Taifa de Badajoz

Introducción

Al declararse la guerra civil, y en fecha imprecisa, “cada uno se apoderó para sí del territorio que tenía, dominando la región occidental, con Badajoz, Santarem y la frontera inferior ( al-tagr al-yawfi) un fatà, de los esclavos ( abid) de al Hakam II, que se llamaba Sabur”, y continúa Ibn al-Jatib calificándole de político incapaz, aunque valiente, y de que todo su gobierno se lo confió a un bereber andalusí, Abu Muhammad, quien, a partir de la muerte de Sabur, el 10 saban de 413/8 de abril de 1022, como indica su epitafio, se hizo con la taifa, instalando allí su dinastía, como luego veremos.

Se sabe también que Sabur al-Amiri estuvo al servicio de Fa'iq, uno de los principales al servicio del califa al Hakam II, y que se tituló hayib, como casi todos los iniciadores de taifas, para expresar su legalidad calcada de la de su modelo Almanzor. Dejó Sabur al morir dos hijos menores de edad, Abd al Malik y Abd al Aziz, sobre los cuales se impuso Abu Muhammad al frente de la taifa entera, menos Lisboa, donde se hicieron fuertes los dos hijos de Sabur, creando allí una subtaifa, regida primero por Abd al Aziz, hasta su muerte algunos años después, siendo sucedido entonces por su hermano, resultando este tan mal gobernante que los habitantes de Lisboa pidieron a Abu Muhammad entrar en su obediencia otra vez y que les enviara un gobernador, lo cual hizo, en la persona de su hijo Abu Bakr al Muzaffar, que casado con una hermana de Abd al Malik Sabur, le trato bien, dejándole partir a donde quisiera, eligiendo Córdoba, ya en poder del primer régulo de los Banu Yahwar, que había convertido su taifa en un reducto de acogida para los muchos desterrados que ocasionaban los conflictos entre taifas.

Los aftasíes

Tras un primer régulo eslavo llamado Sabur, se impuso en ella Abu Muhammad, que había sido su brazo derecho en el gobierno, y que a partir de la muerte de su señor, 10-IX-1022, se hizo con la taifa, instalando en ella a su propia dinastía, tras acabar con la resistencia en Lisboa de dos hijos de Sabur. Eran los aftasíes beréberes de la tribu Miknasa y fieron reclutados por Tarik y traídos a al Andalus al principio del siglo VIII. Estaban por tanto, muy andalu-arabizados y pretendían incluso, por presunción, tener un origen árabe himyarí y que su linaje fuera el de TuyiIbn El primer soberano aftasí, Abu Muhammad, procedía de los Pedroches (Fahs al Ballut) y se encumbró por su propio valer. Tuvo enfrentamientos con el caíd Abu l-Qasim Muhammad Ismail Abbad de Sevilla, que pretendía ocupar Beja, en parte arruinada y reconstruirla para su taifa.

El aftasí se adelantó y destacó allí a su hijo Abu Bakr al Muzaffar, mas los sevillanos vinieron a cercarla, ayudados por los los Birzalíes de Carmona, cuyo señor Muhammad Abdállah es llamado en esta ocasión molino de la guerra civil por el cronista que alude a estos sucesos y que ha de ser Ibn Hayyan. A pesar de la ayuda prestada por Ibn Taifur de Mértola, perdieron los pacenses; la situación se arregló en treguas en 1030, año en que Abu Muhammad reforzó las murallas de su capital, Badajoz, que eran originariamente de tierra.

En 1034, Muhammad Abbad de Sevilla, que volvía de su ataque contra León emprendido de acuerdo con el aftasí, fue atacado por este a traición, lo cual indica la hostilidad latente entre ambas taifas vecinas. Nada más dicen las fuentes sobre los últimos doce años de este primer Abu Muhammad, y solo vienen a dar la fecha de su muerte 30-XII-1045. Le sucedió su hijo Abu Bakr al Muzaffar, de aficiones cultas, y que, ayudado por su secretario Said Jayra, llegó a componer una vasta enciclopedia en cuarenta volúmenes, titulada por su nombre al Muzaffarí, que hoy parece perdida, pero que llegó a leer casi entera un s. después al Marrakusi.

