Tomás Wolsey

Datos biográficos

Político y Religioso inglés
Nacimiento: 1475
Fallecimiento: 30-XI-1530

Biografía

Entre los hombres de estado de Inglaterra el primero verdaderamente renacentista es el cardenal Tomás Wolsey, el gran canciller de Enrique VIII. Renacentista en todos los aspectos: por la rápida ascensión de su fortuna, por la inclinación de sus gustos, por su elocuencia, habilidad diplomática y energía en el gobierno, por sus tendencias autoritarias, por su visión de la gran política, y, también, por la inmoralidad y liviandad de sus costumbres privadas. Gran trabajador, preocupado por el bien del Estado, atento administrador de la justicia, fue, por otra parte, celoso, egoísta y orgulloso. A su lado Enrique VIII era una sombra de monarca. El rey era Thomas Wolsey. Ego et meus rex, como escribía muy a menudo.

Retrato de Tomás Wolsey.Retrato de Tomás Wolsey, por Sampson Strong en la Christ Church (1526)

Hijo de Roberto y Juana Wolsey, de familia modesta, Tomás nació en Ipswich hacia 1475. Su juventud transcurrió en el marco universitario de Oxford, en especial en el Colegio Magdalen. Aquí obtuvo su bachillerato (1490), y también un cargo de profesor, en fecha indeterminada. En 1498 recibió órdenes sagradas. Durante algún tiempo tuvo a su cargo la educación de los hijos de Tomás Grey, marqués de Dorset, el cual le proporcionó en 1500 la parroquia de Limington. El Somerset tenía horizontes demasiado limitados para el ambicioso sacerdote. A la muerte de su protector, logró hacerse nombrar familiar del arzobispo Deane (1501), y cuando este también murió 1503) pasó al servicio de sir Ricardo Nanfan, diputado de Calais.

Este le recomendó a Enrique VII, el cual supo descubrir en el avispado sacerdote grandes dotes para la diplomacia. En 1508 le utilizó en una embajada a Escocia y en las negociaciones para una propuesta de matrimonio con Margarita de Saboya. Al año siguiente recibía el diaconato de Lincoln. Esta rápida ascensión culminó al advenir al trono Enrique VIII. Este le hizo su limosnero y en 1511 le otorgó un lugar en el Consejo Privado. Desde aquí decidió la política internacional a favor del partido que propugnaba la guerra contra Francia, el de Surrey, en contra del acaudillado por Ricardo Fox.

En el transcurso de la contienda se acreditó de habilísimo organizador. Los servicios rendidos al rey y al Ponficado le valieron los obispados de Lincoln y Tournai, el arzobispado de York y el cardenalato en menos de tres años (1512-1514). Después del triunfo de Francisco I de Francia en Marignano, renovó su actitud belicista. Fox y sus partidarios salieron del consejo, el que predominó desde entonces sin rival el cardenal Wolsey, nombrado ya canciller (1515).

Hasta entonces su política exterior se había orientado a evitar la hegemonía de Francia en el continente. Dejándose arrastrar por su enemiga a este país, cometió el error, desde el punto de vista británico, interesado en mantener el equilibrio de fuerzas en el continente, de apoyar en demasía la política de Carlos V. El momento culminante de Wolsey se sitúa entre 1520 y 1521, cuando Francisco I y Carlos V le halagaban para atraerse a alianza de Inglaterra. Se inclinó hacia el emperador por el tratado de Calais (1521), quizá con la esperanza de que Carlos influiría para fuera elevado a la dignidad pontificia. Este pacto permitió la realización de la supremacía imperial en Europa después de la victoria de Pavía (1525) y la sumisión de Clemente VII (1527).

La paz de las Damas de 1529 arruinó el crédito político de Wolsey en Inglaterra, ya minado por la oposición del Parlamento a votar los impuestos exigidos y por su actitud de hostilidad al proyecto de divorcio de Enrique VIII, no cuanto al hecho en sí, sino en su tramitación y consecuencias. Convencido de la inminencia de su caída, renunció a todas sus prebendas y beneficios, excepto al arzobispado de York, donde en sus últimos meses de vida dio ejemplo de un celo episcopal verdaderamente notable. Murió en la abadía de Leicester en 30-XI-1530. Su desaparición iba a permitir la realización del Cisma inglés por Enrique VIII y sus secuaces.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, pág. 259.