García Jofre de Loaisa

Datos biográficos

Explorador
Nacimiento: ¿?
Fallecimiento: 1526

Biografía

Mapa del área del estrecho de Magallanes. Retrato de 1854.Mapa del área del estrecho de Magallanes.

[Ciudad Real-Océano Pacífico]. Explorador. Al regresar Elcano y los supervivientes de la expedición de Magallanes, decidió Carlos V mantener sus derechos sobre las Molucas contra Portugal, y preparó una nueva armada, cuyo mando rehusó a Elcano, prefiriendo una persona de más categoría social y que evitara las disensiones sufridas por Magallanes. Por ello, eligió a Frey G. J. de Loaisa, comendador de la Orden de San Juan y pariente de fray García de Loaisa, presidente del Consejo de Indias y más tarde inquisidor general. Previamente se fundó en La Coruña una nueva Casa de Contratación con destino al tráfico de especias (1522-1524). Loaisa fue nombrado, en 5 de abril de 1525, capitán general de la armada y gobernador de Molucas, otorgándosele bastantes ventajas y derecho a participar en el negocio. Además de lo que costeó el Estado, pusieron fondos en una expedición, de la que se esperaban grandes rendimientos, Cristóbal de Haro, que ya había hecho lo mismo en viajes portugueses al Brasil y en el de Magallanes, y los Fugger o Fúcares, los célebres banqueros alemanes.

Se componía la flota de siete buques; la nao capitana era la Santa María de la Victoria, distinta de la de Elcano; este volvía al Pacífico mandando la Sancti Spiritus, y como piloto mayor de la armada; Rodrigo de Acuña dirigía la San Gabriel; Francisco de Hoces, la San Lesmes; Santiago de Guevara, cuñado de Elcano, el patache Santiago; iban dos hermanos de Elcano, y como criado suyo embarcaba el muchacho Andrés de Urdaneta; esta expedición desgraciada congregaba un plantel de marinos que dejarían su huella en la historia de los descubrimientos. El piloto Martín de Uriarte redactó un diario y derrotero del viaje. La tripulación se componía de 450 hombres, y en ella figuraban, además de Elcano, tres supervivientes del viaje de Magallanes.

Elcano fue el alma de los preparativos y, por fin, consiguió que zarpara la flota de La Coruña, el 24 de julio de 1525. Costeó el litoral occidental de África, y, marchando al S. E., llegaron a la isla de San Mateo, que A, Merino, Juan Sebastián del Cano, M., 1923supone que es Annobón, lo que representa una enorme desviación; de ahí, siguiendo la corriente ecuatorial del Sur, llegaron a las costas brasileñas, a fines de noviembre, y continuaron rápidamente hacia las del Plata y Patagonia; separados el buque de Loaisa y otro por una tormenta, Elcano condujo el resto de la flota al estrecho de Magallanes, donde entraron el 14 de enero de 1526, perdiéndose inmediatamente por una tempestad la Sancti Spiritus; diez días después llegó Loaisa.

Otra tormenta arrastró fuera del estrecho el buque de Hoces, llevándolo hasta 55° S., donde pareció a los tripulantes que estaba el fin de América, y, por tanto, vieron la isla de los Estados y el extremo del continente americano casi un siglo antes de su descubrimiento oficial por los holandeses Schouten y Lemaire, en 1616; pero a su regreso no se percató Loaisa de tan importante hallazgo que ahorraba la dura travesía del estrecho. Averiada la nao capitana, combatidos por los temporales, extraviada la Anunciada, optó Loaisa por salir del estrecho y refugiarse en el río de Santa Cruz (Patagonia) (febrero de 1526); Rodrigo de Acuña no quiso obedecer y se volvió con la San Gabriel al Brasil, donde en el puerto de los Patos halló unos náufragos de Díaz de Solis, que le dieron noticias de Alejo García y de las riquezas de la Sierra de la Plata, por lo que desertaron muchos tripulantes; en la bahía de Santos le atacaron unos corsarios franceses, y Acuña quedó abandonado en tierra y luego prisionero de los portugueses dos años, mientras su buque regresaba a España (1527). En Santa Cruz habían hallado a la Anunciada, cuyo capitán Pedro de Vera prefirió ir solo a las Molucas por el cabo de Buena Esperanza, pero se perdió en el mar. En cuanto a Loaisa, volvió a entrar en el estrecho el 5 de marzo con los cuatro buques que le quedaban, del que salieron el 26 de mayo, pero el 1.° de junio, una tempestad separó a los buques para siempre, quedándose Loaisa y Elcano solos con la Santa María de la Victoria.