Pero Abu Bakr al Muzaffar tuvo en sus veintidós años de reinado abundantes guerras. Primero con Yahya al Mamun de Toledo, a partir de 1046, que cesaron cuando el toledano pasó a guerrear contra el rey de Sevilla. En seguida entró también Abu Bakr al Muzaffar en luchas contra este último; cuando Mutadid Abbad acometió su expansión por el Oeste, tomando Mértola en 1044 y luego atacando Niebla, Abu Bakr al Muzaffar atendió las llamadas de socorro que desde allí le hicieron y puso en retirada al rey de Sevilla; unos tres años más tarde entró en la alianza beréber contra Mutadid Abbad, junto con los Hammudíes de Málaga y Algeciras y Badis Habus de Granada, proclamando todos califa a Muhammad al Qasim al Mahdi.

En 1050-1051, Abu Bakr al Muzaffar fue vencido por los sevillanos cerca de Évora. Ibn Hayyan cuenta.

... no podía defenderse, aislado, sin nadie para detener aquella avalancha que demolía sus soportes y mataba a sus guerreros; se acogió entonces a su ciudad de Badajoz y no envió ni un solo jinete, lamentándose a sus aliados, sin que ninguno le defendiera ni le ayudara. Cuando terminó al Mutadid de asolarle la tierra y se volvió a Sevilla, en febrero de 1051, nos llegó a Córdoba... un mensajero de al Muzaffar para comprarle esclavas cantoras con que solazarse, evitando así inspirar lástima

En el verano de 1051, convinieron la paz Badajoz y Sevilla, por intermedio del señor de Córdoba Ibn Yahwar y, seguramente, ante la ofensiva cristiana que, amenazante se cernía sobre las taifas. Tras otras pérdidas anteriores, Abu Bakr al Muzaffar perdió en 1057-1058 Lamego y Viseu, y a continuación Tarouca, Travanca, Penela y otras. Fernando I envió muchas tropas contra Santarem, pero Abu Bakr al Muzaffar acudió, entrevistándose con el conde que las mandaba.

... ambos se encontraban en medio del agua, en el río de Santarem, al Muzaffar en una barca y el infiel montado en su caballo, con el agua llegándole al pecho del animal. Trataron largo tiempo del asunto de paz y tributos que vino a plantearle, resistiéndose al Muzaffar a aceptar, hasta que, tras mucho esfuerzo y dificultad convino en que le entregaría cinco mil dinares cada año a contar desde la conclusión de este armisticio

En 1064 Abu Bakr al Muzaffar perdió Coimbra, una de sus principales ciudades, y los musulmanes hubieron de replegarse más allá del río Mondego. Con esta noticia cierran las fuentes árabes las referencias sobre Abu Bakr al Muzaffar, indicando que murió en 1067-1068. Uno de sus hijos Yahya Muhammad, había sido declarado heredero en vida de su padre, y así figura en las monedas con el cargo de hayib —primer ministro, chambelan—, desde 1063, y con el título de al Mansur desde dos años después, lo cual llevó a Prieto Vives a observar que la fecha de la muerte de su padre debía de adelantarse, lo cual es rebatido por H. R. Idris, señalando que no es incompatible título tan alto con categoría solo de heredero.

De todos modos hubo problemas sucesorios a la muerte de Abu Bakr al Muzaffar y vinieron sus hijos a ocupar el poder. El año 1068-1069 la oposición y guerra entre ambos se agravó, y, con este motivo, el rey cristiano obtuvo toda la tierra musulmana que apeteció, y sus bienes y riquezas, recurriendo a sembrar cizaña entre los antagonistas. Así se prendió el fuego de la lucha entre ambos. Yahya Muhammad recurrió a Yahya al Mamun [de Toledo] y su hermano Umar al Mutawakkil a Mutadid Abbad de Sevilla.

