Conde de Floridablanca

Datos biográficos

Escritor y político
Nacimiento: 21-X-1728
Fallecimiento: 28-XII-1808

Biografía

Durante el reinado de Carlos III de España, don José Moñino, conde de Floridablanca, fue otro infatigable propulsor del desarrollo económico, cultural y político del país, entendido según las normas enciclopedistas. Sinceramente español, convencido de que el absolutismo monárquico era el mejor instrumento para hacer la felicidad del pueblo, elevó este sistema de gobierno a la cúspide de su perfección en España. Su visión económica fue fisiócrata, es decir, encaminada al progreso de la agricultura, del comercio y de la industria.

El Conde de Floridablanca, por Francisco de Goya, 1783.El Conde de Floridablanca, por Francisco de Goya, 1783.

En política exterior mantuvo una estrecha alianza con Francia, que consideraba necesaria para hacer frente a las amenazas de Inglaterra en las colonias americanas. En el candente problema religioso de la época de Carlos III, se mostró resueltamente regalista, hasta el punto que fue uno de los personajes que más contribuyó a la expulsión de la Compañía de Jesús. Sin embargo, en la intimidad de su vida privada fue un católico sincero. Nacido el 21-X-1728 en Murcia, hijo de un notario de la ciudad, cursó sus primeros estudios en el colegio de San Fulgencio.

Completados estos, se trasladó a la universidad de Salamanca, donde se graduó en leyes para suceder a su padre en su profesión. Trabajó durante algunos años como abogado, distinguiéndose tanto en varias intervenciones, que el marqués de Esquilache, omnipotente ministro de Carlos III, fijó en él sus ojos y lo elevó al cargo de fiscal del Consejo de Castilla. En calidad de tal, colaboró con el gobierno en la investigación de los sucesos del Motín de Esquilache (1766) y formó parte de la Junta que dio el beneplácito al acuerdo regio de extrañar a los jesuitas (1767).

Más tarde, cuando los borbones presionaron al papado para que suprimiera esta orden, José Moñino fue enviado a Roma como embajador cerca del papa Clemente XIV para gestionar dicha supresión, a la que se había negado Clemente XIII. Obtuvo en esta misión un éxito muy rápido, aunque no fácil (julio de 1773), por lo que fue recompensado por la corte española con el título de marqués de Floridablanca. Continuó como embajador en Roma hasta fines de 1776, en el que le llegó el nombramiento de ministro en sustitución del marqués de Grimaldi.

Durante doce años ejerció este cargo con bastante competencia. Reflexivo, circunspecto y moderado, procuró a toda costa el bienestar de España, abriendo canales, construyendo carreteras e impulsando el comercio español con las colonias y en el Mediterráneo. Durante su gestión ministerial tuvo que luchar contra las intrigas del conde de Aranda. A fines del reinado de Carlos III presentó la dimisión de su cargo, que no le fue aceptada. Continuó como ministro al advenimiento de Carlos IV en 1788.

Pero el nuevo soberano no le apoyó como su padre. Floridablanca se mostró enemigo acérrimo de la Revolución francesa e hizo lo imposible para evitar que sus ideas se propagaran por España. El 18-VII-1790 fue objeto de un atentado por el francés Pairet. Año y medio más tarde, el 28-II-1792, era exonerado de la corte por el triunfo del partido de Aranda sobre el de los golillas, que era el suyo. Poco después se le sacaba de la residencia de Hellín, se le encerraba en la ciudadela de Pamplona y se le instruía proceso.

Sin embargo la desgracia de Aranda y el advenimiento al poder de Godoy le libraron de la cárcel y de la ignominia. Restituido en sus bienes y honra, vivió en el convento de los franciscanos de Murcia hasta 1808, en cuya fecha, al producirse el alzamiento nacional contra la invasión francesa, fue elevado a la presidencia de la Junta de Murcia. Al constituirse la Junta General Suprema, fue designado, asimismo, para ocupar su presidencia. Dirigió, pues, los primeros pasos de la vida de este organismo hasta el 28-XII-1808, en el que la muerte se lo llevó al sepulcro de Sevilla.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 128-129.