Santo Domingo de Guzmán

Datos biográficos

Fundador de la Orden de Hermanos Predicadores
Nacimiento: 24-VII-1170
Fallecimiento: 6-VIII-1221

Biografía

En el momento de su máximo esplendor, cuando Inocencio III imponía en la práctica la teoría de la teocracia pontificia, la Iglesia demostró su formidable vitalidad creando dos nuevas comunidades religiosas, distintas de las órdenes monacales de la Alta Edad Media. Cada una de ellas venía a satisfacer una necesidad particular, aun colaborando juntas en lo esencial, o sea en la propagación de la fe entre las masas burguesas de las nuevas ciudades.

Santo Domingo de Guzmán por Fra AngelicoSanto Domingo de Guzmán por Fra Angelico

Una, la de San Francisco de Asís, encauzó hacia el catolicismo la poderosa corriente mística aparecida a finales del s. XII; otra, la de Santo Domingo de Guzmán, atrajo a los estudiosos, a los eruditos y a los filósofos, y los coordinó en la alta misión de defender los principios dogmáticos de la Iglesia contra los errores de la herejía. A través de Santo Domingo, España hizo a la causa de la Catolicidad una nueva y sustancial aportación, no inferior a la que San Ignacio de Loyola había de efectuar a mediados del s. XVI.

Los dos santos pueden compararse por su energía, austeridad, fe y extraordinario dinamismo. El primero, realizó el sueño de su madre que antes de darle a luz le había visto en la figura de un cachorro que atravesaba el mundo con una antorcha en la boca. Santo Domingo, en efecto cruzó el mundo, volando de cima en cima e incendiando los corazones con la llama desbordante de su corazón y de su palabra.

Nació en Caleruega, el 24-VII-1170, hijo del castellano Félix de Guzmán y de su esposa Juana de Aza. Allá, en aquel castillo del Mediodía de Burgos, ante cuyos muros se había estrellado tantas veces la ola del Islam, transcurrieron los primeros años de Santo Domingo, que en el futuro elevaría una fortaleza no menos poderosa contra la marea de la herejía. Su primera formación religiosa corrió a cargo de su madre; pero su vocación fue alentada por su tío, el arcipreste de Gumiel de Izán, que le guió hacia el saber humano y divino, quitando un guerrero a Castilla pero dándoselo a la cristiandad. A los quince años Domingo empezó a frecuentar las aulas de la universidad de Palencia, donde se formó en las armas de la dialéctica.

Profesor, más tarde, de esta universidad y subprior del cabildo de Osma, cuya vida en común estaba dispuesta según la regla de San Agustín, cristalizaron en el pecho de Domingo las dos grandes pasiones de su vida: los libros y la actividad apostólica. En 1203 Alfonso VIII de Castilla confió al obispo de Osma, Diego de Acevedo, y al subprior del cabildo, cuya fama había llegado a sus oídos, el encargo de partir para Dinamarca al objeto de negociar en aquella corte la boda de su heredero, el príncipe don Fernando (luego, infortunadamente malogrado) con una princesa danesa.

En el transcurso del viaje, los dos embajadores se metieron en el corazón de la herejía catarense, en el Languedoc. Allí Domingo vio el campo de su actuación apostólica. Por un momento, cuando llegó a las cercanías de Dinamarca pensó dedicarse a la evangelización de los cumanos. Pero la princesa danesa había muerto, y el obispo de Osma y Domingo tuvieron que regresar sin poder cumplir la misión que les había encomendado el monarca.

Tampoco Acevedo recibió autorización de Inocencio III para evangelizar a los cumanos De modo que al regresar a España, permanecieron algún tiempo en el Languedoc para combatir con su palabra y su ejemplo los estragos de los cátaros, contra cuya predicación nada podían ni los obispos ni los abades cistercienses. Mientras Acevedo proseguía su viaje a su diócesis castellana, Domingo se quedó en el Languedoc para luchar contra lo que parecía invencible.

Su santidad irreprochable, su cálida palabra, su inalterable dulzura, su vigor dialéctico, empezaron a dar frutos en numerosas conversiones. En aquel momento Domingo dio sus golpes más atrevidos contra la impiedad y el error. En 1207 constituía, alrededor del santuario de Prouille, en el corazón del territorio hereje, el primer convento de dominicas, sujetas a la regla de San Agustín.

En 1215 se estableció la primera comunidad dominicana en la casa de Pedro Cellani, en Tolosa. Sin embargo, Inocencio III se había negado a autorizar la fundación de una nueva Orden, pese a las instancias de Domingo y del obispo Falcó de Tolosa. La aprobación de la orden de Hermanos Predicadores fue debida al pontífice Honorio III (22-XII-1216). En 1217 Domingo se trasladó a Roma para fundar el convento de San Sixto. En sus últimos cuatro años de vida, se consumió en una actividad vertiginosa.

Organiza en Roma, combate a la herejía en Lombardía y el Languedoc, funda en París, Segovia y Madrid, preside el capítulo general de la orden en Bolonia, atiende, vigila, instruye, anima. Veintiuno eran los dominicos en 1215. A la muerte de Santo Domingo, acaecida en Bolonia el 6-VIII-1221, sesenta conventos habían florecido en Alemania, Italia, Francia y España. Este extraordinario éxito de su obra, que al cabo de quince años había de quintuplicarse, explica que la iglesia elevara a Domingo de Guzmán a los altares el 3-VII-1234.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 125-126.