José María Torrijos

Torrijos Uriarte, José María. Madrid, 20.IV.1791 – Málaga, 11.XII.1831. Militar, general, político.

Hijo de Cristóbal Torrijos Chacón, natural de Sevilla, y de María Petronila de Uriarte y Borja, de ascendencia vasca pero natural del Puerto de Santa María (Cádiz), pasó su infancia en la Corte de Carlos IV, del que Cristóbal Torrijos —que fue distinguido con la Orden de Carlos III— era ayudante de cámara. De familia noble y de clara vocación militar, ingresa siendo niño en el Ejército como caballero paje del Rey a los diez años (19 de agosto de 1801). A los trece años —ya con el grado de capitán del Regimiento de Vitoria (13 de septiembre de 1804) —realiza los estudios de ingeniero en la Academia de Alcalá de Henares, donde le sorprende en 1808 la Guerra de la Independencia, en la que lucha desde el primer momento distinguiéndose notablemente. El día 2 de mayo de ese año, acudió al Cuartel de Voluntarios del Estado en Madrid, donde se le encarga la misión de ir a parlamentar con Gobert. En el transcurso, estalla el combate. Fue detenido y después liberado por intervención de Borely, ayudante de campo de Murat.

El 26 de junio se halla en Cuarte, acción por la que asciende a sargento mayor del Regimiento de Infantería de Almansa, el 28 de septiembre de 1808. A continuación, acude a la defensa de Valencia junto al que luego sería su verdugo, el general Vicente González Moreno. Pasa después a Murcia como sargento mayor (28 de septiembre de 1808), y en 1809 a Cataluña, bajo las órdenes del general Enrique O’Donnell.

Formando parte del Regimiento de Infantería Fernando VII, es premiado con el grado de teniente coronel y Medalla de Distinción por su singular comportamiento en la batalla de Vich, el 20 de febrero de 1810, y con el grado de coronel por su bizarra actuación en la salida de Tortosa, el 12 de junio, acción en la que resulta herido.

El 3 de agosto de 1810, al mando de la 1.ª División de la Derecha, cae prisionero de guerra en Tortosa y fue llevado a Francia. Tras fugarse, regresa a España, presentándose en la acción del Plá al mando de su regimiento. El 23 de enero de 1811 es nombrado teniente coronel del Regimiento de Infantería de Línea de Fernando VII. Ese mismo año de 1811 es nombrado instructor en la Isla de León del Regimiento de Tiradores de Doyle, y en mayo de 1812 es enviado a Badajoz, donde contrae matrimonio al año siguiente con Luisa Carlota Sáenz de Viniegra y Velasco.

Participa en la acción de Alba de Tormes el 26 de mayo de 1813, y, el 21 de junio, al mando de la 2.ª Brigada y a las órdenes del mariscal de campo Pablo Morcillo, comandante general de la 1.ª División de Infantería del 4.º Ejército de Operaciones, en la memorable batalla de Vitoria, distinguiéndose tan notablemente que fue recomendado su ascenso para brigadier, empleo que alcanza el 13 de octubre de 1814 a propuesta del duque de Wellington.

La reinstauración absolutista, anulando la Constitución de 1812, le lleva a tomar partido por los liberales y a no aceptar partir para América a combatir a los independentistas, permaneciendo en Madrid hasta 1815, en que fue nombrado gobernador militar de Murcia, Cartagena y Alicante.

El 17 de septiembre de 1816 se le concede la Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando por el mérito que contrajo en la batalla de Vich el 20 de febrero de 1810. Al año siguiente pasa con el empleo de coronel al Regimiento de Infantería de Línea Lorena 46, donde permanece hasta 1818. Andalucía era vital para cualquier intentona golpista al concentrarse las tropas antes de partir para América, donde las colonias estaban luchando contra los españoles. Torrijos participa en 1817 en la conspiración del general Lacy para levantar el ejército en Andalucía y en pro de la vuelta a la Constitución, lo cual no le ocasiono más que disgustos y persecuciones que le hicieron, al fracasar el complot, verse reducido a prisión el 26 de diciembre de 1817 en el castillo de Santa Bárbara de Alicante, y en enero de 1818 en las cárceles del Santo Oficio en Murcia. Esto no fue óbice para que desde su encierro siguiera trabajando a favor de la revolución.

La victoria de Riego trajo su liberación el 23 de febrero de 1820. Enseguida Amarillas le quiso corromper invitándole a la contrarrevolución, a lo que él se negó. Fue miembro en junio de 1820 de la Sociedad de Amantes del Orden Constitucional y de la Fontana, en Madrid, atribuyéndole una lista del Archivo General de Palacio el nombre masónico de “Anstogiton”. Ese mismo año fue juez de hecho de imprenta.

