Nubeluz

Dinastía Omeya

Califato omeyaEl califato omeya hacia 661-750.

Dinastía musulmana oriental, que ocupó el poder desde 661 a 750. Toma el nombre de un antecesor del fundador de ella, Mu awiya Abi Sufyán, nombre que fue adoptado por una familia de la Meca ya muy conocida en tiempo de Mahoma, con la que estaba emparentado; sin embargo, los miembros de ella, y sobre todo el padre del primer califa omeya (Abu Sufyán ), fueron acérrimos enemigos del Profeta en su misión y no se convirtieron al Islam sino en el último momento. Al subir al califato Ali Abi Talib, a pesar de sus indiscutibles derechos como el primer musulmán, primo, yerno e hijo adoptivo de Mahoma, fue mal recibido y entre sus enemigos pronto se levantó Moavia (transcripción corriente de Mu awiya ), que está en Siria como gobernador, desde el tiempo de Umar; las tropas de los dos bandos se encuentran en la famosa batalla de Siffín, y al ver el omeya que la victoria se le escapaba, recurre al ardid de colocar ejemplares del Corán en las puntas de las lanzas de sus soldados; se suspende el combate, se recurre a un arbitraje, que tampoco resuelve nada, mientras que en el partido de Alí se produce la secesión los ( jarichies) y aquel tiene que distraer sus fuerzas, luchando contra estos disidentes, y muere asesinado por uno de ellos.

Moavia, ya califa único (aparte de ciertas revueltas y algunos descontentos), establece Damasco como capital y, hábil político, va procurando atraerse a sus adversarios, incluso siguiendo una táctica de tolerancia con los cristianos, tan abundantes en Siria; su gran obra es llevar al Islam el principio dinástico, sustituyendo el régimen de elección (ijtiyar) por el nombramiento del presunto heredero (walí al-’ahd) hecho por el califa reinante, que hace sea aceptado, viviendo él por sus súbditos mediante la bay’a (reconocimiento, como la prestación del pleito homenaje).

El período de la dinastía omeya es el de expansión del imperio, y en tiempo de los sucesores de Moavia el estandarte del Profeta es llevado por Occidente, hasta el Atlántico, pasando a Europa (711) y siendo solo detenido en Poitiers (732), y en Oriente, atravesando el Osus y el Indo para invadir el Turkestán y la India y amenazando a Bizancio (que ya había sido atacado en 653, por Moavia, cuando era solo gobernador de Siria por Uthmán ), que se ve asediada diferentes veces (años 669, 673, 717 y 718).

La importancia de la dinastía omeya en la historia del Islam es inmensa; con el traslado de la capitalidad de Medina a Damasco se desplaza también el centro de gravedad del imperio, que, apartándose de las tradiciones netamente árabes, cae dentro de la influencia arameobizantina, y así, el califa se convierte en un soberano oriental: ya no es el sucesor y continuador de Mahoma, sino el primero entre los jefes de tribu por sus relaciones y la influencia de su familia; se complica el protocolo de corte, apartándose del régimen patriarcal primitivo; se desarrolla el lujo, en contraposición a la sencillez anterior; el segundo soberano omeya, Yazid I, se caracteriza por su afición al vino, a la música, al canto y a los placeres, todo opuesto al puritanismo de los primeros momentos, lo que originará descontentos y sublevaciones (v. g., la de la Meca, que al ser yugulada, ocasionó el incendio de la Ka’ba, el templo sagrado, por las tropas sirias asaltantes); el principio religioso queda relegado a segundo plano: Wellhausen ha llamado a la época omeya la del imperio árabe, por considerarla como el único momento de la historia del Islam, en que se pretendió crear una nación árabe, imperialista, dominadora; no obstante, los califas han de seguir apoyándose en la base religiosa y ortodoxa, persiguiendo a todas las sectas, además de a los infieles; pero lo cierto es que se consideran más bien reyes (muluk), con poder temporal, que califas (jefes supremos, con poder espiritual), es decir, tienden a suprimir el mando teocrático originario, preocupándose más de las atribuciones del príncipe como jefe del Estado.

Pero a pesar de estas innovaciones, en el fondo del alma omeya sigue latiendo el espíritu beduino, que se manifesta sobre todo en la poesía; odian la ciudad, sienten la ‘ayma, sed de leche de camella, o sea nostalgia de la vida nómada; envían a sus hijos a que se eduquen en el desierto, en contacto con la vida primitiva, árabe por excelencia.

Los monarcas omeyas son los siguientes: Mu awiya Abi Sufyán (661-680); Yazid Mu awiya (680-683); Mu awiya (II) Yazid (683-684); muere sin sucesión directa y le sigue su primo Marwán al-Hakám (684-685); Abd al-Malik Marwán (685-705), de gran importancia; impone el árabe como idioma oficial del imperio; es el verdadero sucesor de Mu awiya como conquistador y como organizador; al-Walid (I) Abd al-Malik (705-715), en tiempo del cual se conquista España; Sulaymán Abd al-Malik (715-717); Umar (II) Abd al-Aziz (Ibn Marwán) (717-720); Yazid (II) Abd al-Malik (720-724); Isham Abd al-Malik (724-743); al-Walid (II) Yazid (II) (743 744); Yazid (III) al-Walid (I) (744); Ibrahim al-Walid (I) (744); Marwán (II) Muhammad Marván (I) (744-750).

Después de Walid I el poder degenera en manos de califas ineptos, débiles, más aficionados a la buena vida que a los deberes del gobierno; surgen las sublevaciones y las rebeldías, hasta que en tiempo de Marwan II se alza Abu-l-Abbás como reivindicador de los derechos de la familia del Profeta, vence al califa omeya en la batalla del Gran Zab, obligándole a refugiarse en Egipto, donde muere en combate en defensa de los derechos de su dinastía, que con él termina, para dar paso a la de los Abbasies.

PERPIÑÁ, Enrique, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. N-Z, págs. 99-100.