Antonio Nariño

Revolucionario neogranadino

Nacimiento: 1765

Fallecimiento: 1823

Biografía

Antonio NariñoAntonio Nariño.

NARIÑO, Antonio (1765-1823) [Santa Fe de Bogotá - Leiva (Colombia)]. Revolucionario neogranadino. Hijo de un caballero gallego, alto funcionario colonial, acomodado y culto, y nieto por línea materna de un madrileño. No estudió en la Universidad y sí en el colegio de San Bartolomé, pero se formó en la biblioteca paterna, y por su linaje y elevada condición social tuvo una carrera de honores rápida y temprana. Antes de los diecisiete años fue abanderado de un regimiento de milicias contra los comuneros; a los veinticuatro fue elegido alcalde ordinario y luego nombrado alcalde mayor provincial, cargo que después renunció.

Desde 1789 era alma de un club que se reunía en su casa, de ideas revolucionarias, dedicado al estudio y a la lectura de autores enciclopedistas y al cultivo de las ciencias, del que formaban parte varios patricios de análoga ideología, partidarios de la razón y de la libertad y amigos de la independencia, como Francisco Antonio Zea, los Azuolas, Joaquín Camacho, Jorge Tadeo Lozano, Francisco José de Caldas, presididos por un retrato de Franklin. Favorecido por los virreyes Francisco Gil de Taboada y José de Ezpeleta, fue nombrado tesorero de diezmos, contra la voluntad del cabildo de la catedral, que protestó en vano (1789), lo cual le permitía disponer y manejar una cantidad enorme de dinero, que invirtió en empresas agrícolas y comerciales, en especial en especulaciones de azúcar y quina, en las que participaban otras personas; inspiró tal confianza que pudo optar de nuevo a la provisión definitiva del cargo, por no faltarle asociados y valedores, lanzándose a empresas arriesgadas, en las que comprometió fondos considerables.

Poseía una imprenta particular, y excitado por las ideas de la Revolución francesa, a fines de 1793 o comienzos de 1794 publicó clandestinamente una traducción de los Derechos del Hombre, a base de un libro que le prestó un oficial, y de la que circularon escasísimos ejemplares, según afirmó luego Nariño, aunque esto es dudoso. Coincidieron dos causas para ocasionar su ruina, y que han sido fuertemente controvertidas, por un lado, la aparición, el 19 de agosto de 1794, de dos pasquines, en que se vertían conceptos irreligiosos y se atacaban los impuestos, excitando a la rebelión, lo que motivó que le prendiera el oidor Joaquín Mosquera, el 29 de dicho mes, según han admitido los historiadores en general, y últimamente Guillermo Hernández de Alba, aceptando como causa la edición de los Derechos y su actitud subversiva; para Jorge Ricardo Vejarano (1938), la fecha fue el 9, antes de la aparición de los pasquines y debido a un supuesto descubierto en la caja y a una denuncia por malversación, hecha por el cabildo —de la que no hay prueba—, lo que ha sido enérgicamente impugnado por el citado historiador.

Llevaron el proceso por los conatos revolucionarios Mosquera y el oidor Juan Hernández de Alba, encausando a otros muchos comprometidos, como Zea, Sinforoso Mutis, sobrino del hombre de ciencia José Celestino Mutis; los franceses Luis de Rieux y Manuel de Froes, José Maria Cabal y otros varios, que fueron desterrados y deportados, Narino sufrió un doble proceso, político y civil; se le embargaron sus bienes, y no pudo responder de las sumas de los diezmos, invertidas en las mencionadas empresas y en anticipos, quedando totalmente arruinado. Además, la acusación del desfalco, por la gente perjudicada, pero siempre sobre él y no pudo verse libre en vida de sospechas y de un ambiente hostil.

En 1795, con otros diez reos, fue trasladado a España, pero en Cádiz se fugó (III-1796) y se presentó en Madrid, para pedir clemencia al rey, y se paseo por la corte libre y con dinero, por ayudas desconocidas, probablemente masónicas, hasta que confirmándose la sentencia, huyó a Francia, donde conoció a Teresa Cabarrús y a Tallien, a quien presentó un plan emancipador de Hispanoamérica; no habiendo recibido apoyo, pasó a Londres, donde trató en vano de ponerse en contacto con Pitt para solicitar la ayuda inglesa, por la que ofrecía ventajas comerciales, por advirtió que se buscaba un cambio de dominación. Entró en relación con Miranda, aunque no muy íntima.

