Fernando de Magallanes

Navegante

Nacimiento: 1480?

Fallecimiento: 1521

Biografía

Retrato del militar y navegante portugués Fernando de Magallanes (1480-1521).Retrato del militar y navegante portugués Fernando de Magallanes (1480-1521).

MAGAGALLES, Fernando de (Fernäo de Magalhães) [Porto-Mactán]. De hidalga familia, era hijo de Rodrigo de Magalhães y de Alda de Mesquita. Fue paje de la reina Leonor, esposa de Juan II de Portugal, perteneció luego a la casa real; en la corte entró en contacto con el ambiente de navegaciones y descubrimientos en apogeo a la sazón, y adquirió profundos conocimientos geográficos y náuticos, recibiendo el influjo de Juan de Lisboa, despues piloto-mayor de la navegación a la India. Tomó parte en la expedición a este país del virrey Francisco de Almeida (1505), en compañía de Francisco Serrão (Serrano), gran amigo suyo, la cual como Mombasa (África oriental: Kenia) y construyó un fuerte en Angediva (India); a fines de 1506, Magallanes participó en una expedición a Quiloa (África oriental: Tanganika) y no es seguro que volviera a Portugal; asistió a la batalla dos Rumes o Diu (1509), en la que Almeida aplastó el poderío naval turco en el océano Indico; a continuación partió en la armada de Diego Lopes de Sequeira a Sumatra y Malaca (1509), donde salvó a Serrão, y debió de adquirir noticias importantes sobre el archipiélago malayo. Volvió a la India y no parece probable que asistiera y fuera herido en el ataque a Calicut por Alfonso de Alburquerque (1510). Al regresar a Portugal naufragó y hubo de quedarse y tomar parte en la conquista de Goa por Alburquerque (1510), hecho puesto en duda porGuillemard, Lite Ferdinand Magellan, 1890, pero admitido por otros historiadores.

En 1511 conquistó Alburquerque la plaza de Malaca, puerta de los mares del Extremo Oriente, desde donde envió una flota a las Molucas o islas de las Especias, con Antonio de Abreu y F. Serrão (fines de 1511); costearon las islas de la Sonda y llegaron a Banda, en las Molucas meridionales, donde cargaron especias; a la vuelta naufragó Serrão, que se quedó en Amboina, mientras regresaba Abreu a Malaca; contra lo supuesto por muchos historiadores, no participó Magallanes en esta expedición, quien permaneció algún tiempo en Malaca, donde recibió valiosos informes de su amigo Serrão sobre las Molucas y el comercio de especias, al que intentó dedicarse, como lo revela un contrato usurario que hizo en 1510, pero que tuvo poco éxito, volviendo Magallanes a Portugal en situación apurada hacia 1513. Parece que había tenido un choque con Alburquerque por oponerse a que las naves mercantes concurrieran al sitio de Goa.

Se alistó, junto con su hermano Diego de Sousa, en la expedición de Jaime, duque de Braganza, contra la ciudad marroquí de Azamor (1513) y quedó en la guarnición, siendo herido en la pierna en un combate, por lo que cojeó el que el resto de su vida, Acusado de haberse apropiado de una presa y de vender ganado a los moros, y sufriendo la antipatía del rey Manuel, que ya databa de antes, se le negó un exiguo aumento de sus gajes de caballero y recibió otros desaires y agravios, que le decidieron a abandonar el servicio del rey portugués.

Entró en negociaciones con el Gobierno español, quizá en 1516, a través de Diego Barbosa —refugiado hacía años en España con Álvaro de Braganza, antiguos enemigos ambos de Juan II— y del factor de la Casa de Contratación, Juan de Aranda, por cuyas mediaciones se puso en comunicación con Cisneros; pero la próxima muerte de este le impidió tomar a cargo el asunto. Se había asociado Magallanes con el cosmógrafo Ruy Faleiro, cuyo prestigio científico coadyuvó a la aceptación de las propuestas de Magallanes, Faleiro había inventado un sistema de hallar las longitudes, problema que no pudo resolver aquella época.

Consistía el proyecto de Magallanes en buscar una ruta a las Molucas por el Oeste, a través del hemisferio español marcado por la Línea de Demarcación. Su información sobre la situación de las Molucas procedía de Serrão —que permaneció el resto de su vida en aquellas islas—, y creía sinceramente, con probabiIidad, que correspondía la Especiería al hemisferio español, dado lo poco conocida que era aquella zona; reducía Magallanes la longitud entre el cabo de Buena Esperanza y Malaca en 7° y la de aquí a Molucas en 4°, colocando Malaca a 17° al oeste del antimeridiano de la Línea de Demarcación, por lo que caían las Molucas en plena jurisdicción española.

