Yahya b. Ismail al Mamun

Datos biográficos

Régulo de Toledo: 1044-1075
Régulo de Valencia: 1065-1075
Predecesor en Toledo: Abu Muhammad Ismail
Predecesor en Valencia: Abd al Aziz
Sucesor en Toledo: Yahya b. Ismail al Qadir
Sucesor en Valencia: Abu Bakr Aziz

Biografía

Segundo soberano de la taifa de Toledo. Yahya b. Ismail b. Di-l-Num fue hijo y sucesor de Ismail al Zafir, fundador de la dinastía toledana de ls Banu Di-l-Num, de origen beréber, que gobernó sobre ciudad hasta su conquista por Alfonso VI en 1085. La taifa toledana fue una de las más importantes de al Andalus, llegando a alcanzar la cima de su poder y de su esplendor cultural, intelectual y literario bajo el gobierno de su segundo soberano.

En este sentido, cabe considerar que, junto a la taifa abadí de Sevilla, la toledana fue, por su relevancia política, las más importante de las surgidas del desmembramiento del Califato Omeya de Córdoba. Al Mamun subió al trono el 10-VIII-1043/28-VII-1044, encontrando un reino bien organizado y asentado, lo que alimentó su ambición expansionista. Ello le llevó, inevitablemente al conflicto con otras taifas, sobre todo con los abadíes, cuya proclamación del falso Hisam II como legítimo califa omeya en 1035 no fue inicialmente aceptada por al Mamun.

En efecto, el enfrentamiento entre las taifas de Toledo y Sevilla fue uno de los conflictos más importantes de la época taifa y buena parte del mismo estuvo motivado por la posesión de Córdoba, cuyo valor simbólico, como capital del ya extinto califato, atraía poderosamente la ambición de los principales soberanos musulmanes, que veían en su posesión una forma de legitimar sus ambiciones de expansión territorial. Además, el conflicto por la posesión de Córdoba esta directamente ligado al fin de al Mamun, quien encontró la muerte en dicha ciudad.

Antes de entrar en conflicto con los abadíes por la posesión de Córdoba, al Mamun mantuvo un importante enfrentamiento con Sulayman b. Hud, señor de Lérida y Zaragoza, que se prolongó por espacio de tres años, desde su proclamación en el citado 1044 hasta finales de junio de 1047, cuando murió el soberano hudí, conflicto en el que ambas partes recurrieron al auxilio y apoyo de los cristianos para derrotar al rival. El problema se originó por la posesión de Guadalajara, parte de cuyos habitantes eran favorables al soberano toledano mientras que otros apoyaban al hudí quien, mediante un contingente encabezado por su hijo Ahmad b. Hud, se apoderó de ella. Al Mamun reaccionó de forma violenta a esta acción y se puso en marcha hacia Guadalajara, si bien resultó derrotado y hubo de refugiarse en Talavera, donde Ibn Hud lo asedió, retirándose por orden de su padre.

Entonces el soberano toledano buscó ayuda externa mediante un doble expediente. Primero, pidiendo ayuda a García IV Sánchez de Navarra, que devastó el territorio aragonés y, segundo, reconciliándose con Mutadid b. Abbad mediante la aceptación del falso Hisam II en el año 29-VI-1044/18-VII-1045, como indica el cronista Ibn Idari. Por su parte, Sulayman b. Hud imitó la conducta del toledano y procuró la ayuda de Fernando I, quien, a cambio de grandes sumas, se dirigió contra Toledo, lo cual obligó a al Mamun a pedir la tregua. Sin embargo. Ibn Hud, que aparentó aceptar la paz, se sirvió del apoyo del hermano de al Mamun, enfrentado a él, y se dirigió contra Medinaceli. El soberano toledano recurrió de nuevo a la ayuda de los cristianos, lo que motivó una nueva expedición de Fernando I sobre Toledo, mientras al Mamun se encontraba en Medinaceli, tratando de defender la ciudad. El conflicto entre ambos soberanos solo finalizó con la muerte del hudí.

Su gran objetivo político fue la posesión de Córdoba, medio de conseguir sus aspiraciones al gobierno centralizado de al Andalus. Al llegar al poder el segundo soberano cordobés de los Banu Yahwar en 1043, al Mamun se apoderó del castillo de Almodóvar y lo asedió en la propia Córdoba, pero pudo librarse de su acoso gracias a la intervención de al Mutamid. Sin embargo, al año siguiente, al Mamun buscó la reconciliación con el abadí, según se indicó antes. Si bien los abadíes frustraban sus intentos de apoderarse de Córdoba, en cambio las ambiciones expansionistas de al Mamun se vieron culminadas con éxito en el caso de Valencia en el año 3-XII-106521-XI-1066.

La taifa valenciana era gobernada en aquel momento por su yerno, el indolente Abd al Malik quien el año anterior había sufrido una severa derrota frente a Fernando en Paterna, demostrando una notoria falta de dotes de mando. Las fuentes discrepan respecto a los motivos que movieron a al Mamun a adueñarse de Valencia. Unas señalan que el soberano valenciano maltrató a la hija de al Mamun, siendo esta la causa de su enemistad, mientras que otras afirman que la causa fue la negativa del amirí a apoyar a al Mamun en su lucha contra Sevilla por la posesión de Córdoba y el que acogiera a sus enemigos políticos huidos de Toledo.

