San Francisco de Asís

Representación de San Francisco de Asís, en un fresco de Cimabue en la Basílica de AsísRepresentación de San Francisco de Asís, en un fresco de Cimabue en la Basílica de Asís.

FRANCISCO DE ASÍS , Fundador de la Orden de los Frailes Menores (1181/82-1226). Una corriente impetuosa desbordaba de los corazones de las muchedumbres de Occidente en demanda de la santificación de los espíritus, de una vida de humildad y privaciones evangélicas, de un mayor acercamiento a Dios. Era un mundo de fuerzas ingentes que se volcaba hacia lo íntimo y lo puro ; en realidad, era el primer gesto del Renacimiento inminente. Hubo muchas almas que, sorprendidas por la violencia de la inundación, naufragaron en los abismos del error y de la herejía; pero hubo muchas más que fueron guiadas hacia su perfeccionamiento definitivo por la cálida palabra, el sobrenatural ardor, la emotiva poesía y el bellísimo encanto delPoverellode Asís, San Francisco, una de las columnas más firmes de la Catolicidad en la revelación de sus supremos tesoros morales.

Dios lo eligió como instrumento providencial para contener la oleada herética y galvanizar el espíritu de las multitudes. Lo eligió, como eligiera para una misión distinta, aunque equivalente, a Santo Domingo de Guzmán. Era un muchacho de la burguesía hacendada de Asís, nacido en 1182— ó 1181— de Pedro de Bernardone y Mona Pica, el primero rico comerciante de paños que hacía frecuentes viajes a Francia (de aquí el nombre de Francisco que recibió después de ser bautizado por su madre con el nombre de Juan). Nacía, pues, Francisco en un medio similar al de Pedro Valdo, el forjador de la herejía que se había abatido sobre el Mediodía de Francia, y su mérito estriba, precisamente, en haber sabido canalizar la corriente de exaltado misticismo prerrenacentista hacia los cauces de la Iglesia.

Su juventud, después de frecuentar la escuela de la iglesia de San Jorge de Asís, fue un magnífico florecer de elegancia, inteligencia y bondad. Buscó su camino en la fortuna proporcionada por el comercio o en la gloria de las armas. Su ideal era ser caballero. Y lo fue. Pero no de los señores de este mundo; sino caballero de Cristo, Hecho prisionero en la batalla del puente de San Juan contra las huestes de Perugia (1204), gravemente enfermo por dos veces, en este período se inicia su definitiva vocación. En 1206 juzga que su misión es reconstruir el templo de Dios que seestaba arruinando(revelación del Crucifijo de San Damián).

Con sus propias manos reconstruye las iglesias y las capillas derruidas por el tiempo. Luego, ya en la vía de la santificación, va renunciando, de etapa en etapa, a las vanaglorias del mundo. Besa a un leproso, es infamado por la población de Asís y vilipendiado por su padre. Francisco continúa imperturbable al servicio de Dios. Por último, el 24 de febrero de 1209 escucha su revelación en la lectura del Evangelio del Apostolado en la pequeña iglesia de la Porciúncola: ser pobre y predicar el arrepentimiento Este fue su programa en adelante. La pobreza para merecer los tesoros del reino de Dios; el arrepentimiento para lograr la pureza y la perfección moral.

Con unas cuantas almas escogidas, que en los primeros tiempos apenas llegaban al número de los seguidores del Señor, revestido de la basta túnica de los eremitas, Francisco empieza a desarrollar su apostolado. Ante el ardor y la persuasión de su seráfica palabra, ante la bondad que irradia de toda su persona, se desploman los odios y caen vencidos los defectos y los pecados capitales, En 1209 ó 1210 emprende con doce discípulos el viaje a Roma para regularizar su misión. Inocencio III sabe distinguir el trascendente valor de la renovación religiosa que promueve elPoverello. Y con su bendición, Francisco se halla seguro y confirmado en la rectitud de sus propósitos.

Ya a su alrededor crecen las virtudes. En 1212 impone el hábito a Santa Clara de Asís, la fundadora de las Clarisas. Francisco se entrega a grandes meditaciones, que sólo interrumpe para lanzarse con nuevos ahincos a la predicación. Pero para él Italia ya no es bastante territorio. En busca del martirio o de la salvación de las almas de los infieles, Francisco intenta por tres veces pasar a los Estados musulmanes: en 1219 lo consigue. Va a Damieta y predica el Evangelio ante el sultán Al-Malik al-Kamil. Aunque no consigue su conversión, merece el respeto del soberano egipcio. Y Francisco regresa a Italia después de peregrinar por Palestina.

Desde 1220 Francisco, que ha llegado a la sublimación de todas sus excelsas virtudes, es ya un ser sobrenatural en la tierra. Aunque interviene en la ordenación de su comunidad religiosa, la cual recibe sus reglas en 1221 y 1223, su espíritu se inclina cada vez más a los ardores místicos, a la caridad sin límites, a la hermandad con todos los seres de la tierra. Penetrado de la gracia divina, Francisco es el primer medieval que ama y sabe distinguir la bondad y las bellezas de la naturaleza como creación del Señor. Le conmueve el ruiseñor, prodiga sus cuidados a los diminutos insectos, domina a las alimañas del bosque con su bondadosa palabra... Son otros tantos hermanos, como ese buen Sol, cuyos beneficios canta en el himno de 1225, o bien como todos esos seres que alaba en el Cántico de las criaturas.

Tanta perfección moral le hace acreedor a una distinción divina. En 1224 es estigmatizado con las llagas de la Pasión del Redentor. Estas añaden nuevos dolores físicos al santo de Asís, pero en cambio le dan más completa libertad moral. Todo lo humano ha sido consumido en un incendio de amor, que dura hasta su muerte, acaecida en su ciudad natal el 3 de octubre de 1226.

Canonizado el 12 de julio de 1228, San Francisco dejaba tras sí una obra de gran envergadura. Su espíritu se había difundido por los pueblos occidentales con tanto ímpetu, que medio siglo después de su muerte más de mil conventos proclamaban su inmarcesible gloria.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, T. I, pág. 127.