Manuel Godoy

Datos biográficos

Político
Nacimiento: 12-V-1767
Fallecimiento: 4-X-1851

Biografía

Durante más de quince años, noviembre de 1792 a marzo de 1808, Manuel Godoy fue el árbitro de los destinos de la monarquía española. En él recayó el peso del gobierno en una de las épocas más difíciles para todas las monarquías de Europa: la de las guerras de la Revolución francesa y la del Imperio napoleónico. Apoyado de manera incondicional por Carlos IV y la reina Maria Luisa de Parma, Godoy se libró la tarea de salvar la nave del Estado con una inteligencia natural no despreciable, pero sin ninguna formación cultural o política. Ambicioso de poder, su único objetivo fue medrar y perpetuarse en él. Sus ideas políticas no fueron muy claras, excepto las de reconocer la fuerza de Francia y someterse de buen grado a las exigencias de la Convención, del Directorio y del Consulado. En esta traición a las esencias de la legitimidad habría podido salvar la monarquía de España y su Imperio colonial ante las acechanzas de Inglaterra, si hubiera tenido la voluntad firme de llegar a conseguir esta meta. Sin embargo, la perspectiva histórica nos presenta a Godoy como un instrumento más de la diplomacia francesa de la época.

Godoy en 1790. Retrato pintado por Francisco Bayeu.Godoy en 1790. Retrato pintado por Francisco Bayeu.

Manuel Godoy Álvarez de Faria había nacido en Badajoz, en el seno de una familia de la pequeña aristocracia local, el 12-V-1767. A los diecisiete años entró en el cuerpo de guardias de corps de la corte real, en cuyo servicio logró cautivar por su juventud y sus maneras despejadas el corazón de María Luisa de Parma, esposa del príncipe de Asturias, el futuro Carlos IV. De aquí le provino el valimiento. En pocos años, de 1788 a 1792, hizo una carrera rapidísima: ascendió en el ejército y, en 1792, fue nombrado duque de Alcudia y ministro. Después de derribar al conde de Floridablanca del poder, sirviéndose de Aranda, provocó la dimisión del aragonés. El 15-XI-1792 ocupaba la secretaría de Estado.

Su gestión ministerial comenzó dirigiendo la lucha de España contra la Convención a raíz de la ejecución de Luis XVI (1793). Después de una brillante campaña inicial en el Rosellón, el ejército español sufrió varias derrotas (1794). Estos reveses, junto con el panorama militar general, desfavorable para la primera Coalición, decidieron a Godoy firmar la paz con la Convención tratado de Basilea de 1795, que le valió grandísimos honores y el título de Príncipe de la Paz. Realmente, nada se puede criticar al favorito, pues lo mismo había hecho Prusia.

Pero así como Federico Guillermo III supo mantener una neutralidad prudente, Godoy no vaciló de acatar el poder del astro de Europa, y el 18-VIII-1796 concertó la alianza de San Ildefonso con la potencia que hacía un año era todavía la irreconciliable adversaria de España. Este tratado pesó gravemente sobre el destino del país. Consecuencias inmediatas del mismo fueron la guerra contra Inglaterra, la derrota naval del cabo de San Vicente y la pérdida de la isla Trinidad (1797).

En estas circunstancias, Godoy fue separado del gobierno el 28-III-1798. Pero regresó al cabo de poco tiempo. A fines de 1800 se encargó de nuevo del gobierno. Sus orientaciones políticas no cambiaron. Al servicio de Francia, representada ahora por Bonaparte, dirigió una campaña contra Portugal, denominada Guerra de las Naranjas (1801), cuyo resultado fue la incorporación oficial de Olivenza al territorio español.

Los intereses de la monarquía fueron descuidados por Napoleón en Amiens (1802), lo que no fue óbice para que el príncipe de la Paz se aferrara a la alianza francesa e interviniera en un nuevo conflicto con Inglaterra (1804), cuyos resultados inmediatos fueron la batalla de Trafalgar (1805) y el sacrificio de las aspiraciones navales de España. Estos fracasos hicieron crecer en la corte un partido adverso a Godoy, acaudillado por el príncipe de Asturias (Fernando VII).

Para hacer frente a sus planes, el omnipotente ministro secundó aún más a ciegas los proyectos de Napoleón, como de reveló en el tratado de Fontainebleau (1807). Por él, Godoy obtenía, en la futura desmembración de Portugal, las dos provincias meridionales; pero al autorizar el paso de las tropas francesas por España, hacía posible la invasión de esta nación por Bonaparte. La situación política se hizo irrespirable. El príncipe de Asturias fue detenido por conspiración contra Godoy y Carlos IV (28-X-1807). Fruto de la irascibilidad de los espíritus fue el motín de Aranjuez (17-V-1808): Godoy fue exonerado del cargo, encarcelado y privado de todos sus honores y prebendas. Napoleón le devolvió la libertad. Trasladado a Bayona compartió el destierro de Carlos IV en París y Roma.

A la muerte de este (1819), intentó reivindicar sus posesiones en España, sin lograrlo. Vivió algún tiempo con una pensión que le había otorgado Luis Felipe I de Francia. En 1847, Isabel II, a instancias de Mesonero Romanos, rehabilitó alguno de sus títulos. Pocos años más tarde, el príncipe de la Paz moría en París (4-X-1851).

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 159-160.