Taifa de Valencia

Introducción a la taifa

Régulos de Valencia

Mubarak y Muzaffar, 1010-17
Labib al Fatà, 1017-21
Muyahid, 1019-21
Abd Aziz Sanchuelo, 1021-61
Abd al Malik Aziz, 1061-65
Yahya Ismail Mamun, 1065-75
Abu Bakr, 1075-85
Utman Abu Bakr, 1085-86
Yahya Ismail Qadir, 1086-92
Yafar Abdállah, 1092-94

Introducción a la taifa

Valencia, como confirma el Fragmento Anónimo sobre las taifas, obedecía al califa Hisam II y, tras el golpe de Estado de al Madhi, que ocurrió en 1009, y con la consiguiente guerra civil, pasó a estar en manos de Muyahid, contra el cual se alzaron dos esclavos (abdan min abid al amiriyyin), denominación de abd, que dio pie a Prieto Vives para sugerir que se trataría de dos esclavos negros. Por otro lado, se ha apuntado la probable sumisión temporal de la ciudad a Jayrán en el 404 [1013-14], que parece demostrada por una moneda. Con todo esto, nos encontramos con el tipo de poder hasta cierto punto sentido como comunal que caracteriza a casi todos los eslavos.

Tenemos, por tanto, instalados desde bastante pronto, 1010-11, en Valencia a ambos régulos, Mubarak y Muzaffar, cuyos nombres están registrados como directores de los regadíos valencianos; llamados a rendir cuentas, en tiempos del gobernador de Valencia Abd al Rahman b. Yasar, sortearon las acusaciones de mala administración que allí les esperaban y, pronto, al frente de la taifa estuvieron por encima de Ibn Yasar, como indica Ibn al-Jatib:

... estos dos fatas eslavos ascendieron desde administrar el regadío de Valencia a tener el dominio de la ciudad y a establecer allí sus títulos de poder supremo del modo más encumbrado. De la actuación y trato de ambos se desprendió una verdadera concordia durante toda su vida, traspasando los lazos de la auténtica fraternidad y de la más firme amistad, pues residían juntos en el alcázar regio, sin separación ninguna, compartiendo la misma mesa: sólo tenía cada uno aparte su harén propio. A Mubarak se le daba preferencia a la hora de exponerle las formalidades del Gobierno, por ser más enérgico e inteligente, cualidades ambas que escaseaban en Muzaffar, más apacible y por debajo de su amigo en todo, aparte de adornarse con una cultura elemental y poseer el arte ecuestre. Fueron extremados en adquirir armas, objetos regios, caballos extraordinarios, ricas joyas y trajes, y en levantar alcázares, criterio este que se contagió a todos sus amigos y a los visires y secretarios que junto a ellos habían acudido. Ningún conflicto de autoridad se les opuso en aquella tierra y ellos se hundieron de lleno en la buena vida hasta que les llegó la hora.

En realidad, agobiaron a sus súbditos con impuestos tremendos. Según Ibn al-Jatib, murió primero Mubarak;

... un día que salió a caballo del alcázar de Valencia acudieron a su paso los habitantes de la ciudad para pedirle alivio de un tributo que les había impuesto, y a los cuales respondió: Dios mío, si no es mi propósito gastarlo en beneficio de todos los musulmanes, no se aplace de hoy mismo mi castigo, y siguió marcha; llegado al puente, que era de madera, una pata de su caballo se escurrió del borde y le arrastró... y falleció; así Dios les libró de él. El pueblo se levantó contra ellos y asaltó el alcázar. Muzaffar resultó muerto.

Otro cronista dice que murió primero Muzaffar, quedando sólo Mubarak, que a su vez falleció en du l-hiyya del 408 ó 409/1017-19. Acuñaron moneda en 407/1016-17.

A continuación los habitantes de Valencia (ahl Balansiya) —la repetida intervención local— se pusieron de acuerdo en ofrecer el poder al régulo eslavo de Tortosa Labib, el cual les cargó con tantos tributos que reaccionaron contra él, pero Labīb buscó ayuda entonces en el señor de Barcelona (amir al-ifrany), ante lo cual aún se irritaron más sus súbditos y, ayudados por Ibn Hud — decir, por el régulo entonces de Lérida, Sulayman—, acabaron por verse libres de Labib, indispuesto además con Muyahid.

