Otto Von Bismarck

Datos biográficos

Político prusiano
Nacimiento: 1-IV-1815
Fallecimiento: 30-VII-1898

Biografía

La vida del canciller Bismarck resume las características de la historia de Prusia y Alemania en la época de la realización de la unidad nacional, de la constitución del Segundo Reich y de la marcha trepidante de Alemania como gran potencia europea. Recogiendo las corrientes políticas, intelectuales y económicas que durante medio siglo habían postulado el fin de la pulverización estatal de la Confederación germánica para constituir un Estado que plasmara la unidad de las tierras alemanas, Bismarck supo dar realidad a esas aspiraciones. Pero lo hizo en forma muy distinta a la que habían imaginado los liberal nacionalistas de 1830 y los ideólogos de 1848.

Retrato de Bismarck.Retrato de Otto von Bismarck en 1871

Su obra fue la unificación de Alemania a través y por medio de la potencia militar y del espíritu ordenancista de la monarquía prusiana. El Segundo Reich nació como consecuencia de tres guerras afortunadas, y este carácter selló de modo indeleble su futura existencia. El canciller alemán, que reveló en la preparación diplomática y política de estas guerras una capacidad excepcional, no exenta de maquiavelismo, mantuvo la política exterior del Segundo Reich en forma impecable para la conservación de la paz de 1870. Realista, previsor y de una voluntad tenacísima, convencido de los destinos de Prusia más que de los de Alemania, dio a su nación días de gloria y de prosperidad que no había conocido desde el siglo XVI e incluso desde los remotísimos tiempos de la dinastía de los Staufen.

Su juventud fue la típica de un junker prusiano. Descendiente de una familia aristocrática establecida en la marca de Brandeburgo, Bismarck nació el 19 de abril de 1815 en Schönhausen, de Fernando von Bismarck y Luisa Guillermina Mencken. Sus primeros años transcurrieron en Pomerania, donde su padre poseía también algunas fincas. Cursó sus estudios de enseñanza media en un gimnasio de Berlín y en 1832 ingresó en la universidad de Gotinga para seguir la carrera de Derecho. Licenciado en Berlín, ocupó algunos cargos burocráticos en Aquisgrán y Potsdam. Pero la vida administrativa, de continua sujeción a los superiores, no le plació mucho. En 1839 renunció al servicio del Estado y se trasladó a Pomerania para dirigir la finca de Kniephof. En este lugar experimentó una fuerte crisis religiosa, que superó finalmente gracias a su contacto con los círculos pietistas de Trieglaff. Aunque jamás fue puritano, sus ideas cristianas —en sentido protestante— se consolidaron en la intimidad de su corazón.

Casado con Juana von Puttkamer en 1847, Bismarck vivía de modo harto oscuro en Schönhausen, adonde se había trasladado a la muerte de su padre, cuando en el transcurso del mismo año fue designado por el orden ecuestre de su distrito para que lo representara en la Dieta Unida convocada en Berlín por Federico Guillermo IV. En los debates de esta asamblea se distinguió por la solidez de sus puntos de vista, marcadamente conservadores. Cuando sobrevino el movimiento revolucionario de 1848, Bismarck se retiró a Schönhausen, desde donde contribuyó a fomentar las medidas reaccionarias de la corte.

En la Cámara de revisión de 1849 y luego en la primera Dieta constitucional, destacó como jefe del partido monárquico y antiliberal, defendiendo con sus discursos los derechos de la realeza absoluta y de la organización gremial. Contribuyó a que Federico Guillermo IV rechazara la corona imperial que le ofreció la Asamblea de Francfort (1849) por venir de manos liberales, y aunque estaba convencido del dualismo entre Prusia y Austria y del futuro choque entre estos estados, aplaudió la retirada de Olmütz (1850).

En 1851 fue nombrado representante de Prusia en la Dieta federal de Francfort, cargo que desempeñó con sumo acierto durante ocho años. En su transcurso adquirió la experiencia política que necesitaba como futuro gran estadista, pues las condiciones para serlo le eran congénitas. En el seno de la Dieta inició su política de oposición a Austria, de amistad con Rusia y de ambigüedad con Francia, que no había de abandonar en los años sucesivos. El 29 de enero de 1859 fue nombrado embajador de Prusia en San Petersburgo, en cuya capital permaneció tres años, influyendo en el aislamiento político de Austria durante la guerra contra Francia y Cerdeña-Piamonte. En marzo de 1862 fue trasladado a París. Su embajada ante Napoleón III fue de muy corta duración, a causa de los acontecimientos interiores de Prusia.

La oposición entre los proyectos de Guillermo I y la Dieta sobre el aumento del ejército parecía haber conducido a un callejón sin salida. En estas circunstancias, el monarca decidió confiar la presidencia de su ministerio a Bismarck (22 de septiembre de 1862). A poco de haberse posesionado del cargo, demostró este que el acierto había presidido su designación. En el curso de muy pocos años cambió la suerte de Prusia.

