Retrato de Amerigo Vespucci.Retrato de Amerigo Vespucci.

VESPUCIO, Americo (1454-1512) [Florencia-Sevilla]. Navegante. Su nombre italiano era Amerigo Vespucci. Hijo de un notario, estudió bajo la dirección de su tío el dominico humanista fray Jorge Antonio Vespucc i, compañero de Savanarola. Acompañó en 1478-1480 a su pariente Guido Antonio Vespucci, embajador de Florencia en Francia, en calidad de secretario. Se dedicó al comercio y entró al servicio de la casa de los Médicis, siendo su patrón Lorenzo di Pierfrancesco de Medici, primo de Lorenzo el Magnífico. En 1492 estaba en Sevilla, en la casa bancaria de Juanoto Berardi, como agente de los Médicis, quien intervino activamente durante aquellos años en el flete y apresto de las escuadras de Colón y demás enviadas a las Indias recién descubiertas. Fallecido Berardi en 1495, hubo de encargarse Vespucio de la liquidación de sus negocios y de armar los navíos que faltaban por preparar para el tercer viaje de Colón. Pero le sedujo el espíritu de aventura y descubrimientos vigentes en aquella época, y se dedicó a la navegación, demostrando extensos conocimientos náuticos y cosmográficos, que se ignora cómo adquirió, aparte de los estudios que realizara por cuenta propia.

La cuestión de sus viajes, que habían de proporcionarle enorme celebridad, está estrechamente enlazada con el de las fuentes históricas de los mismos, y ofrecen una serie complejísima de difíciles problemas, no dilucidados plenamente. Concretándonos a los hechos que presentan mayor certeza, llevó a cabo un viaje en compañía de Alonso de Hojeda y Juan de la Cosa, en 1499, siguiendo la ruta del tercer viaje de Colón. Salieron de Cádiz en mayo (el 16 ó 18), y, según el relato de Vespucio, hallaron hacia el Suroeste una tierra exuberante y cálida; penetró Vespucio en un caudaloso río, que parece ser el Amazonas; siguieron la costa 40 leguas al Sureste, hasta 5° ó 6° s. , buscando Vespucio la Cattigara de Ptolomeo, límite del mundo conocido por este en el Extremo Oriente; hubieron de tomar rumbo Noroeste, impulsados por una corriente que iba en esa dirección; vieron las bocas de los ríos Esequibo y Orinoco; llegaron a la isla de la Trinidad, atravesaron el golfo de Paria, recorrieron la costa de este nombre, la isla Margarita y el litoral situado más al Oeste, pertenecientes ambos hoy a Venezuela; pasaron a la isla que llamaron de los Gigantes (Curazao) y penetraran en el punto de Maracaibo, entonces Coquibacoa, donde la vista de un pueblo indígena palafítico hizo bautizarle con el nombre de Venezuela o pequeña Venecia (VIII-1499); prosiguieron hasta el cabo de la Vela, de donde emprendieron el regreso, tocando en el puerto de Yáquimo en la isla Española (IX); de allí dieron ir a las Lucayas para capturar esclavos, y llegaron a España en junio de 1500 (el texto impreso luego citado dice con error el 8 de septiembre), con muchos cautivos, perlas y granos de oro.

Se había recorrido la costa desde 5° S, a 15° N, aunque probablemente no llegaron a esta latitud, sino a unos 13°. El relato de Vespucio no coincide con lo sabido del primer viaje de Hojeda, por ejemplo, en las fechas y en el espacio recorrido, pues afirmó este en sus declaraciones en los pleitos colombinos haber llegado a unas 200 leguas de Paria —por lo que no llegó al Brasil—, y Vespucio atribuye una estancia de un año en el mar Caribe antes de volver a Santo Domingo, donde es indudable que llegó Hojeda en septiembre de 1499, habiendo durado su viaje tres meses y medio hasta aquel momento; su regreso a España parece que fue en abril de 1500, según otra declaración.

Esta contradicción ha hecho suponer a muchos historiadores de Vespucio, como Magnaghi y Levillier, que aunque salieron juntos Hojeda y Vespucio, se separaron, y que el florentino navegó mucho más, habiendo llegado a los 5° o 6° S, que cita en su relato de su segundo viaje. En este caso, habría descubierto el Brasil desde el cabo de San Agustín o el cabo de San Roque al Noroeste, antes que Pinzón y Álvarez Cabral, y visto el Amazonas antes que el primero, que lo hizo en 1500; pero no existe plena certeza de ello; C. Seco ha demostrado su imposibilidad. Levillier le atribuye en la última parte del viaje, en el recorrido por las Antillas, el descubrimiento de Florida, que aparece ya en los mapas de Cantino y Caverio (1502). En este viaje aún creía que las nuevas tierras se hallaban en Asia.

