Paulo III

Papa: 1534-1549

Nacimiento: 1468

Fallecimiento: 1549

Biografía

Paulo III, papa.Paulo III por Tiziano.

PAULO III (1468-1549) Las corrientes de la Reforma católica, iniciadas simultáneamente en Italia y España, se engrosaron con cierta lentitud. Pero poco a poco las nuevas tendencias, que postulaban, en definitiva, la superación de la fase en que la intimidad de la Iglesia había sido contaminada por los asuntos mundanos y la concepción renacentista de la vida, ganaron a los espíritus mejores y llegaron al mismo solio pontificio. En este sentido, el pontificado de Paulo III es decisivo en la historia del resurgimiento católico del siglo XVI. Este pontífice es, en efecto, el hombre que puso de nuevo en su recta senda la marcha de la Iglesia católica. Aunque todavía se sintió renacentista y no se vio libre de preocupaciones artísticas y literarias; aunque, por otro lado, tampoco prescindió por completo de la antigua y arraigada mácula del nepotismo, inició un camino reformador, que había de conducir al robustecimiento de la Iglesia ante la terrible marejada protestante.

La personalidad de Paulo III, vivamente combatida durante cuatro siglos por la historiografía protestante y liberal, ha sido hoy revalorizada y situada en el punto culminante que le corresponde. No en vano es el pontífice que aprobó la Compañía de Jesús, inauguró las sesiones del Concilio tridentino, autorizó el establecimiento de la Inquisición romana, impulsó el estudio de la reforma interna de la Iglesia, y, por primera vez después de muchos años, concedió la púrpura cardenalicia a religiosos que lo merecían por su fe, su saber y su profunda piedad. Con Paulo III el de papado empuña todos los instrumentos de la Reforma católica y la Contrarreforma.

Hijo de Pedro Luis Farnesio y de Juana Caetani, Alejandro nació en Canino el 28 de febrero de 1468. Miembro de la familia Farnesio, reputada por su ambición y su avidez, su padre quiso dedicarle a la vida política y a la diplomacia. El joven Alejandro se educó en la corte de Lorenzo el Magnífico, y, como es lógico, en Florencia se empapó de la brillante cultura renacentista de la época. Inteligente, enérgico e independiente, había de revelar estas dotes no en la diplomacia sino en la vida eclesiástica. Emprendió esta carrera por deseos de su madre, y muy pronto logró cargos de importancia, como el protonotario apostólico y el cardenalato, que le dió Alejandro VI el 21 de septiembre de 1493. En esta etapa de su vida, antes de recibir órdenes sagradas, tuvo cuatro hijos, en cuyo beneficio cometió luego los únicos actos censurables de su pontificado.

Obispo de Corneto en 1499, pasó a la sede apostólica de Parma en 1509, donde empezó a destacar por su severa administración y recto juicio. Estas mismas cualidades demostró en la regencia de los obispados de Túsculo (1513), Benevento (1515) y Ostia (1524), así como en los cargos que obtuvo en la Curia. Clemente VII le distinguió con su aprecio, y muchas veces apoyó su actuación en sus consejos. A la muerte de este papa, los Cardenales le eligieron como sucesor (13 de octubre de 1534).

Alejandro Farnesio había adop tado en los problemas políticos de la época una posición independiente, y, además, había propugnado en favor de las tendencias reformadoras. Estas fueron las causas inmediatas de su elección. Paulo III no defraudó a los que habían depositado en él sus esperanzas. Su política italiana y extranjera se basó en la más estricta neutralidad entre los intereses defendidos por Francisco I y Carlos V, al objeto de que las luchas internacionales no hicieran fracasar las iniciativas necesarias para la obra de reforma eclesiástica. Apoyó, pues, toda propuesta encaminada a concertar una paz definitiva entre aquellos dos poderosos rivales, y a él se deben, en gran parte, la tregua de Niza, de 1538, y la paz de Crépy, de 1544. Sin embargo, no pudo prescindir de los deseos imperiales, lo que ciertamente limitó la eficacia de las medidas que patrocinó para llevar a cabo la Reforma católica.

En lo que de él dependió, esta se vio muy alentada. A los dos años de su pontificado, tenía lugar la famosa promoción de cardenales que tanto había de pesar en el futuro del catolicismo. Al lado de Bembo y Sadoleto, última concesión a sus antecedentes humanistas, entraron a formar parte del colegio de cardenales, Carafa, Pole, Fisher, Contarini y Morone, o sea, los miembros más destacados del Oratorio. Poco después, en 1540, aprobaba los estatutos de la Compañía de Jesús, y, en 1542, por la bula Licet ab inicio, organizaba la Inquisición romana al estilo de la española. Al mismo tiempo, desde 1536, instituyó varias comisiones cardenalicias, al objeto de preparar la reforma de la Iglesia y de los oficios eclesiásticos, y favorecer los trabajos del Concilio ecuménico que había prometido reunir en 1534.

Complicaciones de política exterior, en particular la animosidad de los protestantes, las vacilaciones de Carlos V y la actitud reservada de Francisco I, impidieron que el concilio se reuniese en Mantua, en 1537, o en Vicenza, en 1538, tal como había sido proyectado. Después del fracaso de los (coloquios) con los protestantes, y coincidiendo ahora con la actitud decidida de Carlos V de poner fin a las extralimitaciones de los confederados de la Esmalcalda, Paulo III pudo inaugurar, en 1545, el concilio de Trento, cuya convocación había sido anunciada en 1542. La primera sesión de este concilio duró hasta 1547, en cuya fecha fue trasladado a Bolonia y luego suspendido eventualmente. En su transcurso se adoptaron los puntos más importantes sobre la afirmación del dogma católico.

Paulo III fue también un acérrimo propagandista del ideal de cruzada contra los turcos, pero sus exhortaciones y sus desvelos no tuvieron, en este punto, la eficacia deseada. Respecto a la política interior de Italia, su nombre destaca como creador del ducado de Parma y Plasencia en favor de su hijo Pedro Luis Farnesio (1545). Sus hijos y nietos no le agradecieron lo mucho que hizo por ellos. Esta ingratitud amargó los últimos años de su vida. Murió en Roma el 10 de noviembre de 1549.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, T. I, págs. 252-253.