Las intrigas no cesaron de indisponerlo hasta dejar esquilmado el país y exterminadas sus gentes. Dios puso fin a todo esto con la muerte de uno de los dos hermanos [Yahya Muhammad], y el poder pasó a Umar al Mutawakkil, según el texto bien significativo de Ibn Jatib. Umar al Mutawakkil como gobernador de Évora, había pretendido repartir con su hermano, Yahya Muhammad de Badajoz, la taifa, como de grado o por su fuerza ocurrió en otras, soliviantándose siempre los ánimos, hasta que Umar al Mutawakkil quedó como único dueño, en fecha discutida, acaso 1072, aunque sus monedas habían empezado antes, en 1067-1068, llamándole al Mutawakkil dejando a su hijo al Abbas al cargo de Évora.

Fue un hombre muy culto y gran mecenas, en cuya corte y en su almunia de al Badi reunió a sobresalientes hombres de letras. Pero la presión cristaiana no cesaba, y en 1079 Alfonso VI tomo Coria. En junio de 1080 intervino Umar al Mutawakkil en Toledo: los toledanos, cansado de la anarquía de su soberano Yahya Ismail al Qadir no podía enderezar, animados también por un agente al servicio del rey de Badajoz, un tal Yusuf al Kallas, ofrecieron a Umar al Mutawakkil la ciudad, mientras su soberano huía a Cuenca.

Umar al Mutawakkil se mantuvo allí hasta abril de 1081, cuando Alfonso VI y Al Qadir se disponían a atacarle, y se volvió a Badajoz con todas las riquezas que pudo. Pronto empezaría a pagar parias al monarca de Castilla. La presión de Alfonso VI sobre las taifas fue aumentando y buen exponente de sus exigencias resulta la más o menos pretendida correspondencia cruzada entre ambos, en la que al Mutawakkil se muestra exasperado.

De él partió la iniciativa de enviar a su caíd Abu l-Walid al Bayi para intentar conciliar a todas las taifas contra los cristianos, propuesta sin éxito alguno, aunque sí lo logró su otra iniciativa, tomada al alimón con Mutamid Abbad de Sevilla, siendo ambos, según parece, los primeros en dirigir mensajes al soberano almorávide Yusuf ibn Tasufin, que acabó por desembarcar en la Península, en julio de 1086, para dirigirse significativamente, al norte de Badajoz, donde ganó con sus aliados andalusíes la batalla de Sagrajas o Zallaqa, el 23-X-1086.

Cuando Yusuf Tasufin decidió someter a los reinos de taifas, Umar al Mutawakkil creyó poder conseguir salvar la suya y siempre se le mostró deferente: cuando en septiembre de 1090 depuso a los ziríes de Granada fue Umar al Mutawakkil a felicitar al emir almorávide; más aún, en septiembre de 1091 ayudó a los almorávides a apoderarse de Sevilla, mientras hacía doble juego con los cristianos, y lograba la promesa de Alfonso VI de ayudarle a cambio de Lisboa, Cintra y Santarem.

Los súbditos de Umar al Mutawakkil llamaron entonces a los almorávides, que entraron en Badajoz en febrero o abril de 1094. Con violencia acabaron por matar —a finales de 1095-1096— al régulo aftasí y a algunos de sus hijos, al Fald y al Abbas, quizá también a Naym al Dawla Sad, aunque este último, según alguna fuente, acabó por ser liberado. Su nombrado heredero al Mansur, que así aparece en algunas monedas, buscó refugio en el castillo de Montánchez hisn Sanyas y terminó por entregarse a Alfonso VI el Bravo, convirtiéndose incluso al cristianismo.

VIGUERA MOLINS, Mª Jesús, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1994, T. VIII-I págs. 84-86.