Llamado por don Manuel el rey de Portugal, pasó en seguida Vespucio a este país y tomó parte en la expedición de 1501, primera que se enviaba al Brasil o Tierra de Santa Cruz, después de su descubrimiento por Cabral, para explorarla, lo que indica que Vespucio gozaba de prestigio como cosmógrafo para solicitarse sus servicios en el país en que estaba más floreciente la ciencia náutica y la geografía. Se ignora quién era el jefe de la expedición, habiéndose supuesto los nombres de Gaspar de Lemos, Andrés Gonçalves, Gonçalo Coelho y otros notorios marinos portugueses de la época, sin ninguna certidumbre.

Salió la expedición de Lisboa el 15 de mayo de 1501 (según la carta de Cabo Verde, luego citada), hizo escala en Cabo Verde y se dirigió al Brasil hacia el cabo de San Roque, a unos 5° s. -y luego al de San Agustín, cuya altura observó, desde donde costeó el litoral brasileño y el actual uruguayo y argentino hasta una elevada latitud, unos 50° o 52° s. , en que el frío le hizo regresar; al apartarse de la costa hacia el Sureste —o, más seguramente, al Suroeste— tomó Vespucio el mando.

Atestiguan la autenticidad de este viaje las costas y la nomenclatura existentes en los mapas de la primera década del siglo XVI, a partir de los de Caverio, King-Hamy y Kunstmann II, todos de hacia 1502, coincidente además por las fechas de los santos que recuerdan los nombres de los accidentes costeros con la época del viaje, desde agosto a enero; Levillier, en América la bien llamada (1948), ha demostrado que el río Jordán, en esos mapas a 35° s. , nombre que luego desaparece, corresponde al Río de la Plata, cuyo descubrimiento corresponde, por tanto, a Vespucio, catorce años antes del viaje de Díaz de Solís; la inadvertencia del hecho hasta ahora se debe a trasposiciones de nombres, que han hecho colocar indebidamente tal accidente en el sur del Brasil, y a haberse confundido Cananea, a 25° s. , límite meridional de la jurisdicción portuguesa según la Línea de Demarcación —nombre que aparece después de 1514—, con Cananor, situado realmente a 45° Sur —y mencionado ya en aquellos mapas—.

La tierra vista a la alta latitud de 50° o 52° se ha supuesto que fueran las islas Malvinas o Georgia del sur, o, más probablemente, la costa de Patagonia. Volvió la expedición a Lisboa el 22 de julio de 1502, según una carta del embajador veneciano en España a su gobierno. (La Lettera, luego cit., da la fecha, seguramente errónea, del 7 de septiembre).

En fecha desconocida (1504?) volvió a España, donde en 24 de abril de 1505 se le concedió naturalización en los reinos de Castilla y León. Se ha supuesto que su estancia en Portugal sería de espionaje a favor de Castilla acerca de los descubrimientos, y que ello explicaría la protección del rey Fernando y los servicios que ampliamente le recompensó. De esta época es una carta de Colón a su hijo Diego en que tributa grandes elogios a Vespucio, demostrando no existir ninguna disensión entre ambos navegantes (5-11-1505).

La fama de Vespucio como marino y cosmógrafo debía de ser muy grande, pues figuró en adelante al servicio de España, como uno de sus mejores mareantes y como tal recibió orden, en 1505, de preparar con Pinzón una flota para la Especiería, en la que irían ambos y que no llegó a salir; participó en la Junta de Burgos de 1507 con Pinzón, Solís y Juan de la Cosa, en que se acordó enviar a Nicuesa y Hojeda al Darién y Nueva Andalucía y a los dos primeros a explorar la zona desconocida al oeste de las Antillas, y se le menciona en el apresto de otros buques. Culminó el aprecio de Vespucio por parte del gobierno español en su nombramiento de piloto mayor en la Casa de Contratación, con 75.000 maravedises entre sueldo y ayuda de costa, cargo de la máxima importancia, pues debía examinar y autorizar a los demás pilotos y elaborar el mapa tipo en que se recogieran todos los nuevos descubrimientos o Padrón Real (Reales Cédulas de 22 de marzo y 6 de agosto de 1508).