El problema del camino a la Especiería por el Oeste acuciaba al Gobierno español, y a ello respondió el fracasado viaje de Díaz de Solís, terminado en el Río de la Plata (1516), y Magallanes debió de aspirar a proseguirlo. Ya había sospechado Colón que las tierras descubiertas por él no eran las mencionadas por Marco Polo, y en su último viaje buscó un estrecho hacia ellas en América Central. Américo Vespucio, en su viaje a las costas sudamericanas, había demostrado que correspondían a un continente distinto de Asia y que hasta una elevada latitud meridional no existía paso hacia las verdaderas Indias.

El descubrimiento del océano Pacífico por Balboa había planteado la cuestión de hallar un estrecho que a él condujera: las diversas expediciones a Paria, al Brasil, la citada de Colón, la de Pinzón y la de Solís al Yucatán, en 1508-1509, y la de este al Plata, habían revelado que no había estrecho en tan enorme extensión de costas y había que buscarlo más al Norte o más al Sur, aunque no dejó de explorarse la zona centroamericana. El proyecto de Magallanes consistía en buscar el estrecho al sur del río de la Plata, y se basaba en un mapa de Behaim, según Pigafetta; pero es más probable que se refiriera al globo de Schöner (1515), que inserta un estrecho, aunque, como no se había descubierto, quizá sea imaginario, o corresponda al estuario del Plata; la idea de la necesidad del estrecho procedía de la geografía teórica de entonces, con su idea de mares interiores comunicados por estrechos en el océano.

Preparativos del viaje
Mapa de la primera circunnavegación del mundo, por Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano, de 1519 a 1522.Mapa de la primera circunnavegación del mundo, por Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano, de 1519 a 1522.

Llegó Magallanes a Sevilla hacia octubre de 1517 y gozó de la protección de Diego Barbosa (había concurrido este a la expedición portuguesa de Juan de Nova en 1501 a la India, en que se descubrió la isla de Santa Elena, y era teniente de alcaide de los Alcázares sevillanos por don Jorge de Portugal); a los pocos meses (1518) se casó Magallanes con su hija, Beatriz Barbosa, que le llevó una buena dote, de la que tuvo un hijo muerto niño. Comenzó inmediatamente las gestiones para la empresa, en compañía de Faleiro y de Aranda, quien tomó enorme interés en ella para participar en los beneficios, que quiso asegurar con un contrato, lo cual le mereció un proceso por el Consejo de Indias.

Otro apoyo de Magallanes radicaba en el opulento mercader de Amberes, Cristóbal de Haro, con amplios negocios en España y Portugal y muy interesado en el comercio de las especias, Juntos Magallanes, Ruy Faleiro y el factor, comparecieron ante Carlos I en Valladolid; fueron favorecidos por Fonseca y los consejeros flamencos, y Magallanes logró persuadir al monarca de la posibilidad de la ruta, de la situación de las Molucas en el hemisferio español y de sus riquezas y grandes beneficios para la economía española.

El 22 de marzo de 1518 se firmó en Valladolid la capitulación, por la que se nombraban capitanes generales de la flota a Magallanes y Faleiro, con 50.000 maravedís de sueldo —que luego se amplió a 146.000— gobernadores y adelantados de las islas que descubrieran, les otorgaban la veintena de los productos líquidos, la quincena de los de dos islas, el quinto de los del primer viaje, derecho a llevar cada año 1.000 ducados en mercancías, y otros gajes considerables concedidos después, además de hacerles caballeros de Santiago. Les prohibía ir a países pertenecientes a Portugal y, dada la magnitud de la empresa, se comprometía la corona a armar cinco navíos, proveerles de todo lo necesario y pagar a las tripulaciones.

El embajador portugués, Álvaro da Costa, se esforzó en convencer a Magallanes para que volviera al servicio de su rey, siendo vanas sus tentativas y sus intrigas con altos personajes, como Croy y el cardenal Adriano. Ascendió el coste de la armada a 8.751.125 maravedís, de los que puso Haro 1.880.000 (que tardó en cobrar dieciocho años), y también pusieron fondos los Fúcares (10.000 ducados, que perdieron), Barbosa y otros. Puso la corona también 4.000 ducados de mercancías, que, por falta de fondos, costearon los socios.