Abu Muhammad

ABU MUHAMMAD ABDÁLLAH MASLAMA AL AFTAS, régulo de Badajoz ( 1022-1045) al Mansur. La dinastía aftasí de Badajoz fue una de las más importantes durante la época taifa, ejerciendo el poder a lo largo de unos sesenta años. A diferencia de otras familias bereberes que fundaron taifas independientes, los aftasíes, pertenecían a la rama Miknasa que se había asentado en al Andalus desde el mismo momento de la conquista.

Abu Muhammad Abdállah Maslama al Aftas, con el título de al Mansur, fue el primer soberano de la dinastía, gobernando más de veinte años. Procedía de la zona de Córdoba, concretamente de la comarca de Fahs al bahut, el valle de las Bellotas, denominación que los árabes daban al actual valle de los Pedroches . Como otros bereberes pretendían poseer una genealogía árabe, de estirpe imyarí. Fue visir del primer régulo de Badajoz, el eslavo Sabur, a quien sucedió en el poder tras su muerte acaecida el 8-IV-1022.

Imponiéndose a los dos hijos del fallecido soberano, Abu Muhammad logró adueñarse de la situación, mientras que los teóricos herederos se refugiaron en Lisboa, donde uno de ellos, Abd al Aziz Sabur, se proclamó independiente, siendo sucedido poco después por su hermano Abd al Malik. Descontentos con su gobierno, los lisboetas pidieron a Abu Muhammad que les enviase un gobernador, a lo que el soberano pacense respondió con un contingente de tropas que se apoderó de la ciudad. Ibn Sabur fue bien tratado y se le permitió marcharse libremente, exiliándose en Córdoba.

Una de las constantes políticas del desarrollo de la taifa aftasí de de Badajoz fue su continua enemistad con los sevillanos, que se inicia desde el gobierno de Abu Muhammad. Al tener noticia de que el caíd Muhammad Abbad se disponía a ocupar Beja, decidió adelantarse enviando a su hijo Abu Bakr al Muzaffar. Se formó entonces una coalición entre el soberano de Carmona y el abbadí, quienes asediaron la ciudad y, aunque los sitiados recibieron ayuda de Ibn Tayfur de Mértola, finalmente fue tomada, siendo en gran parte masacrados sus habitantes. El hijo del soberano aftasí, Abu Bakr al Muzaffar, fue conducido a Carmona y, finalmente liberado en 1030, gracias a un tratado de paz entre ambas partes.

Pero la hostilidad entre abbadíes y aftasíes continuaba y no tardó en resurgir. En 26-XI-1033, Ismail Abbad, hijo del soberano de Sevilla, regresaba de una expedición contra el reino de León emprendida conjuntamente con Abu Muhammad, siendo atacado a traición por las tropas pacenses, si bien pudo salvarse, dirigiéndose a Ocsonoba.

Aparte de los problemas con los abbadíes, las crónicas apenas reseñan otras informaciones sobre la actuación de Abu Muhammad, entre las que cabe destacar su labor urbanística, ya que ordenó reparar las murallas de Badajoz. Sus últimos doce años de gobierno están envueltos en una completa oscuridad debido a la falta de información, si bien se puede establecer con precisión su fallecimiento gracias a la correspondiente inscripción funeraria, que indica la fecha de 2-XII-1045. Al Mansur dejaba consolidado el Gobierno de la dinastía sobre el territorio de Badajoz, siendo sucedido por su hijo Abu Bakr Muhammad al Muzaffar.

GARCÍA SANJUÁN, Alejandro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 119.

Abu Bakr al Muzaffar

ABU BAKR AL MUZAFFAR, régulo de Badajoz ( 1045-1068) al Muzaffar. Sucedió a su padre Abu Muhammad, primer rey de la dinastía aftasí tras su muerte y adoptó el apelativo honorífico de al Muzaffar (el Triunfante que para su desgracia no solo no correspondió con su trayectoria, sino que se puede adivinar en algunas crónicas su uso cómico. El comienzo de su reinado se vio enturbiado con el comienzo de las guerras con Yahya al Mamun de Toledo, con el que mantuvo una serie de disputas territoriales (1046), aunque pronto hubo de abandonarlas para ayudar al régulo de Niebla, atacada por Mutadid Abbad de Sevilla desde 1044. En el año 1047 entró en una coalición con los reinos de taifas bereberes en contra del rey de Sevilla, que atacó con gran dureza el reino pacense.

