Francisco Serrano

Datos biográficos

Presidente de la I República
Nacimiento: 17-IX-1810
Fallecimiento: 26-XI-1885

Biografía

En la nómina de generales que dan un carácter tan peculiar a la historia del siglo XIX español, y paralelamente a las carreras militares y políticas de Espartero, Narváez, O´Donnell y Prim, se desarrolla la vida de Serrano. Destaca este militar por sus cuidadas maneras, su distinción en el trato, su costumbre de moverse en medios aristocráticos e, incluso, por su acceso a Palacio y a la cámara de la reina Isabel II, de la que fue favorito hacia 1846-47, siendo llamado el general bonito cf. Villaurrutia: El general Serrano, duque de la Torre, Madrid, 1928, página 24 ss..

Serrano, fotografiado por Nadar.Serrano, fotografiado por Nadar.

Con parientes en la nobleza, hijo de militar perseguido por Fernando VII, educado en el Colegio de Vergara, a los doce años ingresó como cadete en el regimiento de caballería de Sagunto. Progresó rápidamente en la escala, obteniendo casi todos sus ascensos por méritos de guerra, pues se había distinguido de manera especial en diversas acciones contra los carlistas. Al firmarse el convenio de Vergara era ya coronel, ascendiendo aquel mismo año (1839) a brigadier y haciendo también por entonces su aparición en el Congreso como diputado por Málaga. En cumplimiento de órdenes de sus superiores había llevado unos pliegos relativos al desembarco de Torrijos (1831), por lo que cayó sobre él la calumnia, atribuyéndole cierta intervención en la muerte del célebre general liberal. Apoyó a Espartero, dándole su voto para la Regencia, y el duque de la Victoria le nombró mariscal de campo (1840).

No dudaba Serrano —como ninguno de los militares contemporáneos— en cambiar de criterio político según lo exigiesen las circunstancias, y así aparece al principio esparterista, después enemigo del vencedor de Luchana, cooperando con Prim y González Brabo para derrocar al regente en 1843 a pesar de que había sido con él ministro de la Guerra en un Gabinete López, o se inclina por los puritanos, o se acerca a los progresistas, o apoya a O´Donnell y a la Unión Liberal, o, finalmente, se convierte en uno de los paladines del destronamiento de su antigua protectora, promoviendo la Revolución de setiembre y venciendo en Alcolea (1868), o se muestra tolerante con la República del 73 o acaba por reconocer a don Alfonso XII.

En Barcelona constituyó Serrano, con González Brabo, el llamado ministerio universal que acabó con la regencia de Espartero. En el gabinete Olózaga del mismo año 1843 —ya declarada Isabel II mayor de edad—, Serrano ocupa la cartera de Guerra. En 1847, por la protección que le dispensaba la reina, el Gobierno del duque de Sotomayor pretendió alejarlo de Madrid, a lo que se negó Serrano, apoyándose en sus prerrogativas de senador y hallando relato en la embajada inglesa. La presión de Serrano consiguió que la reina exonerase a Sotomayor, que fue sustituido por el Gabinete Pacheco.

Al volver al poder Narváez, este nombró a Serrano capitán general de Granada. Cesó en la capitanía general de Granada en 1818; retirándose a su finca de Arjona; se apartó de momento de la política, aprovechando su voluntario ostracismo para viajar por el extranjero; dedicó atención preferente a Rusia, donde estudió minuciosamente su organización militar. All producirse la Revolución de 1854. se suma al movimiento y suscribió el manifiesto de Manzanares, redactado por Cánovas. En 1856, al ser desplazado Espartero del Gobierno y quedarse al frente del Gabinete únicamente O´Donnell, Serrano se pone a las órdenes de este y, con el general Concha, ordena el bombardeo del Congreso.

Fue nombrado después capitán general de Cuba (1859), y bajo su mando se organizó la expedición a México con Rubalcaba y Gasser. Sin embargo, el Gobierno decidió enviar a Cuba para dirigir después en tierra mexicana las operaciones, a otro general, investido de plenos poderes: era Prim. La presencia de este en las Antillas y después en México disgustó profundamente a Serrano, que, por el acierto de su mando en Cuba, recibió el título de duque de la Torre.

En 1863, de regreso en España, fue ministro de Estado en el Gobierno O´Donnell. Al producirse la sublevación de los sargentos de San Gil (1860), Serrano dio pruebas de su valor para el combate al batir a los insurrectos con máxima energía; fue recompensado con el Toisón de Oro.