A fines de 1796 volvió a América, recorriendo las Antillas Menores y luego, disfrazado, Venezuela, buscando ambiente para la revolución, lo que prosiguió en su patria. Enteradas las autoridades de su regreso y actividades subversivas, temieron que la situación fuera insegura y que estallara efectivamente un movimiento insurgente, por lo que el virrey Pedro de Mendinueta, aconsejado por el arzobispo Baltasar Jaime Martínez Compañón, le ofreció el perdón y regresó a Santa Fe (13-VII-1797), pero no se le cumplió la palabra y de nuevo fue procesado por Hernández de Alba, denunciando a los comprometidos en sus manejos.

Seis años permaneció preso en Bogotá, en duras condiciones, sin que fueran oídas sus súplicas a los reyes; el temor hizo que su abogado del primer proceso, José Antonio Ricaurte, preso desde entonces por los conceptos subversivos que emitió, acabara por morir cautivo en Cartagena. Por el mal estado de su salud, consiguió Nariño, en 1803, ser trasladado al campo, en calidad siempre de detenido, y allí se repuso rápidamente, dedicándose con gran actividad a tareas agrícolas y ganaderas, que rehicieron su destruida fortuna y le consiguieron de nuevo consideración social.

En 1807 el virrey Antonio Amar pidió su perdón al rey, y muy atenuado su confinamiento, consiguió un breve paréntesis feliz en su agitada e infortunada vida; a dos de sus hijos los envió a estudiar a Inglaterra. Pero el enrarecido ambiente difundido desde 1808, hizo recaer sospechas de nuevo sobre él; por creérsele complicado, quizá sin base, en la conjura del canónigo Andrés Rosillo, fue llevado preso a Santa Fe (23-XI-1809), por orden de Alba, y deportado a Cartagena, donde volvió a sufrir otra dura prisión, a la par que se le embargaban de nuevo sus bienes y caía de nuevo en la miseria. Permaneció así hasta que le puso en libertad el representante de la regencia, Antonio de Villavicencio, simpatizante con la independencia (julio de 1810).

A pesar de ser el precursor de la revolución en Nueva Granada y el patriota que más había padecido, no solo no tomó parte en la sublevación del 20 de julio de 1810, por estar aún en Cartagena, sino que fue olvidado y también mal visto por los revolucionarios de última hora, temerosos de su prestigio; se le retuvo en Cartagena, en calidad de detenido, y se intentó resucitar el asunto de los diezmos. No volvió a Santa Fe hasta diciembre de 1810, pero en seguida hizo advertir su presencia, pues era hombre ambicioso, enérgico y de clara inteligencia y no podían olvidarse sus servicios a la independencia. Fue nombrado secretario del Congreso, pero no se presentó candidato en las elecciones para la Junta de Gobierno de Cundinamarca, cuyo presidente fue Jorge Tadeo Lozano (1811).

Se disgregaba la flamante nación en absurdos federalismos y en imitaciones francesas y norteamericanas, y Nariño se consagró a combatir, con su palabra y en el periódico La Bagatela tal situación, y la ineptitud de los gobernantes, consiguiendo ser proclamado presidente del Estado de Cundinamarca por un motín el 19 de septiembre de 1811, nombramiento que hizo convalidar electoralmente, asumiendo un poder dictatorial en realidad, frente a la disgregación triunfante, lo que le enfrentó con el Congreso y las pro vincias, que acabaron por retirar la asamblea a Tunja, acusando a Nariño de violar la Constitución de Cundinamarca, tras haberle autorizado a anular algunos artículos.