En 1050, Abu Bakr al Muzaffar sufrió un descalabro cerca de Évora, que lo redujo a la defensiva el resto de la guerra, que terminó a finales de 1051, cuando por intercesión del gobernante de Córdoba, Ibn Yahwar, se llegó a un acuerdo de paz. Esta guerra supuso una gran calamidad para el reino, pues el ejército sevillano asoló sus campos y sus alquerías sin que pudieran detenerlo. Para mantener la moral de sus súbditos hizo comprar en Córdoba tras la derrota de Évora algunas esclavas cantoras, y el propio Ibn Hayyan menciona el objetivo evidente de este gesto, en un momento en que no podía estar interesado por otra cosa que la supervivencia.

Entre 1057 y 1058 sufrió el ataque del rey Fernando I, que conquistó Lamego, Viseu y otras plazas, además de asediar Santarem y Coimbra. Tras las conversaciones de paz, cuya narración en las fuente árabes tiene mucho de novelesco, se llegó a un acuerdo por el que aceptaba las pérdidas territoriales sufridas hasta entonces y se comprometía a pagar cinco mil dinares anuales al rey de Castilla y León. La población musulmana de Coimbra, ciudad conquistada más tarde, fue masacrada tras la conquista.

Tuvo aficiones cultas, favoreció a numerosos sabios como Ibn Abd al Barra y con la colaboración de su secretario Jayra, compuso una enciclopedia de diez grandes partes o en cuarenta volúmenes, tratando de diversas materias, entre otras, las guerras de la Arabia preislámica y de las primeras campañas del Islam, narraciones de viajes y explicaciones sobre la lengua, tanto árabe como extranjeras. Llamó a la enciclopedia al Muzaffarí y la obra hoy está perdida. Los cronistas ponderan la magnitud de esta obra, accesible solo para magnates por su alto precio. Menos aprecio guardaba a los poetas de su tiempo, a los que consideraba incapaces de igualar a los grandes clásicos al Maarri y al Mutanabbi, razón por la que su patrocinio de la poesía fue algo menor.

El rey murió en el año 1067-1068, y le sucedió en el trono su hijo Yahya Muhammad, mantuvo una pugna con su hermano Umar al Mutawakkil por la sucesión. La evaluación de este reinado es difícil, pues los reveses militares ante sevillanos y castellanos, y las pérdidas territoriales ante estos últimos lastran cualquier balance, aunque difícilmente podría haber evitado el gobernante pacense estos problemas, al encontrarse entre los dos poderes políticos más expansivos de la Península en el siglo XI. Su falta de previsión también provocó una guerra civil a muerte, por lo que si bien algunas fuentes lo describen muy favorablemente por su dedicación a las letras, su valentía y generosidad, su labor de gobierno fue muy desafortunada.

RAMÍREZ DEL RÍO, José, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 238-239.

Yahya Muhammad

YAHYA MUHAMMAD AL MANSUR, régulo de Badajoz ( 1068-1072) al Mansur. Cuarto rey de la taifa de Badajoz (1068-1072). Rey de la taifa de Badajoz, perteneciente a la dinatía de los Banu l-Aftas o Banu Maslama que ocuparon el poder en el Oeste de al Andalus tras la caída del califato de Córdoba y lo mantuvieron durante el siglo XI, hasta la llegada de los almorávides.

