Juan Sebastián Elcano

De Ramón Ezquerra

Grabado de los años 50 del s. xix donde se muestra al marino Juan Sebastián Elcano.Grabado de los años 50 del s. xix donde se muestra al marino Juan Sebastián Elcano.

ELCANO, Juan Sebastian (1486/7-1526) [Guetaria (Guipúzcoa)-Océano Pacífico). Navegante: De familia vasca, que se supuso noble sin pruebas, hijo de Domingo Sebastián del Cano y Catalina del Puerto; parece que la verdadera forma de su apellido era del Cano ; por lo menos así aparece en muchos documentos a él referentes. Tenía cuatro hermanos más, dos de ellos asimismo marinos. De joven se dedicó al mar y llegó a poseer amplios conocimientos náuticos, siendo más que un simple marino práctico, como lo demostraron sus navegaciones, cuando pudo dirigirlas. En fecha desconocida sirvió al rey en África y en Levante como maestre de una nao; vendió su buque a extranjeros por deudas, lo que fue considerado delito. Estando en Sevilla, a fines de 1518, conoció a Magallanes, y entró en su expedición como maestre de la nao Concepción, cuyo capitán era Gaspar de Quesada y el piloto Juan López Carvalho. De los pormenores de la expedición en vida de Magallanes se hace referencia en el artículo de este.

Debió de figurar Elcano entre los pocos amigos del jefe, a raíz de la invernada en San Julián y del descontento que cundía por creerse que no enderezaba la expedición a su destino. El 1 de abril de 1520 se alzó Quesada con otros y se apoderó de la nao San Antonio, ayudado por Elcano, que ejecutó órdenes suyas; el motín fue reprimido fácilmente; Quesada fue decapitado, y Elcano no debió de ser hallado con culpa, pues continuó en su cargo, o, por lo menos, se incluyó entre los perdonados por necesarios para la expedición; fue nombrado capitán de la Concepción Juan Serrano.

Sin hechos notorios y en lugar secundario continuó Elcano en la famosa expedición a través del estrecho de Magallanes y del Océano Pacífico, hasta Filipinas. Cuando pereció Magallanes en Mactan, Elcano se había quedado enfermo en Cebu (27 de abril de 1521), y se salvó también de la asechanza del rey de esta isla (1 de mayo), en que fueron asesinados Duarte Barbosa, el efímero sucesor de Magallanes, y Juan Serrano. Asumió el mando el piloto de la Concepción, el portugués López Carvalho o Caraballo, habiendo pasado la escuadra a la isla de Bohol, donde se hizo quemar la Concepción por inservible, quedándose solo con la Victoria y la Trinidad

De la primera fue designado capitán Gonzalo Gómez de Espinosa, alguacil de la Trinidad, en sustitución del portugués Luis Alfonso de Goes, muerto en Cebú. Se trasladaron a Mindanao, Cagayán, Palauan o Paragua y Borneo, a cuya capital llegaron el 8 de julio, donde fueron bien recibidos al principio, pero tratados hostilmente a poco. Partieron de nuevo a Filipinas (agosto), descubriendo las islas de Joló; antes se detuvieron en el puerto de Simbombon, en el extremo norte de Borneo; allí se destituyó a Carvalho (septiembre de 1521), acusándole Elcano de que obraba en deservicio del rey y que no quería seguir el rumbo a las Molucas.

Se eligió capitán general de la exigua flota a Espinosa, y Elcano ascendió a capitán de la Victoria y a tesorero de la armada; el mando era compartido también por el contador Martín Méndez. Ahora se ocuparon con mayor interés en buscar la ruta a las Molucas, declarando más tarde Elcano que él dio la derrota que no habían querido dar Magallanes y Carvallo, insinuando que como portugueses, habían procurado no perjudicar a su país. En realidad, consiguieron llegar a las Molucas ayudados por dos pilotos malayos capturados en el sur de Mindanao (isla que costearon por el Mediodía), y en el islote de Sarangani (28 de octubre), que llevaron las naves a Sanguir (isla al norte de Célebes), donde huyeron. Aconsejados luego por otro cautivo, cruzaron el mar de las Molucas y el 8 de noviembre de 1521 llegaron Espinosa y Elcano al objetivo perseguido desde la salida de España hacía más de dos años y que había costado ya numerosas vidas.

