Yusuf III

Datos biográficos

Sultán nazarí: 1407-1417
Sobrenombre: al Nasir li-l-Din Allah
Fallecimiento: 1417
Predecesor: Muhammad VII
Sucesor: Muhammad VIII

Biografía

Con casi treinta y dos años, de los cuales había pasado casi la mitad en prisión de Salobreña, Yusuf III b. Yusuf (II) b. Muhammad (V) pudo alcanzar el trono del que había sido desplazado por su hermano mayor Muhammad VII y que por derecho de primogenitura le correspondía. Adoptó el laqab de al Nasir li-l-Din Allah y su kunya, como era habitual en la dinastía de los Yusuf, fue Abu l-Hayyay.

Gran aficionado a la poesía, el mismo compuso numerosos poemas que fueron recopilados en su diván. Su llegada al trono fue azarosa. Su hermano, Muhammad VII, viéndose morir y para garantizar la sucesión de su hijo, ordenó que se ejecutara al cautivo Yusuf. Este se hallaba en la fortaleza-prisión de Salobreña jugando una partida de ajedrez con el gobernador de la plaza. Antes de morir solicitó que se le dejara terminar la partida, lo que permitió la llegada de sus partidarios para liberarlo y llevarlo al trono de la Alhambra.

Consciente de la complicada y peligrosa situación militar en la que se hallaba el reino granadino, se dispuso inmediatamente a conseguir una paz lo más duradera y estable posible con Castilla. En primer lugar consiguió que la tregua vigente de ocho meses que terminaba en noviembre de 1408 se ampliara hasta abril de 1409 y luego, que se prorrogara dos veces y se renovase hasta agosto de 1409, primero, y hasta el 1-IV-1410, después.

Una vez terminada la tregua, los granadinos saquearon el 5-IV-1410 Zahara, fortaleza tomada por Fernando —futuro rey de Aragón— en 1407, mientras que los castellanos preparaban el asedio de una plaza de importancia, Antequera, que iniciaron el 26 de ese mes. El cinturón de cinco campamentos situados alrededor de la ciudad para asfixiarla pretendía impedir cualquier apoyo exterior. Pero ello no hizo desistir a los granadinos de intentar socorrer a los antequeranos.

Al mando de los príncipes Ali y Ahmad, hermanos del sultán, un ejército concentrado en Archidona se enfrentó a los cristianos y fue derrotado el 6-V-1410. Tras numerosas escaramuzas, rechazo de las treguas solicitadas por los granadinos y cinco meses de duro asedio, los musulmanes capitularon y los cristianos entraron en la ciudad el 25-IX-1410. La resonante victoria le valió desde entonces al infante don Fernando el sobrenombre de el de Antequera.

La pérdida de esta ciudad tuvo una gran transcendencia para el sultanato nasrí, ya que a la importante merma territorial y sobre todo geo-estratégica que suponía se añadió el enorme impacto psicológico que produjo entre los musulmanes la caída de una plaza de tan gran fortaleza, hasta el punto de que, al otro lado de la frontera, los cristianos compusieron numerosos romances que relataron, durante siglos, ese dolor. Ante este duro revés, Yusuf III solicitó la paz y el 10-XI de ese mismo año se firmó la tregua hasta el 14-IV-1412.

Castilla aceptó el acuerdo porque, entre otras circunstancias, el infante don Fernando I quería reclamar el reino de Aragón, vacante tras la muerte de su tío Martín I el Viejo el 31-V-1410. Esa misma razón fue la que le indujo a acceder a prorrogar la tregua durante un año. Una vez en el trono aragonés en 1412 tras el Compromiso de Caspe, el ya Fernando I siguió renovando en nombre de Castilla la tregua hasta 1415, y tras su muerte en abril de 1416, la regente de Castilla y madre de Juan II hizo lo mismo a partir de 1417 en periodos de dos y tres años. En las negociaciones de muchas de estas treguas intervino Sa´al Amin como representante nazarí, que también fue alfaqueque mayor del reino.

Por lo que respecta a Aragón, que había quedado incorporado a las treguas castellano-granadinas durante el reinado de Fernando I, el sucesor Alfonso V el Magnánimo mantuvo la tregua de su padre hasta abril de 1417, fecha en la que finalizaba. A partir de ese momento y hasta la muerte de Yusuf III en noviembre de ese año no hubo tregua ni negociaciones entre ambos reinos para establecerla, aunque se mantuvieron las relaciones y contactos.

Junto a este clima de colaboración con Aragón, es de señalar la incitación a la emigración de los mudéjares aragoneses hacia Granada que se efectuó en proclamas como la lanzada desde Barcelona. En ella se alababa y se presentaba a Yusuf III como defensor y protector de los musulmanes y a Granada como su refugio y morada segura además de recordarse de emigrar la obligación de emigrar del territorio infiel, lo que pone claramente de manifiesto la relación y ascendiente político que el reino y los sultanes nasríes mantuvieron más allá de sus fronteras con las comunidades de musulmanes mudéjares de la Península.

De esta manera y aunque como solía suceder hubiera violaciones de la tregua, Granada vivió casi dos decenios de paz, de 1410 hasta 1428, que, sin embargo, no aprovechó para rehacerse de las derrotas y fortalecerse de cara al enemigo exterior, sino que se enzarzó en turbulentas luchas dinásticas que la debilitaron aún más. Además de la considerable pérdida de Antequera, Yusuf III tuvo que hacer frente a la toma de Gibraltar en 1411 por los meriníes, que habían sobornado al alcaide para que les entregara la plaza. Tras desembarcar Abd Allah al Marini, hermano del sultán de Fez Abu Said Utman, en Gibraltar, se apoderó de Marbella y de algunas fortalezas de la serranía de Ronda. Yusuf III envió su ejército al mando de Sa´d al Amin, quien, tras recuperar las plazas malagueñas, sitió Gibraltar, donde se habían refugiado las tropas benimerines.

Sin embargo, los asediados resistieron mucho tiempo y no se entregaron hasta tres años después, en 1414, perdida la esperanza de ser socorridos por el sultán de Fez. Durante el asedio, Yusuf III estuvo al frente de sus tropas en Gibraltar, donde compuso dos de sus poemas sobre el sitio de la plaza en 1414, que posteriormente se incluyeron en su diván. Poco después, en la madrugada del martes 9-XI-1417 con tal solo cuarenta y un años de edad y ocho y medio de reinado, iniciados el domingo 13-V-1408, Yusuf III falleció.

VIDAL CASTRO, Francisco, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 2000, Tomo VIII págs. 151-153.