Francisco Espoz y Mina

Datos biográficos

Militar y guerrillero
Nacimiento: 1781
Fallecimiento: 1836

Biografía

[Idocín, Navarra-Barcelona]. Hijo del labrador Juan Esteban Espoz y Mina, trabajó en le campo hasta los veintiocho años. Al producirse la invasión francesa se unió (1809) a la guerrilla que mandaba su sobrino Javier Mina, llamado también Mina el Mozo, y al ser capturado este por los franceses (marzo de 1810) tomó el mando de la guerrilla.

Desde entonces adoptó el segundo apellido de su padre, para aprovechar el prestigio que había ganado este nombre, y fue conocido en lo sucesivo como Espoz y Mina Respaldado por la Junta de Aragón, que le nombró jefe de todas las partidas de Navarra, consiguió unir a todos los grupos guerrilleros bajo su mando, por la persuasión o por la fuerza, y logró crear un auténtico ejército fantasma, que tan pronto atacaba a los franceses, como desaparecía en cuanto estos trataban de acorralarlo.

Por otra parte su talento para la administración le permitió organizar la subsistencia de sus hombres si hacerse gravoso a los campesinos. De 1810 a 1813 se dedicó a una labor de hostigamiento de los franceses destinada a mantener entretenidas sus fuerzas, y llegó a tener a dieciocho generales franceses persiguiéndole a la vez. En estos años alcanzó victorias tan resonantes como las dos sorpresas de Arlabán, la batalla de Rocafort y la derrota de la columna infernal del general Soulier.

En febrero de 1813, sitió y tomó Tafalla. En verano de este mismo año estableció contacto con la fuerzas de Wellington, y este le envió a Aragón, donde intervino decisivamente en la toma de Zaragoza. La guerra terminaba para Mina en plena gloria; pero el gobierno de Fernando VII disolvió sus tropas, y trató de conseguir que este hombre que se había convertido en héroe nacional se conformara con vivir retirado, con sueldo de general.

En septiembre de 1814 se pronunció contra el régimen absolutista en Pamplona; los testimonios coetáneos demuestran el carácter liberal y constitucionalista del pronunciamiento. La intentona fracasó, y Espoz y Mina tuvo que refugiarse en Francia, donde fue bien acogido por Luis XVIII. A su regreso de Elba, Napoleón trató de ganárselo, pero Espoz y Mina prefirió huir a Suiza, y no regresó a Francia hasta la derrota definitiva de Bonaparte. En marzo de 1820 pasó a Navarra para secundar el alzamiento de Riego.

En 1821 fue capitán general de Galicia, y en 1822 se le envió a Cataluña. Allí llevó a cabo una campaña magistral que le permitió limpiar el país de partidas absolutistas en el espacio de seis meses. Al producirse la invasión de los Cien mil hijos de San Luis (abril de 1823), trató de realizar una campaña de hostigamiento y diversión, ya que no tenía bastantes fuerzas para enfrentarse a los franceses en campo abierto.

Efectuó un intento de penetrar en Francia que acabó mal: en la retirada Mina cayó del caballo y se hirió gravemente. Ya nunca se recobraría por completo de este percance. Resistió sitiado en Barcelona durante cuatro meses, alentado por una población que estaba dispuesta a llegar a los últimos extremos antes que rendirse. Pero, a partir del mes de septiembre, Barcelona quedaba como el único foco de resistencia en toda España (Fernando VII ya había sido liberado y restablecido como soberano absoluto), y la continuación de la lucha no tenía sentido.

Mina firmó, a comienzos de noviembre, una capitulación muy honrosa con los francesas, y, acompañado por otros jefes, embarcó en el bergantín Le Coursier rumbo a Gran Bretaña, donde fue espléndidamente acogido. Pasó a Francia tras la revolución de 1830; desde allí presionado por unos y otros, realizó una infructuosa entrada en España; su partida fue deshecha en Vera y él mismo estuvo a punto de ser capturado.

Hasta 1834 permaneció enfermo e inactivo en Francia, olvidado por el gobierno español en las sucesivas amnistías de liberales. En este año se le nombró virrey de Navarra y se le confió el mando de la lucha contra los carlistas del norte. Pero su estado de salud, y el hecho de tener que desenvolverse en una tierra que ahora le era hostil y favorecía a sus enemigos, le llevó a renunciar y a regresar a Francia.

En septiembre de 1835, la Junta gubernativa de Cataluña le nombró capitán general. Pese a hallarse enfermo y achacoso, Espoz y Mina aceptó y volvió a dar muestras de su genio militar, iniciando una victoriosa campaña contra los carlistas. Sin embargo, su enfermedad se agravó, y falleció la víspera de Navidad del año siguiente.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Larousse, Ed. Planeta, 1993, tomo 8 pág. 3966-3967.