Francisco Javier de Elio

Francisco Javier de Elío


ELIO, Francisco Javier (1767-1822) (Pamplona-Valencia). Se destacó en diversas campañas militares (defensa de Orán, de Ceuta), tomó parte en las operaciones del Rosellón y, en 1805, fue enviado a América, con el grado de coronel. Nombrado gobernador de Montevideo, donde sucedió a Ruiz Huidobro se enfrentó con el virrey Liniers, e inconscientemente cooperó a la independencia del Uruguay. Las rivalidades entre Elío, gobernador de Montevideo, y Liniers, virrey del Río de la Plata, fueron fomentadas por Goyeneche, representante extraordinario de la Junta Suprema de Sevilla en tierras argentinas. Ya en 1808 sospechó de Liniers al recibir la visita del enviado napoleónico Sassenay, al que prendió al regresar de Buenos Aires. El 10 de septiembre de 1808 hizo presentar una acusación ante las autoridades de Buenos Aires contra Liniers; este quiso relevarlo, pero no se dejó quitar el mando y continuó en el gobierno de Montevideo, aunque en rebeldía contra el virrey, que le era sospechoso por su intimidad entonces con los criollos.

El 21 de septiembre de 1808 hizo constituir en Montevideo una Junta, a semejanza de las de la Península. pero con carácter leal a España e instrumento suyo. Al fracasar el movimiento del 1 de enero de 1809 que pretendió destituir a Liniers, Elío envió a recoger a los regidores deportados adversarios del virrey, y entre ellos a Alzaga. En julio de 1809 disolvió la Junta de Montevideo por considerarla inútil. Elío regresó a la Península en 1810 (abril), destituido por el nuevo virrey Hidalgo de Cisneros; antes de la revolución de mayo, efectuada en su ausencia, y volvió a América en 1811 como virrey del Río de la Plata, aunque no ejerció su cargo más que en Montevideo, por estar insurreccionado todo el resto de su teórico virreinato, incluso la campiña uruguaya. Se había pensado enviarlo antes a Chile, como capitán general. Tomó posesión de su cargo el 19 de enero. Su patriotismo, que inspirando indudablemente todos sus actos era muy superior a su inteligencia, no pudo frenar el proceso de la emancipación americana. Al comienzo suspendió el bloqueo de Buenos Aires, aunque su gobierno le negó el reconocimiento, y retiró tropas de la Campiña.

Su carácter duro e inflexible le hizo chocar con el cabildo, negarse a la creación de una Audiencia y rechazar un plan económico de Vigodet. La Regencia quiso trasladarlo de nuevo a Chile, como capitán general, pero se negó a aceptar (junio de 1811). Decidido a combatir la insurgencia, reanudó las hostilidades contra la Junta de Buenos Aires, declarándole la guerra (13 de febrero de 1811), pero el 28 de febrero estalló la sublevación, luego dirigida por Artigas, del resto del país uruguayo, que se perdió del todo, quedando la soberanía española reducida a Montevideo después de la batalla de Las Piedras (18 de mayo).

Pidió Elío ayuda a la infanta Carlota Joaquina, a pesar del peligro que representaba una intervención portuguesa, pero su apurada situación le hicieron insistir en ella y aceptar una mediación con la Junta, impuesta por Juan VI y el embajador inglés en Río de Janeiro, Strangford. A fines de julio de 1811 penetraron tropas portuguesas en el Uruguay con el pretexto de pacificarlo.

La derrota de Guaqui obligó al gobierno argentino a tratar con Elío, para evitar su hostilidad, peligrosa en aquel momento, y se firmó un armisticio el 20 de octubre de 1811, por el que el primero reconocía a Fernando VII, y la unidad de la nación española y evacuaria la Banda Oriental, comprometiéndose Elío a conseguir lo mismo de los portugueses. Convenio que descontentó a muchos, como a Carlota, las Cortes, que lo desaprobaron, y Artigas, que rehusó someterse a él y se retiró con toda la población a orillas del río Uruguay. Una vez concluido, Elío, ya relevado por la Regencia, dejó el mando a Vigodet el 18 de noviembre de 1811.

De regreso en España en 1812, tomó parte en la última fase de la guerra de la Independencia, y terminada esta, vitoreó a Fernando VII como rey absoluto en Valencia, al frente de sus oficiales (17 de abril de 1814), y le ofreció sus tropas como base para su restauración absolutista, considerándose este acto como el primer pronunciamiento de la Edad Contemporánea española. No fue improvisado este acto, pues ya se había entrevistado Elío con Fernando el 15 en la Venta de la Jaquesa, límite de Aragón y Valencia, y al día siguiente, en Puzol, revistó el rey una división que le tributó honores reales, a pesar de la orden de las Cortes que habían prohibido a Fernando ejercer ningún acto de soberanía antes de jurar la Constitución. La adhesión de Elío y sus tropas facilitó el golpe del 4 de mayo por el cual Fernando VII abolió la constitución y toda la obra de las Cortes de Cádiz y restableció el régimen absoluto.

El ejército de Elío acompañó al rey en su viaje a Madrid, para apoyarlo contra los liberales si había resistencia. Elío se convirtió en caracterizado perseguidor de los liberales valencianos desde su cargo de capitán general. Ordenó fusilamientos, restableció la tortura; sin embargo, en 1820, al ser de nuevo proclamada la Constitución de 1812, cumplió puntualmente la orden de poner en libertad a los presos políticos, entre ellos al conde de Almodóvar, que le sustituyó en la Capitanía de Valencia. Un motín de artilleros, en 1822, en el que se quiso advertir la influencia de Elío, fue la causa de un proceso que le condenó a morir en garrote. La viuda fue después recompensada por el rey, una vez restablecido el absolutismo fernandino en España, y el hijo mayor recibió el título de marqués de la Lealtad.

VILLA, Justa de la, José - EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. A-E, págs. 1228-1229.