Parece que Muyahid intervino entonces en Valencia también, y que al final, en 411 ó 412/1021-22, posiblemente en marzo-abril de 1021, aquella región recurrió a proclamar emir a Abd al-Aziz, hijo de Abderramán Sanchuelo y nieto de Almanzor, cuya historia seguiremos más adelante.

VIGUERA MOLINS, Mª Jesús, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1994, Tomo VIII-I págs. 59-60.

Mubarak y Muzaffar

Datos biográficos

Régulos de Valencia: 1010-1017
Sucesor: Labib

Biografía

Corregentes de la taifa de Játiva (1010-1018). Muzaffar fue uno de los personajes más relevantes del grupo de saqaliba o esclavos de origen eslavo que servían a los descendientes de Almanzor. Fue capturado a finales del s. X, siendo niño, posiblemente en Europa oriental; castrado e instruido en la religión islámica y en la cultura árabe, fue asignado al servicio del esclavón Mufarriy, del mismo origen. Los sobrenombres que adoptaban, exentos de cadena genealógica, pues no se conocía su origen y no era islámico, eran adoptados por los esclavos para invocar alguna circunstancia afortunada; en este caso significa el vencedor.

Mufarriy gozaba de un alto cargo dentro de la administración califal, Shaib al Surta —zabazoque o jefe de la policía— en Madinat al Zahira, la ciudad palatina de los amiríes cercana a Córdoba. Gracias a su ayuda tanto Muzaffar como otro eslavo cuya actividad se enlaza de forma íntima con la de este, Mubarak, progresaron en la administración, y les fue asignada la supervisión de las acequias de los regadíos de las huertas de Valencia wilayat al-saquiyya, aunque las irregularidades en la administración de las mismas hicieron que tuvieran que defenderse de las acusaciones del gobernador de la ciudad, Abderramán b. Yasar (1010), que fue asesinado poco después, al comienzo de la guerra civil en el califato omeya.

La huida de distintos elementos del grupo saqaliba de Córdoba, perseguidos en la capital por los partidarios de Muhammad II al Mahdi, permitieron a estos dos cabecillas el afianzamiento de su poder en la capital levantina. Durante un tiempo parece que aceptaron la autoridad del califa hammudí Ali al Nasir, que se impuso en Córdoba, y su nombre figura en las monedas acuñadas en Valencia junto al de los dos reyezuelos eslavos (1017-1018).

El hecho de que los saqaliba llegaran a alcanzar el poder en Levante ha sido interpretado como una señal del subdesarrollo de esta región dentro de al Andalus, pues las familias andalusíes tomaron el gobierno en sus manos en lugares con mayor prosperidad en al Andalus. Adoptaron varias medidas para consolidar su posición; además de acoger a los mencionados compañeros huidos de Córdoba, construyeron unas fuertes murallas que los pusieron al abrigo de cualquier asalto armado, y aumentaron su capital al elevar las exacciones sobre la población de la región, lo que provocó su descontento y la emigración de muchos de ellos.

La llegada de personajes con un gran prestigio en el mundo de las letras andalusíes mejoró la vida cultural de Valencia, que disfrutó de poetas de la talla de Ibn Darray al Qastalli, poeta áulico de Almanzor, que compuso panegíricos para los gobernantes de la ciudad (1014-1018); sin embargo, las crónicas mencionan la mala acogida dispensada por los dos régulos a sus antiguos señores, cuando estos acudieron a Valencia a refugiarse.

Mubarak llevó el gobierno del territorio durante estos años, destacándose por encima de Muzaffar, aunque mantenían el mismo nivel de vida, vestimentas similares y residían en el mismo palacio. Ibn Hayyan atribuye a un castigo divino por su abuso contra los musulmanes la muerte de Mubarak, que al parecer se produjo en un accidente mientras montaba a caballo; según la interpretación de Felipe Maíllo de la crónica de Ibn al Kardabus, que en este asunto difiere de las demás crónicas, Muzaffar murió antes que Mubarak, y su origen no era de los saqaliba, sino negro.

Sea como fuere, hubiera muerto poco antes o tras el asalto al alcázar subsiguiente a la muerte de Mubarak por parte de los valencianos, como indica Ibn al Jatib, a partir de 1018 no se vuelven a encontrar referencias a Muzaffar. Las menciones a Muzaffar en las fuentes son algo más positivas que las referentes a su compañero, por su mejor carácter y sus virtudes caballerescas. No queda fuera, lógicamente, de las críticas a la rapacidad con que su administración trató a los valencianos, ni a la recluta que hizo de vascos y catalanes para reforzar su ejército.

