Urbano VI

Papa: 1378-1389

Nacimiento: 1318?

Fallecimiento: 15-X-1389

Biografía

Urbanus VI, Pope.Urbano VI, Papa.

La larga crisis en que se debatía la Iglesia desde comienzos del siglo XIII, aumentada por la estancia de los papas en Aviñón, estalló bruscamente en 1378, dando lugar a la ruptura de la unidad pontificia en el llamado gran Cisma de Occidente. La primera etapa de este doloroso proceso histórico se desarrolló durante el papado de Urbano VI, cuya elección había determinado, precisamente, la apertura del conflicto eclesiástico. Reputado por sus virtudes y por su integridad moral, no pueden achacarse por completo a su persona las responsabilidades de aquella división en que estuvo a punto de naufragar la Iglesia católica. Sin embargo, como sus contrincantes de Aviñón, no tuvo el espíritu de humildad necesario para poner fin al cisma en beneficio de la Cristiandad. Incluso por sus violencias y recelos de última hora puso en un grave aprieto la causa de Roma.

Bartolomé Prignano había nacido en Nápoles hacia 1318. Su juventud transcurrió en la corte pontificia de Aviñón. Por sus dotes intelectuales escaló las más elevadas jerarquías de la Iglesia: el arzobispado de Acerenza el 21 de marzo de 1364, el de Bari el 14 de abril de 1377 y la cancillería papal poco después. Con Gregorio XI regresó a Roma, y a la muerte de este pontífice, acaecida el 27 de marzo de 1378, fue elegido papa por los cardenales italianos y franceses, en contra del grupo lemosino, el 8 de abril siguiente. La elección se efectuó en una atmósfera muy cargada, en medio de los motines y las algaradas de la población de Roma. Los elementos más levantiscos penetraron incluso en el cónclave, lo que motivó el aparente reconocimiento de Luis Tebaldeschi, el cardenal decano por edad. Sin embargo, pasada la tormenta, todos los cardenales se agruparon alrededor de Urbano VI.

No se sabe si fueron las ambiciones de los miembros del Sacro Colegio o la intransigencia y brusquedad del nuevo pontífice lo que motivó la revuelta de los cardenales. Lo cierto es que un numeroso grupo de estos, en relación con las monarquías castellana y francesa, proclamó nula la elección de Urbano VI el 9 de agosto de 1378 y procedieron a la elección del antipapa Clemente [VII] el 20 de septiembre siguiente. Urbano luchó contra esta sedición excomulgando a los cardenales rebeldes y procediendo al nombramiento de cardenales adictos. Contando con las simpatías del pueblo italiano, se apoderó del castillo de San Ángel, en poder de los clementinos, y sus fuerzas derrotaron a las del adversario en Marino, el 30 de abril de 1379. Clemente [VII] tuvo que huir de Italia y refugiarse en Aviñón. En este momento se habría terminado el Cisma si el antipapa no hubiera sido auxiliado por Carlos V de Francia.

Entonces empezó una lucha diplomática de gran envergadura. Mientras Francia, Saboya, Escocia, Castilla y Aragón reconocían a su rival, Urbano VI afianzaba para su causa, además de Italia, al Reich alemán, Inglaterra y los Estados del Norte. Seguro de su derecho, que veía apoyado por el prestigio inmaculado de Santa Catalina de Siena, luchó con firmeza contra Clemente [VII]. Sin embargo, la fuerza militar estaba del lado de este, ya que contaba con el apoyo de los Valois. En 1382 Clemente logró instalar en el trono de Nápoles a Luis de Anjou como sucesor de Juana I; afortunadamente para Urbano VI, Luis murió de fiebres y su ejército se desbandó (1384).

Fracaso análogo registró la expedición de Luis II de Anjou en 1387. Pero a las dificultades promovidas por Clemente [VII], Urbano VI añadió las que se creó con su violencia y arrogancia. Uno de sus antiguos protegidos, Carlos de Durazzo, le sitió en Nocera. Urbano pudo huir a Génova, donde vivió un año semicautivo de la República (1385-1386). A su regreso a Roma aumentaron sus recelos, y cinco de sus cardenales fueron ejecutados por supuesta traición. A su muerte, ocurrida el 15 de octubre de 1389, la situación del Papado en Italia no era ciertamente muy favorable para la causa de los urbanistas.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, T. I, pág. 153-154.