San Isidoro

Datos biográficos

Santo, arzobispo, confesor y doctor.
Nacimiento: 570
Fallecimiento: 636

Biografía

Cuando la cultura se derrumba y nadie parece que podrá salvar alguno de sus restos más preciosos, y en el momento de máxima crisis surge un titán que con sus anchas espaldas sostiene el peso del vacilante edificio, logrando rehacer los muros más cuarteados y restaurar el edificio por lo menos en sus paredes maestras, este personaje excepcional merece los mayores honores de la posteridad reconocida. Tal es el papel histórico de San Isidoro de Sevilla, el mayor compilador de la ciencia y la erudición clásica, el infatigable obrero de la cultura de Europa

San Isidoro de Sevilla (1655) de Bartolomé Esteban Murillo, Catedral de Sevilla.San Isidoro de Sevilla (1655) de Bartolomé Esteban Murillo, Catedral de Sevilla.

En el panorama general de la evolución de esta rama histórica, San Isidoro tiene talla de gigante, el cual, en medio de la anarquía producida por las invasiones germánicas, logra rehacer el caudal disperso de la sabiduría antigua y legarlo, como el tesoro más precioso que darse pueda, a los eruditos de Occidente. En este aspecto, es el español que ha influido de modo más poderoso y durante más siglos en la vida espiritual de Europa. Le conocieron todos los monasterios y escritores medievales; figuró en todas las bibliotecas, y si a través de Beda influyó en el renacimiento irlandés del s. VIII, a través de Alcuíno contribuyó a la recuperación cultural del imperio carolingio.

Su fama se difundió también por Italia y el Norte de África, e incluso llegó a los confines del mundo occidental, siendo conocido y apreciado en los apacibles valles de Suiza y en las románticas orillas del Fulda. Rabán Mauro introdujo el espíritu de San Isidoro en la Alemania del s. IX. Esta enorme labor de lectura, compilación, sistematización y síntesis explica que la vida de San Isidoro no sea muy agitada. No quiere esto decir que no interviniera en la vida pública de su tiempo; por el contrario, su palabra y sus consejos fueron escuchados por los reyes visigodos y por los concilios toledanos, tanto en el gobierno de su diócesis hispalense como en su labor de reunificación religiosa y política de la monarquía hispánica, demostró sus preclaras cualidades de organizador inteligente, orador fecundo y maestro intachable de la buena doctrina.

Su familia procedía del Levante español. Su padre, Severiano, después de abandonar la ciudad de Cartagena, se había establecido en Sevilla. Aquí había tenido lugar la conversión al catolicismo de su madre, hecho fecundo, pues dio a los altares a dos de sus hijos, San Leandro y San Isidoro. Este, el menor, nacido hacia 570, creció bajo la influencia de su hermano. Como él fue monje en un monasterio sevillano. Después de sus primeras vacilaciones, Isidoro destacó entre todos los de su edad por su afición al estudio, su facilidad de palabra y su destreza en las controversias filosóficas.

Cuando Leovigildo desató la persecución de los católicos, Isidoro fue el inquebrantable defensor de la ortodoxia (580-585), por cuya causa fue desterrado a la Bética. Al advenimiento al trono de Recaredo, Leandro y su hermano se instalaron de nuevo en Sevilla: aquel en la silla metropolitana, este como abad de un monasterio.

Desde 856 la actividad erudita y literaria de Isidoro aumenta día a día, organiza su biblioteca y su escritorio, fomenta la copia de libros, se relaciona con aquellos que pueden proporcionarle un códice precioso, efectúa intercambios. Su propósito es recoger la cultura y transmitir el saber de los antiguos. Así se observa en la recensión hecha de la Vulgata y en la confección de una Regla monacal.

