José Gaspar Rodríguez

Dictador de Paraguay

Nacimiento: 1759

Fallecimiento: 1840

Biografía

José Gaspar Rodríguez de FranciaJosé Gaspar Rodríguez de Francia

RODRÍGUEZ DE FRANCIA, José Gaspar 17587-1840) [Asunción-ibidem]. Hijo de un portugués o brasileño, que se avecindó en el Paraguay dedicándose al comercio, y siendo además oficial de milicias y administrador de las temporalidades de los jesuitas expulsos en el pueblo de Yguarón; su apellido era Rodríguez França, que su hijo castellanizó en de Francia; la madre, María Josefa de Velasco y Yegros, pertenecía a distinguida familia del país. Se le atribuyó, quizá sin exactitud, ser mulato, complejo que pesó sobre Rodríguez de Francia. No se sabe con exactitud la fecha de nacimiento de don José Gaspar, señalándose 1756 y 1766, prefiriendo la última el historiador paraguayo Julio César Chaves. Ya de niño era reconcentrado y estudioso. Hacia 1780 estudió la carrera eclesiástica en Córdoba del Tucumán, en el colegio de Nuestra Señora de Monserrat, regresando en 1785, ostentando los títulos de doctor en Teología y maestro en Filosofía, por lo que se le llamaría el doctor Francia, aunque quizá no terminó los estudios; era clérigo de menores, pero, sin vocación, no se ordenaría; había adquirido honda cultura.

Se dedicó a la abogacía, defendiendo gente humilde y sufriendo un desaire al pretender casarse, lo que no perdonó; vivía aislado, huraño y resentido; correcto y frugal, pero libertino, de vida modesta y desinteresado, pero duro y frío. Fue profesor de Latín, Teología (1789) y luego de Filosofía en el Colegio de San Carlos de Asunción, fundado la expulsión de los jesuitas; formó una biblioteca propia, con muchos libros enciclopedistas introducidos ocultamente, asimismo era aficionado a las matemáticas y la astronomía. Perteneció al municipio y fue alcalde primer voto (1808) y procurador síndico (1809). También fue promotor fiscal de Hacienda y diputado interino del Consulado, En 1809, al conceder la Junta Suprema de España representación en ella a América, fue elegido Francia compromisario para la elección definitiva de diputado por el Río de la Plata. Parecía gozar de consideración pública.

Al comenzar la crisis de la Emancipación en 1810, no asistió Francia a la junta convocada por el gobernador Velasco el 24 de julio, en que se acordó reconocer a Fernando VII y la Regencia de España, mantener amistad con la Junta de Buenos Aires, sin someterse a ella, y formar una junta provincial. Tampoco figura en los meses siguientes ni a raíz de la invasión de Belgrano.

Velasco, por el motín del 14 de mayo de 1811, promovido por Pedro Juan Cavallero, tuvo que aceptar dos diputados adjuntos para ejercer el gobierno: Juan Valeriano de Zevallos y Francia, propuesto este por Pedro Somellera, asesor del casi depuesto gobernador, a pesar de la inhibición mantenida hasta entonces (16 de mayo). El 9 de junio fue eliminado Velasco.

El 17 de junio se abrió el Congreso, presidiéndolo Francia, con Zevallos y Cavallero, y pronunció el primero un discurso, de tono liberal y rusoniano; destituido Velasco, anulada toda autoridad de España y prohibido todo cargo a los españoles, se eligió otra Junta, presidida por Fulgencio Yegros, con Francia, Cavallero, el presbítero Francisco Javier Bogarín y Fernando de la Mora. Hizo prender Francia a Somellera, e incompatible con el resto de la Junta, se retiró en agosto, echándose de menos su actividad, e hizo salir de ella a Bogarín, su antiguo rival en la cátedra. Volvió a la misma el 6 de septiembre, pero censurando a los oficiales que le habían reintegrado, por su antipatía a la ilegalidad y al militarismo. Una conjura españolista, promovida probablemente por Francia y fracasada, le dio ocasión para atraerse a este elemento al poner fin a la represión.

Frente a Buenos Aires impuso el tratado del 12 de octubre, que reconocía de hecho la independencia del Paraguay, pero con un régimen de confederación; en realidad quedaba desligado de toda sujeción al Río de la Plata. Era ya Francia el verdadero dueño de la Junta y empleaba su poder para saciar sus viejos rencoresiglo Volvió a retirarse de la Junta (diciembre de 1811), la cual realizó por su parte una amplia labor, especialmente en el terreno de la instrucción, economía y judicial y que abolió la Inquisición.

En silencio buscaba Francia apoyos para más adelante y el 16 de noviembre de 1812 fue llamado de nuevo a la Junta, pero exigió el mando de un cuerpo armado, e hizo eliminar a Mora, que había sido bastante eficaz y más que antes fue en realidad el gobernante único, dejando postergados a sus colegas Yegros y Cavallero.

Un nuevo Congreso con un millar de diputados —maniobra de Francia— se reunió el 30 de septiembre de 1813 y rechazó la misión de Nicolás Herrera para que el Paraguay enviara diputados a la Asamblea Constituyente argentina; creó un nuevo sistema de gobierno, el Consulado, con dos cónsules, siendo el primero y en duración Francia y se confirmó oficialmente la independencia, adoptándose la designación de República, y de golpe dio el grado de brigadier a Francia, hombre puramente civil hasta entonces. Francia gobernó, dejando el lugar secundario a Yegros, e incluso actuó en los meses que correspondian al segundo. Ante el conflicto entre Artigas y Buenos Aires mantuvo la neutralidad. Reintegrado al Consulado el 18 de junio de 1814, ya no volvió a soltar el poder de sus manos.