Dicho día entraron en Tidore, puerto é isla que, con Ternate, su rival y vecina, era el principal foco del comercio de las especias, únicamente producidas en aquel archipiélago. Fueron bien recibidos por el reyezuelo musulmán Almanzor, a quien entregaron regalos de escasa cuantía en nombre del Emperador; pactó alianza con los españoles y permitió cargar de clavo dos naos, acordándose autorizar el tráfico en el porvenir a los castellanos que arribasen; igualmente pactaron amistad y ser tributarios del Emperador los otros reyezuelos: el de Ternate, sobrino de Almanzor; los de Gilolo, Maquian y Bachian, que entregaron muchos regalos.

Las Molucas habían sido descubiertas ya en 1512 por los portugueses Antonio de Abreu y Francisco Serrão o Serrano, el que dio la indicación de las mismas a Magallanes y que se quedó a vivir en Ternate, donde había muerto meses antes de la llegada de los españoles. Un portugués que también vivía allí les informó que ya sabía el rey Manuel la ruta de Magallanes, y para capturarle había ordenado a Lopes de Sequeira, capitán general de la India, que enviara unos buques a Molucas, pero hubo de destinarlos a combatir a los turcos en Arabia, y otras tentativas portuguesas para obtener noticias se habían realizado por otros buques, sin éxito.

A punto de partir la expedición de regreso (18 de diciembre), se advirtió en la Trinidad una vía de agua, que no se pudo reparar, y ante la perspectiva de necesitarse tres meses para carenar el buque, se acordó que se quedara allí Espinosa, y regresara atravesando el Pacífico hacia Panamá en la Trinidad, y que Elcano volviera por la ruta portuguesa ya conocida del Cabo de Buena Esperanza, a través del Océano Índico y del Atlántico, con parte de las mercancías y los documentos en la nao Victoria. Elcano ejercería en adelante el mando único y dirigiría la ruta del regreso.

Partió de Tidore el 21 de diciembre de 1521, con 47 europeos y 13 indios del país; pasó por las islas de Mare, Motil y Bachian, entre otras muchas más pequeñas, y de ahí a las Molucas meridionales, Sula y Buru; atravesando el mar de Banda, llegó Elcano a Timor el 26 de enero de 1522, donde permaneció hasta el 11 de febrero. Comenzaba la parte más difícil, pues había que recorrer dos tercios de un hemisferio, sin escalas ni poder refugiarse en ninguna costa por temor a ser capturados o muertos por los portugueses, ni poder, por tanto, repostarse de víveres.

Se dirigió por el Océano Índico, al Sudoeste, paralelamente a la costa noroeste de Australia, que no vieron, por quedar aún lejana, y ya no observaron tierra alguna hasta los 38° s. , en que divisaron una isla, que debe ser la deshabitada de Nueva Amsterdam (19 de marzo). Aún bajaron a la latitud de 40° y vieron la costa africana el 8 de mayo, muy al este del cabo de Buena Esperanza. Algunos tripulantes, cansados de privaciones, optaban por ir a Mozambique, aunque cayeran en manos de los portugueses, pero la mayoría prefirió arrostrar los peligros de la larga navegación que aún había de hacerse y volver a España.

Hasta el día 18 no pudieron pasar ante el cabo de Buena Esperanza, por la oposición de las corrientes. Continuaron por el Atlántico, cruzaron el Ecuador del 7 al 8 de junio, y por la carencia de víveres se arriesgaron a tocar en las islas de Cabo Verde, donde fondearon el 9 de julio, advirtiendo entonces que su cómputo del tiempo ofrecía un día de retraso, consecuencia de haber dado la vuelta a la Tierra de Este a Oeste.

Por muestras de clavo, comprendió el gobernador portugués que venían de las Indias Orientales y no de América, y apresó a doce tripulantes que bajaron a tierra, entre ellos Martín Méndez, más un indio. Elcano se apresuró a marcharse para evitar correr igual suerte; atravesó las Azores y después de vencer los últimos obstáculos marítimos, desembarcaron de la Victoria en Sanlúcar de Barrameda, el 6 de septiembre de 1522, los dieciocho supervivientes —más unos malayos— de los 60 hombres que salieron de Molucas —aparte de los apresados en Cabo Verde— y de los 265 que salieron de allí mismo el 20 de septiembre de 1519 —casi tres años antes—. No todos habían perecido —quedaban en Malasia los hombres de Espinosa, algunos desertores y los que se volvieron con Esteban Gómez.