La carrera de Muzaffar ilustra el comienzo del s. XI, en que dos soldados esclavos con una educación muy rudimentaria pudieron crear un principado independiente en una región de al Andalus. La ausencia de descendientes de estos reyezuelos y la progresiva toma de conciencia de la nueva situación por parte de las familias andalusíes llevó a una normalización política pocos años después. La efímera obra de Mubarak y Muzaffar se hundió con ellos.

RAMÍREZ DEL RÍO, José, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XXXVII, págs. 262-263.

Abd al Aziz b. Sanchuelo

Datos biográficos

Régulo de Valencia: 1009-1039
Predecesor en Valencia: Muyahid
Predecesor en Almería: Zuhayr
Sucesor en Valencia: Abd al Malik Aziz
Sucesor en Almería: Man b. Sumadih

Biografía

Régulo de Almería, 1038-1044. Como indica su nombre era hijo del primogénito de Almanzor, Abderramán, llamado Sanchuelo. Nieto de Almanzor, fue el primer soberano amirí de Valencia, sucediendo a los eslavos, que inicialmente se habían hecho con el control de la ciudad. Con Abd al Aziz, la taifa valenciana conoció un periodo de notable estabilidad política, ya que, a su largo gobierno, hay que sumar su sucesión por los hijos y un nieto, hasta el año 1086, completando un ciclo de sesenta y cinco años de gobierno amirí en la capital valenciana. A pesar de esta longevidad política, son pocas las noticias que las crónicas y diversas fuentes históricas nos han transmitido sobre el gobierno de Abd al Aziz.

En circunstancias en gran medida desconocidas, Valencia cayó, inicialmente bajo la influencia de los grandes funcionarios eslavos que habían servido al califato y que se hicieron fuertes en todo el litoral mediterráneo. Como señala el cronista magrebí Ibn Idari, cuando los bereberes se apoderaron de Córdoba, los esclavos amiríes temieron por sus vidas y se marcharon a la zona del Levante. Así pues, a partir de 1010 son Mubarak y Muzaffar quienes ejercen el poder soberano en la capital valenciana, si bien su gobierno fue efímero, ya que la población se mostraba descontenta con su gestión.

Aprovechando, al parecer, un incidente que costó la vida a Mubarak, los valencianos se levantaron contra ellos y se apoderaron del alcázar, siendo proclamado Abd al Aziz el 16-IV-1021, según la fecha que indica la Crónica Anónima. El joven soberano, que hasta entonces había estado refugiado en Zaragoza, tenía solo catorce años. Era hijo de Abderramán, llamado Sanchuelo debido a su parecido con Sancho II Garcés Abarca, su abuelo.

Como es sabido, Abderramán Sanchuelo había sucedido a su hermano Abd al Malik Muzaffar en la dignidad de chambelán hayib, y su ejecución durante la revolución cordobesa de 1009 dio inicio al desarrollo de la desmembración del califato fitna. De esta forma se inicia su extenso periodo de Gobierno sobre Valencia, uno de los más largos de un régulo de taifa, que se prolongó por espacio de 40 años, algo insólito en el volátil panorama político andalusí del s. XI.

Inicialmente Abd al Aziz reconoció al soberano malagueño al Qasim, la autoridad de referencia en ese momento, quien lo ratificó en su puesto y le dio los sobrenombres de du-l-sabiqatayn y al Mu`tamin. Sin embargo, cuando en 1035, los abbadíes de Sevilla proclamaron al supuesto Hisam II, presuntamente reaparecido tras largos años en paradero desconocido, Abd al Aziz se apresuró a prestarle juramento de fidelidad, al igual que otros soberanos, haciendo figurar el nombre del califa omeya junto al suyo en las monedas.

El reinado en Almería

Junto al dominio de Valencia, Abd al Aziz ejerció, temporalmente la soberanía sobre Almería. El emir eslavo Zuhayr, sucesor de Jayrán, murió el 31-VIII-1038 a manos del emir de Granada, Badis b. Habus. Ante el temor de verse sometidos a su poder, los habitantes de Almería proclamaron soberano a Abd al Aziz, quien llegó a acuñar moneda a su nombre en la ciudad, de 1038 a 1041.

