Emilio Castelar

Datos biográficos

Presidente de la I República
Nacimiento: 1832
Fallecimiento: 1899

Biografía

Estudia la primera enseñanza en Elda y la segunda en el Instituto de Alicante. Se traslada a Madrid, y cursa las carreras de Derecho y Filosofía (1852-53). En aquella facultad es condiscípulo y se hace amigo de Cánovas y Martos. Empieza a actuar en política, revelándose como orador elocuente y fogoso defensor de la democracia en un mitin del Teatro Real, de Madrid, celebrado tras el movimiento de Vicálvaro (1854); pasa poco después a redactor del periódico El Tribuno, y de aquí a La Soberanía Nacional (1855); luego a La Discusión, dirigido por Nicolás María Rivero.

Emilio Castelar - José Nin y TudóEmilio Castelar por José Nin y Tudó

Funda en 1863 La Democracia, de tendencia liberal anti dinástica, y ya antes, desde la cátedra de Historia de España, de la Universidad Central, que obtuvo por unanimidad, y desde la tribuna del Ateneo de Madrid, había destacado como historiador. Contiende en la Prensa con Pí y Margall, oponiendo a las doctrinas socialistas y federales de este un republicanismo individualista, que sintetizará en lo que llamó Fórmula del progreso. Por entonces, publica en La Democracia su famoso artículo El rasgo, en el que ataca violentamente a Isabel II, que había cedido su patrimonio al Estado con ciertas limitaciones, las cuales convertían el rasgo de la reina en un beneficio pecuniario suyo. Castelar fue separado de su cátedra, se destituyó al rector, Montalbán, y en protesta de tales medidas del Gobierno, dimitieron su profesorado varios catedráticos.

A consecuencia de estos hechos, se produjeron los sangrientos sucesos de la llamada Noche de San Daniel (10-IV-1865). Castelar tomó parte como conspirador en el movimiento revolucionario de 22 de julio de 1866, yugulado por O'Donnell; fue condenado a muerte, y se refugió en Francia. Permaneció en París hasta que la Revolución de septiembre de 1868, en la que también intervino, y el destronamiento de Isabel II permitieron su regreso a España, y fue repuesto en su cátedra.

Desarrolla una gran actividad en favor de las ideas republicanas, llegando a pedir que el Gobierno provisional proclamara la república, a lo que se opusieron los viejos unionistas y progresistas, pero de manera más señalada el general Prim. El partido republicano designa un triunvirato como cabeza de su organización, compuesto por Castelar, Pí y Margall y Figueras. En las Cortes constituyentes de 1869, de mayoría monárquica, Castelar fue elegido diputado por Zaragoza, y sus discursos revistieron extraordinaria elocuencia, principalmente el que versó sobre la libertad de cultos contestando al canónigo Manterola, y el que impugnó el proyecto de Constitución monárquica.

Por entonces se producen varios movimientos e insurrecciones republicanas —Cádiz, Málaga, Sevilla, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Alicante, Córdoba, Murcia, La Coruña— que logra sofocar el Gobierno. Castelar consigue que se reintegre a las Cortes la minoría republicana, que había abandonado sus escaños, y presenta un proyecto de ley de amnistía, el cual es rechazado por la Cámara. Protesta contra la candidatura de Amadeo de Saboya para rey de España, y, ya proclamado este, continuó su propaganda oposicionista al régimen, en la que hubieron de secundarle los elementos del carlismo.

Proclamada la República tras la abdicación de Amadeo (11-11-1873), Castelar ocupa la cartera de Estado en la reorganización del Ministerio Figueras, y firma los decretos de abolición de la esclavitud en Puerto Rico, de los títulos nobiliarios y de las órdenes militares. Sustituye en la presidencia del Poder ejecutivo a Salmerón, quien había sucedido en el mismo cargo a Pí y Margall, y se ve obligado, por la descomposición política y social reinante en el país a ejercer una dictadura.

Suspende las sesiones de Cortes y forma el siguiente Ministerio: Carvajal, en Estado; Maisonnave, en Gobernación; Pedregal, en Hacienda; general Sánchez Bregua, en Guerra; contralmirante Oreiro, en Marina; Soler y Pla, en Ultramar. Los momentos eran difíciles, en algunas regiones extremadamente graves, como en Cataluña, donde el ejército estaba en verdadera indisciplina, al mismo tiempo que los carlistas amenazaban la capital del Principado, la de la misma República y otras importantes ciudades. Mientras Nouvillas era batido en el Norte y los cantonales se habían apoderado de Cartagena, en Cuba medraba la insurrección; la Hacienda pública se resentía en su crédito, y ya se hablaba de una posible intervención extranjera.

Castelar hace frente a todo: resuelve la cuestión del Virginius, decreta un anticipo de 75 millones de pesetas, moviliza una quinta de 100.000 hombres y entrega el mando militar a los jefes con más solvencia castrense que garantía republicana. Las medidas eran fatales para el régimen, pero Castelar no vaciló en tomarlas. No sin motivo, suponían muchos que el vehemente orador, patriota, español en primer término, llegaba a desear, aun sacrificando sus ideas, un pronto cambio de régimen con tal de que garantizase el orden y la libertad. En la sesión de Cortes de 3 de enero de 1874, Castelar es derrotado. El general Pavía, prevenido al efecto, conmina a Salmerón, presidente de la Cámara, para que dé por disueltas las Cortes de la República y ocupa militarmente el edificio. Mientras se prepara en España la Restauración borbónica, el tribuno viaja por el extranjero.

En las primeras Cortes de Alfonso XII representa a Barcelona, y sus discursos más señalados son en defensa del sufragio universal, la libertad religiosa y el servicio militar obligatorio. Sigue manteniendo un criterio republicano, pero conservador y evolucionista, frente al revolucionario, que mantienen Ruiz Zorrilla y los radicales. En un discurso pronunciado en Alcira reafirma su fe en una república con mucha infantería, mucha caballería y, sobre todo, mucha guardia civil.

Forma el partido posibilista, con las miras puestas en la liberalización de la monarquía, objetivo que consideraría logrado con la implantación del sufragio universal y del Jurado. Al convertirse en ley estas condiciones, Castelar disuelve su partido y aconseja la incorporación de sus miembros al partido liberal de la monarquía (mayo de 1893), evolución consumada acto seguido en virtud de los discursos de Abarzuza en el Senado y de Almagro en el Congreso. Pronunció un discurso en la Sorbona, en 1889, y fue recibido por León XIII cinco años después. Perteneció a las Reales Academias de la Lengua, de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando.

Considerado como el más elocuente orador de España, ha sido también uno de los grandes prosistas del XIX. Influido por el Romanticismo, del que también hay huellas en su oratoria, se recuerdan entre sus obras los Recuerdos de Italia, alguna novela como Ernesto, Fra Filipo Lippi y colecciones de artículos, discursos y diversos estudios jurídicos, históricos y de crítica literaria y artística, además de ensayos sobre ideología política.

VEGA, José, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo A-E, págs. 771-772.