Gregorio XI

Papa: 1371-1378

Nacimiento: 1300?

Fallecimiento: 27-III-1378

Biografía

Representación de Gregorio XISe cree que es la imagen más fiel que existe del pontífice Gregorio XI, realizada por Girolamo di Benvenuto.

El 19 de diciembre de 1370 moría en Aviñón el papa Urbano V, al cabo de tres meses de regresar de Italia, donde había permanecido desde junio de 1367 a abril de 1370. El santo varón había intentado restablecer la residencia pontificia en Roma ; pero tales habían sido el cúmulo de dificultades y la acuidad de la lucha entre los bandos y los partidos italianos, que no había tenido más remedio que renunciar a su empresa. Su rápida muerte había aumentado, si cabe, la exasperación de los ánimos en Italia y en el mundo eclesiástico. Por esta causa, los cardenales se apresuraron a elegir un sucesor a Urbano V, y designaron la persona del cardenal Pedro Rogerio de Beaufort, sobrino de Clemente VI y miembro relevante del partido lemosino que se empeñaba en mantener el Papado en Aviñón.

Pedro Rogerio, hijo del conde Guillermo de Beaufort, había nacido en Marmont (Limoges) en 1329. Protegido por su tío materno, fue creado cardenal a los diecisiete años. Era un personaje muy ilustrado, con su derecho cursado en Bolonia y sus ribetes de erudito. Piadoso, rayano a veces en el misticismo, modesto, y delicado de salud, no fue un gran político, pues vaciló en la aplicación de sus programas y en ocasiones mostró excesiva dureza en sus procedimientos.

Al hacerse cargo del Pontificado el 5 de enero de 1371, después de ser elegido el 30 de diciembre anterior, se propuso, y en este sentido lo anunció, restablecer la suprema dignidad de la Iglesia en Roma, pues comprendía la necesidad de no desaprovechar la obra llevada a cabo por el cardenal español Pedro de Albornoz. Pero la situación política italiana era poco propicia, y él, por su parte, no se abstuvo de reforzar el predominio francés en el colegio cardenalicio (promoción de 1371). Este dualismo fue la base substancial de su gobierno, y en estas condiciones es comprensible que la línea de actuación de Gregorio XI no fuera muy clara.

Pese a las sucesivas demoras que Gregorio XI dio al cumplimiento de su promesa, alegando que su presencia en Aviñón era necesaria para poner fin a la guerra entre Francia e Inglaterra y a un conflicto entre Aragón y Provenza, lo cierto es que llegó un momento en que se hizo imprescindible, so pena de perder en Italia toda autoridad. La amenazaban las ambiciones de Bernabé Visconti sobre Bolonia, llave de los Estados Pontificios, y las de Florencia sobre las Marcas.

Gregorio XI luchó con ejércitos y con el arma espiritual del anatema. En 1375 estalló una gran sublevación, atizada por Florencia. El papa, después de excomulgar a la ciudad (1371), lanzó contra los revoltosos las compañías bretonas de Juan Hawkwood y del cardenal Roberto de Ginebra, las cuales devastaron el país sin lograr pacificarlo. Este hecho, acompañado de la valerosa intervención de Santa Catalina de Siena en pro del retorno a Roma, determinó a Gregorio XI. El 12 de octubre de 1376 se embarcó en Marsella con rumbo a Corneto, que alcanzó el 5 de diciembre. El 17 de enero entraba en Roma. La vida, que se le extinguió el 27 de marzo de 1378, le había dado tiempo para poner fin a la cautividad de Babilonia. Poco después estallaba el gran cisma de Occidente.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, T. I, pág. 153.