Habían llevado a cabo la primera circunnavegación del globo en dirección E.-O., cruzado cuatro veces el ecuador y recorrido, según el cálculo de Pigafetta —que figuraba en el grupo superviviente— más de 14.460 leguas; quedaba demostrada experimentalmente la esfericidad de la Tierra, y se había cumplido una de las hazañas geográficas más notables de todos los tiempos. El día 9 desembarcaron en Sevilla los 18 héroes doce españoles y seis extranjeros—, que, descalzos, en mangas de camisa y una vela en la mano, fueron primeramente a las iglesias de Nuestra Señora de la Victoria y Santa María de la Antigua para dar gracias por el feliz arribo.

El cargamento de especias, otras drogas y madera de sándalo fue entregado al factor Cristóbal de Haro, y vendido en Amberes y aún produjo un beneficio considerable sobre el costo de la expedición de Magallanes. Acompañado de Pigafetta, de varios de los expedicionarios y los malayos supervivientes, compareció Elcano ante Carlos V en Valladolid, quien le felicitó, hizo caballero a Miguel de Rodas y le dio 50.000 maravedises y otros tantos a Francisco Albo, autor del diario náutico de viaje.

En cuanto a Elcano, recibió una pensión de 500 ducados de oro anuales, el perdón de viejas culpas y un escudo con la famosa divisa primus circumdedisti me. Sin embargo, como habían ocurrido irregularidades y hechos turbios, se abrió una información para averiguar, sobre todo, la causa de la muerte de Magallanes, pues se insinuaba que se había debido a su gente (octubre de 1522), pero nada resultó contra Elcano, que hizo severos cargos contra su antiguo jefe. En 1524, en calidad de uno de los mejores marinos españoles, formó parte de la comisión que en Badajoz discutió con los portugueses la posesión de las Molucas y su situación, sin llegar a resultado práctico.

Impresionó el viaje de Elcano en el aspecto económico, y aumentó el entusiasmo por la especiería y por asegurar tan rico tráfico, encauzándolo hacia España en competencia con Portugal. Para ello se fundó una nueva Casa de Contratación en La Coruña con destino al comercio de las especias, y se preparó una nueva expedición, cuyo mando, reclamado en balde por Elcano, se dio a un noble de categoría, para evitar la hostilidad y disensiones que hubo en la de Magallanes, designándose el 5 de abril de 1525 a García Jofre de Loaisa, de la Orden de San Juan y pariente del prelado García de Loaysa.

Elcano iba en calidad de piloto mayor y capitán de la nao Sancti Spiritus. Iban también dos de sus hermanos y su cuñado Santiago de Guevara; como criado suyo el joven Urdaneta. Los Fúcares pusieron dinero en la nueva empresa. Partió la escuadra —de siete buques—, de La Coruña, el 24 de julio de 1525. En las costas patagónicas tomó el mando Elcano, por extravío de Loaisa,, y el 14 de enero de 1526 entraron en el estrecho de Magallanes, perdiéndose el otro día la nave de Elcano.

Allí les alcanzó Loaisa,; no pudieron seguir por el estrecho y salieron de él, no volviendo a embocarlo hasta abril, y hasta el 26 de mayo no salieron al Pacífico. Quedó un solo buque, y multiplicándose las calamidades, murió Loaisa, el 30 de julio de 1526 dejando el mando a Elcano, ya enfermo, que a su vez moría el 4 de agosto; ya se había atravesado el Ecuador y se hallaban entre unos 150° a 160° O. Dejaba una hija de corta edad, y un hijo, Domingo, ambos naturales. No fue generoso el Estado en recompensar sus servicios, y cuarenta años después aún no había saldado sus deudas con la familia.

Ha gozado Elcano de enorme popularidad en España, considerado como uno de sus más grandes navegantes, en contraste con un general despego y desconocimiento en el extranjero, donde se atribuye exclusivamente la primera circunnavegación a Magallanes. Si el hecho de la primera vuelta al mundo es digno de elogio y exaltación, es indudable que, sin aminorar lo más mínimo los grandes méritos de Magallanes, lo llevó a cabo Elcano. Se ha rebajado su valía, por haber navegado hasta las Molucas a las órdenes de aquel y de otros, y, en el regreso, haber recorrido lo conocido ya por los portugueses pero ya se han expuesto las durísimas circunstancias en que lo hizo, sin escala y con pocos víveres, navegación que puso de relieve su temple, sus excelentes cualidades de mando y prudencia y su pericia náutica.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. A-E, págs. 1225-1227.