En enero de 1821 fue uno de los fundadores de la Comunería, y en 1822 defiende el sistema constitucional en Navarra y Cataluña, lo que le vale el ascenso a mariscal de campo, tras lo que es destinado a Navarra para ponerse al mando del ejército, con el que consigue vencer a los realistas.

Al iniciarse la era absolutista de 1823, Torrijos fue de los llamados comuneros constitucionales, partidarios de un pacto con los masones. El Trienio Liberal le nombra comisario de guerra a principios de 1823, dirigiendo la resistencia contra Los Cien Mil Hijos de San Luis, el ejército enviado por las potencias europeas para reponer a los absolutistas en el gobierno de España. El 28 febrero de ese año, Fernando VII le nombra ministro de la Guerra, pero no pudo tomar posesión de su cargo. Sigue al Rey a Andalucía, de allí a Aragón, y luego a Alicante y Cartagena, y aunque no quiso adherirse a la capitulación de Ballesteros, no tuvo más remedio que ceder y negociar un convenio con los franceses cuando vio que la resistencia ya era inútil, el 3 noviembre 1823. Finalmente, huyendo de las persecuciones absolutistas y tras ser derrotado en Cartagena, embarca el día 18 con su mujer para Marsella. Se encuentra primero en Alençon (Orne), pero al comprobar que los franceses no cumplían con las condiciones de la capitulación, marcha a Inglaterra en abril de 1824, estableciéndose en Blackheath, cerca de Londres, donde alejado de la política establece contacto con el resto de exiliados liberales y pronto se opuso al partido moderado o aristócrata, acaudillado por Espoz y Mina.

La crisis portuguesa de 1826 le moviliza, poniéndose al frente de la Junta Directiva del Alzamiento de España o Junta de Londres, el 1 de febrero de 1827. Fue miembro de algunas sociedades secretas, como la Asamblea de Constitucionales Europeos o Los Unidos contra el trono y el clero. También mantiene proyectos iberistas, colabora con los independentistas de la América española y estrecha sus lazos con los radicales ingleses.

Sus actividades políticas no eran bien vistas por Wellington, quien hizo en julio de 1829 que el Gobierno británico le retirara la pensión otorgada a los emigrados, teniendo que dedicarse a traducir autores hispanoamericanos para ganarse la vida. Entre otros libros, aparecieron entonces las Memorias del general Guillermo Millwer al servicio de la República del Perú (Londres, 1829, y Madrid, 1910), las Memorias de Napoleón para servir a la Historia de Francia y las de Gourgaud y Montholon. También escribió una Relación de la Guerra de la Independencia en Cataluña.

En Inglaterra traba amistad con John Sterling, un conocido hacendado que le presentará a Robert Boyd, antiguo oficial del Ejército inglés en la India y que había combatido en la guerra de la independencia griega. Boyd romántico en su actuar como Torrijos se compromete a ayudarle en recuperar la libertad de España con su persona y su fortuna.

Con el propósito de esperar un buen momento para entrar en España y derrocar el absolutismo, intenta desde Londres una primera expedición el 29 de julio de 1830, pero lo impide la policía inglesa.

Apoyados por los llamados “Apóstoles de Cambridge”, sociedad radical de liberales españoles exiliados en Inglaterra, y comisionado por la “Junta directiva del Alzamiento Nacional”, logra armar y equipar una fragata con la que llega a Gibraltar desde Francia en septiembre de 1830, desembarcando en la Roca el día 9 y convirtiéndola en su centro clandestino de actividades. Allí se reúne con antiguos colaboradores como el que fuera presidente de las Cortes, Manuel Flores Calderón y Francisco Fernández Golfin, exministro de la Guerra, entre otros militares y marinos, formando la Comisión Ejecutiva de Gibraltar. Juntos convinieron que los informes sobre un inmediato levantamiento del Ejército contra el gobierno absolutista eran exagerados, pese a ello intentan un golpe de mano sobre Algeciras el 24 de octubre, y otro más el 11 de noviembre, que, al fracasar también, obligan a Torrijos a esconderse en barcos anclados al refugio de Gibraltar.

A finales de enero de 1831 se produjo una acción sobre la Línea, que tomaron, pero este éxito inicial fracasa de nuevo ante Algeciras. Todavía en los últimos días de febrero otra intentona costaría la vida al coronel Manzanares. Viendo imposible actuar en el Campo de Gibraltar por la extrema vigilancia realista, Torrijos acoge esperanzado las cartas secretas de un amigo “de toda confianza”, que con el apodo de Viriato le informa que el mejor lugar para desembarcar es Vélez Málaga, y que con su presencia las tropas de Málaga primero, y luego las de toda Andalucía se rebelarían contra Fernando VII. En realidad se trataba de un plan urdido por su antiguo compañero de armas, en esos momentos gobernador de Málaga, Salvador González Moreno, quien al parecer era Viriato, y que aprovechando la impaciencia de Torrijos había planeado su captura.

