Abu Nasr Sa´d

Datos biográficos

Sultán nazarí: 1453-54/55/63-64
Sobrenombre: al Mustain bi-Llah
Predecesor: Muhammad X
Sucesor: Ismail IV
Sucesor: Abu l-Hasan Ali

Biografía

Abu Nasr Sa´d b. Ali b. Yusuf b. Muhammad adoptó el laqab de al Mustain bi-Llah. Su nombre en las crónicas cristianas aparece de múltiples formas: Muley Zad, Muley Çah, Ariza, Ciriza, derivado de Sidi Sad, entre otras. Estaba emparentado con varios sultanes y sus lazos de consanguinidad lo unían a la dinastía en línea directa como hijo del príncipe Ali, nieto del sultán Yusuf II y biznieto de Muhammad V. Colateralmente, era sobrino de Yusuf III y Muhammad VII, a la vez que primo hermano de Muhammad VIII y Yusuf V. Con Muhammad VIII había estado en su corte durante su segundo reinado y ejerció algunas funciones de gobierno.

Tuvo al menos tres hijos: Abu l-Hasan Ali su sucesor, el futuro Muley Hacén, que nació antes de 1436-1437; Muhammad al Zagal, también futuro sultán, y Yusuf (m. 1467), que falleció con apenas diecisiete años víctima de la peste. Cuando llegó al poder era ya bastante mayor y contaba con más de cincuenta y cinco años, puesto que había nacido antes del inicio del s. IX de la hégira (1398-1399). Subió al trono mediante la abdicación de Muhammad X el Chiquito. En la misma carta en la que el gran visir Abu l-Qasim b. Sarray informaba a Sevilla del hecho, también indicaba que el nuevo emir deseaba mantener la paz vigente.

Según Abd al Basit, sucedió directamente a su tío Muhammad IX al Aysar , pero esta noticia quizá se deba al desconocimiento del reinado de Muhammad X el Chiquito por la brevedad del mismo. También cuenta el viajero egipcio que en su reinado tuvo conflictos con sus parientes y guerras con los cristianos infieles, a los que atacó cumplidamente (sin duda se refiere a su segundo reinado).

Por razones y sucesos desconocidos, a finales de 1454 o, más probablemente, en enero de 1455, Sa´d perdió el trono y fue expulsado de Granada por Muhammad X el Chiquito.

Segundo reinado 1455-1462

Con ayuda de Enrique IV, aunque no se conozca como se materializó finalmente la recuperación del trono, volvió Abu Nasr Sa´d a la Alhambra, dando comienzo así a su segundo reinado a partir-VIII-1455. Algunos meses después, el derrocado Muhammad X el Chiquito intentó volver al trono y, desde las Alpujarras, donde se había refugiado, se dirigió a la capital atravesando Sierra Nevada.

Pero Sa´d lo supo y envió a su hijo Abu l-Hasan Ali, que lo capturó y lo llevó a la Alhambra, donde fue degollado en una sala que da al Patio de los Leones mientras sus dos hijos pequeños eran ahogados con una toalla. Con ello se cerraba la crisis dinástica por el momento y el reino pudo vivir un periodo, aunque breve, apenas siete años, de tranquilidad en la Alhambra.

En 1456 estaba vigente la tregua acordada el año anterior con la mediación del ya conde de Cabra y en virtud de ella Sa´d era vasallo del rey castellano. A partir de un incidente fronterizo, la toma a primeros de 1456 del castillo de Solera por un señor nazarí que actuó por su cuenta, el conde de Cabra reclamó su devolución y endureció las condiciones para conceder una tregua duradera que se estaba negociando.

Ante la negativa de Sa´d, el rey castellano preparó su ejército y respondió con una serie de ataques desde la primavera de 1456 que le llevaron a ocupar Estepona, talar Málaga y tomar Fuengirola, esta última por la iniciativa de Juan Vidal. Posteriormente, también Jimena de la Frontera fue tomada sin que ofreciera mucha resistencia, hacia marzo de ese año.

