Fernando de Valenzuela

Datos biográficos

Valido
Nacimiento: 17-I-1636
Fallecimiento: 7-I-1692

Biografía

En la desdichada corte de Mariana de Austria, regente de España durante la minoridad de Carlos II, Fernando de Valenzuela debió su encumbramiento a la ambición, el favoritismo y la intriga, que no a sus propias condiciones de estadista, de las que carecía. Su periodo de gobierno, entre la privanza del Nithard y de de Juan José de Austria, representa, quizá, el peldaño más bajo a que llegó España en la época de su declive político durante el s. XVII.

Retrato de Fernando de Valenzuela (c. 1660) por Claudio Coello.Retrato de Fernando de Valenzuela (c. 1660) por Claudio Coello.

Nacido en Nápoles, donde fue bautizado el 17-I-1636, Valenzuela era de estirpe andaluza, pues su padre, don Fernando, era un hidalgo de Ronda. Casado este de segundas nupcias con doña Leonor de Enciso, que también había pasado a Italia al servicio de los marqueses de Tarifa, y que pronto dio a luz a don Fernando. Muerto su padre en 1640, Valenzuela partió con su madre para España, donde, con la influencia de su abuela, logró emplearse como paje (1648) en la casa del duque del Infantado. Con este, que había sido nombrado virrey de Sicilia, pasó de nuevo a Italia. En Palermo sentó plaza en la milicia y fue ascendido al cargo de paje-guión del duque. Sin embargo, en 1655 abandonó el servicio del virrey, juzgando que este no le recompensaba como se merecía, y fue a buscar fortuna a Nápoles.

Poco después regresaba a Madrid, hidalgo sin recursos de fortuna, algo poeta, aventurero, entrometido, listo y hablador. Su carrera política en la corte de los Austrias se inició en las habitaciones más bajas del palacio: en las cocinas. Allí conoció a doña María de Uceda, camarera favorita de la reina Mariana de Austria, con quien se casó en 1661. Es posible que el padre Nithard, al que Valenzuela había cortejado en demanda de varios favores, le apoyara en sus pretensiones. En todo caso, Valenzuela fue nombrado caballerizo real y empezó a distinguirse como confidente de Mariana de Austria y su confesor, refiriéndoles los chismes, noticias y secretillos de la corte.

Poco a poco, el Duende de Palacio —que así fue denominado cuando se supo la identidad del que descubría los intereses de los cortesanos y altos funcionarios— fue ascendido en el favor real, hasta que, a raíz de la caída del padre Nithard en 1669, se convirtió en instrumento esencial de la regente para mantener correspondencia con su confesor y, luego, para gobernar la nación. La privanza de don Fernando no se reflejó, de momento, en ningún cargo oficial.

Caballero de la orden de Santiago e introductor de embajadores en 1671, favorecido por la reina con un afecto que el clamor público tachó de ilegítimo, el privado se afianzó en su posición otorgando mercedes y favoreciendo a cuantos se querían convertir en sus partidarios frente al grupo hostil a la regente, acaudillado por don Juan José de Austria.

El cohecho, la dádiva y la intriga fueron las armas de que se valió don Fernando, el cual, nombrado consejero del Consejo de Italia en 1674, continuó en el favor real al llegar Carlos II a la mayoría de edad. Entonces (1675) fue nombrado Marqués de San Bartolomé de Villasierra. A pesar de sus muchos enemigos, Valenzuela se afianzó en el poder logrando que la Junta de Gobierno de la regencia prolongara sus funciones durante dos años. Este acto fue un auténtico golpe de teatro, pues se suponía que don Juan José de Austria iba a encargarse del poder.

Para disimular la verdad, Valenzuela fue nombrado capitán general de Granada, cargo que desempeñó durante dos meses escasos (1676). De regreso a Madrid, Carlos II le confirió el despacho universal (22-IX-1676) y a poco, debido a un afortunado accidente de caza, la grandeza de España. Pero este encumbramiento, que culminó al instalarse en las habitaciones de palacio del Buen Retiro, fue el preludio de su caída.

Todos los grandes y los cortesanos de más alcurnia se confabularon contra el orgulloso valido. El 25-XII-1676, viéndose perdido, Valenzuela huyó al Escorial, en cuyo monasterio fue detenido el 22 de enero siguiente. Sustanciado el proceso, fue condenado a la pérdida de sus dignidades y bienes —que en pocos años había ascendido a 10 millones de reales— y al destierro durante diez años a un fuerte de las Filipinas.

El 14-IV-1678 Valenzuela fue embarcado en Cádiz, rumbo a la Nueva España. De aquí, por Acapulco, pasó a Cavite, donde demoró en la fortaleza de San Felipe hasta cumplir su condena. Luego se trasladó a Méjico, pues no le fue permitido regresar a España. Murió en aquella ciudad el 7-I-1692 de una coz de un potro mal domado.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 86-87.