Benedicto [XIII]

Antipapa de Aviñón

Nacimiento: 1328

Fallecimiento: 23-V-1423

Biografía

Benedicto [XIII].Benedicto [XIII], Antipapa.

En la historia del Pontificado hay dos Benedictinos XIII. Uno, el que podríamos denominar legal, fue un santo y benévolo varón que ocupó la máxima jerarquía de la Iglesia entre 1724 y 1730. Otro, el antipapa, es una de las figuras más destacadas, por su energía y su proverbial testarudez, del gran Cisma de Occidente, esa profunda crisis de la Catolicidad, expresión de la decadencia del Papado medieval, que se registra a caballo de los siglos XIV y XV.

Benedicto XIII nació en 1328 en la villa de Illueca (Aragón), de la poderosa familia de los Luna. Don Pedro, que así se llamaba de nombre de pila, recibió una cultura completa en Francia y estuvo tan versado en derecho canónico que profesó esta disciplina en la ciudad de Montpellier. Pero más que por su ciencia, con ser esta dilatada y profunda, se distinguió por su vocación religiosa, sus costumbres ejemplares, su rara virtud y su conciencia recta y escrupulosa. Estas cualidades le valieron el aprecio de los varios pontífices que se sucedieron en la última época de Aviñón, hasta que Gregorio XI le nombró cardenal el 30 de diciembre de 1375.

Desde entonces empieza a destacar entre los elementos de la Curia pontificia por su energía inquebrantable, su celo religioso y su austeridad. En 1378, con motivo de la doble elección pontificia, el cardenal Pedro de Luna se puso del lado del antipapa Clemente VII y en contra de Urbano VI. El fue uno de los que sostuvieron con mayor ardor, celo y perseverancia la causa del primero. Intervino para atraer a favor de Clemente VII el apoyo de Inglaterra y Portugal, sin lograrlo; más afortunado fue en su gestión en España, como legado clementino, pues en 1381 Castilla se declaraba por Clemente VII y en febrero de 1387 adoptaba la misma resolución Juan I, el monarca aragonés. Más tarde, cuando la Universidad de París empezó a formular la idea de la vía de cesión, se manifestó contrario a este proyecto, pues lo juzgaba como abdicatorio de la rectitud de la causa que él y los clementinos defendían.

Sus cualidades personales y, en particular, su actitud de intransigente resistencia, le valieron la elección por los cardenales de Aviñón cuando murió Clemente VII. Pedro de Luna fue elegido pontífice el 28 de septiembre de 1394, pero con la promesa solemne de trabajar cuanto pudiera para terminar con el Cisma. No obstante, no intentaba seguir la vía de la cesión, sino la de la conciliación, a lo que le inducía la firmeza de sus convicciones morales. En este caso su obra personal fue contraria, sin género de duda, a los supremos intereses de la Catolicidad; pero tampoco los papas de Roma, manteniéndose firmes en su criterio, contribuyeron a apaciguar los espíritus y a encauzar la Iglesia por sus derroteros normales.

Desde 1394 hasta su muerte, o sea en un período de treinta años, la figura de Benedicto XIII se vincula a la del gran Cisma de Occidente. Carlos VI de Francia intenta que renuncie a su dignidad en 1395, 1396 y 1398. No lo consigue, y entonces dispone que su reino se substraiga a la obediencia de cualquiera de los dos papas en pugna. Por otra parte, aprovechando las alteraciones de Aviñón, sus tropas, al mando de Godofredo de Boucicaut, sitian durante más de cuatro años a Benedicto XIII en su palacio pontifical. Benedicto resiste con inquebrantable tesón aquella dura prueba, hasta que por fin es libertado el 12 de marzo de 1403 por las tropas aragonesas del condestable Jaime de Prades, con el apoyo de Luis de Anjou.

Establecido en Castrorreinaldo, Benedicto XIII vuelve a gozar de un período de auge. Francia y Castilla se acogen de nuevo a su obediencia, sumándose a Aragón, cuyos monarcas nunca le habían abandonado. Entonces intenta una reconciliación con Bonifacio IX, sin éxito alguno. Posteriormente, y a causa de su negativa a renunciar a la dignidad papal cuando se da la circunstancia propicia de la muerte de su antagonista, pierde terreno a pasos agigantados. En 1407 Francia le niega la obediencia en el aspecto temporal y el 15 de junio de 1409 es depuesto y excomulgado por el Concilio de Pisa.

Pero la terquedad del papa Luna supera los requerimientos y las amenazas de todos. Ha hecho aprobar su conducta por el Concilio de Perpiñán (1408-1409) y se siente seguro de sí mismo. Expulsado de Francia, reside en Zaragoza y luego en Barcelona (septiembre de 1409). En la Corona de Aragón, interviene activamente, y de modo decisivo, en los asuntos planteados a raíz de la extinción de la casa real de los condes de Barcelona. Su palabra y su diplomacia pesaron muchísimo en la entronización de la casa de Trastámara (1412) en la persona de Fernando I.

Esta política había sido motivada para asegurarse, a la vez, la fidelidad de Aragón y la de Castilla. Pero se equivocó en sus cálculos. La Catolicidad requería a voces la unión de la Iglesia, y él era el gran obstáculo para alcanzarla. El 26 de junio de 1417 el Concilio de Constanza le depuso y excomulgó por segunda vez. Pero ni aun ahora quiso doblegarse aquel nonagenario, a pesar de habérselo pedido el propio emperador de Alemania, Segismundo, en Perpiñán. Abandonado de todos los Estados, pero no de su energía indomable y de su terquedad invencible, el papa Luna se encerró en Peñíscola. En ese castillo pasó los últimos años de su vida, hasta su muerte, ocurrida el 23 de mayo de 1423. Con él, de hecho, murió el gran Cisma de Occidente.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, T. I, págs. 154-155.