Tal confianza depositada en él excluye lógicamente que su fama y méritos se basaran en imposturas o fraudes, y suponen la posesión de grandes cualidades científicas y de real experiencia. Se atribuyó Vespucio un método nuevo para hallar la longitud por las distancias lunares a los planetas, aprovechando sus conjunciones, y dio al grado 16 leguas y dos tercios. Permaneció en dicho cargo hasta su muerte, habiéndose casado en España con María Cerezo, a quien se otorgó una pensión al morir Vespucio en atención a sus méritos y servicios. Su sobrino Juan Vespucio fue, asimismo, piloto real (1512) y tomó parte en las negociaciones con Portugal sobre la cuestión de las Molucas, habiendo sido despedido de su cargo en 1525.

En 1504 se publicó en Augusta (Augsburgo) Mundus Novus, en latín, pero traducido del italiano, opúsculo que reproduce una carta dirigida a Lorenzo di Pier Francesco de' Medici, en que Vespucio refiere su viaje de 1501-02. Parece ser esa la primera edición conocida, aunque se ha supuesto también por Harrisse y otros que la primera se imprimió en París y en 1503; obra que tuvo un éxito extraordinario, pues se hicieron doce ediciones en el primer año, y alcanzó hasta cincuenta, traduciéndose inmediatamente a varios idiomas; fue incluida en la recopilación de Fracanzano de Montalboddo, Paese novamante retrovati (1507); tal difusión divulgó el renombre de Vespucio por Europa, y el secreto del éxito consistía en que revelaba un, nuevo mundo, pues la enorme extensión de tierra recorrida en el Brasil y en el hemisferio sur demostraban que no podía confundirse con Asia, como aún podía creerse de las islas descubiertas por Colón: era la quarta pars que no conoció Ptolomeo.

Análoga, pero más sucinta, y sin los yerros astronómicos y geográficos del texto impreso es la carta al mismo Médicis desde Lisboa, en 1502 (julio?), al regreso de su viaje, cuyo manuscrito existe en la Biblioteca Riccardiana de Florencia, copiado por un tal Pier Vaglienti en el siglo XVI, y no dada a conocer hasta 1789, en que la publicó Francesco Bartolozzi; esta carta es continuación de otra enviada por el mismo a Médicis desde Cabo Verde, el 4 de junio de 1501, cuando se dirigía al Brasil, y a raíz de haber hallado allí parte de la flota de Cabral que regresaba de la India, y que solo contiene el comienzo del viaje; existe copiada en el mismo códice que la anterior, y fue publicada por el conde Baldelli Boni, en 1827.

De 1505 a 1506 y en lugar ignoto —probablemente en Florencia— se imprimió la segunda obra de Vespucio: Lettera di Amerigo Vespucci delle isole nuovamente trovate in quattro suoi viaggi, donde por primera vez se relatan cuatro viajes; está fechada en Lisboa, a 4 de septiembre de 1504. En dos copias manuscritas de la Biblioteca Nacional de Florencia y de la citada (mss. Coralmi y Vaglienti ) aparece dedicada la carta a Piero Soderini, gonfalonero de la república florentina y antiguo condiscípulo de Vespucio. Esta obra —de mucha menor difusión que la anterior, pues solo tuvo una edición, pero más trascendente— fue traducida al latín por Jean Basin de Sendacourt y publicada por Martín Waldseemüller (Hylacomylus) en Saint Dié, con el título de Quatuor Americi Vespucii Navigationes y aneja a la Cosmographiae Introductio de dicho humanista (1507), reeditada siete veces en el año de su aparición y unas nueve más en latín o alemán en el resto del s. . Notorio es que allí propuso Waldseemüller dar el nombre de América al nuevo mundo, considerando que el mérito de su descubrimiento recaía sobre Vespucio y que su propuesta —reprobada, por cierto quizá, por él mismo, años después—, obtuvo aceptación y cayó en gracia, aplicándose al nuevo continente el nombre del florentino. El profesor George T. Northup, por el examen filológico de la Lettera, supone que se tradujo del español y estaría dedicada al rey Fernando el Católico.

Otro manuscrito fue dado a conocer por Angelo M. Bandini, en 1745, carta de Vespucio al mencionado Médicis, datada en Sevilla, a 18 ó 28 de julio de 1500, con el relato de los dos primeros viajes de la Lettera, pero reducidos a uno solo.