Hacia el 600 sucedió a su hermano en el obispado de Sevilla. Entonces comenzó a ejercer un gran predicamento sobre todos los hispánicos por la firmeza de su fe y la vastedad de su saber. En 619 presidió el II Concilio hispalense y en 633, el IV toledano. En toda su actuación pública se reveló como encarnizado enemigo del error y la herejía, como apasionado patriota —ese patriotismo emergente de las monarquías germánicas—, y como consejero sabio, autorizado y prudente.

Además, Isidoro se dedicó con ahínco a lo que debía ser su misión en la tierra. El que luego fue denominado Doctor de las Españas, empezó a publicar los frutos de su erudición, portentosa y enciclopédica. Redactó varias obras sobre asuntos eclesiásticos, como el libro de las Sentencias, manual dogmático a base de las frases recogidas entre las autoridades de la Iglesia; escribió sobre la gramática, tal el Differentiae verborum y rerum.

Compuso visiones de la historia, como la Historia de los visigodos, vándalos y suevos (con su prólogo De laude Spaniae); no le fueron extraños los conocimientos físicos, como lo demuestra en De Natura rerum, su obra filosófica más importante, escrita a instancias del rey Sisebuto. En fin, entre 620 y 632 redactó su obra cumbre, las Etimologías, enciclopedia sistemática en que San Isidoro supo reunir la ciencia pagana con la tradición escrituraria de los Santos Padres.

Poco después de haber terminado esta obra gigantesca, cuya influencia en la educación de las promociones medievales fue inmensa, San Isidoro moría en Sevilla, rodeado del fervor ejemplar de sus diocesanos, el 4-IV-636. Así se apagó aquella antorcha vital, cuyos resplandores iluminaron el campo de la cultura hasta el s. XI..

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 98-99.

Loor a España

Como prólogo de este libro coloca San Isidoro el famoso De laude Spaniae o Alabanza de España, que , además de ser para la historiografía el primer loor de la España recién creada como tal nación goda, es como explica Menéndez Pidal, el himno natalicio del pueblo hispano godo. He aquí el famoso loor de España.

De todas las tierras, cuantas hay desde occidente hasta la India, tu eres la más hermosa, oh sacra España, madre siempre feliz de príncipes y pueblos. Eres, con pleno derecho, la reina de todas las provincias, pues de ti reciben luz de Oriente y Occidente. Tú, honra y prez de todo el orbe; tu, la porción más ilustre del globo. En tu suelo campea alegre y florece con exuberancia la fecundidad gloriosa del pueblo godo.
La pródiga naturaleza te ha dotado de toda clase de frutos. Eres rica en reses, llena de fuerza, alegre en mieses. Te vistes con espigas, recibes sombra de olivos, te ciñes con vides. Eres florida en tus campos, frondosa en tus montes, llena de pesca en tus playas.. No hay en el mundo región mejor situada que tú; ni te tuesta el ardor del sol estivo, ni llega a aterirte el rigor del invierno; sino que, circundada por el ambiente templado, eres con blandos céfiros regalada. Cuanto hay, pues, de fecundo en los campos, de precioso en los metales, de hermoso y útil en los animales, lo produces tú.
Tus ríos no van en zaga a los más famosos del orbe habitado. Eres fecunda por tus ríos, graciosamente amarilla por tus torrentes auríferos; fuente de hermosa raza caballar. Tus vellones purpúreos dejan ruborizados a los de Tiro. En el interior de tus montes fulgura la piedra brillante, de jaspe y mármol, émula de los vivos colores del sol vecino.
Eres, pues ¡oh, España!, rica de hombres y de piedras preciosas y de púrpura, abundante en gobernadores y hombres de Estado; tan opulenta en producirlos. Con razón puso en ti los ojos Roma, la cabeza del orbe; y, aunque el valor romano, vencedor, se desposó contigo, al fin el floreciente pueblo de los godos, después de haberte alcanzado, te arrebató y te amó, y goza de ti lleno de felicidad entre las regias ínfulas y en medio de abundantes riquezas.
VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XII págs. 5691-5692.