Apoyado en el ejército, quiso agregar algunas comarcas a Cundinamarca, provocando la guerra con el Congreso, cuyos miembros estaban obsesionados por ideas francesas y norteamericanas y ciegos a la realidad; le abandonó a Nariño el jefe militar Antonio Baraya, secundado por los futuros presidentes Rafael Urdaneta y Francisco de Paula Santander. Habiendo sufrido alguno reveses, firmó Nariño la convención de Santa Rosa, que venía a sancionar la situación existente en forma contraria a las aspiraciones de Nariño, quien renunció a la presidencia, sucediéndole Manuel Benito de Castro, pero por brevísimo tiempo, pues amenazas de Baraya, al servicio de los federalistas, hicieron conferir de nuevo a Nariño la dictadura (12-IX-1812), y siguió la hostilidad con el Congreso, instalado en Leiva, con quien estalló la guerra; ante su actitud, reunió Nariño una asamblea para separar Cundinamarca de las Provincias Unidas; el presidente de Nueva Granada, Camilo Torres, envió tropas contra Santa Fe, mandadas por Baraya, que atacaron la capital el 9 de enero de 1813, siendo derrotadas completamente, portándose Nariño con generosidad; el Congreso tuvo que reconocer el gobierno de Nariño en Cundinamarca, quedando las cosas en igual situación. El 4 de junio de 1813 fue reelegido presidente, y días después, al reunirse el Colegio electoral, pronunció el mejor discurso político de la época con gran visión de la realidad.

Ante la invasión del Sur, hacia Popayán, por el ejército realista de Juan de Sámano, se otorgó a Nariño el mando de las fuerzas granadinas que debían oponerse, tanto de las de su Estado como de las de la Unión, con el título de teniente general (28-VI-1813). Había enviado auxilios a Bolívar, refugiado entonces en Nueva Granada, para emprender su segunda campaña en Venezuela. Antes de iniciar la suya, Nariño hizo proclamar por el Colegio electoral (Parlamento) la independencia absoluta de Cundinamarca, anulando la ficción del reconocimiento de Fernando VII y dando estado legal a la situación de plena independencia de hecho existente (16 de julio de 1813).

Dimitió Nariño la dictadura y se eligió presidente del Estado a su tío Manuel Bernardo Álvarez. A fines de septiembre salió Nariño con el ejército para combatir a los realistas de Quito y de Pasto, el foco de resistencia españolista de Nueva Granada. Cabal derrotó a Sámano en el Alto de Palacé (30-XII), y los insurgentes recobraron Popayán; poco después, Nariño derrotó a Sámano en Calibío (I-1814), donde murió el valiente jefe realista Ignacio Asín, y pelearon mujeres realistas. Reorganizadas las fuerzas, siguió Nariño su avance hacia Pasto, y el 9 de mayo de 1814 pasó el río Juanambú y venció en Tacines a Melchor Aymerich, pero fracasó al atacar Pasto (10-V); se dispersó y retiró su ejército, y Nariño, solo, tuvo que entregarse (14-V), siendo llevado a Pasto, donde estuvo a punto de perecer a manos de la multitud, enemiga de los independientes, protegiéndole Aymerich y Tomás de Santa Cruz, que no cumplieron la orden de fusilarlo, dada por Toribio Montes, presidente de la Audiencia de Quito

Durante su prisión en Pasto fue turbia la conducta de Narino, pues propuso al Congreso granadino una tregua insistentemente, con aquiescencia de Montes y Aymerich, pero que fue rechazada tanto por el Congreso, donde carecía de simpatías, como por el gobierno de Cundinamarca. Se ha supuesto que trataba de salvarse, frenando la revolución, o, más benévolamente, que pensaba salvar a esta, conservando su persona como indispensable; pero tal actitud suscitó sospechas de traición en él.

Estuvo prisionero trece meses en Pasto; luego fue llevado a Quito; de allí al Callao, y embarcado para Cádiz, donde sufrió de nuevo una rigurosa prisión en su cárcel real, en la que entró en marzo de 1816, y en la que permaneció cuatro años justos. Le libertó la revolución liberal de 1820 (23-III-1820), a la que se adhirió, escribiendo en la Prensa en favor de la independencia americana, pero con cierta discreción, para atraer a los liberales a su punto de vista, consistente en distinguir algo falazmente la separación de la emancipación, a la que enfocaba en forma semejante a la posterior de los dominios británicos; orientó a los liberales en las cuestiones americanas, pero negó que bastara la Constitución para satisfacer a los patriotas de allá; atacó con violencia a Morillo, y es probable que, no obstante su encarcelamiento, colaborara en la sublevación y en el fracaso de la expedición destinada a América.