Yahya fue el hijo mayor del rey Abu Bakr al Muzaffar [1045-1067]. Apenas conservamos menciones acerca de su actividad durante la etapa anterior a la llegada al trono, en el que utilizó el laqab honorífico de Mayd al Dawla y fue designado hayib [1063], aunque dada la tradición de los aftasíes es muy probable que ocupara el gobierno de alguna de las ciudades principales del Reino, especialmente en su parte occidental, donde posteriormente encontró la mayor parte de sus apoyos.

Abu Bakr al Muzaffar murió en el año 1067-1068, y le sucedió Yahya, que adoptó el apelativo honorífico de al Mansur, que había usado ya anteriormente el fundador d el dinastía y que utilizaría brevemente el último personaje destacado de la dinastía. Yahya al Mansur mantuvo una pugna con su hermano Umar al Mutawakkil, que tras la muerte de su padre se negó a someterse a al Mansur y mantuvo su rebelión desde la ciudad que gobernaba, Évora. Por esta razón el dominio de Yahya se vio limitado a la parte occidental del reino.

Los cronistas andalusíes atribuyen la dureza del enfrentamiento entra ambos hermanos a la intervención del rey de Castilla, Fernando I, que aprovechó la situación para exigir un aumento de las parias que le entregaba el reino pacense, bajo la amenaza de aliarse con su hermano y rival, con el que había llegado a un acuerdo para mantener la situación, prestando Umar al Mutawakkil reconocimiento nominal a su hermano. Al no ceder ante las exigencias del rey de Castilla, este atacó las fronteras del reino y llegó a amenazar la propia Badajoz, aunque las incursiones parecen haber buscado debilitar a los soberanos musulmanes para proseguir la ocupación desde el valle del Duero, frontera de los dominios de ambos reinos y que cayó en manos de los leoneses en este periodo.

Los bandos enfrentados buscaron la alianza de los reyes de las taifas cercanas, y mientras Yahya al Mansur recibía el de los soberanos de Toledo, su hermano era apoyado por al Mutadid Abbad. Los enfrentamientos y las treguas se sucedieron entre ambos bandos, contribuyendo a debilitar aún más la capacidad militar del reino pacense, inerme ante el avance cristiano.

La repentina muerte de Yahya en Mérida (1072) permitió a su hermano Umar al Mutawakkil unificar el reino y establecerse en la capital del mismo, Badajoz, aunque no consiguió detener la decadencia en la que se veía inmerso este estado, muy debilitado por las guerras internas, por las campañas de saqueo sufridas a manos de los cristianos y por los conflictos con los abadíes de Sevilla.

RAMÍREZ DEL RÍO, José, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol L, págs. 500-501.

Umar al Mutawakkil

Al-Mutawakkil: ‘Umar b. Muhammad b. al-Aftas. Al-Mutawakkil ‘Alà-l-llah. ?, p. m. s. XI – Badajoz, 485 H./1092 C. Cuarto soberano Aftasí de la taifa de Badajoz.

‘Umar al-Mutawakkil fue el cuarto y último soberano de la dinastía aftasí de Badajoz, desempeñado un papel clave de primer orden en los principales acontecimientos políticos acaecidos durante su época, lo que lo convierte en un personaje determinante a la hora de comprender la última fase del período taifa, dado su protagonismo en momentos y situaciones decisivas.

En el año 460 (11 de noviembre de 1067-30 de octubre de 1068) murió al-Muzaffar, segundo soberano Aftasí de Badajoz, siendo seguidamente proclamado el heredero oficial, su hijo Yahyà, que llevó el título de Ma’d al-Dawla y luego el de al-Mansur. Sin embargo, esta situación experimentó un cambio como consecuencia del acceso al poder de ‘Umar b. Muhammad b. al-Aftas, hermano de Yahyà, a quien su padre había nombrado gobernador de Évora, el cual no aceptó la sucesión. Tras varios enfrentamientos entre ambos hermanos, llegaron al acuerdo de repartirse el poder, dominando Yahyà sobre Badajoz con una teórica superioridad sobre ‘Umar, establecido en Évora. El enfrentamiento parecía inevitable y cada uno de ellos recibió un apoyo exterior distinto: al-Ma’mun de Toledo se puso del lado de Yahyà y ‘Umar fue ayudado por el soberano abadí de Sevilla. Aunque se ignoran los detalles de esta guerra fratricida, la temprana muerte del primero hacia 464/1072 solucionó la situación, haciendo que el poder pasara íntegramente a ‘Umar, que se intituló al-Mutawakkil y entró en Badajoz, dejando en Évora a su hijo ‘Abbas.

