San Ignacio de Loyola

Datos biográficos

Fundador de la Compañía de Jesús
Nacimiento: 1491
Fallecimiento: 1556

Biografía

Los primeros años de Ignacio de Loyola y quiénes fueron sus padres no los conocemos con seguridad, pero se cree que fueron estos don Beltrán Yáñez de Oña y Loyola y doña Marina Sáenz de Licona y Balda. Su lugar de nacimiento fue el solar de Loyola, en Guipúzcoa, cerca de Azcoitia. Descendiente de familia ilustre, consagrada a las armas, a estas también se dedicó San Ignacio en sus primeros años.

Vera effigies S. Ignaty de Loyola, verdadera imagen de S. Ignacio, con armadura militar. Anónimo del s. XVI, escuela francesa.Vera effigies S. Ignaty de Loyola, verdadera imagen de S. Ignacio, con armadura militar. Anónimo del s. XVI, escuela francesa.

Como paje del caballero castellano don Juan Velázquez de Cuéllar, contador mayor de los Reyes Católicos, residió algún tiempo en Olmedo. Pasó después a las mesnadas del virrey de Navarra, don Antonio Manrique, duque de Medinaceli, llegando a obtener el grado de capitán. San Ignacio era uno de los capitanes que, bajo el mando de don Francisco de Herrera, defendían la fortaleza de Pamplona en la invasión francesa de 1521. Herrera, considerándose incapaz de defender el fortín, quiso entregarse. San Ignacio le animó a resistir y a luchar hasta agotar las últimas probabilidades. Los sitiados, electrizados por la energía de Ignacio, se mantuvieron firmes hasta que, herido este, cedieron (21 de mayo de 1521). Retirado a su casa de Loyola, hubo de sufrir allí una dolorosa intervención quirúrgica, que, sí le salvó la pierna más tocada, no pudo impedirle que en adelante mostrase una leve cojera.

Durante su larga convalecencia, la lectura de libros piadosos, únicos que se hallaron en la casa y que en un principio acogió con disgusto, penetraron de tal modo en su espíritu generoso, que decidió mudar su ligera vida y consagrarse al servicio divino, imitando a los santos. Todavía, no obstante, no tenía luz clara de su futuro concreto. Comenzó por retirarse a la vida penitente y solitaria en la cueva de Manresa, a orillas del Cardoner. Allí fue donde compuso el admirable libro de los Ejercicios Espirituales, nuevo camino de ascética, que iba a difundir la futura Compañía de Jesús.

En 1523, deseoso de conocer los Santos Lugares, marchó a Palestina. A su vuelta, vio claramente la necesidad de adquirir una profunda instrucción y, después de estudiar rudimentos de latín en Barcelona, en la primavera de 1526, se dirigió a Alcalá de Henares, donde cursó dialéctica, física y teología. Allí comenzó a manifestar sus deseos de proselitismo. Reunió un grupo de estudiantes, a los que inició en el camino de la ascética de los Ejercicios y en la vida de pobreza.

Pero la Inquisición, sospechosa, impidió toda la obra. San Ignacio fue sometido a proceso y encarcelado y, aunque se le puso en libertad, le fue prohibido enseñar ni en público ni en privado cuestiones religiosas (1524). En busca de mayor libertad se trasladó entonces a Salamanca, donde fue de nuevo encarcelado por la Inquisición. Libre otra vez, decidió marchar a París, cuya Universidad era entonces la más célebre de Europa (1528). En el colegio de Monteagudo (Montaigu), primero, y en el de Santa Bárbara, después, estudió latín, filosofía y teología, graduándose como maestro en 1534.

En estos años entre 1529 y 1534 conoció a los escolares que habían de ser los primeros miembros de la Compañía de Jesús: el saboyano Pedro Fabro, el portugués Simón Rodríguez y los españoles Francisco Javier, Diego Laínez, Nicolás Bobadilla y Alfonso Salmerón, a los que inyectó un espíritu de renovación y un deseo de consagrarse enteramente a la mayor gloria y servicio de Dios. Cuando el 15 de agosto de 1534, en la ermita de Montmartre hicieron todos ellos voto de pobreza y castidad y de dirigirse a los Santos Lugares a convertir a los infieles, la Compañía de Jesús estaba en germen. A poco, a este grupito se juntaron tres compañeros más: el saboyano Claudio Le Jay, el picardo Pascual Broet y Juan Coderi, natural del Delfinado. En Venecia, esperando embarcarse para Palestina, comenzaron la predicación y el ejercicio de la caridad con los humildes.

Ignacio se ordenó sacerdote en 1537. Fracasado un nuevo intento de embarque para Palestina, a causa de la ruptura de los venecianos con el turco, Ignacio y sus compañeros se pusieron, como especificaba una de las cláusulas del voto de Montmartre, a las órdenes del Papa. Distribuidos por Padua, Bolonia y Siena y otros lugares de Italia, siguieron la obra de evangelizar y difundir el espíritu de los Ejercicios entre eclesiásticos y seglares; algunos, como Laínez, enseñaron en la Universidad de Siena. Fue por este tiempo cuando Ignacio maduró el fin futuro de la naciente Compañía, y redactó los estatutos de la que se llamó Compañía de Jesús para indicar su sentido de milicia de combate al servicio de Dios. Paulo III aprobó sus estatutos en 1540. El 19 de abril de 1541 el voto unánime de todos elegía a Ignacio como primer prepósito del nuevo Instituto.

Los últimos años de Ignacio estuvieron consagrados a la tarea de dotar a la Compañía de un código de normas, las Constituciones, redactadas entre 1547 y 1550, que perfilan la nueva Orden sobre la base de un espíritu práctico, reflejo de su circunspección y prudencia (il santo della ragione ha sido llamado); a una gran actividad epistolar y la expansión del Instituto. Antes de morir, Ignacio pudo ver fundados los colegios Romano y Germánico, que prepararon la evangelización de Italia y la Europa Central. Ignacio, muy delicado en sus últimos años, murió en Roma el 13 de julio de 1556. Paulo V le declaró beato en 1609, decisión que completó Gregorio XV, elevándole a la dignidad del santoral el 12 de marzo de 1622 cf. Astrain, Historia de la Compañía de Jesús en la Asistencia de España, Madrid, 1902.

VÁZQUEZ DE PRADA, Valentín, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo F-M, págs. 439-440.