Cardenal de Mendoza

Datos biográficos

Cardenal primado de España
Nacimiento: 3-V-1428
Fallecimiento: 11-I-1495

Biografía

Uno de los personajes más singulares de la segunda mitad del s. XV en Castilla fue don Pedro González de Mendoza, hijo de don Íñigo López, Marqués de Santillana. De su padre heredó la disposición para el cultivo de las letras, y en este sentido fue poeta y humanista, distinguido en la traducción de Homero, Salustio, Ovidio y Virgilio; pero, asimismo, el inquieto marqués heredó la pasión política, la ambición de mando y el deseo de lucha. La suerte quiso que fuera dedicado a la carrera eclesiástica, por lo que, sin merma de sus deberes religiosos, Pedro González fue uno de esos típicos prelados castellanos del s. XV que anduvo mezclado en todos los conflictos civiles de la época y en más de una ocasión revistió la armadura para lanzarse al estrépito de los campos de batalla.

El Cardedal Mendoza, rodeado de obispos.El Cardedal Mendoza, rodeado de obispos.

Nacido en Guadalajara el 3-V-1428, y educado en el refinado ambiente de la casa paterna, Pedro González de Mendoza curso en Toledo los estudios humanísticos que empezaban a estar en boga e ingresó muy pronto en la Iglesia. Su progresión fue muy rápida, como la de los hijos de la gran nobleza. Cura de Hita, arcediano de Guadalajara, acabó la carrera eclesiástica en Salamanca y a los veintiséis años fue consagrado obispo en Calahorra, dignidad para la que le propuso Juan II, quien en los últimos años de su vida había cobrado afecto a su novel cortesano.

La muerte de este monarca le lanzó a una agitada vida política, típica de los grandes personajes de la época de Enrique IV. A principios de este reinado se enemistó con el soberano, ante quien protestó con entereza por la disgregación del estado y la debilidad de la monarquía. Los Mendozas fueron expulsados de Guadalajara, por lo que el obispo de Calahorra figuró en las primeras ligas contra Enrique IV. Pero el enlace de don Beltrán de la Cueva con su familia, le reconcilió con la corte; desde entonces tuvo el rey en él a un consejero fiel.

Le asistió en las entrevistas de Bidasoa (1463) e intervino en hacerle renunciar a la corona de Aragón. Cuando la nobleza cometió contra la monarquía el ultraje de Ávila (1465) y el reino se dividió en dos bandos, Pedro de Mendoza sostuvo la causa real, y peleó valerosamente en defensa de los intereses de la corona en Olmedo (20-VIII-1467). Debido a estos servicios, recibió sucesivamente las dignidades de obispo de Sigüenza, arzobispo de Sevilla, en cuya sede sucedió a Fonseca y cardenal de España.

En 1475, al estallar la guerra de sucesión entre Isabel y la Beltraneja, el cardenal Mendoza se puso incondicionalmente al servicio de los Reyes Católicos, a los que antes, como príncipes no había favorecido. Pero su visión política le hacía permanecer al lado de los detentores de la legitimidad y contra la nobleza turbulenta. Contribuyó eficazmente al triunfo de doña Isabel combatiendo con denuedo a sus adversarios. A su servicio puso sus grandes riquezas y el poder político de los Santillanas.

Intervino personalmente en la batalla de Toro (1-III-1476), decidiéndola en un momento crítico. Es famosa la carga de caballería que dio en esta ocasión al grito de ¡Aquí está el cardenal, traidores!. A la muerte del arzobispo de Toledo, Carrillo, la reina Isabel recompensó al cardenal elevándole a la sede primada de España (1483). No cabía designación más acertada, pues Mendoza contribuyó con sumo celo a todas las empresas guerreras y proyectos políticos de sus soberanos.

Aportó sus huestes y sus riquezas a la lucha contra los moros granadinos, y él, con sus parientes, tuvieron parte destacada en la toma de Loja (1486). En enero de 1492 fue quien tomó posesión de Granada en nombre de los Reyes Católicos. Aquejado por graves dolencias, fue visitado por estos monarcas en Toledo (1494). Moría poco después, el 11-I-1495 en su ciudad natal.

Entre sus no pocos merecimientos políticos, el más importante es el de haber descubierto a Cisneros para España. Protector de la letras, fundó en Valladolid el Colegio mayor de Santa Cruz; y compasivo con los desvalidos, erigió en Toledo el hospital de expósitos del mismo nombre. Los contemporáneos le calificaron.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 202-203.