Comenzó con medidas tiránicas y vejatorias contra los españoles, prohibiéndoles el matrimonio con paraguayas criollas, lo que más tarde hizo extensivo a todo extranjero, lo que acarreó la relajación de costumbres. Otro Congreso, con un millar también de miembros, proclamó a Francia el 3 de octubre de 1814 Dictador Supremo de la República, por cinco años por entonces. El apoyo de Cavallero evitó alguna oposición militar, difícil también por haberse enviado de tiempo atrás a la frontera a los oficiales más destacados.

Viviría en adelante más austero y solitario que nunca. Astutamente había ido preparando su ascenso al poder y se consolidaría en él y lo ejercería con crueldad, pero, por otra parte, había evitado guerras civiles y mantendría a su país en paz y libre de la anarquía argentina. El Congreso de 1816 concedió el 19 de junio a Francia la perpetuidad de su dictadura. Minuciosamente gobernaría y dispondría, sin más ley que su voluntad, de la vida de los ciudadanos, que no podían casarse ni viajar sin su permiso ni permanecer en la calle a su paso.

Organizó un ejército sometido exclusivamente a él y que sostendría su dictadura. Redujo la administración considerablemente —no hubo ministros ni Congreso— y la legislación se redujo a la resolución de los casos que se presentaban; suprimió el cabildo municipal de Asunción y el Consulado y él fue el juez supremo; a las gentes de color se aplicaba la pena de azotes y Francia incluyó a sus enemigos y sus familias en la categoría de mulatos.

La enseñanza pública quedó suprimida, pero los particulares tuvieron interés en sostener maestros y la enseñanza logró mantenerse; pero no hubo más bibliotecas que la reservada del dictador ni existió imprenta ni se introdujeron más libros que los destinados a su uso. La dureza de su régimen se transformó en terror a raíz de la conspiración fracasada de 1821, dirigida por los hermanos Montiel, que dio pretexto para numerosos encarcelamientos, confiscaciones y ejecuciones, entre ellas la de los patriotas Yegros y Cavallero, suicidándose este.

Confinó a todos los españoles y les impuso enormes contribuciones; muriendo el antiguo gobernador Velasco en la miseria; por un incidente, encarceló muchos años a los naturales de la provincia de Santa Fe. Aisló el Paraguay, estableciendo al final una total incomunicación, sin que nadie pudiera salir ni entrar, tras monopolizar el comercio exterior, limitándose este a dos puntos en las fronteras argentina y brasileña, y por trueque, por estar prohibida la salida de moneda; muy caros los artículos importados y fijado un bajo precio para los propios, bajó el nivel de vida en géneros de uso, pero no hubo hambre por la abundancia de ganado y se desarrolló la elaboración de tejidos de algodón.

Artigas, refugiado en el Paraguay (1820), fue encerrado en un convento y luego confinado en lugar lejano. El naturalista francés Bonpland permaneció recluido en el país diez años (1821-1831), pese a las gestiones incluso del emperador del Brasil y de Bolívar, que pensó por un momento invadir el Paraguay y derribar a su dictador. No mantuvo Francia relaciones diplomáticas y rechazó los intentos de varios países por establecerlas, salvo unas breves con el Brasil. Aislamiento al que el pueblo estaba ya acostumbrado, en algunas regiones, por el antiguo sistema jesuítico.

Incrédulo, persiguió también Francia a la Iglesia: en 1819 suspendió por sí al obispo Benito García de Panés, franciscano andaluz; decretó la supresión de las órdenes religiosas y no permitió más matrimonios que los autorizados por el dictador; confiscó los conventos; persiguió al clero, como a los demás, y rehusó contactos con la Santa Sede, manteniendo a la Iglesia paraguaya sin relación con el Papa. Al obispo lo restituyó en sus funciones en 1838, muriendo a poco. Hizo derribar parte de Asunción, con el pretexto de que los fundadores españoles eran unos bárbaros, y quiso darle un aspecto totalmente regular y monótono, pero solo dejó en realidad ruinas, destruyendo la vieja ciudad colonial.

Duró el terror hasta su muerte, habiendo aniquilado todos los elementos de resistencia, destruido o debilitado las clases superiores e implantado una especie de nivelación social; en cambio la masa gozó de paz, de orden y de cierto bienestar y el país se vio libre de las guerras civiles que azotaban a los demás países americanos y de guerras exteriores, incluso aumentó mucho la población, dando el censo de 1831, 375.000 habitantes. Se desarrollaron la agricultura y la ganadería. La modestia de la vida y la austeridad y espíritu ahorrativo de Francia hicieron que la hacienda se administrase con honradez y los impuestos fueron moderados, salvo las confiscaciones y multas. Murió el 20 de septiembre de 1840, sin reconciliarse con la Iglesia ni dejar nada dispuesto sobre el gobierno. Su muerte fue sentida por el pueblo.

Una junta improvisada mantuvo la dictadura hasta octubre del mismo año, en que un golpe militar instaló otra, libertándose a cientos de presos políticos. Sus restos fueron más tarde extraídos de la iglesia y desaparecieron. Elogiado por Rosas, Comte y Carlyle, la tiranía de Francia ha sido objeto de las más acres condenaciones, pero no han faltado quienes han señalado la paz y los beneficios gozados por su país, aunque a costa de los sacrificios de los principios de todo derecho, de la más elemental libertad y de muchos hombres. Por otra parte, la dictadura del doctor Francia es excepcional por sus caracteres en la América española y aun en la Historia general .

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. N-Z, págs. 501-503.