En el aspecto interior, superó la oposición de los progresistas y liberales e implantó la reforma del ejército apelando a toda clase de medios, ya jurídicos, ya «objetivos». En las relaciones exteriores, afianzó la amistad con Rusia, ayudando al gobierno del zar a reprimir la insurrección polaca de 1863, e inició la ofensiva contra Austria. Logró envolver a esta potencia en la ardua cuestión de los ducados daneses del Schleswig y el Holstein, los cuales fueron conquistados por las tropas austro prusianas en 1864, después de una guerra de corta duración. Luego, aprovechó las discrepancias provocadas por la futura suerte de los citados territorios para romper con Austria y los estados germánicos de la Confederación.

Auxiliado por Italia y apoyado diplomáticamente por Rusia, contando, además, con la ilusionada y necia neutralidad de Napoleón III, Bismarck lanzó los ejércitos de von Moltke contra los austríacos (junio de 1866). La victoria de Sadowa y la paz de Praga (julio y agosto) coronaron su política, cuyos resultados inmediatos fueron la anexión a Prusia de varios territorios del Norte de Alemania (el reino de Hannover, el electorado de Hesse, el gran ducado de Nassau, la ciudad de Francfort); la constitución de la Confederación del Norte (1867), sometida a la influencia de Prusia , la firma de varios tratados militares con los reinos de Alemania meridional (1866), y el robustecimiento de la situación política del primer ministro. Bismarck obtuvo una ley de inmunidad por sus pasados desafueros constitucionales y se vio apoyado por un partido, el liberal nacional.

Estas condiciones fueron preliminares a la realización de la parte culminante del programa de Bismarck: la unidad nacional en una Alemania restringida —sin Austria—, mediante la derrota de Francia, Bismarck aprovechó con sagacidad los desaciertos políticos de Napoleón III para crear un ambiente de exaltación patriótica en Alemania. Luego, falsificando un despacho telegráfico, envenenó las discrepancias surgidas entre Francia y Prusia sobre la candidatura del príncipe Leopoldo de Hohenzollern al trono español. La guerra francoprusiana surgió del incidente del telegrama de Ems, y en su transcurso (1870-1871) Bismarck consiguió sus dos grandes objetivos : la derrota militar de Francia, establecida en Sedán, y la constitución del Segundo Reich, proclamado en Versalles el 18 de enero de 1871.

En los años sucesivos, como canciller del Imperio 1871-1890), Bismarck desarrolló una actividad prodigiosa. Ora apoyándose en los liberal nacionales contra los católicos (1871-1877), ora en el centro contra los socialistas (1877-1887), ora en los conservadores contra el centro (1887-1890), Bismarck logró consolidar el Imperio mediante la creación de un ejército nacional (1888), la unificación jurídica (tribunal supremo común, 1879, leyes penales generales, 1871), la económica (unión aduanera de ferrocarriles y correos) y la financiera (unidad monetaria).

Sólo cometió un error que pudo ser de graves consecuencias para su obra: la lucha contra el catolicismo, la Kulturkampf, iniciada en 1872 con el equivocado propósito de asegurar la unidad moral de Alemania. Después de creerse victorioso en 1875, la resistencia tenaz, viva y valerosa de los católicos puso al Estado en una situación delicada, que se resolvió en 1880 con la derogación de las leyes emanadas contra la catolicidad alemana. Más afortunado fue el canciller en su política social, pues las reformas emprendidas en 1881 señalaron una pauta que fue imitada por la mayoría de los países extranjeros preocupados de resolver el problema obrerista.

En el campo internacional, Bismarck maniobró con sagacidad consumada. Partiendo del hecho de la derrota de Francia, creó un bloque para asegurar la paz en Europa y la situación nacida de la paz de Francfort de 1871. Este bloque se denominó, primero, Liga de los Tres Emperadores (1871-1878); y cuando no pudo sobrevivir a las discrepancias entre Austria y Rusia por la cuestión balcánica, lo reemplazó por la alianza con Austria (Dúplice de 1879), ampliada más tarde, en 1882, con Italia (Triple Alianza). Sin embargo, Bismarck nunca prescindió de la amistad rusa.

En 1881 consiguió concertar la Alianza de los Tres Emperadores (1881-1887), y, al romperse esta, firmó un tratado particular de garantía con Alejandro III. El sistema bismarckiano culminó en 1889 al unirse Rumania a la Triple Alianza y al afirmar Inglaterra que su política era paralela a la de este bloque internacional. Las conferencias celebradas en Berlín en 1878 y 1885 para resolver, respectivamente, el asunto de los Balcanes y el de la distribución colonial de África, indicaron el grado de encumbramiento a que Bismarck había sabido elevar a su país.

El 20 de marzo de 1890, Bismarck presentó su dimisión al nuevo emperador, Guillermo II. En el choque entre dos generaciones, el glorioso canciller fue arrinconado como una arma ya inútil. Se retiró entonces a sus posesiones de Friedrichsruh, en las cuales vivió, activamente, hasta el 30 de julio de 1898. Alemania perdió, con Bismarck, al mayor y más sagaz de sus políticos contemporáneos.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 127-128.