Francisco Pí y Margall

Datos biográficos

Presidente de la I República
Nacimiento: 1824
Fallecimiento: 1901

Biografía

Político e intelectual español. Procedente de familia económicamente modesta, cursó sus primeros estudios en el seminario de su ciudad natal, trasladándose a Madrid en 1847, donde se doctoró en Derecho. En todo este tiempo estudió intensamente literatura y aprendió diversas lenguas, dedicándose simultáneamente a la enseñanza, para subvenir a sus necesidades. Más tarde habría de emplearse también en la sucursal madrileña de la Banca Martí.

Pí y Margall - José Sánchez PescadorPí y Margall por José Sánchez Pescador (Ateneo de Madrid)

En Madrid comienza su colaboración literaria en la revista Renacimiento, aunque ya había traducido algunas tragedias clásicas y aun escrito dos originales. Empezó también como crítico literario en El Correo, pero, poco a poco, se orientó hacia la política, sobre todo, a partir de 1854. Hasta ese año, su labor fue casi exclusivamente intelectual, destacándose entre sus obras: la continuación de la obra monumental de Piferrer, Recuerdos y bellezas de España, que no concluyó, y el primer tomo de una Historia de la pintura en España, condenado por la Iglesia, lo mismo que sus Estudios sobre la Edad Media. También de entonces data su edición de las obras del padre Juan de Mariana, para la Biblioteca de Autores Españoles de Rivadeneira. Pero es sobre todo su libro La reacción y la revolución (1854), predecesor, en cierta manera, de El principio federativo de Proudhon, y en el que se contiene el fundamento de su teoría federativa, el que le inclina decididamente a la política. Dicho libro motivó el apartamiento de Pí de la política activa, hasta que, en julio de 1857, llamado por don Nicolás María Rivero, volvió a Madrid, comenzando una colaboración política intensísima en el diario La Discusión, donde sostuvo grandes polémicas, manteniendo la ideología socialista, como ideología democrática frente a los liberales que le negaban tal carácter.

En 1864, Pí se encargó de la dirección de La Discusión, y, desde allí, combatió a los demócratas individualistas y a la monarquía, hasta el punto de que, tras los sucesos de 22 de junio de 1866, se vio obligado a huir a París, donde permaneció hasta que, en 1869, es elegido diputado de las Constituyentes, convocadas por la Revolución de septiembre. Entonces está ya francamente caracterizado por su ardoroso federalismo, del que fue el más significado teórico y paladín, así como por su consecuencia en la idea republicana, que le lleva a combatir el reinado de Amadeo I, interviniendo de manera muy eficaz en la proclamación de la República del 73.

En el primer Ministerio del nuevo régimen ocupó la cartera de Gobernación, siendo el más enérgico mantenedor de aquella inestable y efímera República, en la que llegó a ocupar la presidencia del Poder Ejecutivo, en sucesión de Figueras, marcando el punto máximo de su vida pública. Durante su presidencia llegó a extender su tesis federalista a la isla de Cuba, proyectando engarzarla como estado federal de la República española.

En 1874, el golpe de Estado de 3 de enero le separó momentáneamente de la política activa, dando a la imprenta, no obstante, un libro titulado La República de 1873, en el que explicaba su gestión. En el mismo año 1874 sufrió un atentado personal, sin consecuencias, y volvió a dedicarse intensamente a su bufete de abogado y a su tarea de escritor. Destacan entre la producción literaria de este tiempo: Joyas literarias (1876), Las nacionalidades (1876) y el primer tomo (1878) de una Historia general de América.

Muy pronto reemprendió su actividad política, de la cual fue el principal exponente el proyecto de Constitución Federal, aprobado en Zaragoza en 1883, y numerosos discursos en asambleas y veladas literarias. Fue elegido diputado en 1886, 1891 y 1893. En 1890 funda el semanario político El nuevo régimen, desde el que mantiene aguerridamente sus principios federalistas, que cuajaron en el programa de dicho partido de 22 de junio de 1894. Más estas ideas, particularmente en el año del Desastre, chocaron con gran parte de la opinión por propugnar la autonomía de Cuba y oponerse a la guerra con los Estados Unidos. En 1901, año de su muerte, visitó otra vez Barcelona, cuyos juegos florales presidió con un notable discurso; vuelto a Madrid, trabajó hasta el día antes de su fallecimiento, en su semanario antes citado.

Fue Pí y Margall hombre de mucho estudio, consecuencia política y honradez personal a toda prueba. Como escritor tuvo una profunda formación literaria, y su estilo es correcto, de sabor clásico y castiza factura. Como filósofo fue un empecinado racionalista, o roussoniano retardado que quiso llevar hasta las últimas consecuencias las doctrinas de Juan Jacobo, de Ahrens, Krause y Proudhon.

Su obra política, aunque tuvo muy enérgicas manifestaciones, algunas incluso demasiado pagadas de practicismo, como lo fue su intervención desde el ministerio de la Gobernación preparando las elecciones de las Constituyentes del 73, pecó de excesivamente teórica y despegada de la realidad española y de las consecuencias disolventes que sobre esta podía acarrear, como lo demostró el movimiento cantonalista que se suscitó mientras él ejercía el Poder, tergiversando, sin duda en el sentido más anárquico y perjudicial, las teorías de Pi. Fue un hombre rebasado por su propia obra, y, aunque políticamente su gestión careció de fecundidad, desde el punto de vista intelectual, su labor es profunda y extensa y ha dado lugar a copiosa bibliografía.

GÓMEZ DE LA SERNA, Gaspar, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo N-Z, págs. 256-257.