Se hicieron los preparativos en Sevilla, y no parecen ciertos los obstáculos atribuidos a la Casa de Contratación, aunque sí los ofrecieron fuertes las autoridades del puerto y las intrigas portuguesas dificultaron el reclutamiento de tripulantes, retrayéndose los pilotos por lo desconocido de la ruta, lo que obligó al rey a forzarles y a prometerles grandes ventajas, y Magallanes, que hubo de ir a Barcelona en 1519 para arreglar el asunto con aquel, tuvo que reclutar muchos extranjeros, especialmente portugueses, a pesar de habérsele prohibido.

Entre estos trajo como cartógrafos a los Reinel y a Diego Ribero, de los mejores de la época; el piloto Pedro de Abreu, que estuvo con Antonio de Abreu en las Molucas, fue nombrado piloto de la Casa de Contratación. Quien no participó fue Ruy Faleiro, atribuyéndose ordinariamente a locura. El padre Pastells y el vizconde de Lagôa creen que su exclusión, ordenada en julio de 1519, se debió a intrigas portuguesas y a desavenencias con Magallanes, y que la locura le sobrevino después. Magallanes exigió llevarse sus cálculos, tablas y métodos para hallar longitudes.

En 8 de mayo de 1519, y en Barcelona, se extendieron las prolijas instrucciones del rey a Magallanes, inspiradas en parte en las usuales en Portugal, prohibiéndosele en ellas ir a tierras que cayeran dentro de los límites lusitanos; habiendo escrito Carlos I al rey Manuel tranquilizándole sobre este respecto. Haro se encargó, por su experiencia, de la organización de la escuadra. Juan de Cartagena, amigo de Fonseca, el famoso prelado, tomó parte muy activa en la preparación, fue nombrado factor y veedor general de la armada, y recibía unas instrucciones (6 de abril de 1519), en las que se ha visto una desconfianza hacia la lealtad de Magallanes, creyéndose que recibió otras secretas y superiores a las del jefe, para caso de traición, lo que niega Lagôa, pues las facultades suyas eran solo financieras y no exhibió las segundas cuando fue ejecutado.

Se compraron cinco naos por Aranda en Cádiz, en 1.315.750 maravedíes, las cuales necesitaron grandes reparaciones, la Trinidad (de 130 ó 110 toneles), Concepción (90), San Antonio (130 ó 120), Victoria (90 u 85) y Santiago (75 ó 60). Para Dénucé y Albertis, la relación entre toneles y toneladas actuales es de 10 a 12; para J. d'Oliveira y Morais e Sousa, 120 toneles equivalen entre 500 y 750 toneladasLagôa, Fernão de Magalhais, I, 252 5. La tripulación era de 239 hombres (Navarrete añade 26), de ellos unos 112 extranjeros (44 portugueses).

Entre los más notorios figuraban: en la Trinidad, Magallanes; el piloto Esteban Gómez; Gonzalo Gómez de Espinosa, alguacil mayor; Francisco Albo, autor del derrotero; Ginés de Mafra, autor de otro relato; Antonio Pigafetta, que escribió el relato más importante de la expedición; el genovés León Pancaldo, autor de otro derrotero del viaje; Duarte Barbosa, supuesto cuñado de Magallanes (parece que era sobrino de Diego Barbosa). En la Victoria, Luis de Mendoza, su capitán y tesorero de la armada. En la San Antonio, Juan de Cartagena, que además la mandaba; Andrés de San Martín, piloto y cosmógrafo, en lugar de Faleiro, y Juan Rodríguez de Mafra, piloto. En la Concepción, Gaspar de Quesada, Juan López de Carvalho, que mandó más tarde la armada, y Juan Sebastián Elcano, como maestre. En la Santiago, Juan Serrano o Serrão, su capitán. Iban cuatro clérigos, varios artilleros alemanes y el esclavo malayo Enrique, como intérprete. Salió la flota de Sevilla, el 10 de agosto de 1519, y de Sanlúcar, el 20 de septiembre; tocó en Tenerife, costeó Guinea y se dirigió al Brasil, llegando el 13 de diciembre a la bahía de Río de Janeiro, donde se cambiaron víveres con los indios.

Habían surgido ya choques entre Magallanes y Cartagena, por negarse aquel a dar cartas y ruta a los capitanes, y por querer este compartir la dirección, al punto de poner preso Magallanes al veedor y quitarle su mando. Magallanes demostraba gran energía como jefe e imponía una rigurosa disciplina, que causaba descontento. El 10 de enero de 1520 llegaban al cabo de Santa María y veían el cerro de Montevideo, transcurriendo el resto del mes en explorar el río de Solís (Plata).