El primer viaje, según la Lettera y las Quatuor navigationes, tuvo lugar en 1497 (antes del tercero de Colón, por tanto), saliendo de Cádiz el 10 o el 20 de mayo; a los veintisiete días y 1.000 leguas de Canarias halló la flota tierra a 16° N. y 75° 0. de Canarias, llamada Lariab en la 1.ª ed., y Parias en todos los demás textos, cuyos habitantes eran los caraibi, de salvajes costumbres, uno de cuyos pueblos se parecía a Venecia; recorrieron luego 870 leguas hacia el Nordeste, y para vengar a unos indios amigos fueron a una isla, Iti, en que cautivaron a muchos indígenas; regresaron a España el 15 de octubre de 1498.

El segundo viaje comenzó en mayo (el 16 ó 18) de 1499 hasta 8 de septiembre de 1500; la escala fue en Cabo Verde y se descubrió tierra a 5° s. , recorriéndose luego hacia el Noroeste, hasta 15° N.

El tercero coincide con el referido al Brasil, poniendo sus fechas entre 10 ó 14 de mayo de 1501 y 7 de septiembre de 1502.

El cuarto habría sido hecho por cuenta también de Portugal, y al Brasil, entre 10 de mayo de 1503 y 18 ó 28 de junio de 1504; la dirección era a Malaca, pero el capitán, al que Vespucio trata duramente, cambió los rumbos y naufragó en una isla desierta, que se ha supuesto la de Fernando Noronha; Vespucio quedó con solo un navío, con el que había explorado de nuevo la costa brasileña, había fundado un fuerte donde dejó guarnición y regresó a Lisboa. En 1937 se ha descubierto en Florencia un fragmento de otra carta publicado por Ridolfi, cuya autenticidad es muy dudosa.

Todos los relatos de Vespucio, tanto los impresos como los manuscritos, callan rigurosamente el nombre del jefe bajo el que se hacía cada viaje, y omiten los nombres geográficos; existen contradicciones de fechas entre las varias versiones y otras de carácter geográfico. Ello ha ocasionado desde antiguo dudas sobre la autenticidad de los relatos, agravadas por la acusación, lanzada ya por Las Casas, de que Vespucio intentó arrebatar a Colón la gloria del descubrimiento del Nuevo Mundo, consiguiéndolo en parte al bautizarlo con su nombre. El problema de los viajes de Vespucio es uno de los más complejos y difíciles de la historia americana, de los más estudiados, y, sin embargo, aún sin solución definitiva y universalmente aceptada. Hay una serie de historiadores enemigos de Vespucio, en especial los españoles, desde Las Casas hasta Navarrete, y los extranjeros hasta Robertson y W. Irving, más algunos posteriores, como el vizconde de Santarem, Roselly de Lorgues y Markham, actitud hoy casi desaparecida, salvo en Portugal, donde aún se le ataca duramente y se le niega todo valer. Iniciaron la reivindicación de Vespucio, Bandini (1745) y el padre Canovai (1788, pub, en 1817), al que replicó Napione (1811); Humboldt negó la autenticidad del primer viaje, pero defendió la honradez de Vespucio.

Otro grupo, al que pertenecen ilustres figuras de la historiografía americana o geografía, acepta la autenticidad de los textos impresos, no obstante sus evidentes errores y contradicciones o falta de coordinación con las demás fuentes, y rechaza por falsos los textos manuscritos mencionados, publicados tardíamente; entre los decididos defensores de Vespucio figuran Varnhagen, Hugues (que no admite el primer viaje), Fiske, Thacher, Harrisse, Gaffarel y Vignaud; otros aceptan la autenticidad de todos (Uzielli, Peschel, Avezac, Levillier); otro grupo reciente (Magnaghi, Marcondes de Souza, el desorbitado Polil ) consideran solamente auténticos los textos manuscritos, y falsificaciones los impresos — Mundus Novus y Lettera —, mas no hechas por Vespucio, o por su cuenta, sino por compiladores que quisieron explotar económicamente la curiosidad por las nuevas tierras o ensalzar a Vespucio atribuyéndole tantos viajes como a Colón; es de advertir, como huella de tal maniobra, la excesiva coincidencia de fechas y de latitudes recorridas, ya anotadas.

Desde Humboldt la opinión erudita ha ido vindicando a Vespucio de la tacha de enemigo de Colón y de que inspirara a Waldseemüller. Pero subsisten hondos misterios sin aclarar; su nombramiento de piloto mayor revela un aprecio de su valía científica por parte de Fernando el Católico, cuya base no radica ciertamente en los desordenados y pintorescos relatos impresos, reducidos a describir las costumbres de los salvajes en sus aspectos más llamativos. Es indudable que gozó fama en Europa, donde se vio en él al revelador de la cuarta parte del mundo, por sus largos periplos sudamericanos, desde Venezuela a Patagonia, vastísima comarca que ya no había posibilidad de incluir en Asia. Este punto de vista es el adoptado por los modernos defensores de Vespucio, como quien dio sentido y valor al descubrimiento de Colón, el que recorrió más longitud de costas americanas y el primero que vio el Brasil y el Río de la Plata.