Una de las acciones más destacadas de al-Mutawakkil fue su intervención en Toledo, de la que se convirtió en soberano durante un cierto período. El gobierno de al-Qadir no lograba mantener el orden interno en la ciudad e, instigados por un agente de al-Mutawakkil, llamado Abu Muhammad Yusuf b. al-Kallas, enviaron una delegación al soberano aftasí, el cual aceptó la propuesta y entró en Toledo a finales de 472/junio de 1080, mientras al-Qadir huía a Cuenca. Su dominio duró menos de un año, ya que en abril de 1081 el soberano toledano aliado con Alfonso VI logró hacer huir al aftasí a Badajoz.

Junto a al-Mu’tamid de Sevilla, al-Mutawakkil de Badajoz fue uno de los soberanos taifa que decidieron reclamar la ayuda de los almorávides para frenar el avance conquistador cristiano. Las embajadas debieron comenzar a enviarse a partir de la toma de la localidad de Coria por Alfonso VI en septiembre de 1079. Al-Mutawakkil encargó a su cadí Abu-l-Walid al-Ba’i dirigirse a todos los soberanos de al-Andalus para que se unieran contra los cristianos, si bien la presencia no se hizo efectiva hasta después de la toma de Toledo en 1085. Con posterioridad, su cadí Abu Ishaq b. Muqana formó parte de la embajada que, a iniciativa del soberano abadí y tras la caída de Toledo, se entrevistó con el emir Yusuf b. Tasfin en Ceuta.

Fue, precisamente, en territorio pacense donde tuvo lugar el encuentro decisivo entre la coalición musulmana, formada por los almorávides y los taifas, y las fuerzas de Alfonso VI. Las tropas musulmanas acamparon cerca de la capital aftasí, acogidas generosamente por al-Mutawakkil, y fue allí donde tuvo lugar la batalla de Sagrajas o Zallaqa el viernes 12 de ra’ab de 479 (23 de octubre de 1086), a orillas del río Guerrero, a una decena de kilómetros al noreste de Badajoz, que se saldó con una amplia victoria de los primeros, siendo destacada la participación de al-Mutawakkil. Según narra el emir ‘Abd Allah, fue el encargado de transmitir el mensaje de Alfonso VI al emir almorávide en el que lo retaba al encuentro.

Tras esta victoria las relaciones de los taifas con el emir almorávide empeoraron y finalmente los soberanos andalusíes sucumbieron al expansionismo de la dinastía norteafricana. Cuando Yusuf b. Tasufin desembarcó por tercera vez en al-Andalus comenzó el desmantelamiento del sistema de los taifas, que fueron cayendo uno a uno. Tras la toma de Granada en ra’ab de 483 (septiembre de 1090), el emir almorávide recibió en dicha ciudad la felicitación de los soberanos abadí y aftasí, quienes trataban, así, de escapar al mismo destino, si bien fueron los siguientes en caer. ‘Abd Allah b. Ziri, último soberano de la taifa granadina, dejó en sus memorias una detallada descripción del final de al-Mutawakkil.

