Segismundo Casado

Datos biográficos

Militar
Nacimiento: 1893
Fallecimiento: 1968

Biografía

Oficial del Ejército, arma de Caballería. [Nava de la Asunción, Segovia-Madrid]. Oficial del Ejército, arma de Caballería. Diplomado de Estado Mayor y profesor de la Escuela Superior de Guerra, donde ganó fama de técnico militar bien preparado. Ostentaba el grado de comandante al iniciar la guerra civil, y estaba destinado en Madrid como jefe de la escolta del Presidente de la República, Manuel Azaña, a quien trasladó desde el Pardo a Madrid para prevenir cualquier intento de captura por parte de los rebeldes, que tenían previsto conducirlo a Segovia como rehén si la sublevación fracasaba en Madrid.

Retrato de Segismundo Casado.Retrato de Segismundo Casado.

Proclamó su lealtad al Gobierno republicano y contribuyó a la derrota de los insurrectos. Estaba considerado como simpatizante de los anarquistas. Ascendido a teniente coronel por la llamada ley de fidelidad (ascenso concedido a todos los profesionales militares fieles a la República), fue uno de los principales artífices de las brigadas mixtas como nervio del nuevo Ejército Popular, que tanto criticaron otros oficiales profesionales. Fue jefe de operaciones del Estado Mayor Central, director de la Escuela Popular de Estado Mayor y participó destacadamente en la batalla de Brunete al frente de un cuerpo de ejército (VII-1937). Tras la batalla final de Teruel, recuperado por los nacionalistas en febrero de 1938, y la llegada de estos al Mediterráneo, dividiendo en dos la zona republicana, Casado fue ascendido a coronel y designado jefe del Ejército en Andalucía y poco después jefe del Ejército del Centro (17-V-1938).

Estudió minuciosamente la situación de las unidades y el material, y empezó a considerar que la derrota era inevitable a finales de 1938, después de la retirada del Ebro. En consecuencia, realizó diversas gestiones para entablar negociaciones de paz, algunas de ellas a través del cónsul inglés en Madrid, en contra de la política oficial de resistencia a ultranza del Gobierno de Negrín. El 3-II-1939, se entrevistó con el socialista Julián Besteiro, encuentro que fue el punto de partida de la conjunción de las dos ramas (militar y civil) del partido de la paz.

Convocado por Negrín el 12 de febrero, en su primera visita a Madrid tras su regreso a España , en su condición de jefe del Ejército del Centro, le hizo ver por primera vez la inutilidad militar de la resistencia, actitud de abandono que empezaba a hacer estragos entre los mandos militares profesionales. Pero el jefe del gobierno le replicó que, aunque estaba de acuerdo con su apreciación, no puedo renunciar a la consigna de resistir, según certificó el coronel en su relato de los hechos. En una reunión celebrada en el aeródromo de los Llanos (Albacete), la mayoría de los mandos militares hicieron saber al jefe del gobierno que la resistencia les parecía vana.

Según precisó en sus recuerdos Los últimos días de Madrid, esa reunión transcendental se celebró el 16 de febrero, pero todo parece indicar que se trata de un error cronológico. La mayoría de los historiadores, con el apoyo de otros testimonios concordantes, la fijan el 26 ó 27 de febrero, sin que exista ningún documento que permita deshacer el empate entre esos dos días. Tras este cónclave, y en torno a Casado, por su posición clave como jefe del Ejército del Centro, se fraguó una conspiración cívico-militar que aglutinó, por una parte, a los militares profesionales (Matallana, Menéndez, Moriones, Escobar), que criticaban abiertamente la hegemonía comunista en el Ejército Popular, y por otra, a los adversarios políticos tradicionales del PCE, republicanos y anarquistas, todos los partidarios de una paz honrosa o una mediación internacional.

Casado, acompañado por Matallana, celebró otra reunión con Negrín en la llamada Posición Yuste (Elda, Alicante), el 2 de marzo, en la que este les informó de inminentes cambios en los mandos militares y de que ambos iban a ser nombrados para el Estado Mayor. El jefe del Gobierno también le comunicó que sería ascendido a general, un ascenso que nunca se produjo pero que se daría por cierto hasta el punto de que fue anulado por otro decreto firmado el 13 de marzo. En cualquier caso, ambos militares se negaron a aceptar los cambios y sospecharon que Negrín pretendía promover a los comunistas, lo que sin duda aceleró sus planes para terminar con la guerra. El jefe del Ejército del Centro subrayó en su libro que los ascensos previstos darían el control del Ejército a los comunistas.

