Juan Sebastián Elcano

Datos biográficos

Navegante
Nacimiento: 1476
Fallecimiento: 1526

Biografía

Para vencer las tormentas de tres Oceános y medir por primera vez la Tierra de meridiano en meridiano era preciso el temple de acero de los héroes antiguos y la experiencia de un Plotino, el experto piloto de la nave Argos, cuyo periplo llenó de admiración al mundo de los primeros navegantes helénicos. Temple y pericia los alcanzó Juan Sebastián del Cano o de Elcano en las galernas del Cantábrico, desatadas bravamente contra los acantilados de Guetaria, en Guipúzcoa.

Grabado de los años 50 del siglo xix donde se muestra al marino Juan Sebastián Elcano.Grabado de los años 50 del siglo xix donde se muestra al marino Juan Sebastián Elcano.

En este bello lugar del litoral español abrió los ojos en 1476 quien luego habría de inmortalizarse como compañero esforzado de Magallanes y jefe de la expedición que, por primera vez en los fastos de la Humanidad, había de circunnavegar el planeta. En la dura Escuela del Cantábrico y en el bregar cada día en el mar, se modeló el poderoso espíritu de Elcano. En su juventud trabajó en varios puertos de Vizcaya y de Gascuña, hasta que en 1509 tomó parte, con un navío de unas 150 toneladas, del que era armador y patrono, en las empresas guerreras del cardenal Cisneros en el litoral de África Menor y poco antes debió participar en la flota que abastecía al ejército del rey Católico en sus operaciones en Italia. No parece que dichas actividades le reportaran mucho beneficio, ya que algún tiempo después se vio obligado a hipotecar su nave y, finalmente a venderla a unos mercaderes saboyanos.

Esta acción era muy castigada por las leyes de la monarquía, por lo que no es de extrañar que, al regresar de África, Elcano anduviera perseguido por la justicia real y huido para no caer en sus rigurosas manos. Esta fue su vida hasta que paró en Sevilla y allí encontró la oportunidad para alistarse en la flota de Magallanes, en concepto de maestre de la nao Concepción. Partió con este de Sanlúcar de Barrameda el 20-IX-1519.

Su nombre se esfuma con el anonimato de la expedición hasta que tomó parte en la sublevación de Juan de Cartagena contra Magallanes en el golfo de San Julián. Es muy probable que su intervención en la conjura no fuese muy destacada, pues después del fracaso del movimiento el jefe de la armada lo reintegró a su antiguo cargo. No es nadie ni piensa ocupar puesto preponderante en la responsabilidad del mando de la flota de Magallanes, pero la muerte de este pone en riesgo la suerte de la armada (abril de 1521).

Entonces, junto Gonzalo Gómez de Espinosa, quita la autoridad suprema a Juan Carvallo, incapaz sucesor de Magallanes. Desde aquel instante (abril de 1521), Elcano es el verdadero jefe de la flota, entonces ya reducida a dos unidades, la Victoria y la Trinidad. Con ellas llega a Tidore el 7 de noviembre del mismo año. Permanece dos meses en aquel centro de comercio de las especias, abarrotando sus buques con preciosas mercancías y captando para España la amistad del sultán Almanzor.

Por fin emprende el viaje de regreso por la ruta del Cabo. En Tidore deja a la Trinidad, que ha de reparar fondos por su pésimo estado. Cayoán, Laigoma, Sico, Laboán, Batján, Moa, Timor. Pasan las islas frente a la roda de la Victoria. Luego vienen los anchos mares del Índico. La angustia oprime el corazón de aquellos grandes hombres, sin escalas para reponer las vituallas, ni costa amiga para calafatear algunos maderos que se abren bajo sus pies.

Pero les domina una consigna inquebrantable: esclavos más del honor que de la propia vida. Elcano impone una disciplina sin violencias, y su honradez inmaculada, contribuye a fomentar la resolución de vencer o morir. El 6-V-1522, la Victoria dobla el Cabo de Buena Esperanza; el 9 de julio recala en la isla de Santiago, del grupo del archipiélago de Cabo Verde; el 8 de septiembre, después de un último temporal, arriba a la rada de Sanlúcar.

Dieciocho hombres han cumplido una de las mayores proezas de la Historia, entre los cuales, su capitán, Juan Sebastián Elcano, que mereció por su valos, espíritu de sacrificio y dotes de mando, ser recibido en audiencia por el emperador y recompensado con títulos y honores. En su escudo de armas figurará desde entonces la famosa leyenda de Primus circundedisti me. Pero Juan Sebastián Elcano no busca el reposo ni el solaz en tierra.

Cuando la corona española discute con Portugal los límites respectivos en la Molucas, Elcano la representa en las conferencias de Badajoz de 1525, luego, al romperse toda negociación, participa en calidad de pilota mayor, en la flota enviada a aquellas islas por la casa de Contratación de la Especería de la Coruña, y confiada a García Jofre de Loaisa. La nueva armada zarpa de ese puerto el 24-VII-1525. Zarpa para no regresar.

El estrecho de Magallanes se muestra defendido por los terribles cancerberos de los vientos del sudoeste. Loaisa y Elcano porfían una y varias veces. El vasco pierde su nave, que naufraga en aquellos lugares. Por último la flota atraviesa el estrecho (8 de abril a 26-V-1526). Pero el Pacífico ¿por qué no el Tormentoso? los recibe con furia singular. Separada de todas sus compañeras, la Santa María de la Victoria es una tumba donde van consumiéndose los mejores. Primero Loaisa, el 4-VII-1526, Elcano... Fue un día sin sol. El padre de las aguas recibió en lo más profundo de su seno los despojos mortales del gran debelador de sus secretos.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 224-225.