Inicialmente, Abd al Aziz confirió el mando de la misma a su hijo Abdállah, quien adoptó el título de al Nasir. Tras un breve periodo de tiempo al frente de su gobierno murió, sustituyéndolo Man b. Sumadih, un aristócrata árabe expulsado de la Marca Superior por motivos políticos que se había refugiado en Valencia, donde Abd al Aziz le había convertido en visir y le casó con una hija suya. Sin embargo, a partir de 24 de febrero-25-III-1042, Man b. Sumadih dejó de reconocer la soberanía del valenciano, por lo que Almería quedó fuera de su dominio, aunque lo cierto es que no parece haberse proclamado verdaderamente soberano, ya que no se le conocen ni sobrenombre honorífico laqab ni emisiones monetarias.

Entre las informaciones que se dispone respecto a la activación gubernamental de Abd al Aziz se encuentran la relativas a las denominadas construcciones principescas, un fenómeno muy característico del periodo, aunque peor documentado en Valencia en comparación con otras taifas como Almería.

En este sentido, se debe al primer amirí valenciano la construcción de la llamada almunia Abd al Aziz, una finca de recreo situada extramuros que duplicaba el antiguo alcázar situado en el centro de la ciudad y considerado insuficiente para expresar la pujanza de la nueva dinastía. Al igual que otras similares, como la Sumadihiyya de Almería, esta almunia se inspiraba en modelos orientales y constaba de salones, jardines, estanques y cursos de agua artificiales, siendo descrita y elogiada por los literatos y poetas que tuvieron la ocasión de visitarla.

La importancia y el lujo de estos palacios principescos son, a juicio de P. Guichard, otra manifestación de soberanía, de forma que la amplitud de las construcciones de las taifas es producto tanto de la necesidad de afirmación y de ostentación de los signos de poder como del gusto por el lujo que ya las fuentes de la época reprochaban a estos soberanos.

Tras un largo periodo de gobierno, Abd al Aziz murió entre el 27-XII-1060 y el 25-I-1061, a los cincuenta y cinco años de edad, siendo sucedido por su hijo Abd al Malik, a quien se prestó juramento de fidelidad el mismo día de la muerte de su padre.

GARCÍA SANJUÁN, Alejandro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 125-126.

Abd al Malik b. Abd al Aziz

Datos biográficos

Régulo de Valencia: 1061-1065
Predecesor: Abd al Aziz
Sucesor: Yahya Ismail Mamun

Biografía

Segundo rey de la dinastía amirí de la taifa de Valencia. Nieto de Abderramán Sanchuelo, que a principios de aquel s. XI había sido el segundo hijo de Almanzor en sucederle también en Córdoba como chambelán amirí (1008-1009). Por tanto, este Abd al Malik era sobre todo biznieto del poderoso Almanzor, que había regido al Andalus durante el califato de Hisam II, hasta morir en 1002.

Parece lógica su adopción del seudo nombre califal de al Muzaffar, el Triunfante, que había sido llevado por el hermano de su abuelo, el chambelán Abd al Malik al Muzaffar (1002-1008), resultando una doble coincidencia sin duda intencionada entre ambos: la del nombre propio y la del sobrenombre honorífico, que, por otra parte, fue el más adoptado por los soberanos de taifas, ya que nueve de ellos en total recurrieron a ese título, que vinculaba su ejercicio del poder con el detentado por Almanzor y sus dos hijos sucesores,la dinastía amirí.

Asimismo se tituló Abd al Malik con el sobrenombre gubernativo de Nizam al Dawla, el orden el Estado, también llevado por otros dos reyes de taifas, y figuradamente alusivo a funciones con que prefería distinguirse. Sucedió Abd al Malik a su padre, Abd al Aziz cuando este murió en enero de 1061, del cual había sido proclamado heredero con anterioridad, según consta en sus monedas, en las que figura con ambos citados sobrenombres. Al acceder al trono, aún no había alcanzado la pubertad y parece que tenía escasas dotes, por lo que, según señala el cronista Ibn al Jatib todo el poder lo acaparó entonces el secretario de su padre, cuyos asuntos había dirigido, Ibn Abd al Aziz que era más conocido como Ibn Rubas al Qurtubi y fue uno de los más destacados secretarios de su época.