Otra nueva tala de la Vega de Granada en agosto y septiembre hizo que Sa´d aceptara finalmente una tregua de cinco meses (X-1456III-1457) a cambio de doce mil doblas de oro y seiscientos cautivos cristianos, pero que, además, mantenía la frontera de Jaén fuera de la tregua y abierta para la guerra. Finalizada la tregua en la primavera de 1457, durante ese año y 1458 los ataque castellanos prosiguieron, si bien con una baja intensidad, mientras que, por su parte, los granadinos también realizaron algunas incursiones, como la dirigida contra la ciudad de Jaén el 1-VIII-1457 ó Quesada en 1458, entre otros.

Tras ello, el último mes de 1457, Enrique IV, mientras proseguían los ataques, volvió a encargar al conde de Cabra que entablara negociaciones con Sa´d para fijar una tregua hasta abril de 1461, que se materializó en varios acuerdos sucesivos, como el-IX-1458, renovado en 1460 y 1461, el último de los cuales finalizó el 15-IV-1462.

En 1459 y 1460 los estragos de la guerra con Castilla, así como las exigencias económicas de las parias con las que compraban los nazaríes una paz siempre breve, pudieron ser la causa de las diversas ventas del patrimonio real efectuadas por el sultán, ventas que parecen revelar una necesidad apremiante de fondos. Sa´d enajenó en estos años varias propiedades reales de gran valor, tanto parcelas rústicas de notable extensión y elevado precio como céntricos inmuebles urbanos en el rico y próspero zoco de la seda.

Tal era el objetivo de la política de Enrique IV con sus cuatro campañas consecutivas de 1455 a 1458: vender treguas, que además eran breves, a cambio de la entregas de cautivos y tributos, dos condiciones que debilitaban la economía nazarí y provocaban desasosiego y malestar social.

Mientras tanto, las relaciones con Navarra y Aragón se habían ido enfriando y se produjo un alejamiento de Alfonso el Magnánimo con respecto a Granada. Así, sustituyó el entendimiento con los musulmanes por la colaboración con Castilla en la Guerra y, en el comercio, cambió la permisividad con las mercancías prohibidas por la vigilancia de su tráfico; al mismo tiempo, renunció a sus pretensiones territoriales sobre el reino de Granada en favor de Castilla.

La estabilidad interior que había disfrutado el reino durante los últimos años fue perturbada violentamente cuando en julio de 1462 Sa´d decidió liberarse de la excesiva influencia y control de los Banu l-Sarray poseían en el gobierno. A raíz de las protestas que el reino se estaban levantando por los ataques castellanos y sus negativos efectos sobre la población y la economía, Sa´d culpó a los Abencerrajes de ello y aprovechó el descontento general para eliminarlos.

Con el pretexto de convocarles a un consejo, les tendió una emboscada en la Alhambra e hizo degollar a dos de sus principales dirigentes, el gran visir Mufarryi y Yusuf b. al-Sarray. Sin embargo, los demás, Muhammad Ali al-Balansi, al Qabsani, al Attar, consiguieron escapar y fueron a refugiarse a Málaga. Desde allí proclamaron al infante Ismail IV que se encontraba en Castilla y pidieron a Enrique IV que apoyara al pretendiente.

Al poco, con la complacida e interesada ayuda del rey cristiano, Ismail llegó a Málaga acompañado de doscientos caballeros castellanos. La historia volvía a repetirse una vez más. Al mismo tiempo los Abencerrajes convocaron a sus partidarios diseminados por todo el reino. Pero este Ismail no es Yusuf V Aben Ismael con el que se le identificaba antes de la aparición de la Yunnat al rida de Ibn Asim, cuya obra pone de manifiesto, como se ha explicado en su lugar, que Yusuf V y Aben Ismael (Ismail III) eran dos sultanes diferentes y que, además, murieron en 1447 y 1450 respectivamente.

