Conde de Aranda

Datos biográficos

Militar, diplomático y político
Nacimiento: 18-XII-1718
Fallecimiento: 9-I-1798

Biografía

Caracterizadísimo representante del Despotismo ilustrado y de la filosofía enciclopedista en España, Pedro Pablo Abarca de Bolea, conde de Aranda, unió a sus ideas generales un temperamento particular no siempre amable ni benévolo. Aristócrata, como heredero del título de una de las más rancias familias de Aragón, hombre de armas en su juventud, político y diplomático en su madurez, imprimió al gobierno del Estado durante el reinado de Carlos III un rumbo notoriamente extranjerizante, afrancesado y regalista.

Retrato del Conde de Aranda por José María Galván.Retrato del Conde de Aranda por José María Galván.

Arrogante, inquieto y brusco, quiso romper con una tradición multisecular, logrando, en efecto, hacer patente su nombre como uno de los personajes más ilustrados de la época, aplaudido por los filósofos franceses y criticado por los que representaban la parte más sana de España. Sus reformas económicas y religiosas levantaron grandes protestas, las cuales pusieron fin a su política y a su poder. A ello contribuyó, en parte no muy pequeña, su intemperancia y sus modales altivos, que no reparaban ni en la misma persona del monarca.

El décimo conde de Aranda vino al mundo en el castillo de Siétamo, cerca de Huesca, el 18-XII-1718. Recibió una buena educación en Bolonia y en la escuela militar de Parma. En 1740 entró en el ejército español, con el que actuó durante la guerra de la Pragmática Sanción, a las órdenes del marqués de Montemar, el general Giges y otros jefes. Terminada la lucha, viajó por el extranjero; pasó algún tiempo en Prusia, donde admiró y aprendió la reforma militar de Federico el Grande.

A su regreso a España, intentó aplicar los principios de esa reforma en el ejército español, y durante algún tiempo ejerció el cargo de director general de Artillería bajo Fernando VI. De este mismo reinado fueron sus primeros escarceos diplomáticos, primero como embajador en Lisboa y luego en Varsovia. Por sus audacias de lenguaje fue confinado a sus posesiones aragonesas.

Recobró el favor real al advenir al trono Carlos III (1759). Fue de nuevo embajador de España en Portugal (1760), cargo que, al entrar su patria en lucha con esta nación e Inglaterra (guerra de los Siete Años), cambió con el de jefe del ejército de operaciones, en sustitución del marqués de Sarriá (1762). Bajo su dirección fue tomada la ciudad de Almeida. Pero la campaña terminó sin resultados positivos. Recompensado con el grado de capital general fue destinado al gobierno de Valencia (1764), donde permaneció hasta que, a raíz del Motín de Esquilache, Carlos III le nombró presidente del Consejo de Castilla (1766). Durante siete años el conde de Aranda fue el árbitro de la política española.

Después de reestablecer el orden en el país, Carlos III dio la orden de expulsión de la Compañía de Jesús (1767). Su actitud anticlerical se manifestó asimismo en sus trabajos para lograr la supresión general de los jesuitas, mantener la realeza en posición privilegiada respecto ante el papado, y eliminar el espíritu religioso en la enseñanza pública. Como tantos otros ministros enciclopedistas, favoreció el desarrollo de la agricultura —incluso en detrimento de la ganadería—, del comercio y de la colonización interior.

Enemistado con el partido de los golillas —al que pertenecía Floridablanca— y fracasado en el litigio con Inglaterra respecto a las islas Malvinas, Carlos III le nombró embajador suyo en París (1773). Era una fórmula diplomática para encubrir su desgracia. Durante catorce años, el mordaz conde actuó en la capital de Francia, donde pudo dar satisfacción a sus inclinaciones filosóficas. Gracias a su intervención, Francia arrastró a España a la lucha por la independencia americana, de la que Carlos III sacó honra, más no grandes provechos Tratado de Versalles, 1783.

En 1787 Aranda regresó a su patria, donde empezó a intrigar contra Floridablanca. El 28-II-1792 fue nombrado primer ministro; pero en esta ocasión actuó de comparsa en la escena montada por las ambiciones de Godoy. Derribado, por innecesario, el 15 de noviembre del mismo año, continuó en la corte como consejero de Estado, hasta que después de una violenta discusión con el favorito (1794) fue desterrado a Jaén y, luego, encarcelado en la Alhambra de Granada. En 1795 se le permitió establecerse en sus posesiones aragonesas. Murió en Épila el 9-I-1798.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 127-128.