Ramón Llul

Datos biográficos

Orden religiosa: Franciscano
Nacimiento: 25-I-1235
Fallecimiento: 29-VI-1315

Biografía

Ramón Llul (Raimundo Lulio), fue el hombre en quien se hizo carne y sangre el espíritu aventurero, teosófico y visionario del s. XIV, junto con el saber enciclopédico del s. XIII. En el beato mallorquín, artista de vocación ingenua y nativa, se confunden la teología y la filosofía, la contemplación y la vida activa, y toman forma plástica en viajes y peregrinaciones, en proyectos y en obras de la más diversa envergadura. Dentro del cuadro general del Medioevo cristiano es la suya una de las figuras de mayor relieve, y, en todo caso, es la más destacada y ecuménica que produjo el espíritu catalán en el momento de su mayor pujanza creadora. Su vida fue potenciada por un inextinguible amor hacia Dios, a cuya contribución puso su desbordante actividad y unos conocimientos vastísimos, los cuales, adoptando en parte el pensamiento científico y filosófico de los árabes, que era ya del acerbo común de la cultura europea de la época, arrancan directamente de San Agustín y se amplían en la afinidad espiritual de San Buenaventura.

Ramon Llull, predicandoRamon Llull, predicando

Se ha escrito que su biografía es una novela. Hijo de uno de los caballeros catalanes que acompañaron a Jaime I en la conquista de Mallorca, Ramón Lull nació en esta ciudad hoy Palma entre 1232 y 1235 (la fecha tradicional es la de 25-I-1235. Su juventud fue un continuo tejer en devaneos. Por lo ilustre de su cuna ocupó los cargos de senescal y mayordomo del rey Jaime II de Mallorca. Pero ni la responsabilidad del oficio palatino ni la del matrimonio con Blanca Picany (1256) le hicieron sentar la cabeza. Continuó en su liviana vida hasta que a los treinta años de edad —quizá a consecuencia de sus desamores con Ambrosia de Castelló, según pretende la tradición—, Ramón renunció a las vanaglorias del mundo para ofrecer el amor de su gran alma al señor.

Ingresó en la orden tercera de San Francisco, y se propuso la cruzada a Tierra Santa, la predicación del evangelio a los infieles y la elaboración de un método pedagógico nuevo para convencer a los musulmanes y judíos, de modo racional, sobre la verdad de los dogmas de la fe católica. En este sentido respondía a las corrientes religiosas unificadoras de la política catalana contemporánea. Después de una peregrinación de santuario en santuario, Lull dedicó nueve años a dominar el latín y el árabe. Fruto de este periodo fueron el Libre de contemplació y el Ars compendiosa, el primero, relato de sus experiencias místicas, el segundo, exposición de los principios esquemáticos de todo saber (1277).

Completadas sus armas de propaganda, logró que Jaime I de Mallorca obtuviera del papa Juan XXI la fundación de un colegio de lenguas orientales en Miramar para que se instruyeran en él los religiosos franciscanos que se propusieran convertir a los infieles (1276). Desde entonces no cejó en sus propósitos, los cuales le llevaron por todos los caminos de Europa y los rumbos del Mediterráneo.

Las ideas básicas de su programa las expuso por esta época en el Blanquerna (1283), la primera novela autobiográfica de contenido filosófico o social. Después de un viaje por Tierra Santa, Egipto y los principales países cristianos, se dirigió con sus propósitos a los papas Nicolás III y Honorio IV, al rey Felipe el Hermoso de Francia y a la Universidad de París. Aquí explicó en 1287 y aquí compuso otra de sus obras famosas: Félix de les meravelles del món.

Después de instar de Nicolás IV que convocara a los pueblos cristianos a una cruzada general contra el Islam, Ramón se embarca solo para Túnez (1292), donde evangeliza con peligro de su propia vida. Apaleado y apedreado, regresa a Europa. De nuevo apremia a los papas —Celestino V y Bonifacio VIII— para que no demoren sus proyectos. Pero no se le escucha (1292). Escribe el Desconori, donde da rienda suelta a su amargura (1295).

Pero pasado este momento de pesimismo, vuelve a animarse y escribe y predica con más fuerza que nunca. En 1297, en París, arremete con vigor contra los averroístas, insiste cerca de Felipe el Hermoso de Francia, busca en todas partes apoyo a su política oriental. En aquella Europa entregada a los conflictos personales más insignificantes, Lull eleva su figura de gigante e indica a todos la misión inaplazable: la destrucción de los turcos, aunque sea aliándose con los tártaros. Con este propósito visita Chipre (1299), Rodas y Malta. De regreso, reanuda sus gestiones en las cortes de Montpellier y Barcelona, insiste cerca de Clemente V (1305), y, por último emprende otra misión a las costa de África. Logra salvarse, de milagro, en Bugía (1306), donde es encarcelado y azotado. Tantas calamidades no abaten su espíritu sobrehumano. Rescatado por los comerciantes catalanes y genoveses, pasa a Francia.

En Aviñón visita al papa Clemente V, al que ofrece uno de sus tratados (1309); en París reanuda su lucha contra el averroísmo en unas lecciones sensacionales (1309-1311); en Viena de Francia, con motivo de la celebración de un concilio, consigue de él que decrete la institución de enseñanza de lenguas semítica en la universidades de Europa (1311). En cambio, no obtiene la fusión de las órdenes militares en una sola ni la prohibición del averroísmo.

En contacto con el rey Federico o Fadrique de Sicilia, Ramón Lull, ya octogenario, se embarca para Túnez en 1314, probablemente del puerto de Palma de Mallorca, o quizá del de Mesina. En la ciudad africana es de nuevo perseguido y martirizado. Agonizante, es recogido por unos mercaderes genoveses y conducido a Europa. La tradición quiera que Lull expire frente a las costas de su isla natal el 29-VI-1315. Así murió aquel ser extraordinario, orgullo imperecedero de una nación, quien pese a su vida activísima, aun tuvo tiempo para componer más de quinientos libros —algunos de atribución dudosa—. En sus obras de filosofía medieval habló por primera vez en lengua romance.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 136-137.