El 8 de febrero reanudaron el viaje con lentitud, explorando detenidamente la costa patagónica en busca del anhelado es trecho, hasta que el 31 de marzo entraron en el puerto de San Julián (territorio de Santa Cruz), donde Magallanes decidió invernar ante la inminencia del invierno austral; allí permanecieron hasta el 24 de agosto. En una exploración al río de Santa Cruz naufragó la Santiago. En San Julián entraron en relación con los patagones, nombre impuesto entonces, de los que se llevaron a dos.

Allí aconteció la llamada tragedia de San Julián; el orgullo y exclusivismo de Magallanes hería a los demás capitanes y oficiales, molestos además por ir bajo el mando de un extranjero, de cuya lealtad desconfiaban sin motivo. El 1 de abril —Domingo de Ramos— les invitó a comer Magallanes, asistiendo solo su primo Álvaro de Mesquita. Por la noche se sublevaron Mendoza, Cartagena y Quesada, su guardián; apresaron a Mesquita, dieron el mando de la San Antonio a Elcano y se adueñaron de tres naves. Pretendían ir a las Molucas por la ruta conocida de Buena Esperanza. Magallanes los venció astutamente, ayudado por Espinosa, que mató por sorpresa a Mendoza, y por Barbosa.

Dominada la rebelión, el 7 hizo degollar y descuartizar a Quesada, y, al partir, dejó abandonados en la costa a Cartagena y al clérigo Sánchez de Reina, Elcano fue perdonado. Al salir de San Julián permanecieron en el río de Santa Cruz hasta el 18 de octubre; dispuso Magallanes seguir costeando hasta 75° s. , y, si no hallaban estrecho, ir a las Molucas por el sur de África. El 21 de octubre llegó al cabo de las Vírgenes y, observando una embocadura, ordenó a la San Antonio y la Concepción que la reconocieran; no le vieron fondo y, en una nueva exploración, la San Antonio recorrió 50 leguas, no quedando duda de tratarse de un estrecho.

En consejo de capitanes y pilotos opinó Esteban Gómez por volver a España y continuar el descubrimiento con otra flota, ya que escaseaban los víveres; impuso Magallanes la prosecución y se internaron los cuatro buques por el estrecho (fines de octubre). A los pocos días, habiéndose separado la San Antonio para un reconocimiento, se rebeló Esteban Gómez, apresó a Mesquita y emprendió el regreso a España. No hallando el buque desertor, continuó Magallanes con los tres barcos la travesía del estrecho, denominado Tierra del Fuego a la isla meridional, por las hogueras de los indígenas. La travesía fue feliz, y el 27 de noviembre de 1520 (ó el 28, según Pigafetta) desembocó la flota, tras cruzar el cabo Deseado, en el Mar del Sur, al que llamó Magallanes Océano Pacífico.

Había descubierto el soñado estrecho, que daba paso al gran océano que separa América de Asia, y realizado uno de los más grandes descubrimientos geográficos; justamente ha conservado el nombre de su descubridor, aunque él le llamó de Todos los Santos. Remontó hacia el Norte y, el 1 de diciembre, perdió de vista la costa; pasó entre la isla de Juan Fernández y la costa de Chile, sin verlas, y, dirigiéndose al Noroeste, atravesó la vastedad del Pacífico, durante tres meses, favorecido por el alisio del Sudeste, pero sufriendo los expedicionarios terriblemente por la falta de víveres y de agua y por el escorbuto.

Solo vieron dos islas deshabitadas en esta etapa: una el 24 de enero de 1521 a 16° s. , que llamó Magallanes, San Pablo (¿Pukapuka?, en el archipiélago de Tuamotu), y otras, Taburones o Desventuradas, a 10° 40’ s. , el 4 de febrero (¿en el archipiélago de Manihiki?). Cruzado el Ecuador, las primeras tierras pobladas que hallaron fueron las de las Velas Latinas o de los Ladrones (hoy Marianas), adonde arribaron el 6 de marzo, habiendo impuesto el segundo nombre por los latrocinios de que les hicieron objeto los indígenas, entre ellos el de un batel, que castigó Magallanes haciendo quemar una aldea y matar a algunos habitantes. Era la isla de Guam, de la que tomó posesión y donde se repostó de víveres.

