Inocencio III

Representación de San Francisco de Asís, en un fresco de Cimabue en la Basílica de AsísEl Papa Inocencio III.

INOCENCIO III, Papa de la Iglesia católica (1160-1216;1198-1216). Elaborada poco a poco en el transcurso de los siglos, formulada con precisión por Nicolás I desde los tiempos carolingios, recogida luego con sin igual energía Gregorio VII, la doctrina teocrática de la Edad Media se encarnó en uno de los espíritus humanos más lúcidos, realistas, tenaces y consecuentes: en la de Inocencio , gran papa y gran político, en cuya persona culmina la influencia histórica del Pontificado medieval. Lleno de fe y de fervor apostólico, Inocencio III supo aprovechar todas las ocasiones para llevar al terreno de la práctica, sin estridencias ni aspavientos, las viejas ideas de la primacía de San Pedro, la omnipotencia del Papado y la superioridad del poder eclesiástico sobre el laico. Inocencio III realizó la teocracia pontificia ; pero no para obtener un simple beneficio más para el Papado, sino como medio de acción para equilibrar el mundo político medieval, combatir la herejía y agrupar todas las fuerzas de la Cristiandad para la cruzada contra el Islam.

Para esta ingente obra, Inocencio III estuvo excepcionalmente bien dotado. Unía a la fuerza del ideal y de la fe, un sentido práctico poco común, un sagaz conocimiento de los hombres y de las cosas, un oportunismo diestro, gran habilidad diplomática, supremo sentido de la justicia y constancia inquebrantable ante cualquier revés momentáneo. Nació en un ambiente patricio, y esta finura, vigor y firmeza de su sangre contribuyeron al éxito de su política.

Hijo de Trasmondo, conde de Segui, y de Claricia Scotti, Lotario vio la luz en Anagni en 1160. Como la mayor parte de los nobles romanos destinados a la carrera eclesiástica, estudió teología en París y derecho en Bolonia. De regreso a Roma hacia 1185, fue creado subdiácono en 1187 y cardenal por Clemente III en 1190, La fama adquirida por su virtud, austeridad, ciencia y firmeza política le valieron ser elegido papa por unanimidad el 8 de enero de 1198, a los 37 años de edad. Llegaba, pues, al solio pontificio en la cumbre de su hombradía, y hallaba a su disposición los vastos recursos espirituales y materiales acumulados por sus predecesores. Supo usarlos eficazmente, tanto más cuanto los Estados de Europa, y en particular el Reich, estaban atravesando un período de crisis.

Ya en su primera intervención política demostró su gran prudencia y sagacidad, la muerte de Enrique VI de Alemania el 28 de septiembre de 1197 había abierto un interregno gravísimo, en que se disputaban la corona Felipe de Suabia y Otón de Brunswick. Ambos rivales acudieron a Inocencio III para que arbitrara en el litigio, y el papa, sin demostrar preferencia por ninguno de ellos, estableció los derechos sagrados de la Iglesia para atribuir la corona imperial. Después de estudiado el asunto, falló el pleito político alemán a favor de Otón de Brunswick (marzo de 1201). Su decisión fue acatada, Poco después, y aprovechando el éxito moral obtenido, intervenía en el conflicto entre Felipe Augusto de Francia y Juan Sin Tierra de Inglaterra para imponer la paz entre los dos contendientes, proclamando que solo el Papado podía erigirse en juez internacional y conocer quiénhabía pecado. Esta teoría medieval del reconocimiento delagresor, no llegó a prosperar debido a los éxitos de Felipe Augusto y al apoyo que este prestaba a Felipe de Suabia en Alemania.

Mientras la actitud negativa del rey francés ponía ciertos obstáculos al papa, este procuraba reforzar la autoridad de la Santa Sede en todos aquellos reinos que, por una u otra causa, habían reconocido servasallosdel Papado. En 1204 Pedro II de Aragón fue a prestar vasallaje a Inocencio III en Roma por sus posesiones territoriales. En el mismo año, el papa otorgó el título real a Kaloján de Bulgaria, con la obligación de prestar juramento de fidelidad y obediencia a la Santa Sede. Desde 1198 ejercía la tutela del joven Federico de Sicilia (luego Federico II) y reorganizaba la administración de sus estados.

Por otra parte, no olvidaba recordar públicamente que la Santa Sede tenía derechos sobre el reino de Jerusalén, el Imperio latino de Constantinopla, el reino de Servia, el de Dinamarca y el ducado de Polonia, amén de otros principados y señoríos menores. Este principio de la omnipotencia temporal del Papado, lo aplicó a rajatabla al decretar la deposición y confiscación de bienes de los señores del Mediodía de Francia culpados de herejía. La cruzada albigense se organizó bajo su protección y guía, y cuando Simón de Monfort triunfó sobre los languedocianos al mando de Pedro II de Aragón, en Muret (1213), la victoria fue del Papado, El conde Raimundo de Tolosa cedió sus posesiones a Inocencio III y fue este quien luego las otorgó al afortunado caudillo de las cruzadas.

Este clamoroso triunfo de la supremacía pontificia fue ratificado, al año escaso, por la deposición de Otón IV, el cual, pese al origen de su autoridad, se había mostrado acérrimo enemigo de la Santa Sede. En 1210 Inocencio III excomulgaba al ingrato soberano y levantaba un competidor en la persona del joven Federico de Sicilia. Coronado este en Maguncia en 1212, decretaba al año siguiente por una bula de oro la absoluta autoridad del Papado sobre la Iglesia de Alemania. En 1214 la derrota de Otón IV en el campo de batalla de Bouvines parecía confirmar el castigo reservado a quienes se opusieran a la voluntad de la Santa Sede.

!El Reich abatido a los pies de Roma! Y también Inglaterra, cuyo monarca, Juan Sin Tierra, excomulgado en 1211, había de humillarse en 1213 y reconocer la soberanía temporal del Papado sobre sus territorios.

Maravillosa apoteosis la del final de este pontificado. En noviembre de 1215 acudieron de todas partes más de mil quinientos prelados para tomar parte en el IV Concilio ecuménico de Letrán. En la asamblea se levantó Inocencio III para exponer su política: la reorganización de la Iglesia, el estatuto de las nuevas Órdenes religiosas (dominicos y franciscanos), la legislación canónica, la represión de la herejía, el mantenimiento de la paz política, el desarrollo de la cultura en las universidades. Grandioso panorama que resume la actividad de la época más espléndida del Medioevo, dirigida por el Papado hacia el mejor servicio de Dios en la Tierra.

Este programa de acción fue también el testamento de Inocencio III, ya que la muerte se lo llevó en Perugia el 6 de julio de 1216, antes de que pudiera realizar su sueño de gran cruzada contra los turcos.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, T. I, págs. 125-126.