San Vicente Ferrer

Datos biográficos

Fraile de la Orden de Predicadores
Nacimiento: 23-I-1350
Fallecimiento: 5-IV-1419

Biografía

Procedía San Vicente de una familia de ciudadanos honrados de Valencia, establecida en la población desde los primeros tiempos de la reconquista catalana. Era su padre notario muy influyente. Guillermo Ferrer tuvo de su esposa, Constanza Miquel, ocho hijos, el segundo varón de los cuales fue San Vicente.

San Vicente Ferrer por Francesco del CossaS. Vicente Ferrer por Francesco del Cossa, National Gallery.

Nació el 23-I-1350 y muy pronto destacó por su belleza física, espiritual y por una gran inteligencia. Dedicado por sus padres a la carrera eclesiástica, a los siete años fue tonsurado y a los once, en 1361, tomó posesión de un beneficio en la parroquia de Santo Domingo, de modo que en 1367 renunció a su beneficio y tomó el hábito dominicano en el convento de esta orden en Valencia (2 de febrero). Profesó el 6-II-1368. Los diez años siguientes de su vida, hasta su ordenación sacerdotal en 1378, los dedicó a su perfeccionamiento intelectual en los centros docentes de Cataluña y del sur de Francia.

Estudió lógica en el convento de los dominicos de Barcelona (1368), filosofía entre 1370 y 1372 en el convento de Lérida, situado muy cerca de la universidad más importante de la Corona de Aragón. De nuevo en Barcelona, estudiando y enseñando, cosa que era muy frecuente en la época, se reveló como gran taumaturgo. En 1376 regresó a Valencia, aunque por breve tiempo, ya que al año siguiente pasó a Toulouse para completar sus estudios de teología y seguramente también como lector de filosofía. Maestro Vicente, como se le llamaba desde su estancia en Lérida, fue nombrado prior de los predicadores de Valencia en 1379, aunque hubo de declinar el cargo a causa de su actitud favorable a Clemente VII.

En 1380, escribió un libro osado y contundente, De moderno Ecclesiae schismate, donde demostró que el verdadero papa era Clemente VII (el de Aviñón) y no Urbano VI (el de Roma), y que dedicó a Pedro IV el Ceremonioso de Aragón que mantenía una actitud neutral y expectante ante el Cisma. En 1385 fue elegido catedrático del cabildo de la catedral valenciana, donde demostró una vez más su maestría en la dialéctica y en el manejo de los términos de la escolástica. Sin embargo, al mismo tiempo que enseñaba no dejaba de predicar, y en el apostolado había de hallar, en definitiva, su camino.

Un hecho de importancia en la vida de San Vicente fue la amistad con el cardenal Pedro de Luna. Este, que iniciaba su misión de legado en España a favor del papa de Aviñón, le tomó como predicador y asociado (1390). Después de recorrer Castilla en compañía del cardenal, Vicente regresó a Valencia, en cuya ciudad se distinguió en la defensa y en la conversión de los judíos, que entonces sufrían una violenta persecución. Su palabra y su fama le elevaron al confesionario de la reina doña Violante de Bar, esposa del rey de Aragón Juan I de Aragón el Cazador.

En 1394, cuando al cardenal Luna fue elegido papa de Aviñón, y adoptó el nombre de Benedicto XIII, fray Vicente fue incorporado a la corte pontificia, como confesor papal y maestro del Sacro Colegio, donde residió normalmente hasta fines de 1399, en que se consagró de lleno a su labor misional. Pese a su adscripción a la causa de Benedicto XIII, renunció a la púrpura cardenalicia (1398) y al obispado de Valencia, demostrando ningún interés en fomentar discordias eclesiásticas.

Entonces, como legado a latere Christi, emprendió su apostolado por el occidente de Europa, en una misión que le hizo famoso sobre todos los predicadores de la época. La gente le seguía por los caminos, de ciudad en ciudad, haciendo penitencia y convirtiéndose ante las inflamadas palabras del santo. Vicente Ferrer recorrió el sur de Francia; visitó Suiza; predicó en el Franco Condado, en Lyón y en Genova; visitó Flandes y el Milanesado; enfervorizó las ciudades castellanas y andaluzas. En el Rosellón, en Cataluña y en Valencia, entre 1409 y 1412, su palabra levantó tempestades de fervor religioso.

Desde 1408, con motivo del concilio reunido en Perpiñán por Benedicto XIII, Vicente Ferrer se había mostrado partidario de poner fin al Cisma. En la primavera de 1412, San Vicente paró su labor misional por haber sido designado compromisario, por parte del reino de Valencia, para dilucidar la sucesión de Martín I, en Caspe; allí su personalidad y su prestigio contribuyeron poderosamente a la elección de Fernando de Antequera para la corona de Aragón (24-VI-1412), quien al tomar posesión del reino, solicitaba constantemente su presencia en la corte y sus consejos.

Acabado el compromiso de Caspe, Vicente reanudó sus misiones por Cataluña, Aragón, Valencia y el Rosellón. En los últimos años de su vida pacificó Valencia, predicó en Mallorca (1413), convenció a los rabinos judíos en las conferencias de Tortosa (1419, y, por último, ante la obstinación de Benedicto XIII y la necesidad de poner fin al Cisma, se substrajo a su obediencia, con cuyo acto puso fin real a los últimos apoyos políticos y morales que quedaban al papa Luna (1416). A partir de este momento, y pese a su quebrantado estado de salud, dejó los territorios patrios para predicar en el norte de Francia, en Borgoña y en la Bretaña. Murió en Vannes, cuando se proponía regresar a Valencia, el 5-IV-1419. Un papa valenciano, Calixto III, lo canonizó el 3-VI-1455.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 155-156.