermano, el maestre de Calatrava, don Pedro Girón. Matrimonio que no llegó a celebrarse por la afortunada muerte del maestre (mayo de 1466).

Después de la derrota de los nobles en Olmedo (1467) y de la muerte del príncipe Alfonso (1468), el marqués de Villena fue el artífice del tratado de los Toros de Guisando, que reconocía la corona para la princesa Isabel. Pacificada de momento la nación, el marqués volvió a gozar del favor real, recibiendo de Enrique IV la confirmación del maestrazgo de Santiago que le había sido otorgado por el príncipe Alfonso en 1467. Entonces se preocupó de concertar el matrimonio entre el rey de Portugal y la princesa de Asturias.

No aceptando esta la sugerencia y habiéndose inclinado por el infante don Fernando de Aragón (1469), el artero Villena maniobró contra doña Isabel, logrando que Enrique IV legitimara a la Beltraneja en 1470. Sin embargo, puso gran empeño en evitar que estallara una nueva guerra civil. Desairado por el monarca a causa de la entrevista celebrada por este en Segovia con su hermana (diciembre de 1473), se mantuvo algún tiempo alejado de la corte.

Luego aprovechó una enfermedad de Enrique IV para apartarle de los príncipes y llevárselo consigo a Extremadura, al objeto de que le diera la posesión de la plaza de Trujillo. El rey agravado en su dolencia, tuvo que regresar a Madrid donde le esperaba su lecho de muerte. El favorito murió, aún antes que el monarca, a dos leguas de Trujillo, en Santa Cruz, el 4-X-1474.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 201-202.