Amigo de Riego y Quiroga, presidió la Sociedad Patriótica de San Fernando, pero combatido por enemigos, incluso americanos, huyó a Gibraltar (mayo de 1820), siendo, no obstante, elegido diputado a las Cortes españolas por Nueva Granada, por seis votos de americanos residentes en la Península, cuando la soberanía española era inexistente en aquel país. Sus adversarios aún querían resucitar el viejo asunto de los diezmos. Rehusó Nariño la ridícula representación, y sirvió en Gibraltar de agente a Bolívar pasando luego a Londres, llamado por Zea, quien gestionaba allí un empréstito para Colombia.

Regresó a América, compareció en Angostura (11-1821), y se presentó a Bolívar en Achaguas (III-1821), quien le recibió muy bien, reconociendo su grado de general, aunque quizá en el fondo no se avinieron del todo entonces; simpatizaba Bolívar con las ideas de Nariño, que coincidían con las suyas en muchos aspectos; supone Vejarano que Bolívar, en su discurso de Angostura, en 1819, tuvo presente el de Nariño al Congreso de 1813.

Le nombró Bolívar vicepresidente interino de Colombia, en sustitución de Juan Germán Roscio, que había fallecido, y le encomendó la apertura del Congreso de Cúcuta, que efectuó el 6 de mayo de 1821; le había encargado que presentara su renuncia a la presidencia y le señalaba entre los que podían sucederle. Presentó Nariño un proyecto de Constitución, que más bien era un tratado de Derecho político, de carácter federal ahora, y que no mereció la simpatía del Congreso, donde contaba con muchos enemigos y carencia de respeto a su pasado; una serie de disgustos acarrearon su dimisión de vicepresidente, que fue admitida inmediatamente, nombrándose a José María del Castillo y Rada (5-VII-1821).

Se hallaba enfermo y agotado, pero surgió en Nueva Granada una reacción favorable, pues allí era más popular y se estimaban sus servicios a la independencia, eligiéndosele senador por Bogotá, lo cual le valió la resurrección del asunto de los diezmos, por considerarle sus enemigos incapacitado como deudo fallido, añadiendo su fracaso en Pasto y su ausencia. Se reunió el Senado en abril de 1823 y examinó el asunto, defendiéndose brillantemente Nariño, que demostró su inculpabilidad y no ser falta suya la quiebra, al fallarle los fiadores, que no le liquidaron. El Senado le absolvió de las tachas. Santander, vicepresidente de Colombia, era adversario suyo, aunque fingía respetarle; Nariño ahora defendía el federalismo, por tratarse la Gran Colombia de un Estado muy grande y compuesto de pueblos aislados hasta entonces y con personalidad.

Sobrevivió poco a su apoteosis en el Senado. Murió en Leyva el 13 de diciembre de 1823. De sus hijos, unos fueron patriotas, como Antonio, que compartió sus desgracias, y otros realistas, como Gregorio, que hubo de expatriarse definitivamente a Cuba, por su adhesión a la causa de España. Nariño fue uno de los más importantes precursores, más que actores, de la independencia hispanoamericana, y la principal personalidad colombiana de su época.

Defendió con tesón sus ideas, y por llevarlas a realización luchó desde la juventud, a costa de sufrimientos y persecuciones poco igualados entre sus compatriotas, aunque, a diferencia de los demás próceres de su país, fue de los escasos de relieve que salvaron la vida de la represión de Morillo. Aunque su ideología procedía de la francesa del XVIII y de la Revolución, como Bolívar, fue siempre partidario de la unidad y de un régimen de autoridad, a la par que republicano, y opuesto a las imitaciones del federalismo, que, en el fondo, solo satisfacían ambiciones provincianas. Su etapa de mando sirvió para crear un espíritu propicio a la separación, poco difundido aún en el pueblo, y para formar una conciencia colectiva y un ánimo de lucha, inexistentes al comenzar la Patria Boba y que se manifestó clara y enérgicamente después.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. N-Z, págs. 12-15.