El soberano afṭasí llegó a ayudar a los almorávides a apoderarse de Sevilla, en ra’ab de 484 (septiembre de 1091), pero ello no evitó su deposición a manos de Yusuf b. Tasufin. Para lograrlo, el emir almorávide se valió de los servicios de un alfaquí oriundo de Si’ilmasa que había conseguido una cierta fortuna en Badajoz, Ibn al-Ahsan, el cual se convirtió en su agente y logró adquirir un enorme ascendiente sobre al-Mutawakkil, quien se avenía a seguir todos sus consejos. Con gran habilidad, Ibn al-Ahsan supo poner en su contra a la población y a ganarlos para la causa almorávide, aprovechándose de la indecisión de al-Mutawakkil, acechado por la doble amenaza cristiana y almorávide. Su hijo al-Mansur trató, sin éxito, de apartar a su padre de Ibn al-Ahsan, sugiriéndole que acabase con su indecisión y que abandonara el poder, ya sometiéndose al Emir almorávide y cediéndole Badajoz o huyendo junto a los cristianos, quienes lo instalarían en alguna localidad importante, como habían hecho con al-Qadir de Toledo en Valencia. Ante la negativa de su padre a exiliarse junto a los cristianos, al-Mansur decidió partir de Badajoz con su familia y sus bienes.

Las incursiones del general almorávide Sir b. Abi Bakr llevaron a al-Mutawakkil a pedir ayuda a Alfonso VI, que aceptó ayudarlo a cambio de la entrega de Lisboa, Cintra y Santarem. La entrega de estas ciudades aumentó la impopularidad del soberano aftasí y, como afirma el emir ‘Abd Allah, “de esta suerte dio legalidad a su persecución, y desde entonces fue acusado públicamente, y no como antes bajo cuerda”. Para apoderarse de Badajoz, Sir decidió valerse de los servicios de Ibn Rasiq, antiguo señor de Murcia, el cual había sido entregado por Ibn Tasufin a al-Mu’tamid de Sevilla durante el fracasado asedio de la fortaleza murciana de Aledo. Ibn Rasiq supo urdir intrigas con los habitantes de la ciudad y los guardas y soldados que protegían al soberano afṭasí en su alcazaba, llegando a un acuerdo para que le abrieran sus puertas de noche. De esta forma pudieron sorprender y capturar a al-Mutawakkil y sus hijos, al-Fadl y al-’Abbas, quienes, por orden de Sir, fueron ejecutados. Ello sucedió a principios del año 485, que comienza el 12 de febrero de 1092, según indica el cronista magrebí al-Marrakusi. El poeta Abu Muhammad ‘Abd al-Ma’id b. ‘Abdun al-Yaburi, el más célebre de los que brillaron en la corte de Badajoz, compuso una elegía sobre el fin de los Afṭasíes.

Junto a su faceta como político, es preciso destacar la dimensión intelectual de al-Mutawakkil, ya que las fuentes señalan su amplia cultura y, sobre todo, sus dotes poéticas. Tal y como ocurrió en vida de su padre, al-Muzaffar, bajo el gobierno de al-Mutawakkil, Badajoz acogió una de las principales cortes literarias de la época taifa, en la que destacó el citado Ibn ‘Abdun, que fue su secretario, uno de los principales poetas de la época. Al igual que otros soberanos taifa, solía retirarse a su almunia, situada en los alrededores de la capital, a la que había dado el nombre de al-Badi’ (“la soberbia”), donde se reunía con familiares y amigos para celebraciones y banquetes.

GARCÍA SANJUÁN, Alejandro, «Mutawakkil», en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico (en red, http://dbe.rah.es/biografias /16918/al-mutawakkil)

Al Mansur III

AL MANSUR III, régulo de Badajoz ( 1095-1096) al Mansur. Los almorávides con violencia acabaron por matar a finales de 1095-1096 al régulo aftasí, Umar al Mutawakkil, y a algunos de sus hijos, al Fadl y al Abbas, quizá tambien a Naym al Dawla Sad, aunque este último, según alguna fuente acabó por ser liberado. Su nombrado heredero Al Mansur III, que así aparece en algunas monedas, buscó refugio en el castillo de Montánchez hins Sanyas y terminó por entregarse a Alfonso VI, convirtiéndose incluso al cristianismo.

VIGUERA MOLINS, Mª Jesús, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1994, T. VIII-I págs. 86-86.