Sucedió a O´Donnell, fallecido en 1867, en la jefatura de la Unión Liberal. Pero la posición política de Serrano era muy distinta de la del duque de Tetuán; paulatinamente se había ido convirtiendo en conspirador anti dinástico. Así, llegada la hora de los preparativos para la Revolución septembrina, Serrano fue aproximándose a los elementos progresistas y demócratas, González Brabo, conocedor de los manejos contra la seguridad del trono, desterró a muchos generales; Serrano fue uno de los deportados.

El 19 de septiembre de 1868 llegó Serrano, con otros militares, en el Buenaventura, a Cádiz, donde con Topete y con Prim, lanzó el manifiesto España con honra, debido a la pluma de López de Ayala. Madrid le recibe como a un héroe, después de su victoria sobre Novaliches en Alcolea, y el 8 de octubre de 1868 constituyó el Gobierno provisional de la Revolución bajo su presidencia.

Reunidas las Cortes el 25 de febrero de 1869, Serrano es elegido regente del Reino, con tratamiento de Alteza, en tanto se encuentra un monarca para ceñir la corona vacante, que él quería para Montpensier, Al aprobar las Cortes la candidatura de Amadeo de Saboya, y llegado este a Madrid (2 de enero de 1870), después del asesinato de Prim, el nuevo rey encarga a Serrano la constitución del Gabinete. No duró mucho este Gobierno, y después del paréntesis señalado por los de Ruiz Zorrilla, Malcampo y Sagasta, el 26 de mayo de 1872 vuelve a la presidencia del Consejo de Ministros el general Serrano. Había celebrado el general, excediéndose en sus facultades, a pesar de haberse puesto al frente del ejército del Norte para combatir a los carlistas, el convenio de Amorebieta, que fue mal recibido por el Parlamento; al suscitarse la cuestión en las Cortes, Serrano pidió a Amadeo que suspendiese las garantías constitucionales, a lo que se negó el rey, por lo que hubo de dimitir el general el 12 de junio.

Por su parte, la reina destronada había hecho gestiones con Serrano para habilitar una posible restauración; nada concreto prometió el duque de la Torre, que presumía de mano izquierda, de prometer y no cumplir y de otras pequeñas habilidades semejantes en la vida pública. Su falta de interés por una restauración se atribuye también al influjo que sobre él ejercía su bellísima esposa -prima suya además, doña Antonia Domínguez y Borell, cubana e hija de los condes de San Antonio, título que también llevó Serrano como consorte; la duquesa de la Torre, enormemente ambiciosa, era enemiga de la subida al trono de don Alfonso XII.

Proclamada la República, el duque de la Torre intentó en marzo de 1873 sublevar, en unión con Martos, a la Milicia Nacional, pero, fracasado en su intento, salió de España y se estableció en Biarritz. Regresó a Madrid poco antes del golpe de Pavía; cuando este convocó la reunión de políticos en el Congreso, asistió a ella Serrano, que fue elegido presidente del Poder Ejecutivo, con apariencia de República, aunque en realidad era un puente para preparar la Restauración. Como la guerra civil se hallaba en momentos muy críticos para los liberales, Serrano abandonó la jefatura del Gobierno, que confió a Zabala, y partió para el Norte para ponerse al frente del ejército gubernamental.

Regresa a Madrid en mayo, mientras se constituía un nuevo Gabinete, también presidido por Zabala, y después vuelve a salir hacia el Norte. El 10 de diciembre se acuerda el sitio de Pamplona, pero el pronunciamiento de Sagunto y la restauración de Alfonso XII suspenden, en su vida política, al duque de la Torre. Se mantiene alejado de la monarquía durante algunos meses, pero acaba por reconocer al hijo de Isabel II.

Ostenta nominalmente la jefatura del partido liberal, pero al producirse el cese en el poder de los conservadores, el rey llama a Sagasta —jefe efectivo de los liberales— para que forme Gobierno. Desairado el duque de la Torre, constituye el grupo de la izquierda dinástica. Sus vacilaciones ideológicas, por las que nunca supo mantener una posición clara, le valieron el dictado de Judas de Arjonilla. Con la restauración, su importancia política había desaparecido. Murió el 26 de noviembre de 1885, al día siguiente de haber muerto Alfonso XII.

DE LA VILLA, Justa, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo N-Z, págs. 650-651.