Martínez de la Rosa

Datos biográficos

Político y escritor
Nacimiento: 1787
Fallecimiento: 3-III-1853

Biografía

Fue un hombre de transición, un poeta y un político moderado en la más correcta interpretación de este vocablo. Situado a caballo de dos siglos y de dos sistemas de pensamiento, Martínez de la Rosa tuvo mucho del s. XVIII y algo del XIX, cuyo espíritu nunca llegó a comprender por completo a causa de la formación equilibrada de su alma. Clasicista en el fondo, romántico en alguna de sus obras, fue en la agitada vida nacional de la primera mitad del s. XIX un partidario convencido de las ideas medias y enemigo acérrimo de los extremistas de cualquier color que fuesen. Precisamente porque ni en poesía ni en política fue un hombre unilateral o de personalidad acusada, su figura tiene un amable encanto en medio de las desatadas pasiones que le rodearon.

Retrato del poeta, dramaturgo, político y diplomático español Francisco Martínez de la Rosa.Retrato del poeta, dramaturgo, político y diplomático español Francisco Martínez de la Rosa.

Nacido en Granada en Marzo de 1787, de familia de buena posición social, Francisco cursó sus primeras letras bajo la dirección de Pérez de Vargas, catedrático de elocuencia de la universidad granadina. A los doce años ingresó en el colegio de San Miguel, afecto a aquel centro docente, donde destacó por sus dotes de inteligencia y aplicación, así como por su precocidad literaria. En 1807, terminada su carrera de leyes, ganó la cátedra de filosofía moral de la universidad. La invasión de los franceses en 1808 lanzó a Martínez de la Rosa a la vida pública del país. Su cátedra se convirtió en tribuna del patriotismo. En relación con el núcleo de políticos refugiados en Cádiz, adonde se había trasladado, su espíritu se inclinó hacia las ideas constitucionales.

En 1811 pasó a Inglaterra para estudiar el sistema político de esta nación. De regreso a Cádiz en los momentos de mayor apuro para la causa de los patriotas, fue nombrado diputado a Cortes. En esta época publicó algunas poesías inspiradas en Quintana, y compuso alguna piezas teatrales, como Lo que puede un empleo, de abolengo moratinesco.

La reacción de 1814 tuvo duras consecuencias personales para don Francisco. El 10 de mayo fue detenido en Madrid junto con otros liberales distinguidos. Después de unos meses de cárcel, fue desterrado al peñón de la Gomera, donde permaneció hasta 1820. Distrajo su ocio dedicándose al estudio y redactando una Poética, que apareció más tarde, en 1827. El triunfo del pronunciamiento de Riego le devolvió la libertad (1820). Elegido diputado por Granada, se distinguió por su credo moderado, opuesto a las exigencias de los exaltados y de las sociedades secretas. Estaba convencido de que el liberalismo podía y debía ser una nueva forma en la evolución de las monarquías.

El 28-II-1822, en medio de una espantosa disolución política, aceptó el cargo de ministro de Estado, que implicaba de hecho la presidencia de gobierno. Se propuso contener a los demagogos y mantener al rey en los límites de la constitución. No logró ninguno de estos propósitos. Después de las jornadas de junio y julio de 1822, decidió presentar la dimisión (5 de agosto). Al cabo de un año, después de la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis, Martínez de la Rosa salió desterrado para el extranjero.

Residió casi ocho años en París, entregándose de nuevo a sus aficiones literarias. A esta época pertenece lo mejor de su producción: a un lado los dramas históricos de situación prerromántica, como Abén Humeya y la Conjuración de Venecia ; de otro la adaptación del Edipo de Sófocles, una de sus obras mejor logradas.

En 1831 regresó de su destierro y se estableció en su ciudad natal. Las circunstancias políticas en que se hallaba la monarquía, determinaron que la reina regente, doña María Cristina, le llamara al poder. Con el segundo ministerio Martínez de la Rosa (15-I-1834 a 7-VI-1835) se inicia el verdadero periodo constitucional en la historia de España. El prócer granadino dio pruebas inequívocas de su ideología en la concesión regia del Estatuto Real, que había de determinar la progresiva evolución del constitucionalismo.

Sin embargo, no tuvo la suficiente energía para hacer frente a los carlistas del Norte y a los exaltados en el resto del país. Por dos veces se atentó contra su vida. Después de su dimisión intervino en la vida política como uno de los campeones del moderantismo. Por esta causa fue desterrado cuando triunfó la revolución de 1840. Vivió en Paría hasta la caída de Espartero (1843). Desde entonces estuvo casi siempre al servicio de la corona española.

Fue embajador de España en Francia en 1844 y de 1846 a 1848, y en Roma, de 1848 a 1849. Ministro de Estado en el gobierno Narváez de 1844, presidente del Congreso de diputados durante las legislaturas iniciadas en 1851 y 1857, de nuevo ministro de estado en el gobierno Armero de 1857-1858, Martínez de la Rosa formó en las filas de la Unión Liberal en los últimos años de su vida, extinguida en Madrid el 7-II-1862.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 194-195.