De los cuatro viajes, Magnaghi, Pohl y Marcondes admiten solo los expuestos primeramente en este artículo, o sea el segundo y el tercero de los textos impresos, considerando falsos el primero y el cuarto. El primero, especialmente ofrece dificultades invencibles, no obstante lo cual ha sido admitido por las personalidades más salientes que han estudiado a Vespucio, como Varnhagen, Harrisse, Fiske, Uzielli, Vignaud y Levillier, que por las coordenadas y distancias dichas aceptan que llegó Vespucio en 1497 al Yucatán y que luego llegó a las costas atlánticas de los Estados Unidos, a la bahía de Chesapeake; Fiske supuso que efectuó este viaje con Pinzón y Solis, confundiéndolo con el que en realidad llevaron a cabo estos marinos en 1508. Humboldt, Navarrete, Irving, D'Avezac, Hugues, Peschel y otros creyeron que este viaje era, el realizado con Hojeda, de cuyos rasgos reales participa en algunos pormenores, y que el segundo de la Lettera y las Navigationes sería el de Diego de Lepe o el de Pinzón.

Creemos, con algunos de los recientes críticos del problema, que el primer viaje es apócrifo, y que el segundo es el primero real y el efectuado con Hojeda; el segundo viaje real es, por tanto, el verificado al Brasil, reflejado con infidelidades en el Mundus Novus y considerado tercero antes. Y el cuarto, segundo al Brasil, ofrece, asimismo, muchas dudas, aunque pudiera identificarse con el de Gonçalo Coelho en 1503.

Vespucio, famoso para siempre por haber dado su nombre al nuevo continente, es uno de los hombres más discutidos y misteriosos de la Historia. Sus hechos están envueltos en oscuridades que no permiten vislumbrar su verdadero perfil ni su pleno alcance. Así puede oscilar hoy todavía su estimación entre extremos tan irreconciliables como el entusiasmo de Pohl, colocándolo por encima de todos los navegantes, incluso casi de Colón, y el menosprecio de Gago Coutinho, y aún más, la extravagante opinión de Luis Ulloa, de que Vespucio no estuvo en América.

Sin embargo, el criterio sobre él ha evolucionado, y después de ser considerado un falsario en siglos pasados, o de haber excitado después el fervor, hasta la ofuscación, de señeras figuras de la ciencia histórica, hoy queda el juicio algo más en el fiel. Vespucio ha recorrido una grandísima longitud de costas en América, y ha percibido por primera ver de modo indubitable que tal masa continental y en el hemisferio meridional no podía asimilarse a Asia, idea que ha lanzado a Europa, donde fue recogida ampliamente. aunque no triunfó en seguida; de su éxito es reflejo la aceptación del nombre América, aunque se haya debido en buena parte a motivos diferentes del mérito de Vespucio; pero, a su vez, homenaje tan excesivo ha pesado duramente sobre su memoria.

No es injusto ver en Vespucio uno de los descubridores más valiosos de la gran época, más por sus concepciones geográficas que por sus relaciones, ya que se ha beneficiado en alto grado del silencio lanzado sobre los jefes de sus expediciones, como en la del Brasil, o los ha oscurecido, como a Hojeda. Ha sido un precursor de Magallanes, no solo por haber llegado a más de 50° s. , sino porque debió de suponer la existencia de un estrecho y de un mar occidental, en cuya busca solicitó de Fernando el Católico la frustrada expedición a la Especiería, que, lógicamente, hubiera partido por el Oeste.

Si no se le puede considerar con certidumbre descubridor del Brasil, antes de Pinzón y Cabral, sí parece que le corresponde serlo del Río de la Plata y del actual territorio argentino. Ha aclarado y completado científicamente la obra de Colón, pero siempre quedará a la zaga del almirante, a quien injusta y con toda probabilidad involuntariamente, arrebató la gloria del bautismo del Nuevo Mundo, y sin cuya hazaña no habría verificado sus afortunados hechos. Cabe citar entre las publicaciones recientes sobre Vespucio, la de Levillier, Américo Vespucio, M., 1966, en que insiste sobre sus puntos de vista ante la polémica suscitada por América la bien llamada; y la de José A. Aboal Amaro, Amerigho Vespucci. Ensayo de bibliografía crítica, M., 1962..

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. N-Z págs. 972-976.