Siguieron los conflictos entre la taifa de Valencia y otras, como la de Almería, cuyo rey al Mutasim hostigó algunos castillos en la zona de Murcia. Más graves consecuencias tuvieron los ataques de Fernando I de Castilla contra la taifa de Valencia, seguramente para imponerle parias. Abd al Malik solo se mantuvo en el poder cuatro años, era aficionado al vino y carecía de cualidades elogiables, demostraba escasa religiosidad y poco carácter, siendo además bastante negligente.

El rey de Toledo, al Mamun, que era yerno de Abd al Malik de Valencia, ayudó a este en un principio, pero pronto acabó deponiéndole, en noviembre de 1065, lo llevó a Uclés, y alzándose también con el dominio de la taifa valenciana, sobre la que se ve ya están centrándose los intereses de toledanos y castellanos. al Mamun mantuvo su dominio de Valencia, a través del gobierno de Ibn Rubas, durante diez años; hasta morir en junio de 1075, y a continuación se produjo la proclamación otra vez de los amiríes en Valencia, a través de un hermano de Abd al Malik al Muzaffar Nizam al Dawla, llamado Abu Bakr. No consta ninguna otra noticia sobre el destino de Abd al Malik.

VIGUERA MOLINS, María Jesús, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 125-126.

Abu Bakr b. Abd al Aziz

Datos biográficos

Régulo de Valencia: 1075-1085
Predecesor: Yahya Ismail Mamun
Sucesor: Utman b. Abu Bakr

Biografía

Abu Bakr b. Abd al Aziz era biznieto de Almanzor e hijo del primer amirí que ocupó el trono de la taifa de Valencia, Abd al Aziz. Los eslavos que habían ocupado el poder en Levante tras la caída del califato llamaron a este para que se adueñara de un poder que cada vez les resultaba más difícil detentar, y los descendientes del chambelán hayib crearon el estado más potente de la región, que llegó a abarcar un territorio muy considerable, que incluía Murcia y Almería.

La intervención del reino de Toledo durante el gobierno de al Mamun, que anexionó el reino de Valencia y apresó a su yerno, el rey Abd al Malik Nizam al Dawla (1065), condujo a que el gobierno efectivo recayera en la manos del visi Ibn Rawbasi, mientras se detenía durante diez años el desarrollo político de la taifa valenciana. A la muerte de al Mamun el 1075, la inestabilidad producida en la capital del reino ante la ascensión al trono del rey al Qadir permitió a los amiríes recuperar el poder e instalar en el trono a Abu Bakr, hermano del depuesto Abd al Malik Nizam al Dawla, que mandó a prisión a Ibn Rawbasi, que murió allí poco después.

El nuevo gobernante mantuvo una política de apaciguamiento con el rey toledano, y no adoptó título alguno propio del poder soberano ni sobrenombre honorífico que pudiera provocar a al Qadir, manteniendo el simple título de visir con el que los designan las fuentes andalusíes, y acuñando moneda con el nombre de al Qadir, en un claro reconocimiento de soberanía.

Abu Bakr hubo de soportar también los embates del rey de Zaragoza, al que tuvo que reconocer una cierta obediencia (1076) para defender su ofensiva, y en 1084 se enfrentó a la primera aparición del Cid en tierras levantinas. Abu Bakr buscó la consolidación de su dinastía mediante una política de alianzas con los reinos cercanos, principalmente el de Zaragoza, que pudieran ayudarle ante una eventual agresión toledana.

Fruto de esta política fue el matrimonio de una de sus hijas con el hijo del rey de la taifa de Zaragoza, que congregó a varios de los principales reyes de los reinos de taifas de al Andalus (26-I-1085), y dejó un recuerdo perdurable como la ceremonia más fastuosa de aquel tiempo. Muhammad puso un gran interés en reforzar las murallas de Valencia, que se encontraban un tanto descuidadas, y su cuidado proporcionó una defensa que resultaría importante en los siguientes años tras su muerte, cuando la ciudad fue asediada en diversas ocasiones.