Santiago de Guevara, con el patache Santiago, realizó un notable viaje, dirigiéndose a la costa mexicana del Pacífico y llegando a Tehuantepec a fines de julio; esta navegación comprobó que la costa sudamericana seguía aproximadamente una dirección meridiana y no se prolongaba hacia el Oeste, pues aún no se había descubierto el Perú, completandose así el periplo de Sudamérica. La San Lesmes, con Hoces, se perdió, suponiéndose que llegó a una isla del archipiélago de Tahití, por huellas encontradas en el siglo XVIII. Afligidos los tripulantes de la Victoria por el hambre y enfermedades, disgustado Loaisa por la pérdida de la escuadra, falleció en la travesía del Pacífico, el 30 de julio, cruzado ya el Ecuador, dejando como jefe a Elcano, que, a su vez, moría el 4 de agosto, sucediéndole el montañés Toribio Alonso de Salazar, que se dirigió a las Molucas, pasando por las Marianas, donde hallaron a un desertor de Gómez de Espinosa llamado Gonzalo de Vigo, que sirvió en adelante de intérprete. Fallecido también Salazar, se hizo cargo del mando el guipuzcoano Martín Iñiguez de Carquizano, que llegó a Mindanao en octubre de 1526, y, al mes siguiente, a Zamafo, en la isla de Gilolo, ya en las Molucas; allí hallaron que los portugueses habían levantado una fortaleza en Ternate, pero que los reyezuelos de Gilolo y Tidore eran amigos de los españoles, y, por ello, al segundo le habían destruido su capital los portugueses; renovaron la alianza con ellos y rechazaron las intimidaciones portuguesas para que abandonaran las islas, llegando a Tidore el 1 de enero de 1527; solo quedaba la citada nao con 105 hombres.

Ahora empezó a destacar la figura de Urdaneta, hombre audaz e inteligente, tanto en las luchas con los portugueses como en las negociaciones con ellos y con los indígenas; asimismo actuó en primer término el nuevo capitán de mar Alonso de los Ríos; se construyó un fuerte en Tidore y se rechazó un ataque portugués, prolongándose la lucha con ellos varios años, apoyados los españoles en los malayos y en sus paraos o buques que suplían la falta de navíos europeos, ya que la nao acabó por hundirse, aunque se construyó una fusta que prestó buenos servicios. Una falaz tregua resultó inútil, y Carquizano pereció envenenado el 11 de julio de 1527, sucediéndole en el mando el montañés Hernando de la Torre, que continuó las hostilidades con Jorge de Meneses, capitán portugués de Ternate, al frente de su grupo de españoles, aislados y sin posibilidad de enviar aviso de su situación. El reyezuelo de Maquian se les unió también.

Impensadamente llegó el 30 de marzo de 1528 la nao Florida, mandada por Álvaro de Saavedra Cerón, enviado por Hernán Cortés desde México en socorro de la expedición de Loaisa. Se arregló este buque para que volviera a México y avisara al Emperador de lo ocurrido y enviara nuevos auxilios, ponderando lo apurado de su situación y el valor con que se sostenían a tanta distancia de los dominios españoles; partió Saavedra en junio de 1528, pero no pudo vencer las corrientes, y en noviembre regresaba a Tidore; calafateado su buque, salió de nuevo en mayo de 1529, pero tampoco pudo atravesar el Pacífico, y, habiendo muerto, el buque volvió a las Molucas a fines de año. A fin de octubre, Meneses, con fuerzas superiores, obligó a capitular a H. de la Torre, a quien desertaron muchos de los suyos, cansados de una lucha sin esperanza, perdiéndose Tidore; Torre, Ríos y Urdaneta se retiraron a Gilolo, donde continuaron la resistencia, hasta 1530 en que se pactó una paz general, pronto violada por muchas intrigas o por conspiraciones de los malayos contra unos y otros a un tiempo; Torre adoptó la norma de no hostilizar a los portugueses y de ayudarlos contra los malayos, y así no aprovechó la sublevación de Ternate y la muerte del nuevo gobernador Gonzalo de Pereira. Teniendo noticia de que Carlos V había empeñado las Molucas a Portugal, consiguieron permiso para enviar un comisionado a la India, que regresó en 1533 con la confirmación de la noticia.

Solo quedaban 17 españoles; los portugueses ocuparon Gilolo, y a comienzos de 1534 embarcaban a los últimos supervivientes para la India, quedándose Urdaneta un año más en las Molucas, reuniéndose luego con Torre en la India, donde embarcaron en 1536 los diez españoles que sobrevivían, divididos en tres buques; a mediados de este año llegaban a Portugal ocho de ellos, habiendo concluido una segunda vuelta al mundo, en la que habían tardado diez años. A Urdaneta se le arrebataron todos los documentos, y queriendo ir a reclamar al rey de Portugal, el embajador español le aconsejó que huyera para que no le prendieran por su conocimiento de las Molucas. De este modo desastroso terminó la gran expedición zarpada bajo el mando de Loaisa y Elcano; los españoles habían realizado excesos de heroísmo, sosteniéndose aislados y en escaso número y habiendo ganado la simpatía de los indígenas, en espera de un socorro que no llegó por culpa de Sebastián Caboto y de Diego García de Moguer y, en último término, de Carlos V, que no comprendió el valor económico de aquellas lejanas islas, sacrificadas a sus ruinosas guerras europeas.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo F-M, págs. 772-773.