Por tanto, se trata de otro de los tantos infantes y miembros de la familia real que andaban por la corte castellana, donde encontraban refugio y eran bien recibidos y mantenidos por los reyes de Castilla. Estos siempre tenían así un candidato para la disputa del trono de la Alhambra y un medio efectivo de sembrar la discordia y alimentar las divisiones internas en el reino nazarí. Por tanto se trata de un nuevo Ismail, otro príncipe nazarí que aparece por primera vez en este momento.

Hasta la fecha no se dispone de datos sobre su parentesco y vinculación genealógica con la dinastía nazarí, pero no cabe duda que pertenecía a ella (es llamado infante) para así poder legitimar y acreditar sus pretensiones, apoyadas por los Banu l Sarray.

También se sabe que debía ser mayor, pues se afirma que había pasado largo tiempo en Castilla y que ya en 1453 intentó conseguir el poder cuando Muhammad IX murió y la mayoría prefirió apoyar a Muhammad X el Chiquito, a la sazón, con veintitrés años, al menos, y se pronunció en favor de este joven de energía y empresas llamado el Chico, por causa de su mayor juventud comparado con Ismail.

Por tanto, se el podía situar, provisionalmente y hasta la aparición de nuevas noticias que confirmen o modifiquen esta ubicación, en la generación de Sa´d y en el mismo nivel genealógico de este sultán, en el que también están Yusuf V el Cojo y Muhammad VIII el Pequeño.

La constitución de este grupo rebelde provocó una situación de abierta guerra civil que llegó a un punto en que el reino nazarí estaba completamente indefenso y a merced del menor ataque de sus enemigos externos, quienes podían actuar con libertad una vez finalizadas el 15-IV-1462 las treguas vigentes hasta entonces.

Por ello, los ataques castellanos de la primavera y verano de 1462 realizados por el condestable Miguel Lucas de Iranzo desde Jaén a diversos lugares de los musulmanes (Arenas, Cambil, Alhabar, la comarca del Cenete, Guadix) encontraron una escasa respuesta nazarí, en alguna ocasión comandada por el célebre arráez Ali al Attar.

Igualmente, Gibraltar, que se hallaba desguarnecido porque sus tropas, partidarias de los Abencerrajes, habían acudido a la llamada que estos realizaron desde Málaga para atacar las tierras del sultán, se rindió al conde Medina Sidonia, Juan de Guzmán, y al conde de Arcos, Rodrigo Ponce de León, en agosto de 1462.

El 30 de septiembre, Archidona caía en manos cristianas tras un cerco de dos meses y provocaba una gran consternación en el reino por la importancia y valor emblemático que los granadinos concedían a esa ciudad. Mientras tanto, el infante Ismail, además de contar con el apoyo de los Abencerrajes, solicitó y obtuvo la ayuda castellana, de manera que una vez más se volvía a repetir la historia de la injerencia castellana en las divisiones internas de los granadinos a instancias de los Banu l Sarray.

El pretendiente se instaló en la región occidental del reino, en la zona de Málaga, Ronda y Setenil. En esta situación, Ismail tenía a su favor el descontento y malestar de los granadinos por los permanentes ataques castellanos, que repercutían negativamente en la aceptación popular de Sa´d. Tanto es así que ante una entrada hecha por el condestable Miguel Lucas de Iranzo en la Vega de Granada en agosto de 1462, Sa´d no se atrevió a salir a hacerle frente y abandonar la Alhambra por miedo a una rebelión.

Todos estos ataques provocaban alarma y agitación en el interior de Granada, donde, incluso, algunos grupos de población del Albaicín y la Alcazaba pretendían convertirse en mudéjares de Castilla para escapar de la continua presión cristiana. No debió resultarle difícil al pretendiente en tal coyuntura apoderarse de toda Málaga y el sector oriental del reino, incluidas Ronda y Setenil.