Había atravesado gran parte de Oceanía sin ver más islas, por ser coralinas y bajas las de la zona recorrida y por haber navegado por una ruta muy externa. El 16 de marzo de 1521 llegó Magallanes a la isla de Sámar, en el archipiélago filipino, del que es su descubridor y al que denominó de San Lázaro. Se reposó en una isla deshabitada próxima, donde se hallaron indicios de oro, y trató Magallanes de entablar relaciones cordiales con los indígenas por medio de regalos, a la par que exhibía su fuerza y superioridad. El malayo intérprete Enrique comenzó a prestar buenos servicios por la analogía de las lenguas. Tras ocho días en Sámar pasaron a Leyte (Seilani) y a Limasagua, donde hubo un cordial recibimiento por parte de dos rajás de la isla de Mindanao.

El 7 de abril entró la flota en Cebú, cuyo rey, Hamabar, ofreció una suntuosa acogida y con quien Magallanes efectuó un pacto paz y alianza y otro de comercio, para el que se abrió un almacén. Magallanes consiguió que el rey, la reina y varios personajes se bautizasen, aunque lo hicieron sin, comprender su alcance ni estar en realidad convertidos, e hizo que se sometieran al rey de España.

También hizo someterse a los otros reyezuelos de la isla y quemó el pueblo de Bulaia, en la de Mactán. En esta habia dos reyezuelos, y uno de ellos, Lapulapu, se negó a someterse. Por mostrar el valor y la superioridad de los españoles marchó Magallanes en persona y, con cerca de 60 hombres, a pesar de las advertencias de los suyos, acompañado por el ejército del rey de Cebú, pero tropezó con un enorme número de enemigos, entablándose un duro combate, en que los españoles, abrumados por el número, fueron vencidos y tuvieron que retirarse, sin que les ayudara el rey de Cebú. Rodeado de contrarios pereció Magallanes combatiendo (27 de abril de 1521). Así, en una empresa inútil e imprudente pereció el gran navegante, cuando estaba a punto de rematar su gran proyecto. Sin embargo, moría con la gloria de haber hallado el paso del Atlántico al Pacífico, haber cruzado por primera vez este océano, descubierto Oceanía y las islas Filipinas y haber preparado la primera vuelta al mundo, que terminó su gente dirigida por Elcano. El casi había circundado el globo en sus dos viajes, de Portugal a Malaca y de Sevilla a Filipinas.

Es Magallanes uno de los más grandes navegantes y descubridores de la Historia, y su hazaña le sitúa entre los más inmediatos a Colón. Pero sin olvidar que la empresa, debida, es cierto, a su genio y energía, fue realizada gracias a España y que aquí halló una protección decidida por parte del Gobierno y de Carlos I, que allanaron todos los obstáculos y le permitieron realizar su magno plan. Además de la trascendencia geográfica, planteó su viaje el problema de las Molucas entre España y Portugal, resuelto en favor de este, y dio a España derecho sobre Filipinas, gracias al cual fueron conquistadas y civilizadas estas islas más adelante y convertidas en la nación cristiana y asimilada a la cultura occidental de hoy.

Consternados los expedicionarios, eligieron por jefe a Barbosa, que a los pocos días perecía asesinado a traición en un banquete por el rey de Cebú, junto con Juan Serrano, San Martín y 24 hombres más, asechanza preparada, al parecer, por el intérprete Enrique. Huyeron los demás a Bohol, donde se destruyó por inservible la Concepción, y se eligió jefe a Carvalho, pasando Espinosa a capitán de la Victoria, que poco después alcanzó el mando supremo. Como es sabido, Elcano fue el hombre afortunado que terminó la gran expedición el 9 de septiembre de 1522, a los tres años de iniciada, al desembarcar en Sevilla los 18 supervivientes de la Victoria.

El total de supervivientes comprobados fue de unos 81, pertenecientes más de la mitad al buque de Gómez; el de los que perecieron o desaparecieron, de unos 141. Las biografías de Elcano y Gómez de Espinosa refieren el término de la primera circunnavegación y la suerte de la nao Trinidad. En la abundante bibliografía sobre Magallanes, cabe señalar las obras del padre Pablo Pastells y P. C. Bayle,El descubrimiento del Estrecho de Magallanes, 2 t., Madrid, 1920. Amando Melón,Los primeros tiempos de la colonización. Cuba y las Antillas, Magallanes y la primera vuelta al mundo, Barcelona, 1952.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. F-M, págs. 845-849.