El 30 de noviembre de 1831 partieron de Gibraltar en varias barcazas, pero pronto vieron que habían sido engañados, ya que a la altura del cabo de Calaburras, el buque Neptuno esperaba su barco, por lo que tuvieron que desembarcar en Fuengirola y huir hacia el interior. Primero llegaron a Mijas donde las milicias armadas les recibieron a tiros. Entonces cruzaron la sierra y llegaron a Alhaurín de la Torre, donde tuvieron el mismo recibimiento. Perseguidos por infantería de línea se refugiaron en la alquería del conde de Mollina, siendo apresados y conducidos a Málaga en un caserío con una antigua torre árabe junto al viejo camino de Cártama. Allí, sitiados por las tropas mandadas por González Moreno, y tras parlamentar ambos generales, tuvieron que rendirse él y sus cincuenta y dos hombres el 5 de diciembre, siendo apresados y conducidos a Málaga, donde en distintos calabozos vivirían el tiempo justo que tardó González Moreno en enviar un mensajero a Fernando VII, que escribió de su propio puño y letra: “Que los fusilen a todos. Yo, el Rey”.

El 10 de diciembre se le sacó en un coche del cuartel del 4.º Regimiento de Infantería en el que se encontraba encerrado, diciéndole que le trasladaban a Madrid, pero se le dejó en el convento del Carmen, donde se encontró reunido con todos sus compañeros.

En el refectorio del convento se le notificó que al día siguiente sería pasado por las armas con los suyos. Hasta entonces no se convenció de la horrible trama de que había sido víctima. Torrijos consolaba a todos, y a las primeras horas de la mañana escribió tiernas palabras de despedida a su esposa y a su hermana que residía en el mismo Málaga. A las once y media del 11 de diciembre de 1831, en las malagueñas playas de San Andrés, frente al barrio del Carmen, fueron fusilados todos los conspiradores sin excepción, incluyendo al inglés Robert Body y a un niño grumete del barco. También caen con ellos Flores Calderón y Fernández Golfin, entre otros militares y marinos. A Torrijos se le negó su última petición de mandar abrir fuego al pelotón de fusilamiento y el morir sin vendas en los ojos. Este fusilamiento ha quedado reflejado en el magnífico óleo realizado por Gisbert en 1837.

Sus cuerpos fueron enterrados en el cementerio de San Miguel, excepto el de Boyd, que lo fue en el cementerio inglés, hasta que el Ayuntamiento de Málaga construyó en 1842 por suscripción popular un monumento fúnebre que se erigió en su honor en la plaza de Riego, hoy plaza de la Merced, frente a la casa natal del pintor Pablo Ruiz Picasso, y bajo cuyo obelisco reposan casi todos ellos dentro de tres cajas, una de plomo, otra de caoba y la tercera de cedro. Una cruz también recuerda el lugar de su muerte, hoy paseo marítimo.

El gobernador González Moreno, que sería conocido desde entonces como “el verdugo de Málaga”, recibió como premio el ascenso a teniente general y el mando de la Capitanía General de Granada. Al estallar la Guerra Carlista se pasó a este bando, muriendo asesinado en 1839 por unos voluntarios del Ejército.

El sacrificio de Torrijos sería recordado constantemente en los siguientes años, pues tras la muerte de Fernando VII en 1833, los liberales consiguieron el poder e incluso su viuda fue honrada con el título de condesa de Torrijos el 20 de mayo de 1838.

El Ayuntamiento de Madrid, de donde era Torrijos, acordó entre 1840 y 1841 que en la casa donde había nacido de la calle de Preciados se colocara su busto y la siguiente inscripción: “Aquí nació D. José María Torrijos. Defendió la Independencia y la Libertad de su patria. Murió en 11 de diciembre de 1831 arcabuceado en Málaga por el traidor general Moreno por haber intentado restablecer con las armas la Constitución”.

Espronceda le dedicó el siguiente soneto laudatorio con el título “A la Muerte de Torrijos y sus compañeros”: “Helos aquí: junto a la mar bravía / cadáveres están ¡ay! los que fueron/ honra del libre y con su muerte dieron/ almas al cielo, a España nombradía.// Ansia de patria y libertad henchía/ sus nobles pechos que jamás temieron,/ y las costas de Málaga los vieron/ cual sol de gloria en desdichado día.// Españoles, llorad: más vuestro llanto/ lágrimas de dolor y sangre sean,/ sangre que ahogue a siervos y opresores,/ y los viles tiranos con espanto/ siempre delante amenazando vean/ alzarse sus espectros vengadores.”

MONTERO HERRERO, Emilio, «Torrijos», en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico (en red, http://dbe.rah.es/biografias / 9038/jose-maria-de-torrijos-uriarte)