La conjura desembocó en un golpe de Estado y en la constitución del Consejo Nacional de Defensa, máximo organismo del Estado, especie de gobierno provisional, presidido por el general Miaja, con los socialistas Besteiro (Asuntos Exteriores) y Wenceslao Carrillo (Gobernación), Casado como consejero de Defensa más otros representantes de la CNT y de los partidos republicanos, el 5-III-1939. En el último momento, el Consejo recibió el respaldo crucial del líder militar anarquista Cipriano Mera, que mandaba el IV Cuerpo del Ejército, ya que, ante el caos político reinante, los jefes de las unidades militares se convirtieron en los elementos decisorios del desenlace de la guerra civil.

Fueron las tropas de Mera las que ganaron la batalla final a las divisiones comunistas que, dirigidas por el coronel Luis Barceló Jover, llegaron a ocupar durante tres días los centros neurálgicos de la capital. El Consejo envió a dos militares a Burgos en misión de paz, pero los intentos de negociación fracasaron porque Franco se mostró inflexible y exigió en todo momento la rendición incondicional.

En el terreno militar, el Consejo se mostró implacable con sus adversarios comunistas, como lo demuestra el hecho de que el coronel Luis Barceló fuera pasado por las armas después de un simulacro de juicio. En el campo civil, el Consejo tomó otras decisiones menos traumáticas, como el nombramiento como alcalde de Madrid del anarquista Melchor Rodríguez, director general de Prisiones que había ganado justa fama por su humanidad.

Casado ordenó que se arrancaran las estrellas rojas de los uniformes militares y anuló todos los últimos ascensos. En su libro Los últimos días de Madrid. El final de la II República, Madrid, 1968, ofreció un relato bastante convincente del clima de inquietud, derrotismo y sospechas que reinaba en Madrid, así como de la prepotencia comunista detrás de Negrín, pero no consiguió justificar políticamente el golpe.

En todo caso, constituye un testimonio imprescindible para conocer la agonía de la República en manos de los mismos republicanos. En sus dos primeros capítulos, reprocha a Azaña y Casares Quiroga que no se dieran cuenta de la importancia de la conspiración militar de 1936, de la que, según asegura, estaban debidamente informados.

Los últimos días de Madrid es una nueva versión bastante corregida, de un libro publicado en Londres en 1939 con el título The last days of Madrid. Las discrepancias entre las dos versiones son importante, sobre todo por lo que concierne a la cronología. Recuerda que la derrota del Ebro, la catástrofe de Cataluña y la conducta, que juzga irresponsable, de Negrín decidieron su comportamiento final.

Sus adversarios comunistas, además de tildarle de traidor, aseguran que actuó bajo la influencia de Gran Bretaña a través de su agente Denis Cowan en la capital. Paul Preston considera poco probable que fuera un agente británico, como sugirieron desde le PCE, pero ciertamente estaba en contacto con representantes británicos en Madrid, que probablemente le animaron en sus esfuerzos por poner fin a la guerra.

Bien es verdad que la argumentación política y jurídica que respaldaba la formación del Consejo Nacional de Defensa fue ofrecida por su presidente, el socialista Julián Besteiro. Frente a las críticas comunistas, Casado lanzó muy duras acusaciones contra Negrín, entre ellas, las de tener secuestrado al Presidente de la República y revender material de guerra adquirido en Estados Unidos. También recuerda que Negrín y la mayoría de los ministros huyeron de España en avión apenas seis horas después del anuncio de la formación en Madrid del Consejo Nacional de Defensa, como dando a entender que el abandono estaba preparado de antemano pese a todas las consignas de resistencia.

Un excelente estudio de las posiciones de Casado y Negrín, como adalides de dos concepciones enfrentadas, con otros análisis de interés de toda la documentación disponible sobre el crepúsculo de la contienda, se encuentra en la monografía de Ángel Bahamonde Magro y Javier Cervera Gil titulada Así terminó la Guerra de España, Madrid, 1999. Para todo lo concerniente a estos acontecimientos resulta de gran utilidad el libro de Luis Romero titulado El final de la Guerra, Barcelona, 1976.

Junto con otros consejeros y jefes militares, Casado abandonó España por el puerto de Gandía en el destructor inglés Galatea (29-30-III-1939) y estuvo exiliado en Gran Bretaña, donde fue comentarista de la BBC. Luego se refugió en Colombia (1947) y finalmente en Venezuela. Regresó a España el 5-IX-1961, fue sometido a un consejo de guerra y acusado de auxilio a la rebelión y otros delitos que se le imputaban, pero la causa fue sobreseída el 5-X-1964 por prescripción del delito. No consiguió reingresar en el Ejército ni cobrar una pensión, pero el Consejo de Ministros decretó su indulto en la causa por responsabilidades derivadas de la ley de represión de la masonería, de la que era miembro (8-X-1965).

Madridejos, Mateo, Diccionario onomástico de la guerra civil, Ed. Flor del Viento, 2006, págs. 85-88.