Finalmente, los granadinos decidieron, buscando liberarse de las penalidades de la guerra constante. reconocer al ynfante Ysmael, en septiembre de 1462. Sa´d se vio obligado a refugiarse en Íllora, mientras que Ismail estaría tomando posesión en la Alhambra.

Tercer reinado 1463-1464

Así, a primeros de 1463, pocos meses después de haber perdido el trono por segunda vez, Sa´d volvió a recuperarlo tras el derrocamiento del que había sido si rival, Ismail IV. Este se refugió con sus partidarios Abencerrajes en Íllora y mantuvo su beligerancia política, como ponen de manifiesto los ataques que dirigía contra Sa´d aún a primero de noviembre de 1463.

A pesar de ello, el pretendiente no consiguió recuperar la Alhambra y murió a finales de ese año. Las circunstancias políticas de Castilla con respecto a los reinos cristianos, al igual que ocurriera en la tregua anterior, obligaron a Enrique IV a ordenar el inicio de negociaciones para un nuevo armisticio. El acuerdo se alcanzó en febrero de 1463 y tenía una duración de ocho meses, desde el 1 de marzo al 31 de octubre.

La cada vez más difícil situación del reino obligó a Sa´d a buscar de nuevo la ayuda de sus correligionarios de otros estados, especialmente la de los poderosos mamelucos egipcios, como ya lo habían hecho los emires nasríes en ocasiones anteriores. Con esta esperanza el monarca nazarí escribió una carta en febrero de 1464 al sultán mameluco Jusqadam al Zahir, al que le envió una embajada con el objetivo de solicitar su auxilio.

En la carta real el nazarí narraba las conquistas cristianas de su territorio y resaltaba el valor de cada una de las tierras que le habían arrebatado. Concretamente, mencionaba la pérdida de las plazas que en los últimos años había sufrido: Alicún, Gibraltar, Archidona. También solicitó apoyo a los hafsíes, cuyo emir Utman envió alguna ayuda para la guerra santa ese mismo año (1464).

Al poco tiempo, Sa´d tuvo que hacer frente al ataque a la vega que Enrique IV lanzó desde Alcalá la Real en febrero de 1464 con el objetivo de forzar al sultán nazarí a someterse a una tregua. El emir no tuvo más remedio que claudicar y al mes siguiente, el 14-III-1464, en Jaén, Enrique IV publicó la tregua que sometía nuevamente al pago de parias al reino islámico por un periodo de un año.

Ello no se sirvió a Sa´d, no obstante, para prolongar su reinado, puesto que su hijo, Abu l-Hasan Ali, que ya venía desempeñando funciones de sultán y ejerciendo el poder, incitado por los visires y jefes de los Banu l Sarray y de acuerdo con ellos, se decidió a derrocar a su padre, al que expulsó de la Alhambra y obligó a abandonar Granada y refugiarse en Málaga. La noticia de estos acontecimientos llegó a Remecén a comienzos de septiembre de 1464, por lo que el destronamiento de Sa´d debió producirse a finales de agosto o principios de septiembre

Los planes para el asalto al trono parece que habían ido fraguándose con anterioridad, pues los posibles opositores al creciente poder de Abu l-Hasan y aquellos que podían estorbar sus planes habían sido apartados. Esto es lo que, parece ser le ocurrió a su hermano Muhammad, futuro sultán al Zagal, cuando unos cinco meses antes, en marzo de 1464, huyó de Granada para refugiarse en Castilla.

Con ochenta caballeros granadinos pasó a Alcalá la Real y de allí a Jaén, desde donde, transcurridos varios días, partió a la corte castellana. Temía que lo detuviera su hermano, por aquel entonces tan poderoso que ya ejercía en la práctica, ya que no oficialmente, poderes de soberano, y así es como lo llaman las crónicas castellanas.

VIDAL CASTRO, Francisco, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 2000, Tomo VIII págs. 183-191.