Conde de Cavour

Datos biográficos

Político italiano
Nacimiento: 10-VIII-1810
Fallecimiento: 6-VI-1861

Biografía

Camillo Benso, conde de Cavour. Retrato de Antonio Ciseri.Camillo Benso, conde de Cavour. Retrato de Antonio Ciseri

En el aspecto político, la personalidad más eminente del Risorgimento es la de Camilo Benso, conde de Cavour. Y no porque entre los que patrocinaron con la pluma, la palabra o el fusil la unidad de Italia no existieran hombres que le superasen en inteligencia o en actividad, sino porque, entre muchos, él fue el único que con una constancia sin par y una tenacidad admirable supo crear, aprovechar y traducir en realidades prácticas las condiciones que hicieron factible el sueño de los patriotas. Cavour fue, ante todo, un político genial; sin disputa, el mejor político de Italia en el siglo XIX.

Descendiente de una aristocrática familia del Piamonte, enlazada con la nobleza legitimista francesa y con la burguesía calvinista de Ginebra, Camilo nació en Turín el 10 de agosto de 1810 del marqués Miguel Benso y de la condesa Adela de Sellon. En 1820 entró en la Academia militar, de la que salió en 1826 con el grado de oficial de ingenieros. Estuvo de guarnición en varias ciudades del Piamonte y en Génova. Aquí se relacionó con los elementos políticos más exaltados. Habiéndose hecho sospechoso ante las autoridades, fue trasladado, casi confinado, a Bard (1831); entonces solicitó su licencia, que le fue concedida el 12 de noviembre.

Por espacio de dieciséis años, Camilo Benso se dedicó a los estudios económicos y sociales. Sus ideales se moderaron en el aspecto político —definitivamente se consolidaron en un monarquismo constitucionalista— y se ampliaron en el patriótico. Estuvo en París en 1835 y dos veces en Londres (1835 y 1844), frecuentando los círculos políticos y económicos de ambas capitales. Desde 1835 residió casi de continuo en Leri, ocupándose en la dirección de las fincas de su padre, el cual ejercía el cargo de jefe de policía de Turín. Sus estudios económicos, estadísticos y ferroviarios le dieron a conocer entre las selecciones intelectuales del reino. Pero en 1847 era desconocido del pueblo.

A fines de este año, amparándose en las reformas con cedidas por Carlos Alberto, Cavour fundó Il Risorgimento. Desde las columnas de este periódico abogó por la concesión de una carta constitucional y por la ruptura con Austria. Sus apasionados artículos influyeron en las decisiones adoptadas por el monarca sardo en 1848. En junio de este año fue elegido diputado al Parlamento, en cuya asamblea no logró de momento destacar. Pero en los aciagos días de 1849, después de la derrota de Novara, Benso fue quien profirió las primeras palabras de esperanza.

Apoyó luego a Massimo d'Azeglio en su tarea de reconstrucción del Estado, y el 11 de octubre de 1850 fue nombrado ministro de Agricultura, Industria y Comercio. Al año siguiente asumió, asimismo, la cartera de Hacienda, desde la cual dirigió la recuperación económica del país. Dentro del ministerio d'Azeglio, Benso se reveló como el político mejor dotado. Por una complicada maniobra política, provocó la dimisión del consejo de ministros en mayo de 1852. Después de un viaje a Inglaterra, a su regreso a Turín recogió los frutos de su intriga. El 4 de noviembre de 1852 era nombrado primer ministro, con el apoyo de los conservadores moderados y de los liberales no progresistas.

En nueve años, gracias a una labor gigantesca que pagó con su vida, Cavour logró ver instaurada, si no la total unidad de la Península, sí por lo menos la realeza de Italia. En los primeros años de su gobierno su política tropezó con la incomprensión popular. Pero él perseveró en su camino, deseoso de hacer una gran potencia del Piamonte. A este Norte responden su política de construcción de ferrocarriles y la intervención del Estado en la guerra de las potencias occidentales contra Rusia en 1854-1855. En la campaña de Crimea, el Piamonte no logró ninguna ventaja territorial; pero, en cambio, planteó en la conferencia de París de 1856 la cuestión de Italia ante Europa. Este fue su primer triunfo considerable; pues a través de esta actitud decidida y segura consiguió atraer a su causa a los regionalistas, a los liberales, a los patriotas e incluso a los republicanos italianos. Desde aquel momento la casa de Saboya podía aspirar a realizar la unidad interna de la Península.

Pero era preciso vencer a Austria. Pese al atentado de Orsini, Cavour obtuvo el apoyo armado de Francia en la entrevista que celebró con Napoleón III en Plombieres (21 de julio de 1858), a cambio de la cesión de Niza y Saboya. Sucedieron unas jornadas de gran inquietud: vacilaciones del emperador, intervención pacificadora de Inglaterra, dudas, consultas, viajes... Por fin, la guerra (23 de abril de 1859), las batallas de Magenta y Solferino y el armisticio de Villafranca (11 de julio). Desilusionado por las condiciones fijadas en el mismo (solo la Lombardía pasaba al Piamonte), Cavour dimitió la presidencia del Consejo al día siguiente.

Permaneció, pues, alejado del poder durante las negociaciones de la paz de Zurich. Pero concertada esta, era evidente que él era el único político que podía encarnar las aspiraciones de los italianos, no satisfechas por los convenios diplomáticos. El 20 de enero de 1860, Víctor Manuel II le confió de nuevo el poder. Como el torrente que se precipita impetuoso y derriba todos los obstáculos, así la derrota de Austria había desatado las fuerzas de los patriotas italianos. Plebiscitos en la Italia central, campañas de Garibaldi en las Dos Sicilias, expedición de las fuerzas reales piamontesas a Nápoles...

Cavour no se dejó arrastrar por los sucesos, que encauzó y legalizó, dando nuevas pruebas de su tacto político y diplomático, El 18 de febrero de 1861 declaró abierto el primer Parlamento italiano y el 14 de marzo siguiente asistió a la proclamación de Víctor Manuel II como rey de Italia. Cavour pagó este triunfo con su vida, sucumbiendo a la fatiga, en Turín, el 6 de junio de 1861. Murió, en el seno de la Iglesia, cuando aún podía haber prestado grandes servicios a la causa de Italia,

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 224.