Tomás Zumalacárregui

Datos biográficos

General carlista
Nacimiento: 1788
Fallecimiento: 1835

Biografía

Fue el genio militar más notable de la guerra de Sucesión carlista. En un principio se dedicó a la profesión de curial, pero al estallar la guerra de la Independencia marchó a Zaragoza, en cuya defensa como parte como voluntario del 5.º Tercio. También participó en la acción de Tudela, y poco después cayó prisionero, en una acción de descubierta, logrando evadirse gracias a su ingenio. Después se unió a la guerrilla de Jáuregui, del que fue secretario y lugarteniente. A los veinticuatro años fue nombrado capitán del Regimiento de Guipúzcoa.

Zumalacárregui por MaguesEl general carlista Tomás de Zumalacárregui.

En esta época encontró un gran apoyo político en su hermano Miguel, que era persona de relieve en el campo liberal, y por cuya mediación hizo amistad con algunos políticos de esta tendencia. Sin embargo, se sintió gravemente ofendido por verse privado del mando en 1820, bajo sospecha de falta de sentimientos liberales, actitud que se acentuó cuando, después de haber sido repuesto, volvió a ser objeto de desconfianza. Esto le determinó pasarse al general realista Quesada en 1822, quien le ascendió a teniente coronel.

Con el restablecimiento del absolutismo quedó sin mando y pasó a formar parte de una Comisión militar para la represión de los delitos políticos. En 1829 fue ascendido a coronel por Fernando VII, y en los últimos años del rey fue enviado a El Ferrol, encargado del gobierno militar y político y con la misión de acabar con la cuadrilla que dominaba la ciudad. El haber conseguido este propósito le valió nuevas enemistades, que consiguieron su destitución y que fuera sometido a proceso.

Estando en esta situación consiguieron los carlistas atraérsele a su causa, aunque esperó a que muriera Fernando VII para declararse abiertamente carlista. Le hicieron general y le dieron el mando del naciente ejército carlista de Navarra, decidiéndose con gran actividad a su organización, reclutamiento, planes de operaciones, etc. En 1834 quisieron atraérsele al campo de la reina, por mediación de su hermano y su antiguo jefe Quesada, pero todo fue en vano, y al poco tiempo había de verse frente a este último en el combate de Alsasua, separación que se hizo más profunda por el rigor represivo que ambos emplearon con sus respectivos prisioneros y que, al extenderse, dio a esta guerra una tónica de crueldad increíble.

Zumalacárregui comenzó desplegando la táctica de guerrillas, que ya había practicado con los franceses, pero dándole mayor extensión, así como a las medidas de terror, para someter a obediencia a toda la zona que dominaba cf. Madrazo, Historia militar y política de Zumalacárregui, Madrid, 1844, pág. 191.

Cuando se presentó frente a él Rodil con su ejército, hubo de enardecer a sus partidarios apelando a su orgullo y espíritu guerrero, pero haciéndoles ver siempre lo numeroso y bien organizado que era el ejército que tenían enfrente. Pronto empezó a prepararle emboscadas y sorpresas, que le valieron pequeños triunfos, pero que aumentaron su aureola. En Viana emprendió ya una acción de más envergadura, que llevó después por otros puntos, como Bermeo, Lequeitio y Vergara, anulando por todas partes la labor de Rodil, quien se vio obligado, al fin, a renunciar al mando.

Después de cruzar el Ebro y adentrarse por Castilla, tuvo una gran victoria en los campos de Alegría, y dos días después derrotó a la columna de socorro que mandaba el general Osma, con la que se ensañaron sus tropas, hasta el punto de tener que intervenir él para que cesara la matanza.

El año 1835 había de ser fatal para él. Entre las intrigas de la corte de don Carlos, su necesidad de encontrar dinero y las exigencias de la potencia que había de prestarsele, se inclinó el pretendiente por encaminar la acción militar a la toma de una gran ciudad, eligiendo a este fin Bilbao, Zumalacárregui se mostró contrario a este proyecto, pero hubo de acatar la orden, y emprendió la marcha, al principio con gran éxito, ya que venció de manera decisiva a Espartero en Durango, y se abrió paso así hacia Bilbao. Después de pasar por Vergara recibió la visita de don Carlos.

Su entrevista con el pretendiente y sus generales fue, sin duda, acalorada, dado el hecho de que Zumalacárregui llegara a dimitir, si bien su renuncia no le fue aceptada. Zumalacárregui insistía en tomar antes Vitoria, que presentaba muchas menos dificultades; pero, ante la presión de don Carlos, dispuso el cerco de Bilbao, que se efectuó en el mes de junio.

En ocasión de hallarse observando el desarrollo de las operaciones recibió un tiro en una pierna. Los médicos no dieron importancia a la herida, pero Zumalacárregui decidió confiarse a un curandero de su pueblo llamado Petriquillo, con el resultado de que, tras pasar un gran sufrimiento con el traslado a Ormaéztigui y la operación del torpe curandero, falleció, sin duda, de septicemia o tétano. Su familia quedó en mala situación, pues el general carecía de fortuna que transmitirle. La causa de don Carlos también quedó malparada con la muerte, de su más prestigioso militar.

DÍAZ GARCÍA, José, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo N-Z, págs. 1075-1076.