Para apoderarse de la ciudad valenciana, el soberano de Toledo se valió de una argucia, tramada junto al principal visir del amirí, el cordobés Ibn Rawbas. Al Mamun se dirigió a Valencia en aparente visita, acampando en las afueras, donde salió a recibirle el soberano amirí, quien lo introdujo en el alcázar de la ciudad, donde fue apresado, siendo enviado a la ciudad de Santaver, perteneciente a los dominios de al Mamun quien, de esta forma, se apoderó sin violencia de la capital valenciana. Allí dejó como gobernador a Ibn Rawbas durante los diez años que ejerció el dominio de la ciudad, dedicándose a proseguir su pugna con los abadíes por el control de Córdoba.

La rivalidad entre las taifas de Toledo y Sevilla se mantuvo hasta el final de los días de al Mamun, siendo Carmona uno de los puntos en torno a los cuales se manifestó el enfrentamiento. En efecto, el señor de dicha ciudad, enemistado con al Mutadid, pidió ayuda a al Mamun, ofreciéndole la entrega de la misma a cambio de una compensación en territorio toledano.

El soberano abadí, temiendo la presencia de su enemigo a una distancia tan cercana a Sevilla, reaccionó ofreciendo a al Mamun el dominio de Córdoba a cambio de que abandonase su pretensión de adueñarse de Carmona, a lo que el soberano toledano respondió favorablemente, cediéndole el dominio de la ciudad, si bien al Mutadid nunca cumplió sus promesas respecto a Córdoba.

La respuesta de al Mamun no se hizo esperar, enviando contra Córdoba un gran ejército en el año 20-X-1069/8-X-1070, aprovechando la muerte de su gran enemigo al Mutadid, acaecida dos años antes. De nuevo el soberano cordobés se vio obligado a recurrir al auxilio de los abadíes para librarse de la amenaza toledana, si bien, en este caso, ello permitió a al Mutamid deponer a Abd al Malik b. Yahwar y adueñarse de Córdoba, contando con el apoyo de parte de la población cordobesa y nombrando a su hijo Abbad como gobernador.

Al Mamun no renunció a la posesión de Córdoba y decidió recurrir a la ayuda de Ibn Ukasa, antiguo secretario de Ibn al Saqqa, visir de Abu-l-Walid b Yahwar, quien, tras lograr escapar de prisión, se había refugiado en Toledo, donde entró al servicio de al Mamun, quien le confió el gobierno de ciertas plazas fortificadas de la comarca de Córdoba. Ibn Ukasa se aprovechó del descontento generado por la actuación de Abbad y logró conseguir apoyos suficientes para introducirse en la ciudad, tras sobornar a los guardias de la ciudad. Logró llegar al palacio de Abbad y matarlo, mientras que el caíd Ibn Martin pudo escapar.

Finalmente, al Mamun había logrado su eterno objetivo de apoderarse de Córdoba, adonde llegó a los pocos días, 15-II-1075. Sin embargo, en el mes de junio de ese año se produjo su muerte, acaecida en circunstancias poco claras, señalando todos los indicios como responsable a Ibn Ukasa, el cual, sin embargo, ejerció el gobierno de la ciudad durante los tres años siguientes como representante de al Qadir, sucesor de al Mamun.

Al Mamun fue uno de los soberanos musulmanes de la época taifa que no dudó en acudir en ayuda de los cristianos para solventar sus conflictos con otros soberanos musulmanes, pagando parias al primer rey de Castilla, Fernando I. Es bien sabido que, incluso, dio acogida en Toledo a Alfonso VI, conquistador de la ciudad del tajo en 1085.

Tras la muerte de Fernando I en 1065 y al producirse el enfrentamiento entre sus hijos Sancho y Alfonso, al Mamun acogió al segundo de ellos en Toledo, donde vivió refugiado varios años. Las fuentes árabes señalan este hecho como explicación de la posterior conquista de la ciudad por el entonces ya soberano castellano-leonés. En efecto, Alfonso habría aprovechado la experiencia de sus años transcurridos en la ciudad toledana para conocer en detalle sus puntos débiles.

Otra de las facetas en las que destacó la taifa toledana en la época de al Mamun fue la literaria, convirtiéndose en una de las cortes más brillantes de al Andalus gracias al mecenazgo oficial del Soberano. Junto a su labor como mecenas, al Mamun destacó por la opulencia de su Corte, siendo una de las ocasiones más rememoradas por los autores árabes la celebración del rito de circuncisión de su nieto Yahya, que luego fue su sucesor. Poetas de muy diversos lugares se dirigieron a Toledo para participar en ella, si bien el soberano solo permitió la intervención de tres de ellos. Estas celebraciones alcanzaron tal renombre que a partir de entonces, la expresión circuncisión du-l-nuni se convirtió en sinónimo de festejo extraordinario y magnífico.

GARCÍA SANJUÁN, Alejandro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol L, págs. 497-499.