Murió el 6-VI-1085, un mes después de la ocupación de Toledo por parte de los castellanos y fue sucedido durante un corto espacio de tiempo por su hijo Utman b. Abu Bakr. Alfonso VI había acordado su apoyo a al Qadir para situarlo en el trono valenciano, por lo que las alianzas establecidas con Zaragoza, debilitadas por las muertes de los dos reyes que acordaron el pacto, no pudieron impedir que el antiguo régulo toledano reclamase el trono de Valencia, que consiguió en febrero de 1086. Las fuentes alaban su sentido de la justicia, la importancia que le concedía, y lo alaban situándolo junto con otros dos andalusíes de su tiempo como los tres hombres más cumplidos de su época, diciendo: Durante sus días no hubo nada que reprocharle, posiblemente una alabanza que no acompañe a ningún otro rey de taifa en el s. XI.

RAMÍREZ DEL RÍO, José, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 239-240.

Utman b. Abu Bakr

Datos biográficos

Régulo de Valencia: 1085-1086
Predecesor: Abu Bakr.
Sucesor: Yahya Ismail al Qadir

Biografía

Utman b. Abu Bakr Muhammad b. Abd al Aziz. ?, s. XI / 1086 post. Cuarto y último soberano amirí de la taifa de Valencia. Utman fue el último soberano de la dinastía amirí de Valencia, fundada a comienzos del s. XI por Abd al Aziz b. Sanchuelo, nieto de Almanzor. Su gobierno fue muy efímero y, por lo tanto, la dimensión histórica del personaje poco relevante. Su padre y antecesor Abu Bakr b. Abd al Aziz había ejercido el poder durante diez años, hasta su muerte, acaecida el 6-VI-1085, según indica la conocida como Crónica Anónima de los Reyes de Taifa, la cual añade que fue sucedido por su hijo en virtud de sus propias disposiciones testamentarias.

De esta forma, el heredero recibió el juramento de fidelidad ese mismo día, pero su gobierno solo duró nueve meses, al cabo de los cuales la ciudad cayó en manos de al Qadir de Toledo. El único relato que abarca este breve periodo es el de la citada crónica, que resume de la forma siguiente su breve gobierno.

Se le prestó juramento de fidelidad en Valencia el día de la muerte de su padre, el viernes 6-VI-1085. Continuó su soberanía en ella y se pronunció la jutba en su nombre sobre el almimbar de la mezquita aljama de Valencia, hasta que al Qadir b. Di-l-Nun entregó Toledo a Alfonso VI y se vino a Valencia. Las gentes de Valencia temieron que Alfonso le proporcionase los medios para tomarla, entonces se la entregaron. Depusieron a este emir y, como se dijo precedentemente, dejaron a al Qadir entrar en ella. También se ha dicho, por el contrario, que al Qadir había puesto como condición a Alfonso que este lo había de hacer señor de Valencia; como consecuencia Alfonso, fiel a su palabra, cumplió lo estipulado y lo hizo entrar en Valencia a viva fuerza en esta fecha del año 1085. El reinado de Utman en Valencia fue de nueve meses. Al Qadir continuó reinando en ella hasta que el cadí Ibn Yahhaf se rebeló contra él y lo mató.

Como puede verse en el relato precedente, los motivos de la deposición del soberano valenciano Ibn Abu Bakr se vinculan con la caída de Toledo en manos del rey Alfonso VI en el año 1085. El gobierno de al Qadir, cuya incapacidad era manifiesta, iba de mal en peor y cada vez dependía más de la ayuda de Alfonso VI, quien lo redujo a una situación de protectorado que aumentó la impopularidad de al Qadir el cual, finalmente, optó por ofrecerle Toledo, si a cambio le conseguía el gobierno de Valencia.

En 25 de mayo de 1085 se producía la entrada de Alfonso VI en Toledo y pocos días después, a principios de junio, moría el soberano valenciano, lo que alimentaba las ambiciones de al Qadir, quien a través de emisarios preparó el terreno para su llegada, que ocurrió nueve meses después. En febrero de 1086 se presentó ante Valencia con algunas tropas musulmanas y el apoyo del contingente cristiano prometido por Alfonso VI, comandado por Álvar Fáñez. Los notables de la ciudad deliberaron algunos días y, finalmente, optaron por abrirle las puertas. Ello supuso el fin del efímero gobierno de Ibn Abu Bakr, de cuyo cuyo destino ulterior tras ser depuesto nada dicen las fuentes.

GARCÍA SANJUÁN, Alejandro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XLVIII, pág. 824.